Perseverancia
Muchos de nosotros comenzamos el nuevo año con algunos objetivos o propósitos en mente. Quizá hemos hecho una revisión del año que terminó y nos proponemos cambios para el año que empieza. Otros han recibido palabra del Señor respecto a sus vidas. En algunos casos, esa Palabra los lleva a cambios radicales, en otros no. Quizá alguien debió asumir un nuevo compromiso con Dios, con la iglesia. Otro puede haber visto la necesidad de ajustes en su vida familiar o en su ética personal o laboral.
Un refrán popular declara "toda escoba nueva barre bien". Un poco escéptico, ¿verdad?. Es como decir, esos propósitos son muy buenos, pero no van a durar en el tiempo. En cuanto retomes la rutina de la vida diaria, esos buenos propósitos se vendrán abajo.
Ante esta visión negativa, resuenan las palabras de Santiago: "En verdad, consideramos dichosos a los que perseveraron." "Perseverar" tiene que ver con mantenerse constante en la ejecución de lo comenzado, en una opinión, o creencia. Perseverar no es fácil. Incluso por momentos puede parecer imposible.
Miguel es un querido amigo. El es alpinista. Muchas veces escaló montañas y enfrentó desafíos en algunos casos extremos. Cierta vez, cerca de la cima, la nevada y el viento eran tan intensos que no podía avanzar caminando. El único modo de avanzar era arrastrándose por la roca de la montaña. En esa situación no podía pensar en la meta para animarse, solo podía pensar en el próximo "paso". De pronto, se hizo una sombra encima de Miguel. Pensó que una nube lo estaba cubriendo. Alzó sus fatigados ojos y en ese medio hostil pudo apreciar uno de los espectáculos más maravillosos que ha visto: un cóndor extendía sus alas a pocos metros de su cabeza y lo cubría con su sombra. No muchos hombres han vivido esa experiencia. Sin embargo, somos muchos los que habiendo sido expuestos a vivencias de sufrimiento, confusión, desesperanza, hemos comprobado que las palabras del salmista son ciertas cuando dice: "El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente." Salmo 91:1 (RV60)
No recuerdo si en esa ocasión Miguel llegó a la cima. Pero nunca olvidaré la expresión de su rostro cuando contaba que había estado bajo la sombra de las alas del cóndor. Creo que parte del secreto de la perseverancia en Cristo consiste en que, mientras asciendes por la montaña de tu vida, nunca dejas de estar bajo la sombra del Omnipotente. Esa es la fuente de la fortaleza que te impulsa hacia adelante, a continuar, a perseverar.
