Un abrazo del corazón
0
0
Lectura: Marcos 10:13-16
Y tomándolos en los brazos [a los niños] ... los bendecía. --Marcos 10:16.
Una amiga me dijo que escuchó una conmovedora conversación entre sus dos nietos: Mateo, de cinco años, y Sara, de tres. El niño dijo: «Yo hablo con Jesús en mi cabeza.» La niña respondió: «Yo no, yo sólo lo abrazo.»
Cuando Jesús vivió en la tierra tomaba a los niños en brazos y los bendecía (Marcos 10:16). Y todavía sigue en el ministerio de abrazar a los niños.
Muchos de los hijos de Dios, mucho más viejos, han sentido sus invisibles brazos eternos alrededor y debajo de ellos.
El hermano Lawrence, el monje del siglo XVII conocido por percibir la presencia de Dios incluso entre las ollas y los sartenes de la cocina del monasterio, hablaba de ser «conocido por Dios y sumamente acariciado por Él».
Hudson Taylor, el misionero pionero a la China, garabateó la siguiente nota hacia el final de su vida: «Estoy tan débil que no puedo trabajar; no puedo leer mi Biblia; no puedo ni siquiera orar. Sólo puedo acostarme quieto en los brazos de Dios como un niño y confiar.»
Ya seamos jóvenes o viejos, fuertes o débiles, Dios quiere que nos abracemos a Él con la confianza de un niño. Él responderá por medio de su Espíritu, que mora en nosotros, acercándonos a Él para consolarnos y bendecirnos.
¿Se han dado hoy tú y Dios un «abrazo del corazón»? --JEY
JESÚS ANHELA NUESTRA COMUNIÓN INCLUSO MÁS DE LO QUE NOSOTROS ANHELAMOS LA SUYA.
Y tomándolos en los brazos [a los niños] ... los bendecía. --Marcos 10:16.
Una amiga me dijo que escuchó una conmovedora conversación entre sus dos nietos: Mateo, de cinco años, y Sara, de tres. El niño dijo: «Yo hablo con Jesús en mi cabeza.» La niña respondió: «Yo no, yo sólo lo abrazo.»
Cuando Jesús vivió en la tierra tomaba a los niños en brazos y los bendecía (Marcos 10:16). Y todavía sigue en el ministerio de abrazar a los niños.
Muchos de los hijos de Dios, mucho más viejos, han sentido sus invisibles brazos eternos alrededor y debajo de ellos.
El hermano Lawrence, el monje del siglo XVII conocido por percibir la presencia de Dios incluso entre las ollas y los sartenes de la cocina del monasterio, hablaba de ser «conocido por Dios y sumamente acariciado por Él».
Hudson Taylor, el misionero pionero a la China, garabateó la siguiente nota hacia el final de su vida: «Estoy tan débil que no puedo trabajar; no puedo leer mi Biblia; no puedo ni siquiera orar. Sólo puedo acostarme quieto en los brazos de Dios como un niño y confiar.»
Ya seamos jóvenes o viejos, fuertes o débiles, Dios quiere que nos abracemos a Él con la confianza de un niño. Él responderá por medio de su Espíritu, que mora en nosotros, acercándonos a Él para consolarnos y bendecirnos.
¿Se han dado hoy tú y Dios un «abrazo del corazón»? --JEY
JESÚS ANHELA NUESTRA COMUNIÓN INCLUSO MÁS DE LO QUE NOSOTROS ANHELAMOS LA SUYA.
