MARGINACIÓN
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“... te ruego por mi hijo Onésimo (v.10 a)
Colosenses 1:22
"Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos... ahora os ha reconciliado"
¿Hemos experimentado alguna vez el amargo sabor de la marginación? Cuánto dolor se siente cuando por causa de la edad, la piel, la religión, el sexo, nos dejan a un lado.
Onésimo era un esclavo y un fugitivo. Si había alguien en el mundo para sentirse discriminado y perseguido, ése era Onésimo. ¿Quién podría interesarse por alguien así? Pablo valoró a este hombre más allá de su condición social y lo llamó: “mi hijo”. Quizá nunca antes había sentido un vínculo tan íntimo y cálido como aquel que le ofrecía el anciano apóstol.
Aun cuando en nuestros días ya no existen esclavos, todavía sigue habiendo Onésimos que necesitan ser llamados: “hijo mío”. Miremos con atención dónde está: quizá el cadete de la oficina, el abuelo en el geriátrico, el menor de nuestros hijos...
Oración:
"Señor, danos en este día la bendición de poder acercarnos a los menos valorados, a los que nadie espera nada de ellos, y danos la libertad de llamarlos: “hijo”."
Colosenses 1:22
"Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos... ahora os ha reconciliado"
¿Hemos experimentado alguna vez el amargo sabor de la marginación? Cuánto dolor se siente cuando por causa de la edad, la piel, la religión, el sexo, nos dejan a un lado.
Onésimo era un esclavo y un fugitivo. Si había alguien en el mundo para sentirse discriminado y perseguido, ése era Onésimo. ¿Quién podría interesarse por alguien así? Pablo valoró a este hombre más allá de su condición social y lo llamó: “mi hijo”. Quizá nunca antes había sentido un vínculo tan íntimo y cálido como aquel que le ofrecía el anciano apóstol.
Aun cuando en nuestros días ya no existen esclavos, todavía sigue habiendo Onésimos que necesitan ser llamados: “hijo mío”. Miremos con atención dónde está: quizá el cadete de la oficina, el abuelo en el geriátrico, el menor de nuestros hijos...
Oración:
"Señor, danos en este día la bendición de poder acercarnos a los menos valorados, a los que nadie espera nada de ellos, y danos la libertad de llamarlos: “hijo”."
