Pastoral de acompañamiento a personas enfermas terminales

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Capítulo 4 de la Tesis de Licenciatura
Sometida el 23 de Junio de 1998 al Cuerpo Docente del Seminario Bíblico Latinoamericano en cumplimiento parcial de los requisitos para optar el grado de Licenciatura en Teología y Pastoral

San José, Costa Rica
23 de Junio de 1998

LÍNEAS INTEGRALES DE ACCIÓN PASTORAL

1. El acompañamiento pastoral a la persona enferma terminal

Desde una percepción cristiana del ministerio de la Iglesia se plantea la necesidad de proponer un ministerio de acompañamiento pastoral que sea dador de sentido y esperanzas especialmente en un contexto desafiado por la presencia y concepción de la muerte; en otras palabras, es necesario formular un ministerio de acompañamiento a la persona moribunda que sea liberador y dador de sentido para la existencia.
La finalidad de la tarea de acompañar pastoralmente a quienes sufren ante la muerte inminente, está marcada —entonces— por la búsqueda de la liberación de dichas personas y por la consecuente búsqueda de sentido para su existencia.
Las comunidades de fe que desempeñaron esta labor han comprendido de múltiples maneras los alcances e implicancia de la tarea del acompañamiento pastoral; el desarrollo de este ministerio particular ha implicado, a lo largo de la historia de la Iglesia, la convivencia de varios énfasis que se complementan mutuamente.
La tarea de acompañar incluye, en consecuencia, las siguientes características que definen al acompañamiento como un ministerio:

·sanador (buscará la plenitud),
·que sostenga (ayudará a soportar y superar las situaciones),
·que sea capaz de guiar (ayudará a tomar buenas decisiones),
·que colabore en la tarea de reconciliar (recompondrá relaciones),
·que sea capaz de nutrir la vida de las personas (ayudará a desarrollar las potencialidades que Dios ha dado para la vida)1.

Es importante que este ministerio dirigido a las personas sufrientes que están ante la inminencia de la muerte, pueda cumplir con cada uno de estas características permitiéndose la búsqueda de un sentido integral que responda a la problemática por la que atraviesa la persona.
Acompañar pastoralmente a quien sufre implica, además, dar cumplimiento a las tareas fundamentales que incumben primordialmente a la Iglesia, entendida como cuerpo. comunidad e instrumento de Aquél que se compadece y a quien se le mueven las entrañas ante el sufrimiento y el dolor.
Las tareas que definen el quehacer de la comunidad de creyentes, a la hora de acompañar a la persona sufriente, están en íntima relación con los quehaceres originarios de la comunidad de fe. El acompañamiento pastoral al que sufre tiene que ver, entonces, con:

·el KERIGMA, proclamando las buenas noticias del amor y la compasión de Dios,
·la DIDACHE, mediante la enseñanza referida al sentido de la vida, la comprensión de la muerte, etcétera,
·la KOINONÍA, fomentando la formación de una comunidad de amor que incluya la dimensión vertical y que sea solidaria con el sufrimiento de la otra persona,
·la DIACONÍA, como expresión de las buenas nuevas mediante el servicio realizado con amor a quien sufre y necesita del acompañamiento y apoyo de la comunidad de fe2.

El desarrollo del ministerio de acompañamiento de la comunidad de fe hacia quien sufre por la inminencia de la muerte, deberá ser integral y abarcativo de las características y tareas antes descritas, e implicará la necesidad de pasar por un proceso que manifieste concreta y creativamente la solidaridad con la persona sufriente.

2. Proceso de acompañamiento solidario a quienes sufren: relectura del libro de Job 2 : 11 a 13

Para una metodología de acercamiento al que sufre es necesario configurar algunos pasos que puedan ayudar a ser mas efectivos en la tarea de acompañar. Una posibilidad en este sentido se abre desde la lectura e interpretación de la Palabra de Dios que es Testimonio de la fe y experiencia de su Pueblo.
Un texto que aporta los pasos que serán necesarios para cumplir en el ministerio de acompañamiento a la persona sufriente es el de Job 2: 11-13.
El libro de Job en su conjunto responde al planteo sobre el por qué de los sufrimientos humanos. Pero la intención no es trabajar sobre toda la obra sino sólo con algunos versículos que resultan fundamentales para el planteamiento del proceso de acompañamiento a quien sufre por la inminencia de la muerte.
Para plantear - desde Job 2: 11-13 - los lineamientos más relevantes en relación a la pastoral latinoamericana de acompañamiento a personas enfermas terminales, en primer lugar se deben hacer algunos aportes y consideraciones relacionadas a la historia del libro de Job y su temática general.
El libro de Job se encuadra dentro de los libros sapienciales que exaltan la sabiduría como forma acabada que permitiría vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. Dicho conjunto de libros fueron escritos por los “sabios”, ellos eran gente ilustrada que vivía de la venta de su saber3.
La “historia” de Job, que surge en ese contexto, retoma una historia de tipo popular sobre un hombre que era considerado justo y paciente y “produce sobre él una obra literaria con profundas inquietudes teológicas”4. La pregunta teológica más constante es la relacionada al por qué del sufrimiento de la persona inocente, pero también se tratan cuestiones —siguiendo a Gustavo Gutiérrez— tales como el problema del mal, la temática de la retribución, la amistad, etcétera. 5
La parte más impactante de este libro es el doble debate que se desarrolla entre Job y sus amigos (Capítulos 3-37), y entre Job y Dios (Capítulos 38-42). En la primer serie de debates queda desenmascarada una forma de piedad tradicional que está marcada por un intento de justificar a Dios incluso a expensas de la condena de un justo.
La teología evidenciada por los discursos de los amigos de Job está caracterizada por la idea de que el justo es siempre premiado y, a su vez, el malvado es siempre castigado; la pobreza, el dolor y el sufrimiento serían entonces el castigo merecido por los injustos. Esta es la denominada Doctrina de la Retribución 6, en cierta manera el mismo Job comparte, también, esta postura teológica. Lo que lo diferencia de sus amigos es que él, considerándose justo, no elige como solución a su problema el dejar de lado la amistad con sus amigos, ni el defender a Dios para justificar una situación. Job opta por defender su condición de justo y busca en Dios la respuesta respecto al por qué de su situación.
No obstante esta realidad que puede percibirse a lo largo de los debate entre Job y sus amigos, es posible resaltar algunos elementos valiosos de estos personajes tan criticados por la teología.
Para afirmar esto se parte, en primer lugar, de la noción que no siempre es conveniente ser absolutos en los juicios, especialmente cuando se habla de personas o personajes que siendo humanos e imperfectos son portadores de características tanto negativas como positivas.
En este sentido es interesante preguntarse, desde Job 2: 11-13: ¿qué aportan los amigos de Job al proceso de acompañamiento pastoral a las personas enfermas terminales?
Es importante, para responder a esta pregunta, aceptar la invitación de intentar leer esta perícopa sin dejarse condicionar por las posteriores. O, en todo caso, sin entender que el fracaso posterior de los amigos (evidenciado en los Capítulos 3 y subsiguientes), en cuanto a su acompañamiento a Job, no se debió a su comienzo (Job 2: 11-13) sino más bien al haber dejado de lado ciertas pautas, contenidas en este pasaje, que ciertamente son valiosas.
Los versículos a los que se hace referencia aquí muestran un proceso que es útil para la delineación de la pastoral en general y la de las personas sufrientes moribundas en particular.
Se trabajará el texto mencionado haciendo las siguientes subdivisiones:7


Vs. 11:a Tres Amigos de Job se enteraron de todos estos males que le habían sobrevenido

Vs. 11:b y vinieron cada uno de su país: Elifaz de Temán, Bildad de Šúaj y Sofar de Naamat.

Vs. 11:c Y juntos decidieron ir a condolerse y consolarle.

Vs. 12 Desde lejos alzaron sus ojos y no le reconocieron. Entonces rompieron a llorar a gritos. Rasgaron sus vestiduras y se echaron polvo sobre su cabeza.

Vs. 13:a Luego se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches.

Vs. 13:b Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande.

Partiendo de esta subdivisión del texto de Job 2: 11-13 se pueden apreciar los siguiente momentos del proceso de acompañamiento pastoral a las personas que sufren ante la inminencia de la muerte:

2.1 El enterarse de los males que está padeciendo el hermano o la hermana

“Tres amigos de Job se enteraron de todos estos males que le habían sobrevenido...”
Vs.11a.

Este es el punto de partida de cualquier acción pastoral e implica tener un contacto previo con aquella persona a la que le sobreviene el sufrimiento. Esto no siempre es así, pero es importante en cuanto a que normalmente no se recibe información de alguien con quien no se tenga una relación estrecha o, al menos, un contacto fraterno previo.
El pastor, la pastora, o la comunidad cristiana (como agentes responsables de la pastoral) lograrán enterarse de una situación que requiere de un acompañamiento especial sólo si tienen relación con la gente y si han mostrado previamente una actitud de apertura hacia las personas que posiblemente serán destinatarias de la pastoral.
Si el discurso o la actitud previa de las personas agentes de pastoral es condenatorio, intimidatorio, autoritario, etcétera, difícilmente la persona que se enfrenta al dolor, al sufrimiento, o muerte, recurrirá al acompañamiento de la comunidad cristiana.
De no existir una actitud mostrada previamente como cálida y clara ante las temáticas de muerte, la vida, el sufrimiento, la existencia, etcétera, la gente afectada por la inminencia de la muerte recurrirá a cualquiera menos a la Iglesia o a las personas que desempeñan ministerios específicos dentro de ella.
En relación al enterarse es también importante señalar que la noticia sobre los problemas o angustias de las personas no siempre “vienen” a la persona encargada de la pastoral, muchas veces es necesario “descubrirlas” en medio de las situaciones y los diálogos.
Por esto quien trabaje en este ministerio de la Iglesia debe ser perspicaz para observar y poder analizar entre líneas las palabras y las actitudes de las otras personas, ya que muchas veces de esto depende el enterarse o no de una situación que solapadamente contiene problemáticas existenciales profundas que requieren del cuidado y el acompañamiento pastoral.
Para decirlo en otras palabras no se puede esperar a que la persona diga literalmente: “me preocupa la muerte o lo que pasará luego de ella”. Hay formas veladas o gestuales que muestran que existe una preocupación aunque la angustia por ello no sea verbalizada en forma explícita.

2.2 Ir aunque cueste

“...y vinieron cada uno de su país: Elifaz de Temán,
Bildad de Šúaj y Sofar de Naamat”
Vs.11b.

Este segundo momento del proceso de acompañamiento de la persona sufriente implica movilidad, dinamismo y compromiso compasivo y solidario.
No se puede enterarse de una persona que está pasando por una crisis y quedarse en una postura estática o ponerse a enumerar todos los inconvenientes que traería ir hacia aquella persona que sufre. En el caso de los amigos de Job las excusas para no ir podrían haber pasado por las distancias, por los peligros de hacer una viaje largo, etc.; en el caso de la persona encargada de la pastoral las excusas pueden ser falta de tiempo, otras responsabilidades que están primero, la dificultad emocional que conlleva el estar al lado de quien sufre, etcétera.
Cuando alguien sufre, las distancias, las dificultades, las ocupaciones, deben ser vencidas por quienes tienen la vocación pastoral de acompañar a la persona que sufre. Esto seria el comienzo de la actitud de dejar que las entrañas, como sede de los afectos, se movilicen por los sufrimiento y las angustia de la otra persona.

2.3 Comunidad solidaria

“Y juntos decidieron ir a condolerse y consolarle”
Vs.11c.

El tercer momento que se descubre en esta perícopa del libro de Job tiene que ver con la presencia de una comunidad que se hace solidaria ante el dolor, la angustia y el sufrimiento de las personas.
La acción pastoral requiere, necesariamente, de una comunidad en la que el dolor del otro o la otra se haga el de todos y todas. La comunidad es, entonces, un espacio de contención recíproca y de acompañamiento fraternal tanto de quienes sufren como de aquellos/as que en el desempeño del ministerio del acompañamiento y la consolación necesitan igualmente de una comunidad que los sostenga.
En la comunidad se encontrará la fortaleza necesaria para continuar la tarea de estar junto a las personas que sufren siendo afectadas existencialmente por la cercanía de la muerte.
Las palabras con-dolerse y con-solarle evidencian los rasgos fundamentales de esta fase del proceso de acompañamiento desde la comunidad, de este momento de la pastoral que se define como la fase de la “comunidad solidaria”.
La actitud de este momento del proceso de acompañamiento implica que enterarse del sufrimiento de la otra persona y estar con disposición a ir a su lado requiere - para lograr efectividad - hacer de su dolor el propio y así poder sufrir-con esa persona, poniéndose en su lugar.
Sólo desde el lugar de la persona sufriente se podrán entender claramente las angustias y los sufrimientos de ella para desde allí, entonces, poder aportar a un consuelo y esperanza que será el de ambas (persona sufriente y acompañante pastoral).
La actitud de consolar está, obviamente, emparentada con el concepto bíblico splagcnizomai que significa - como ya fue dicho anteriormente - compadecerse, mover las entrañas ante el sufrimiento de la otra persona.


2.4 Ver claramente la realidad

“Desde lejos alzaron sus ojos y no le reconocieron. Entonces rompieron a llorar a gritos. Rasgaron sus mantos y se echaron polvo sobre su cabeza”
Vs.12

Muchas veces al enfrentarse a una situación que requiere del acompañamiento consolador, como en el caso de las personas enfermas terminalmente, la persona que asume el desafío de desarrollar la pastoral de acompañamiento se ve confrontada con la necesidad de abrir los ojos y ver con claridad la realidad.
Dicha mirada es necesaria de realizar aunque esto lleve a constatar la dolorosa y cruda realidad de las causas y consecuencias que tienen el sufrimiento y la opresión sobre las personas.
Ver claramente dicha realidad generalmente es fuerte, pero igualmente necesario para no caer en interpretaciones “espiritualistas”, o de otras índoles, que estén desencarnadas de la realidad.
Ya se ha dicho que el contexto debe estar claramente identificado para delinear con relevancia la pastoral hacia quienes están con la muerte o los sufrimientos en la puerta de sus vidas.
Además es necesario que el dolor de la otra persona lleve a actitudes de solidaridad que serán importantes para un acompañamiento efectivo (en el versículo analizado, este es el caso de los gestos simbólicos de rasgar las vestiduras y echarse polvo sobre la cabeza).

2.5 No abandonar

“Luego se sentaron en el suelo junto a él,
durante siete días y siete noches”
Vs.13a.

La quinta fase del proceso implica que la persona encargada del acompañamiento a una persona que está experimentando el sufrimiento y la inminencia de la muerte debe ser constante y hasta el final; de esto depende que la actitud de la persona responsable de la pastoral sea comprometida y madura o un simple “remiendo” para la vida de la persona sufriente.
El significado del número siete —mencionado en este versículo— resalta la importancia del no abandonar, ya que siete significa en la simbólica hebrea: perfección. Un acompañamiento es efectivo si se hace hasta el final sin abandonos o inconstancias.

2.6 El silencio como canal de comunicación con la persona que sufre

“Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande.”
Vs.13b.

Las personas encargadas de la tarea pastoral de acompañamiento caen, reiteradamente, en el error de querer explicar todo, hasta lo inexplicable. Esta perícopa evidencia que el acompañamiento, muchas veces, requiere de una pedagogía del silencio. 8

Al hablar aquí del silencio no se está pensando en mantener una actitud de apatía o rechazo a la persona que sufre por la inminencia de la muerte, ni un consecuente silencio marginante hacia ella. Lo que se dice es que ante el dolor y la desgracia muchas veces las palabras no alcanzan para trasmitir el consuelo y la esperanza. Incluso muchas veces sobran ya que intentan explicar situaciones que trascienden —considerando las limitaciones intelectuales y emocionales de la persona que desempeña esta pastoral— a las capacidades humanas de responder honestamente.
Una pastoral comprometida requiere, en gran medida, de menos palabras y de más gestos y actitudes que evidencien cuál es el grado de compromiso y de acercamiento hacia el que sufre.


Referencias

1. Cf., Clinebell, Asesoramiento y cuidado pastoral: un modelo centrado en la salud integral y el crecimiento, (Buenos Aires: Nueva Creación-ASIT, 1995), p. 47.

2. Idem., p. 72.

3. Cf., Jorge Pixley, El libro de Job: Comentario Bíblico Latinoamericano, (San José: S.B.L., 1982), pp. 11-12.

4. Idem., pp.13-15.

5. Gustavo Gutiérrez, Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente. Una reflexión sobre el libro de Job, (Lima: Instituto Bartolomé de las Casas-Centro de Estudios y publicaciones, 1.996), p. 28.

6. Idem., pp. 71-74 y 82-88.

7. Biblia de Jerusalén, (Bilbao: Editorial Española Desclée de Brouwer S.A., 15 de noviembre de 1975), p. 656.

8. Kübler-Ross, aunque no habla de una pedagogía del silencio en varias oportunidades menciona la importancia del silencio como forma de comunicación no verbal. Cf., Kübler-Ross, Op. Cit., pp. 68, 149.

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