Mi tesoro eres tú, querida mía

0
¿En qué piensas, mamita linda?
me decías mirando fijamente
con tus dos grandes pupilas,
transparentes, diáfanas e inocentes.
Pensaba en ti, querida mía,
en aquel bello momento del pasado
cuando aún tú no existías en mi vida.

Revivía en la memoria,
aquel instante en que tu padre,
con sonrisa tan serena,
me pidió con voz pausada y amorosa
pedir al cielo, en Oración un ángel.
Pequeña tan querida, eres la contestación
del Padre Eterno a una súplica de amor,
de compañía.
Significas tanto, tanto, amada mía
que me salta el corazón pleno de gozo.

Son tus risas, travesuras y tus cantos;
el encanto que alegra nuestro hogar,
y tus juegos inocentes y continuos
han llegado a ser tan necesarios
como el aire.
También alguna vez,
has provocado angustia a nuestras almas,
una noche, tu pequeño cuerpecito ardía en fiebre,
temblabas y llorabas, tus dos grandes pupilas me miraban,
no entendías el por qué de tu dolor,
tu primer dolor querida mía.

Al ver tu rostro, tus manitas y tus piernas, toda llena de ronchitas
muy pequeñas; me asusté llamando al médico, ¡tenías sarampión y solo eso!.
El mal rato pasó, como todo en la vida.
Hoy has crecido, tienes ocho años,
te comportas como toda una damita,
educada y fina.
Yo te admiro, hijita linda
por esa madurez temprana,
por ese amor sincero y espontáneo
que día a día nos brindas con tanto amor, tanta alegría.

Nos das ternura, amor y compañía
eres el mejor regalo que Dios Nuestro Señor
nos ha brindado,
¡cuánto te queremos!
dulce y querida Anaïs Gabriela,
Dios te bendiga.

Compartir

Más recursos

Sponsor


Suscripción gratuita

Te avisaremos cuando agreguemos nuevos recursos. No te enviaremos más de uno o dos mensajes semanales.