Mi primer año como cristiana

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En la vida de cualquier especie vegetal o animal y especialmente en la del hombre, el primer año de desarrollo es el más significativo. Las plantas pasan por lo que, aún es un misterio de la creación, pese al desarrollo científico, de semilla a planta (Marcos 4:27), los animales ovíparos de huevo a ser vivo y nosotros embrionarios crecemos en el vientre materno bebiendo no solo las nutrientes transmitidas a través del cordón umbilical, sino todos los miedos, las ansiedades, inseguridades, anhelos, expectativas y frustraciones de nuestros padres que los avances de la genética no han podido aún explicar. Tanto la ciencia como la Palabra de Dios hablan de que, con el primer llanto ya cargamos en nosotros el peso de varias generaciones. Sobre nuestros hombros no sólo soportamos la carga genotípica y fenotípica, sino el cúmulo de pesares que el alma de nuestros padres acarrea.

Dios sabe esto y mucho más cuando llegamos a Él, pero nosotros, al menos a mí me sucedió, ni siquiera podemos llegar a imaginarlo. Pero nada en Dios es mágico, milagroso, no mágico. Porque los hechos y las cosas no salen de la nada, sino que están ahí, Dios las tenía preparadas y yo no las veía.

Recuerdo que, la primera vez que enfrenté La Palabra me leyeron la parábola del sembrador (Mt13), yo, que llegaba con más escepticismo que esperanza, jamás pensé que me dijeras vos sos la buena tierra pero, la semilla había que plantarla y regarla, sin ver por mucho tiempo que sería el fruto y si lo hubiese. Puedo decir tras el año pasado que, este proceso de llegar a Cristo es lo mismo que el proceso del nacimiento natural, se necesitan dos, hay intimidad, embarazo y dolores de parto. En mi caso, hay dos El Señor a través de la mano de la sierva que nos unió, la intimidad del encuentro con lo profundo del ser, el doloroso y trajinado proceso de embarazo, donde hubo alguien con tanto amor de Dios como para ofrecerse de matriz, y compartir los dolores de desmalezar, enderezar, limpiar corregir, disciplinar, contener, consolar, etc. . Hoy por hoy, los dolores de parto continúan en alguna contracción residual que queda, y comienza el proceso de reeducación para caminar por el sendero de la verdad, comer el buen fruto y beber de la fuente de agua viva, tarea muy ardua, si las hay.

Soy díscola y solo las pocas veces en la vida que reconocí y me sometí a autoridad, el aprender del buen ejemplo me fue de bendición.

Tres porciones de Palabra me hacen posible continuar a pesar de que la vida entre cristianos no es más fácil que la del mundo. Dentro de la iglesia, como institución, se dan las mismas miserias humanas que en otro lugar en el mundo ¿en qué radica la diferencia, entonces? En la idea en la posibilidad de trascender, de posicionarse de tal manera que la mirada se eleve más allá de concreto y objetivo y que solo los oídos se abran a lo que sea de bendición.

He aprendido que, en este periodo de crecimiento, la observación es fundamental:

- “Escudriñadlo todo y elegid lo bueno”.

Sentarse en un culto o en cualquier otra instancia, observar y asimilar solo que sea de bendición, ver otras cosas para aprender qué no debo hacer, ciega y sorda según lo que dice Isaías.

- “Todo me es lícito mas no todo me es conveniente”.

Muchos hermanos dicen y obran en forma lícita según la ley, pero, para mi formación no todo me es conveniente. La sujeción no se impone, hasta el Señor no entra donde no le permitimos, por lo tanto, el líder terreno también se elige, quien aunque sea lícito no me es conveniente para mi formación, no me ayudará a crecer, al contrario, he comprobado que puede ser una gran piedra de tropiezo.

- “Ante toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida”.

Seguramente debe haber muchas personas, como yo, que en la masividad no pueden expresarse, que necesitan el espacio a solas con Dios, o a lo sumo, compartirlo con uno o dos hermanos con mas sabiduría que le brinden una brújula. He experimentado que, también lamentablemente existe el “prejuicio” evangélico de usar tal forma y no otra de gesticular o hacer ademanes de determinada manera o expresarse con tal vocabulario, ateniéndose mas al denotado que al connotado, pues cuando deben reflexionar sobre el fundamento del accionar se quedan sin respuesta o las dan en forma estereotipada. La rutina brinda seguridad pero no-crecimiento. No hay nada más maravilloso que la posibilidad de clamar en el Abba Padre, pero no es absolutamente necesario la manifestación pública para “estar en espíritu”. El Señor en Mateo 6:5,6 nos lo dice. Por lo tanto sé que si en algún momento se llegara al ama a tu prójimo como a ti mismo, se prescindiría de juzgar el crecimiento por las manifestaciones externas ritualísticas o despreciar lo que se ha estudiado y utilizarlo como instrumento para agrandar la Obra. Se valora a quien sabe un oficio, tocar un instrumento o cantar, pero el profesional es despreciado, lo que dentro de los tantos interrogantes que tal vez algún día El Señor me conteste este: en este caso la no-acepción de personas ¿dónde está?.

Como conclusión este trabajoso año transcurrido, puedo decir, desde lo más profundo de mi corazón que, aunque ajetreado, conflictivo, contradictorio, sin ser tampoco lógico y concreto, este, el camino de Cristo es el único posible para encontrarle sentido verdadero a la vida, porque la vida es mucha y Dios nos la da en abundancia.

Estas palabras que en tantas horas entregadas trataron de hacerme entender ante tanto reclamo de mi parte y que hoy me sirven de norte: Dios hace las cosas nuevas, no buenas a nuestros ojos miopes, pero excelentes a los ojos del alma. Abre los ojos de mi alma, como dice el coro.
Aprender desde la actitud y no desde el simple decir, es el gran desafío.

Amén

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