Si Dios existe, ¿por qué permitió que me pasara esto?

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Recientemente estuve visitando a un matrimonio que conocí hace algún tiempo, y a quienes aprecio mucho. A pesar de que ambos llevaban ya varios años en la iglesia cuando los conocí, estuvieron pasando por una situación personal bastante difícil, tras la cual mi amiga, sumida en una profunda depresión espiritual, me hizo esa pregunta. En su desesperación ha llegado a negar la existencia de Dios. La situación me tomó enteramente por sorpresa, y no tuve mucho que decirle en aquel momento. Sin embargo, luego de mucho meditar en el Señor, le escribí estas líneas, las que comparto con ustedes hoy.

"Si Dios existe..."

Hay ciertas cosas que están sujetas a la interpretación y al sentimiento de cada cual hay sin embargo otras que, aunque se quieran negar, el hecho de que existan y sean reales no puede ser alterado.

Los que habitan en los círculos polares tienen seis meses de día y seis meses de noche. Alguno de ellos podría pensar que por cuanto no ve el sol en seis meses, el sol dejó de existir. Sin embargo, su sentir con respecto a su oscuridad no cambiará el hecho de que el sol sí existe.

Una tormenta puede azotar un lugar, y estar lloviendo por meses. De igual manera, el que no se vea el sol porque esté lloviendo no altera el hecho de que el sol está en el mismo lugar, más arriba de las nubes, y que si nos elevamos por encima de la tormenta, lo veremos.

De mi experiencia personal, Dios es real, y no hay circunstancia que pueda cambiar esa realidad (que la Real Academia me perdone la redundancia). No lo digo únicamente como resultado de una experiencia religiosa. Soy profesor de ciencias en la universidad, y mi preparación en este campo, en lugar de haberme alejado, me ha ayudado a apreciar más al Dios que ya conozco, y a entender la realidad de su existencia. Cuando estudio la complejidad de los organismos vivos, su excelente organización a nivel tisular y celular, y todos los increíbles procesos químicos que tienen lugar, tengo que decir que somos una maravilla de la ingeniería, y no me queda más que asombrarme y concluir que las probabilidades de que esto haya surgido del azar son infinitamente bajas, y que todo tuvo que haber sido obra de una mente creadora. A nivel filosófico podríamos argumentar que todo diseño tiene un diseñador y esto puede probarse en todas las áreas del diario vivir: en el arte, la ingeniería, etc.

Negar que Dios existe es ir en contra del sentido común, y de la evidencia natural y la evidencia histórica. Negar que Dios existe cuestiona directamente la veracidad de la historicidad de Jesús de Nazaret, la cual ha sido demostrada más allá de experiencias personales y de consideraciones filosóficas. Hay quienes cuestionan el aspecto milagroso de los relatos de los evangelios, pero la existencia histórica de Jesús no puede ser cuestionada (los que insisten en cuestionarla lo hacen únicamente por motivos filosóficos, no porque la prueba histórica les favorezca). Negar que Dios existe arremete contra las aseveraciones de que Él era el Hijo de Dios. Si Dios no existe, entonces tendríamos que concluir que Jesús no era un maestro, ni un profeta, ni siquiera un buen hombre sería un mentiroso empedernido (decía ser Hijo de Dios, a pesar que sabía que Dios no existía) o un loco desquiciado (decía ser Hijo de Dios porque creía que Dios existía, aunque no fuera cierto).


"¿Por qué permitió...?"

Que logremos entender los acontecimientos que nos suceden, es materia aparte. La vida tiene muchísimas interrogantes que con toda probabilidad nunca llegaremos a entender. Una de mis interrogantes como químico (de muchísimas que tengo) es por qué razón, si las cargas opuestas se atraen (más aún, a menor distancia, mayor es la fuerza), los electrones se mantienen orbitando el núcleo de protones sin que esa atracción cause que el átomo colapse. ¿Por qué, si los protones en el núcleo tienen la misma carga, no se repelen y se mantienen unidos? ¿Qué hace funcionar la célula, como máquina? ¿Por qué el agua congela a una temperatura más baja, y hierve a una temperatura más alta que sustancias similares? (De igual manera, cada quien seguramente tendrá sus propios cuestionamientos acerca de diversos asuntos.)

Sin embargo, el que cuestionemos unas cosas no nos separa necesariamente de la realidad de esas cosas. El átomo no colapsa los protones se mantiene unidos la célula funciona el agua se congela a 0 grados e hierve a 100. Son cosas que aceptamos, por encima de que las entendamos plenamente o no.

¿Por qué razón tratamos a Dios de forma distinta? ¿Por qué le aplicamos a Dios una medida, y otra a los demás aspectos de nuestra vida? Sinceramente considero que es tratar a Dios injustamente.

Que “todo obra para bien” puede sonar un consuelo barato (algunos pueden pensar que se trata de una ingeniosa manipulación sicológica). Sin embargo, más allá de los testimonios de los personajes bíblicos (claro está, hay quien puede alegar que todo eso es mentira), quisiera compartir un testimonio con el que me tropecé en días recientes.

Hace algunos años, en una convención, la cantante cristiana Darlene Zscech, de Australia, recibió una promesa de quedar embarazada en un término de un año (previo a ese incidente, no había logrado concebir). Darlene tuvo su niño, conforme a la promesa que había recibido. Para su sorpresa y pesar, el niño murió a los pocos meses, lo que hizo nacer en ella muchas preguntas. Contrario a lo que otros hubieran esperado, ella se refugió en Dios (a pesar de sus cuestionamientos), y de esa experiencia nació la canción “Canta al Señor”:

“Mi Cristo, mi Rey, nadie es como tú,
toda mi vida quiero exaltar las maravillas de tu amor.
Consuelo, refugio, torre de fuerza y poder,
todo mi ser, lo que yo soy, nunca deje de adorar.
Cante al Señor toda la creación, honra y poder, majestad sean al Rey,
montes caerán y el mar rugirá al sonar de su nombre.
Canto con gozo al mirar su poder, por siempre yo le amaré y diré
incomparables promesas me das, Señor.”

Esta canción ha tocado a personas en muchísimas iglesias alrededor del mundo, y traducida a un sinnúmero de idiomas. Continúa la historia en que la misma persona que le profetizó su primer embarazo, le profetizó un segundo embarazo. Hoy día, Darlene es madre nuevamente, y su niño es completamente saludable. A pesar de su dolor, de no entender por qué ocurrió lo que ocurrió, una cosa se desprende de su situación: ha logrado llevar bendición y tocar vidas, lo que posiblemente no hubiera logrado de otra forma. Su dolor trajo bien.


Médicamente, el dolor es usualmente síntoma de algún desperfecto fisiológico o alguna enfermedad. Sólo los masoquistas se gozan en sufrir como un fin en sí mismo (y los que lo hacen no son personas saludables emocionalmente). Sin embargo, la naturaleza da testimonio de que las heridas pueden ser transformadas en cosas preciosas. ¿Sabe usted cómo nace una perla? Un grano de arena cae en el interior de la ostra, causando una herida. Para aumentar aún más el dolor, el grano queda metido en la llaga. Inmediatamente se activan los procesos fisiológicos para amortiguar el dolor y sanar la herida. Cuando este proceso de reparación termina, los fluidos secretados por la ostra (al endurecerse) forman una perla. La perla es una herida cicatrizada. Si no hay herida, no hay perla.

Por otro lado, todo deportista está consciente que para que haya crecimiento muscular como resultado de una rutina de ejercicios TIENE QUE HABER DOLOR (en inglés dicen: “No pain, no gain”). ¿Qué le diría a un deportista principiante que se rinda ante su segundo intento, a causa del dolor que le produjo su primer día de ejercicios? ¿Le diría su entrenador que es esa la mejor alternativa, si en efecto quisiera ganar alguna competencia? ¿Por qué entonces se nos hace tan difícil aceptar que, teniendo Dios cuidado de nosotros, no va a hacer que nuestros dolores redunden en algo positivo? ¿Por qué tratamos a Dios de forma distinta?

Al igual que los deportistas, Dios nos llama a no dejarnos vencer por el dolor de las situaciones que enfrentamos, sino a pasar por en medio del dolor para llegar a ser vencedores no hacerlo nos convierte (al igual que los deportistas) en perdedores.

Dudar que Dios puede cambiar nuestras tribulaciones en bendiciones es cerrar nuestros ojos al testimonio de la naturaleza que demuestra lo contrario, y negar que tales milagros sí ocurren (aunque las circunstancias nos quieran llevar en el sentido contrario).

Nuestra naturaleza humana egoísta nos ha acostumbrado (también a mí) a esperar siempre las cosas buenas y gratificantes, y cuando por alguna razón ocurre lo contrario, la mayoría de nosotros nos exasperamos. Muchos cristianos piensan que Dios existe sólo para bendecirnos, y para que todo nos salga bien. Sin embargo, ese Dios es sólo el producto de una mente egocentrista el Dios de la Biblia es más excelente. Es el Dios que nos puede dar bendiciones (lo hace, claro está), pero también nos usa (en el mejor sentido de la palabra) para enseñar a otros lo que aprendimos en medio de la prueba de fuego, o para cambiar las circunstancias que nos rodean e impactar las vidas de otros en su nombre. No prive a otros de recibir el beneficio de su situación difícil. La mejor recompensa no viene necesariamente cuando recibimos algo bonito de Dios (o por lo menos, no recibimos algo malo), sino cuando hacemos su voluntad, no importa las circunstancias que nos rodeen.

La mejor manera de prepararnos para enfrentar esos momentos desagradables es no sólo aprovechar y disfrutar de las bendiciones cuando vienen, sino al igual que los animales en preparación para el invierno, guardar provisiones para cuando llegue el invierno espiritual. La naturaleza misma nos garantiza que el invierno no dura para siempre, y que habrá primavera, luego verano. La sobrevivencia durante el invierno depende en gran medida de las reservas que hagamos en preparación a él.

“El que la vida muela a un hombre, o lo pula, depende del material de que está hecho.”

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