Un Nuevo Nacimiento

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Todos los años para esta época, todos nos disponemos a celebrar la Navidad. Cada uno de diferente manera.

Desde que tuve mi propio Nuevo Nacimiento, me agrada ver la Navidad, haciendo realidad lo que se celebra, el nacimiento de Jesucristo, Señor y Salvador nuestro.
Me parece que a ustedes les resultará interesante, el entender, lo que yo llamo una etimología o análisis muy personal y simple de lo que significa la palabra Navidad. Digo Personal y Simple, porque, si busca significados en alguna enciclopedia, lo más probable es que le señalara otras definiciones.

Navidad: Na (de Na-cer) Vi (de Vi-da) Dad (de Dar u Ofrendar).

Hablemos un poco del Na-cer:

Casi siempre que hablamos bíblicamente del Nacer, hacemos referencia a la conversación sostenida por Jesús con Nicodemo (Juan 3:1-16), en la cual Jesús se refiere a la necesidad que tenemos de nacer de nuevo, si es que queremos ver el reino de Dios y, para entrar, nos señala que, además, hay que nacer del agua y del Espíritu. Así, que tienen que darse las dos obras de gracia: La justificación, regeneración, y adopción, como primera obra de gracia, representada aquí por el Agua y la segunda obra de gracia, que es el nacer del Espíritu, el ser bautizado por el Espíritu Santo.

Sin embargo, me interesa, y considero que a todos debe interesarnos, el hacer conciencia de las circunstancias que rodearon la creación, del primer hombre: Adán, porque me parece que no es otra cosa que una forma de nacimiento. Dios “dio a luz” al ser humano, pero con sus manos.

Génesis 1:27 – “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó, varón y hembra los creó”.

Génesis 2:7 – “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”.

Vemos, entonces, que Dios te creó, me creó, no solo con sus propias manos, sino “a su imagen”.

Observe bien lo que le digo: Usted es la imagen del Dios viviente. El desea que todo el que le vea a Usted, vea la figura de Dios.
Pero no es solo la figura, la imagen, El también quiere que Usted muestre Su carácter, que represente ante el mundo lo que El es: Amor (lo cual demuestra mediante la Justicia, la Bondad, la Verdad).
“Sed santos, porque yo soy santo”, enfatiza Su Palabra.

Entremos al Vi (de Vida)

Dios sopló y sigue “soplando aliento de vida” en el ser humano. Ese aliento se nota porque respiramos, lo cual es signo de vida. Y por ese soplo divino, “... fue el hombre un ser viviente”, dice la Palabra.
Una vez que ese aliento salga del cuerpo, estaremos muertos. Me atrevo a decir más, si ignoramos que ese signo de vida en nosotros proviene de Dios, estamos muertos.
El ignorar que la vida viene de Dios es producto de la desobediencia del hombre. Que todavía celebramos el nacimiento de Jesucristo con prácticas que desagradan a nuestro creador, al que nos da vida. Con prácticas que van dañando el cuerpo que a su imagen y semejanza hizo con sus propias manos. Cuerpo y alma que creó con un propósito muy noble, que el hombre no agradeció, demostrándolo al desobedecerle.

Hablemos del Dad (Ofrenda)

¿Cuál fue ese propósito?

Algo teníamos que dar a Dios, por habernos creado.
Respuesta: El hombre y la mujer seríamos los mayórdomos de Dios. Usted y yo somos los administradores de toda la creación divina.
Génesis 1:28 – “Y los bendijo Dios (al varón y a la hembra), y les dijo: Fructificad y multiplicaos llenad la tierra, y sojuzgadla...”

Aquel primer hombre y aquella primera mujer desobedecieron a Dios. Así entró el pecado original en el ser humano y le costó el ser expulsados del Jardín del Edén y ser expuestos al mundo exterior, , a labrar la tierra y ganar el pan con el sudor de su frente a la muerte y la mujer a parir con dolor. En ese mundo, en el cual vivimos, y como consecuencia de ese pecado original, abundaría pecado.
Pero Dios es misericordioso y permite que vivamos y nos alimentemos de todo lo que por El fue creado. Y siempre tuvo esperanza de que nos arrepintiésemos de nuestros pecados.
Y lo hacíamos, pero volvíamos a caer.
Quiso entonces mostrarnos que había vida fuera del pecado y decidió enviar a su Hijo Jesucristo en rescate de aquellos que se perdían.
Así nacería Jesús. Parido con dolor, como todos, y por una mujer marcada por el pecado original. Venía con la encomienda de obedecer al Padre en todo, sin importar las aflicciones que enfrentaría en el mundo, para demostrar a todos que se puede vivir sin recurrir a los pecados del mundo. El vino a pagar el precio por nuestro rescate del pecado.
Celebremos con júbilo el nacimiento de Jesús, pero entendiendo que al nacer, y luego padecer y derramar su sangre en la Cruz, tuvo un propósito: demostrarnos que hay esperanza, siempre que estemos dispuestos a arrepentirnos del pecado actual y a borrar aquel pecado original, con nuestro propio Nuevo Nacimiento y obediencia a Dios.

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