Oye la apacible voz de Dios
0
0
¿Dónde cabe la suave y apacible voz de Dios en nuestras enloquecidas vidas? ¿Cuándo le damos a Dios la oportunidad de orientarnos, guiarnos, corregirnos y afianzarnos? Y si esto nunca o casi nunca sucede, ¿Cómo podremos tener una vida auténticamente cristiana?
El cristianismo auténtico no consiste en aprender un conjunto de doctrina y luego acoplarse al ritmo del resto de la gente que marcha en la misma dirección. Tampoco se resume en el servicio humanitario hacia las personas más carenciadas. Es un peregrinaje, una caminata sobrenatural con el Dios vivo y activo que se comunica con nosotros. Por lo tanto, la esencia de la vida cristiana radica en aprender a escuchar la voz de Dios y adquirir el coraje necesario para hacer lo que él nos dice.
Los cristianos auténticos son personas que se distinguen de los demás, aun de otros cristianos, en que parece que tuvieran el oído sintonizado a una melodía con ritmo diferente. Su carácter parece más profundo, sus ideas más frescas, su espíritu más blando, su coraje más grande, su liderazgo más fuerte, sus intereses más amplios, su compasión más genuina, sus convicciones más definidas. Son personas que viven con gozo a pesar de las circunstancias difíciles y muestran una sabiduría poco común a su edad.
Los cristianos auténticos siempre nos sorprenden. Cuando usted cree que ya los ha definido con toda precisión, descubre que son impredecibles. Si está cerca de ellos, se siente un poco descolocado, porque no se sabe qué esperar. Con el tiempo, sin embargo, comprobará que sus ideas y sus acciones resultan confiables.
Eso se debe a que los cristianos auténticos tienen una relación fuerte con el Señor, una relación que se renueva día a día. Como dijo el salmista acerca de las personas piadosas: ‘En la ley de Jehová está su delicia y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará’ (Salmo 1.2-3)
Lo que produce inquietud es que pocos cristianos alcanzan este nivel de autenticidad: la mayoría de ellos está, sencillamente, demasiado ocupada. El máximo enemigo de la verdadera espiritualidad es el activismo, que está muy ligado a algo que la Biblia llama mundanalidad : es quedar atrapados en el proyecto, las metas y las actividades de este mundo y descuidar el andar con Dios.
Por donde lo busquemos, un ingrediente clave del autentico cristianismo es el tiempo. No el tiempo sobrante o el que no podríamos aprovechar de otra forma, sino el tiempo de calidad. Tiempo para la contemplación, para la meditación y para la reflexión. Tiempo sin apuro y sin interrupción.
Tomado de: "¡No tengo tiempo para orar!", Hill Hybels, Certeza Unida
El cristianismo auténtico no consiste en aprender un conjunto de doctrina y luego acoplarse al ritmo del resto de la gente que marcha en la misma dirección. Tampoco se resume en el servicio humanitario hacia las personas más carenciadas. Es un peregrinaje, una caminata sobrenatural con el Dios vivo y activo que se comunica con nosotros. Por lo tanto, la esencia de la vida cristiana radica en aprender a escuchar la voz de Dios y adquirir el coraje necesario para hacer lo que él nos dice.
Los cristianos auténticos son personas que se distinguen de los demás, aun de otros cristianos, en que parece que tuvieran el oído sintonizado a una melodía con ritmo diferente. Su carácter parece más profundo, sus ideas más frescas, su espíritu más blando, su coraje más grande, su liderazgo más fuerte, sus intereses más amplios, su compasión más genuina, sus convicciones más definidas. Son personas que viven con gozo a pesar de las circunstancias difíciles y muestran una sabiduría poco común a su edad.
Los cristianos auténticos siempre nos sorprenden. Cuando usted cree que ya los ha definido con toda precisión, descubre que son impredecibles. Si está cerca de ellos, se siente un poco descolocado, porque no se sabe qué esperar. Con el tiempo, sin embargo, comprobará que sus ideas y sus acciones resultan confiables.
Eso se debe a que los cristianos auténticos tienen una relación fuerte con el Señor, una relación que se renueva día a día. Como dijo el salmista acerca de las personas piadosas: ‘En la ley de Jehová está su delicia y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará’ (Salmo 1.2-3)
Lo que produce inquietud es que pocos cristianos alcanzan este nivel de autenticidad: la mayoría de ellos está, sencillamente, demasiado ocupada. El máximo enemigo de la verdadera espiritualidad es el activismo, que está muy ligado a algo que la Biblia llama mundanalidad : es quedar atrapados en el proyecto, las metas y las actividades de este mundo y descuidar el andar con Dios.
Por donde lo busquemos, un ingrediente clave del autentico cristianismo es el tiempo. No el tiempo sobrante o el que no podríamos aprovechar de otra forma, sino el tiempo de calidad. Tiempo para la contemplación, para la meditación y para la reflexión. Tiempo sin apuro y sin interrupción.
Tomado de: "¡No tengo tiempo para orar!", Hill Hybels, Certeza Unida
