Reflexionando acerca del Reino de Dios
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La ansiedad por todas aquellas cosas materiales, desde las que satisfacen necesidades biológicas hasta las otras que hemos ido incorporando a nuestras vidas y a las que identificamos como formando parte del entorno físico que nos proporciona calidad de vida, ha sido motivo de ansiedad en el hombre de todos los tiempos.
Dos mil años atrás nuestro Señor Jesucristo, tuvo que hacer un alto en su enseñanza sobre distintos principios para hacer ver a sus discípulos y a la gente que le escuchaba, que no debían tener ansiedad por conseguir todas esas cosas. Debían confiar porque Dios sabía que tenemos necesidad de las mismas y así como las aves no tienen problema para alimentarse y las flores para vestirse, mucho menos nosotros que valemos tanto más para Dios.
Pero agregaba que en lugar de preocuparnos por eso debíamos… “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mateo 6:25-34 – Lucas 12:22-31)
Cuán útil nos resultaría en nuestro tiempo de inseguridad económica, de desocupación, de confusión y de inseguridad, poder hacer una aplicación práctica de esta enseñanza en nuestras vidas. Pero ¿cómo lo hacemos? ¿Qué debemos buscar? ¿Cómo debemos buscar? ¿Dónde debemos buscar?
¿Qué es el reino de Dios?
Si consideramos que Dios reinará en la Tierra en una manifestación externa y completa, recién cuando se materialice la segunda venida de Cristo, podemos pensar que en aquella oportunidad Jesús no se refería a ese momento, porque Él les estaba ofreciendo una solución para el presente. Jesús no solamente vino para darnos la seguridad de la vida eterna, vino también para enseñarnos a vivir nuestra vida en este mundo y en nuestro tiempo “yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia” (Juan 10:10)
Entonces si no se estaba refiriendo al Reino de Dios en la Eternidad ¿a qué momento del Reino se refería? En Lucas 17:20 a una pregunta de los fariseos Jesús les respondía “El reino de Dios no vendrá de forma espectacular, ni se podrá decir – Está aquí, o allí - porque el reino de Dios ya está entre ustedes” fue muy claro entonces al decir no busquen más porque yo soy el Rey.
Conforme a este razonamiento podríamos concluir que lo que el Señor nos dice es: procuren que yo reine. El Rey vivo y resucitado ya está con nosotros. Hagamos posible su tarea dejando que manifieste su reinado en nuestras vidas.
¿Qué es la justicia de Dios?
Cuando nos referimos a este término por lo general pensamos en uno de los tantos significados que encontramos para él en la Palabra – Conformidad perfecta con las normas y la voluntad de Dios – la justicia divina en oposición al pecado. Pero muchas otras veces la justicia divina aparece como un atributo de Dios, estableciendo que Él es fiel a sí mismo y a sus promesas.
Pablo nos dice en Romanos 3:22 que esta justicia llega por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen en él. La fe es el medio por la cual la justicia de Dios llega al hombre y la justificación es por la acción.
Por esta línea de discernimiento podríamos parafrasear a Jesús en este sentido: Para poder apropiarse en fe (creyendo) de las promesas de Dios y tener así todas esas cosas que necesitan, hagan que yo reine en vuestras vidas.
¿Cómo Buscar?
Muchos pasajes de la Biblia nos enseñan como buscar al Rey y todas tienen a la oración como instrumento. En Apocalipsis 3:20-21 dice Jesús que está a la puerta y llama y que si le invitamos a entrar a nosotros, entrará y se quedará. Depende entonces de nuestra voluntad, puede estar dentro de nuestros corazones si le invitamos y eso podemos hacerlo a través de la oración.
También podemos buscar la justicia de Dios, entendida como su fidelidad y sus promesas, por medio de la oración de fe, pero con la condición de que creamos firmemente que lo que estamos pidiendo lo vamos a recibir. Mateo 21:22 “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”
Conclusión
Si en oración invitamos a Jesús a que entre en nuestras vidas y le permitimos que reine en ellas, habremos encontrado el Reino de Dios. Si cada día pedimos con fe, creyendo que recibiremos todo lo que necesitamos, habremos encontrado la fidelidad de Dios, entonces ya no tendremos que angustiarnos por nada.
Apresuradamente podría pensarse que el Señor nos extiende un cheque en blanco con el que podemos adquirir todas las añadiduras que se nos ocurran. Sin embargo, Él es claro al decir que nuestro Padre sabe muy bien lo que necesitamos, no dice “queramos” o “ambicionemos”, habla de “lo necesario”. Pero esto ya es tema para otra reflexión.
Dos mil años atrás nuestro Señor Jesucristo, tuvo que hacer un alto en su enseñanza sobre distintos principios para hacer ver a sus discípulos y a la gente que le escuchaba, que no debían tener ansiedad por conseguir todas esas cosas. Debían confiar porque Dios sabía que tenemos necesidad de las mismas y así como las aves no tienen problema para alimentarse y las flores para vestirse, mucho menos nosotros que valemos tanto más para Dios.
Pero agregaba que en lugar de preocuparnos por eso debíamos… “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mateo 6:25-34 – Lucas 12:22-31)
Cuán útil nos resultaría en nuestro tiempo de inseguridad económica, de desocupación, de confusión y de inseguridad, poder hacer una aplicación práctica de esta enseñanza en nuestras vidas. Pero ¿cómo lo hacemos? ¿Qué debemos buscar? ¿Cómo debemos buscar? ¿Dónde debemos buscar?
¿Qué es el reino de Dios?
Si consideramos que Dios reinará en la Tierra en una manifestación externa y completa, recién cuando se materialice la segunda venida de Cristo, podemos pensar que en aquella oportunidad Jesús no se refería a ese momento, porque Él les estaba ofreciendo una solución para el presente. Jesús no solamente vino para darnos la seguridad de la vida eterna, vino también para enseñarnos a vivir nuestra vida en este mundo y en nuestro tiempo “yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia” (Juan 10:10)
Entonces si no se estaba refiriendo al Reino de Dios en la Eternidad ¿a qué momento del Reino se refería? En Lucas 17:20 a una pregunta de los fariseos Jesús les respondía “El reino de Dios no vendrá de forma espectacular, ni se podrá decir – Está aquí, o allí - porque el reino de Dios ya está entre ustedes” fue muy claro entonces al decir no busquen más porque yo soy el Rey.
Conforme a este razonamiento podríamos concluir que lo que el Señor nos dice es: procuren que yo reine. El Rey vivo y resucitado ya está con nosotros. Hagamos posible su tarea dejando que manifieste su reinado en nuestras vidas.
¿Qué es la justicia de Dios?
Cuando nos referimos a este término por lo general pensamos en uno de los tantos significados que encontramos para él en la Palabra – Conformidad perfecta con las normas y la voluntad de Dios – la justicia divina en oposición al pecado. Pero muchas otras veces la justicia divina aparece como un atributo de Dios, estableciendo que Él es fiel a sí mismo y a sus promesas.
Pablo nos dice en Romanos 3:22 que esta justicia llega por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen en él. La fe es el medio por la cual la justicia de Dios llega al hombre y la justificación es por la acción.
Por esta línea de discernimiento podríamos parafrasear a Jesús en este sentido: Para poder apropiarse en fe (creyendo) de las promesas de Dios y tener así todas esas cosas que necesitan, hagan que yo reine en vuestras vidas.
¿Cómo Buscar?
Muchos pasajes de la Biblia nos enseñan como buscar al Rey y todas tienen a la oración como instrumento. En Apocalipsis 3:20-21 dice Jesús que está a la puerta y llama y que si le invitamos a entrar a nosotros, entrará y se quedará. Depende entonces de nuestra voluntad, puede estar dentro de nuestros corazones si le invitamos y eso podemos hacerlo a través de la oración.
También podemos buscar la justicia de Dios, entendida como su fidelidad y sus promesas, por medio de la oración de fe, pero con la condición de que creamos firmemente que lo que estamos pidiendo lo vamos a recibir. Mateo 21:22 “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”
Conclusión
Si en oración invitamos a Jesús a que entre en nuestras vidas y le permitimos que reine en ellas, habremos encontrado el Reino de Dios. Si cada día pedimos con fe, creyendo que recibiremos todo lo que necesitamos, habremos encontrado la fidelidad de Dios, entonces ya no tendremos que angustiarnos por nada.
Apresuradamente podría pensarse que el Señor nos extiende un cheque en blanco con el que podemos adquirir todas las añadiduras que se nos ocurran. Sin embargo, Él es claro al decir que nuestro Padre sabe muy bien lo que necesitamos, no dice “queramos” o “ambicionemos”, habla de “lo necesario”. Pero esto ya es tema para otra reflexión.
