Telegrama urgente a mi hijo
0
0
Casi no me conoces, pero yo te he estado observando desde el vientre de mamá. Estuve presente en ese momento en que dos diminutas células se unieron, puse en ti ese soplo de vida y empezaste a crecer, pero desde siempre te conocí y te dije: "mi siervo eres tú, yo nunca te desecharé, porque desde los confines de la tierra te he llamado". Con amor eterno te vi crecer, en este mundo voraz haz vivido y sin embargo te digo: "no temas porque mi diestra de justicia te sustentará". He estado a tu lado en las noches más obscuras de tu vida, hablando a tu corazón, gritando por tu nombre en medio de la tempestad para que no te rindas, no desistas. Quiero hacer de ti un hombre de verdad, un siervo. Con mis lagrimas pagué por tu vida y con mi sangre pague por tu alma, porque te amo. Desde esa cruz del calvario yo te vi y decidí hacerlo por ti, porque para mi eres muy importante y te amo como la niña de mis ojos. Si un día traspasaron mis manos con clavos fue para que las tuyas sean libres y santas. Si mis pies fueron heridos y traspasados fue para que los tuyos no se aparten del bien. Si mi costado fue traspasado con una lanza fue para que tu corazón cambiara y de mi costado salieras tú con un corazón de carne y fueras parte de mi iglesia limpia y sin mancha. Si en mi cuerpo fui muerto y luego resucitado fue para que tú te levantaras también de la muerte, te levantaras a una vida nueva y en abundancia. Mi voluntad es que vivas en una vida llena del Espíritu. La carne debe de morir porque en ella mora el pecado, el dolor, la obscuridad, el temor. Para mí un día son como miles de años, así la creación me pertenece y todo lo que en ella hay. He creado los cielos y la tierra, y todo lo visible e invisible me pertenece. Para mi nada es imposible. Las aguas del mar y los océanos completos se rinden ante mi, las estrellas y el firmamento es obra de mis manos. Sin embargo estoy llamando a tu puerta y quiero que me abras. Quiero entrar y cenar contigo, quiero que tú mi hijo amado escuches mi voz. Quiero poner un anillo en tu dedo y cambiar tus vestiduras viles en vestido de gala. Quiero que tú me lo pidas y reprenderé al devorador. Quiero que tú te presentes delante de mi y yo te amonestaré y te pediré que andes por mis preceptos, y como mi siervo te levantaré y cuidarás de mis atrios. Así como nación santa delante de mi siempre te tendré. Aun de día y de noche, ya no habrá tormenta y tempestad que navegues solo, porque ciertamente así te digo hoy: "si te humillares e invocares mi nombre; yo escucharé, inclinaré mi oído y te responderé". Porque tengo una herencia grande para ti, son tesoros, arras del Espíritu que son para ti; quiero que las tomes y vivas con ella. Quiero que las ates a tu cuello y sean lámpara a tus pies y lumbrera a tu camino. En esto sabré que las has aprendido: en que se las enseñes a tus generaciones y tu hijo te ame, y tu esposa un día calladamente diga: "ciertamente mi Creador me amo y se mostró a través de este hombre que ha puesto delante de mi". Ahora te digo que yo regreso pronto, y te necesito de pie, con arcos y espadas, diestro con armas de guerra y escudos. Levántate con pies de siervas, cúbrete con mi manto de humildad. Que a ustedes los mando en medio de lobos. Sean sencillos como palomas y astutos como serpientes. Busca mi rostro y yo te revestiré de pureza y santidad, de poder y libertad. Y no temas y que no se turbe tu corazón, porque yo ya les di la victoria.
Firma con amor eterno: Jesucristo
El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven Señor Jesús.
Apocalipsis 22;20
Firma con amor eterno: Jesucristo
El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven Señor Jesús.
Apocalipsis 22;20
