Pablo, en calidad de Apóstol de Jesucristo, evangelizó una población urbana en la ciudad griega de
Tesalónica. La oposición al Evangelio apareció dentro del judaísmo, sin embargo, la comunidad
pagana de los tesalonicenses, a pesar de sus tradiciones sociales, religiosas y culturales, aceptaron el
mensaje de Pablo y se convirtieron al cristianismo.
