Padeció bajo el poder de Poncio Pilato
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“Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado” (San Marcos 15: 15).
“Padeció bajo el poder de Poncio Pilato”.
Esta afirmación la confesamos públicamente en el culto dominical, al recitar el Credo Apóstólico después de la exposición y predicación de la Palabra. Es la afirmación y confesión de fe que hace toda iglesia histórica en consonancia con lo que el cristianismo ha creído, confesado y enseñado a lo largo de la historia de la Iglesia cristiana. Pero, ¿en qué consistió el padecimiento de Jesús bajo Poncio Pilato?
El texto nos enseña en primer lugar que Pilato quería satisfacer al pueblo. El padecimiento de Jesús va acompañado por el pecado y la injusticia de los hombres. Podríamos decir que Pilato era un político de corte populista y prefirió seguir la mentira de las mayorías, en vez de hacer justicia.
El sabía que Jesús no había cometido falta alguna. Les decía a los que le entregaban:
“Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él”.(San Juan 19: 4)
Más adelante, lleno de temor frente a la evidencia de la inocencia de Jesús, “Pilato procuraba soltarle”(cf 19:12), más la presión de la mayoría y la amenaza de acusarlo de traición a César, Pilato terminó lavándose las manos y entregando a Jesús a la turba, para ser crucificado. ¿Cuántas veces las personas sucumben en sus convicciones y valores, para cumplir o adaptarse a la “opinión de la mayoría” o para alcanzar poder, dinero, y prestigio personal?. El primer aspecto del sufrimiento de Jesús, es la mentira a la que ha sucumbido la humanidad.
En segundo Lugar, nos dice el texto que: Pilato “soltó a Barrabás”. Barrabás era un delincuente, “era ladrón” (Cf 18:40). Vemos en este fragmento como era la administración de la justicia. “Se condena al justo y se absuelve al injusto”. A sabiendas que está cometiendo una injusticia, se ejecuta el veredicto de la mayoría. Jesús deja ver claramente la injusticia en que aún siendo Justo es condenado como un injusto. Muchas veces queremos hacer justicia, según piensa la mayoría y no según lo que es verdaderamente justo. Ahí de nuevo, pecamos todos los seres humanos. El segundo aspecto del sufrimiento de Jesús, es la injusticia. Más Jesús la asume. Dice la Escritura “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (I Pedro 3:18)
En tercer lugar: “les entregó a Jesús, después de azotarle”: No bastó, el rechazo de los suyos sino que sufrió los azotes de los soldados romanos. El látigo que usaban los romanos eran unos de los instrumentos de tortura más sanguinarios que se tenga conocimiento. El “flagellum taxillatum” era un látigo de cuero que usaban los romanos en las flagelaciones y consistía en un largo látigo de cuero con tres terminaciones y además de ello con metal en las puntas, cuya finalidad era desgajar la carne del ejecutado y abrir hondas heridas en carne viva en el cuerpo del ejecutado. Cuando Jesús hace alusión en la cruz al salmo 22, “Dios mio, Dios mío, por qué me has abandonado” (Sal 22:1), también están implícitas en esas palabras toda la palabra de este salmo: “horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos Entre tanto ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.” (Sal 22: 16b- 18).
Jesús sufrió de manera brutal la tortura romana, inimaginable para el hombre moderno y poco comparable con la última dramatización en filme llevado a la pantalla sobre la Pasión de Cristo. De ahí que la crítica simplista al filme por la violencia que recibió Jesús, no debería tener razón de ser si se trata de un estudioso de la Escritura.
El tercer aspecto en los padecimientos de Jesús, es el recibir la crudeza de la violencia de la humanidad, personificada en la tortura romana. La mayor de todas las torturas en la historia.
El cuarto aspecto del padecimiento, es la crucifixión.
La cruz romana era el instrumento de ejecución a los disidentes y enemigos de Roma. Era el instrumento de muerte y advertencia que usaban los romanos, y se colocaban a las entradas y salidas de las ciudades como escarmiento. Era la muerte más vergonzosa, ya que se desnudaba completamente al reo y quedaba expuesto al escarnio público. Era también la muerte más dolorosa ya que era una muerte lenta, que se producía generalmente por asfixia y por un paro cardiaco por insuficiencia de oxígeno. Era también visto por los judíos como un instrumento de maldición: “maldito todo aquel que es colgado en un madero” (Gálatas 3:13).
Jesús fue llevado al Gólgota en las afueras de Jerusalén cargando su propia cruz y fue crucificado.
Todo este padecimiento que recibió Jesús de parte de los hombres en tiempo de Poncio Pilato, fue también por nuestra causa. Por el pecado de la humanidad de todos los tiempos. Mentira, injusticia, tortura y muerte, que se resume en una sola palabra: PECADO, que sufre el “justo, para que con su justicia seamos declarados justos delante de Dios por medio de la fe”.
En este tiempo de cuaresma, meditemos las palabras del Credo: “padeció bajo el poder de Poncio Pilato”, palabras que muchas veces se dicen a la ligera y sin tomar en cuenta sus profundas implicaciones para nuestra vida diaria.
Oremos: Bondadoso Dios, gracias por el gran amor que tienes por nosotros al enviar a Tu Hijo al mundo y darnos una salvación tan grande. Amén.
“Padeció bajo el poder de Poncio Pilato”.
Esta afirmación la confesamos públicamente en el culto dominical, al recitar el Credo Apóstólico después de la exposición y predicación de la Palabra. Es la afirmación y confesión de fe que hace toda iglesia histórica en consonancia con lo que el cristianismo ha creído, confesado y enseñado a lo largo de la historia de la Iglesia cristiana. Pero, ¿en qué consistió el padecimiento de Jesús bajo Poncio Pilato?
El texto nos enseña en primer lugar que Pilato quería satisfacer al pueblo. El padecimiento de Jesús va acompañado por el pecado y la injusticia de los hombres. Podríamos decir que Pilato era un político de corte populista y prefirió seguir la mentira de las mayorías, en vez de hacer justicia.
El sabía que Jesús no había cometido falta alguna. Les decía a los que le entregaban:
“Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él”.(San Juan 19: 4)
Más adelante, lleno de temor frente a la evidencia de la inocencia de Jesús, “Pilato procuraba soltarle”(cf 19:12), más la presión de la mayoría y la amenaza de acusarlo de traición a César, Pilato terminó lavándose las manos y entregando a Jesús a la turba, para ser crucificado. ¿Cuántas veces las personas sucumben en sus convicciones y valores, para cumplir o adaptarse a la “opinión de la mayoría” o para alcanzar poder, dinero, y prestigio personal?. El primer aspecto del sufrimiento de Jesús, es la mentira a la que ha sucumbido la humanidad.
En segundo Lugar, nos dice el texto que: Pilato “soltó a Barrabás”. Barrabás era un delincuente, “era ladrón” (Cf 18:40). Vemos en este fragmento como era la administración de la justicia. “Se condena al justo y se absuelve al injusto”. A sabiendas que está cometiendo una injusticia, se ejecuta el veredicto de la mayoría. Jesús deja ver claramente la injusticia en que aún siendo Justo es condenado como un injusto. Muchas veces queremos hacer justicia, según piensa la mayoría y no según lo que es verdaderamente justo. Ahí de nuevo, pecamos todos los seres humanos. El segundo aspecto del sufrimiento de Jesús, es la injusticia. Más Jesús la asume. Dice la Escritura “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (I Pedro 3:18)
En tercer lugar: “les entregó a Jesús, después de azotarle”: No bastó, el rechazo de los suyos sino que sufrió los azotes de los soldados romanos. El látigo que usaban los romanos eran unos de los instrumentos de tortura más sanguinarios que se tenga conocimiento. El “flagellum taxillatum” era un látigo de cuero que usaban los romanos en las flagelaciones y consistía en un largo látigo de cuero con tres terminaciones y además de ello con metal en las puntas, cuya finalidad era desgajar la carne del ejecutado y abrir hondas heridas en carne viva en el cuerpo del ejecutado. Cuando Jesús hace alusión en la cruz al salmo 22, “Dios mio, Dios mío, por qué me has abandonado” (Sal 22:1), también están implícitas en esas palabras toda la palabra de este salmo: “horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos Entre tanto ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.” (Sal 22: 16b- 18).
Jesús sufrió de manera brutal la tortura romana, inimaginable para el hombre moderno y poco comparable con la última dramatización en filme llevado a la pantalla sobre la Pasión de Cristo. De ahí que la crítica simplista al filme por la violencia que recibió Jesús, no debería tener razón de ser si se trata de un estudioso de la Escritura.
El tercer aspecto en los padecimientos de Jesús, es el recibir la crudeza de la violencia de la humanidad, personificada en la tortura romana. La mayor de todas las torturas en la historia.
El cuarto aspecto del padecimiento, es la crucifixión.
La cruz romana era el instrumento de ejecución a los disidentes y enemigos de Roma. Era el instrumento de muerte y advertencia que usaban los romanos, y se colocaban a las entradas y salidas de las ciudades como escarmiento. Era la muerte más vergonzosa, ya que se desnudaba completamente al reo y quedaba expuesto al escarnio público. Era también la muerte más dolorosa ya que era una muerte lenta, que se producía generalmente por asfixia y por un paro cardiaco por insuficiencia de oxígeno. Era también visto por los judíos como un instrumento de maldición: “maldito todo aquel que es colgado en un madero” (Gálatas 3:13).
Jesús fue llevado al Gólgota en las afueras de Jerusalén cargando su propia cruz y fue crucificado.
Todo este padecimiento que recibió Jesús de parte de los hombres en tiempo de Poncio Pilato, fue también por nuestra causa. Por el pecado de la humanidad de todos los tiempos. Mentira, injusticia, tortura y muerte, que se resume en una sola palabra: PECADO, que sufre el “justo, para que con su justicia seamos declarados justos delante de Dios por medio de la fe”.
En este tiempo de cuaresma, meditemos las palabras del Credo: “padeció bajo el poder de Poncio Pilato”, palabras que muchas veces se dicen a la ligera y sin tomar en cuenta sus profundas implicaciones para nuestra vida diaria.
Oremos: Bondadoso Dios, gracias por el gran amor que tienes por nosotros al enviar a Tu Hijo al mundo y darnos una salvación tan grande. Amén.
