Solo para vos

0
"Un día naciste en un hogar que no elegiste y con padres que no buscaste. Aún así te sentías seguro, protegido. Tu casa era tu refugio y tus viejos eran tus héroes... Pero creciste... cambiaste."


Descubriste que no era fácil hablar con ellos. Comenzaste a comprender que muchas veces estaban ausentes, metidos en sus propios dramas. Te encerraste en tu mundo, te tragaste la bronca y explotó la rebeldía en tu interior.

Decidiste hacer la tuya.

Elegiste un boliche como refugio o algún lugar donde transar y escapar en busca de amor. Un porro o una cerveza para darte valor y encarar. O drogas para “volar”, y calmar el dolor de sentirte abandonado, inútil, infeliz, o simplemente fea, impopular. Y presionado por lo que te rodea, deseaste tener...

...las mejores notas en el colegio, el mejor cuerpo. O tener dinero, poder, mujeres (o locos), autos, motos, ropa, reconocimientos, aceptación, valor, para sentirte alguien...

Y buscás la locura del “pogo” en el recital. Buscás una religión. O sobresalir entre tus amigos. Buscas en “sexos disponibles” porque te dijeron que el sexo es amor. ¡Y probaste!... Te sentiste hombre. Creíste que te hacías mujer. Aunque nunca digas (porque no es popular decirlo) que violaste o fuiste violada en nombre del amor. El sexo te dió alivio físico, te dió un embarazo no deseado o un casamiento apresurado. Te dió SIDA o Herpes. Te dió un cuerpo. Pero no te dió intimidad verdadera, aceptación incondicional, y un amor que nunca muere.

Y en tu búsqueda te dicen: “Hacélo si lo sentís”.

Pero cuando lo hacés, (irte de tu casa, gritarle a tus viejos, transar con alguien, chuparte todo, o darle al porro), no encontrás ninguna solución para la culpa o el dolor que sí sentís. Para el vacío y la soledad que sentís. Y tratás de convencerte a vos mismo: “Todo está bien. Soy libre. Hago la mía”.

Pero en tu interior sos un ESCLAVO...

...esclavo de tu pasado, de tus rencores, de tu aburrimiento, de tu homosexualidad, de tu droga, alcohol o sexo. Esclavo de la opinión de tus amigos. Esclavo de tu violencia, porque fuiste abusado y ahora abusas. Esclavo de tus enojos, de tus bajones, o de tus orgullos. Esclavo de una religión que no te cambia nada.

Esclavo de tus pecados y del reino al que pertenecés. Sí, pertenecés a un reino, con su rey y sus leyes.

La Biblia lo llama: EL reino de las tinieblas.

¡Y esto no es la estupidez de una barata película de terror! Es la realidad en la que estás metido. ¡Y no podés zafar por vos mismo!, porque todos nacemos dentro de éste reino.

La Biblia llama a su rey: El príncipe de este mundo. También lo llama diablo, asesino y mentiroso. Él roba, mata y destruye. El se afanó la paz de tu hogar, apagó el amor entre tus viejos, él mató tu respeto hacia ellos. Los enloqueció para que se separen y te abandonen. El te provoca para que mientas y te rebelés, o para que intentés suicidarte. Satanás ¡TE ODIA!

Su ley dice: “Viví como quieras. Hacé la tuya”. Y tu peor pecado no es portarte mal o no ir a la iglesia; si no HACER LO QUE TE PARECE.

Y tú pecado te arrastra hacia la muerte. Y en éste reino la muerte te espera a cada momento. En la próxima inyección de heroína, en un inesperado accidente automovilístico, frente a una patota a la salida del boliche, en un aborto mal hecho; en el tumulto de una manifestación política, en una enfermedad venérea, o en la patética idea del suicidio.

Y no importa en qué religión creas (llamarte católico, mormón, testigo de Jehová, evangélico, budista, o lo que sea, no te salva), o no creas en ninguna, tu destino será estar delante de Dios, frente a su trono de juicio.

Y en ese momento tu creencia en la reencarnación no te va a salvar. Ninguna ley kármica vendrá en tu ayuda. Ningún purgatorio te dará una segunda oportunidad. No importa cuánta literatura de tu religión hayas regalado o vendido. No importa cuán ateo te consideres, o cuanto digas que no te importa.

Serán solamente vos y Dios, frente a frente. Su juicio y todas tus indiferencias, desprecios y rencores.

Su juicio y tus pecados.

Su juicio, y tu llanto, tu desesperación, tu infierno.

Pero... ¡ESPERA!. Hay alguien que se metió en este reino de tinieblas y se hizo semejante a vos y a mí. El no es de aquí. Pero se metió por amor y se hizo como uno de nosotros, pero sin pecados y sin egoísmos. Él no vino para hacer la suya, porque pertenece a otro reino y a otra ley.

Él es el Rey y Señor del reino de la luz. Dios con forma de hombre. ¡Él es JESUCRISTO!

Y no es un algo, no es una idea o una religión, él es ALGUIEN, y quiere escucharte, comprenderte y bancarte. No es un iluminado, ni una rara energía cósmica. ¡Es Dios de carne y hueso!

Él denunció a los hipócritas religiosos (los mismos que existen hoy), mostró amor hacia los miserables. Rechazó toda propuesta corrupta, condenó al pecado y perdonó a los pecadores. No transó con la injusticia, ni buscó reconocimientos personales.

Vino a decirnos que ¡SI podemos zafar del reino de las tinieblas! No necesitás matarte para escapar de la locura en la que vivís, ¡Jesús ya murió en tu lugar! para hacerte Alguien amado y valorado. Él no fue una víctima colgada en la cruz. No fue un pobre loco que murió por defender buenas ideas.

¡El se hizo hombre para morir!. ¡Loco! Él ocupó tu lugar por amor. Tus sucios pecados fueron puestos sobre él. Tus sentimientos de culpa, tus desprecios, tus debilidades, tus fracasos, tus alegrías... ¡TODO!, fue llevado por Jesús en esa cruz. Él murió para perdonarte y para que ya no hagás la tuya, porque tiene algo mejor para vos.

Pero ¿a quién le sirve un muerto? No sirve para nada. Pero Jesús ¡resucitó! Su tumba está vacía. Y no porque alguien se lo afanó, sino porque ¡a Dios no lo puede frenar la muerte!. Buda, Mahoma, Smith, Russell, los Papas, todos muertos. Jesús ¡vivo!

Jesús no te lava la cabeza, él te hace alguien nuevo de adentro hacia afuera. El te saca del reino de las tinieblas y quita tus miedos, perdona tus rebeldías y limpia todos tus pecados. Con Jesús no necesitas religión, sexo, dinero o drogas para sentirte alguien, porque El es capaz de poner un nuevo amor dentro tuyo hacia los que te rodean, una nueva capacidad para perdonar y disfrutar cada momento.

Pero para ser alguien nuevo necesitas tomar una decisión: tenés que dejar de hacer la tuya. Dejar de vivir como a vos te parece y aceptar lo que Dios quiere para vos. El te conoce mejor que nadie y sabe qué es lo mejor para tu vida.

No necesitás encerrarte en una iglesia, sino aceptar que en el reino de tinieblas en el que estás metido te estás matando y condenando, pero que Jesús vino para perdonarte y sacarte de tu infierno. Arrepentite y confesale tus pecados a Jesús (no al cura, ni al pastor). Decile claramente las zarpadas que hiciste y creé que él te limpia, perdona todos tus pecados y quita tus culpas. Y sencillamente invitalo a entrar en tu vida, para que viva en vos y sea tu Señor y tu único Dios. Él está esperándote.

Hoy, algo nuevo, sólo para vos, puede comenzar a suceder si elegís por Jesús. Vas a ser amado, perdonado, valorado y aceptado. Tu dolor va a ser quitado y tus heridas sanadas. Vas a ir hacia algo nuevo, un nuevo proyecto de vida y nuevas esperanzas. Y nunca más vas a estar sólo, jamás vas a volver a sentirte solo.

Él va a caminar junto a vos.

Compartir

Más recursos

Sponsor


Suscripción gratuita

Te avisaremos cuando agreguemos nuevos recursos. No te enviaremos más de uno o dos mensajes semanales.