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Salmo de mañana

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Mi Dios y Salvador, de mañana te alabo.

Ni bien la luz me despierta

reconozco que es otro día que me regalás

y te doy gracias.

Me levanto de mis sueños

y me encuentro con mis realidades que me diste

con el trabajo y los seres queridos

con los talentos y el aire gratis

y me pregunto qué hice para recibir tanto.

Tanto me has dado, que temo perderlo.

La angustia me sobresalta al no poder cuidar

cada minuto de los seres que amo.

Descanso al ver que tus manos no son mis manos,

y aunque no los cuido, puedo encomendártelos.


Mi Dios, yo no soy igual que vos,

y no entiendo cómo podés estar en todas partes al mismo tiempo

Escuchar, atender, cuidar y hasta mostrar caminos...

Yo no puedo, y menos todo junto.

Por eso te alabo, porque no sos igual que yo.

Señor, ¿qué preparaste de menú para hoy?

Me toca una jornada larga, y vuelvo tarde.

De todos modos, ya sabés que te llamo cada dos por tres.

Para este día, también, necesito tu compañía.


Abril 1995


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