Un canto de amor
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Mi historia es como la historia del buen samaritano,
los personajes indiferentes también los tengo en mi vida,
¡ay pobre de mí que estoy sola y desvalida!
porque la soledad y la indeferencia me están
matando más que la enfermedad
No seas como el levita, o como aquel sacerdote que pasaron de frente,
por muchas cosas que fueron más importantes que la vida humana
te pido que seas mi samaritano, que me levantes y me ayudes
porque necesito en estos momentos, un expresión de amor
un abrazo, palabras que puedan mitigar mi dolor.
Lo que tengo no te contagia, solo acaba lentamente con mi ser,
cada día que pasa es para mi un martirio, porque algún día
dejaré de ver la hermosa creación de Dios, dejaré de ver a los seres
que tanto quiero a quienes los llevaré en mi corazón. A pesar de mi sufrimiento,
no dejo de amar a Dios, en sus manos encomendaré mi espíritu.
Tengo el SIDA y soy mujer, que tristeza que por esta condición
la sociedad me desprecie doblemente, ¡siento impotencia! ¡quiero gritar!
¡que de una vez acabe mi sufrimiento! Señor ayúdame a irme
de este mundo con todo el amor que tú me diste amando a
mi prójimo.
Mi enfermedad no tiene cura, pero tu indiferencia sí
oro al Señor por ti, para que antes de mi partida
pueda ver en tus ojos el amor, la solidaridad, que solo
Cristo te puede dar. Ahora en paz puedo volar
porque construyendo el Reino de Dios estás.
los personajes indiferentes también los tengo en mi vida,
¡ay pobre de mí que estoy sola y desvalida!
porque la soledad y la indeferencia me están
matando más que la enfermedad
No seas como el levita, o como aquel sacerdote que pasaron de frente,
por muchas cosas que fueron más importantes que la vida humana
te pido que seas mi samaritano, que me levantes y me ayudes
porque necesito en estos momentos, un expresión de amor
un abrazo, palabras que puedan mitigar mi dolor.
Lo que tengo no te contagia, solo acaba lentamente con mi ser,
cada día que pasa es para mi un martirio, porque algún día
dejaré de ver la hermosa creación de Dios, dejaré de ver a los seres
que tanto quiero a quienes los llevaré en mi corazón. A pesar de mi sufrimiento,
no dejo de amar a Dios, en sus manos encomendaré mi espíritu.
Tengo el SIDA y soy mujer, que tristeza que por esta condición
la sociedad me desprecie doblemente, ¡siento impotencia! ¡quiero gritar!
¡que de una vez acabe mi sufrimiento! Señor ayúdame a irme
de este mundo con todo el amor que tú me diste amando a
mi prójimo.
Mi enfermedad no tiene cura, pero tu indiferencia sí
oro al Señor por ti, para que antes de mi partida
pueda ver en tus ojos el amor, la solidaridad, que solo
Cristo te puede dar. Ahora en paz puedo volar
porque construyendo el Reino de Dios estás.
