Una gran familia
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Hace tres semanas asistí al casamiento de mi primo Matías. Por la distancia y los compromisos personales había transcurrido cierto tiempo desde la última vez que nos vimos. ¡Pero qué alegría me dio volver a verlo, ahora junto a su flamante esposa, lleno de planes y sueños para emprender la vida matrimonial!
En una humilde capilla y mediante una sencilla ceremonia, Matías y Johana expresaron su compromiso de amarse “hasta que la muerte los separe”. Abuelos, padres, hermanos, tíos y primos no pudimos ocultar nuestra emoción. Y sí. Aunque somos una familia numerosa y con muchos problemas (¡como toda familia normal!), es innegable que el milagro de la vida sigue sorprendiéndonos.
Sin embargo, para muchas personas la palabra “familia” se ha convertido en sinónimo de tristeza, dolor y fracaso. La felicidad ha sido reemplazada por la soledad, el distanciamiento y la comunicación esporádica.
En un excelente libro de investigación, la socióloga alemana Elisabeth Beck-Gernsheim afirma que “a comienzos del siglo XXI ha aumentado la complejidad de la situación familiar [...] Han surgido, en la práctica, multitud de formas de vivir, amar y relacionarse, esperadas por unos, por otros más bien soportadas, y que otros, a su vez, impugnan encarnizadamente. Y el resultado de todas estas transformaciones es el siguiente: tanto en la política como en el ámbito científico o en la vida cotidiana, con harta frecuencia ha dejado de estar claro quién o qué constituye la familia. Los límites se hacen borrosos, las definiciones vacilantes crece la inseguridad” (“La Reinvención de la Familia”, Ediciones Paidós 2003, pp.12-13).
¡Qué descripción precisa de nuestro mundo actual! “Complejidad” – “Diversidad” – “Inseguridad”.
Pero esto me llevó a pensar, más allá de la situación descripta, en la urgente necesidad de redefinir el esquema de nuestras propias vidas. Es decir, reubicarnos frente al caos generalizado y encontrar allí el sentido de pertenencia que le añadirá una importante cuota de valor a nuestra existencia. Para ser más concreto, estoy hablando de construir “puentes” que nos ayuden a relacionarnos mejor con nuestra propia familia: parientes cercanos y lejanos.
La Biblia afirma: "Si piensas construir tu casa [...] no desatiendas a tu familia. Si los habitantes de un país se pelean entre ellos, el país se destruirá. Si los miembros de una familia se pelean entre sí, la familia también se destruirá. Cree en el Señor Jesús, y tú y tu familia se salvarán" (Prov.24, Lc.11, Hch.16).
Sea cual fuere su situación familiar, lo animo a que invierta tiempo para redescubrir a sus parientes. Sé que no es fácil, pues conozco por experiencia propia el daño que nuestros “seres queridos” nos pueden llegar a hacer. ¡Pero le aseguro que es posible y sumamente necesario para un desarrollo personal integral!
¡Buen Fin de Semana!
En una humilde capilla y mediante una sencilla ceremonia, Matías y Johana expresaron su compromiso de amarse “hasta que la muerte los separe”. Abuelos, padres, hermanos, tíos y primos no pudimos ocultar nuestra emoción. Y sí. Aunque somos una familia numerosa y con muchos problemas (¡como toda familia normal!), es innegable que el milagro de la vida sigue sorprendiéndonos.
Sin embargo, para muchas personas la palabra “familia” se ha convertido en sinónimo de tristeza, dolor y fracaso. La felicidad ha sido reemplazada por la soledad, el distanciamiento y la comunicación esporádica.
En un excelente libro de investigación, la socióloga alemana Elisabeth Beck-Gernsheim afirma que “a comienzos del siglo XXI ha aumentado la complejidad de la situación familiar [...] Han surgido, en la práctica, multitud de formas de vivir, amar y relacionarse, esperadas por unos, por otros más bien soportadas, y que otros, a su vez, impugnan encarnizadamente. Y el resultado de todas estas transformaciones es el siguiente: tanto en la política como en el ámbito científico o en la vida cotidiana, con harta frecuencia ha dejado de estar claro quién o qué constituye la familia. Los límites se hacen borrosos, las definiciones vacilantes crece la inseguridad” (“La Reinvención de la Familia”, Ediciones Paidós 2003, pp.12-13).
¡Qué descripción precisa de nuestro mundo actual! “Complejidad” – “Diversidad” – “Inseguridad”.
Pero esto me llevó a pensar, más allá de la situación descripta, en la urgente necesidad de redefinir el esquema de nuestras propias vidas. Es decir, reubicarnos frente al caos generalizado y encontrar allí el sentido de pertenencia que le añadirá una importante cuota de valor a nuestra existencia. Para ser más concreto, estoy hablando de construir “puentes” que nos ayuden a relacionarnos mejor con nuestra propia familia: parientes cercanos y lejanos.
La Biblia afirma: "Si piensas construir tu casa [...] no desatiendas a tu familia. Si los habitantes de un país se pelean entre ellos, el país se destruirá. Si los miembros de una familia se pelean entre sí, la familia también se destruirá. Cree en el Señor Jesús, y tú y tu familia se salvarán" (Prov.24, Lc.11, Hch.16).
Sea cual fuere su situación familiar, lo animo a que invierta tiempo para redescubrir a sus parientes. Sé que no es fácil, pues conozco por experiencia propia el daño que nuestros “seres queridos” nos pueden llegar a hacer. ¡Pero le aseguro que es posible y sumamente necesario para un desarrollo personal integral!
¡Buen Fin de Semana!
