Lo que un hombre piensa sobre las mujeres
0
0
Creo con toda mi mente y todo mi corazón, que todo el que se considere verdaderamente hombre, debe a la mujer, ante todo, respeto. No como una obligación, sino como una norma de vida.
También creo que Dios hizo al hombre para que diera cuidado y apoyo a aquel ser que le dio para ser su compañía ideal, y no me refiero con esto a la que será su esposa, sino a ese ser que fue creado por Dios, especialmente para que los varones pudieran convivir, trabajar y desarrollarse de igual a igual.
Por eso: Respeto, Cuidado, Ayuda, Apoyo, Atención.
Son palabras que deberían ser vida en todos y cada uno de los que nos llamamos “hombres”, sin importar nuestra edad, nacionalidad o cultura. De las mujeres aprendemos tantas cosas que tal vez, sin duda olvidaría alguna en mi lista, pero basten estas pocas:
Amor, ternura, paciencia, fe, sacrificio, misericordia, valentía, esfuerzo.
Quiero a través de estas líneas pedir perdón a una excelente mujer a la que ofendí en este día, ella sabe en este momento que me arrepiento de haberla lastimado una vez mas con mis palabras, que nosotros los hombres casi siempre somos demasiado fríos, demasiado rígidos, y no sabemos responder a sus comentarios, sus sentimientos, o seguir sus juegos.
Creo que con mucha razón la palabra de Dios nos exhorta a tratarlas como a vasos más frágiles, con cuidado y amor, y quisiera resaltar la diferencia entre frágil y débil.
Las mujeres no son en manera alguna débiles, son mucho más fuertes que nosotros los hombres, para luchar con situaciones especialmente difíciles de nuestra vida, como la enfermedad, la muerte de un ser querido, el cuidado de un niño, trabajar por una familia y humillarse cuando no se encuentra un trabajo suficientemente digno, todo por amor a los que cuida o son su familia.
Son tan fuertes que a veces se quiebran, como el cristal que puede soportar un tremendo calor o fricción, pero que a veces, un golpe dado con torpeza puede estrellarlas. Por eso escribo esto, para recordarme a mí mismo y a cualquier otro hombre que pudiera leer esto, cuales son nuestros deberes para ese ser llamado “mujer”.
Doy gracias a Dios por todas esas mujeres que de alguna u otra manera han estado alrededor de mi vida, desde mi madre, que fue la primera mujer con la que tuve contacto, hasta aquella que he tenido que soportar su presencia, pero que en alguna manera Dios usó para enseñarme algo, porque a veces no es agradable recibir alguna enseñanza, ya que va directo a golpear o herir nuestro orgullo y nuestro egocentrismo, es decir, nuestro “yo”, que aún sigue como decimos: “vivito y coleando”.
Finalmente quiero decirte a ti “amiga”, porque tal vez no quieras que se sepa tu nombre, que doy gracias a Dios por tu vida, por lo que me has enseñado, por el tiempo que me ha permitido conocerte, por ese corazón tan grande que tienes, por ese amor a veces sufrido que tienes por los que proteges y por cada una de esas cosas en que eres diferente a mí y que hacen mi vida mas completa.
También creo que Dios hizo al hombre para que diera cuidado y apoyo a aquel ser que le dio para ser su compañía ideal, y no me refiero con esto a la que será su esposa, sino a ese ser que fue creado por Dios, especialmente para que los varones pudieran convivir, trabajar y desarrollarse de igual a igual.
Por eso: Respeto, Cuidado, Ayuda, Apoyo, Atención.
Son palabras que deberían ser vida en todos y cada uno de los que nos llamamos “hombres”, sin importar nuestra edad, nacionalidad o cultura. De las mujeres aprendemos tantas cosas que tal vez, sin duda olvidaría alguna en mi lista, pero basten estas pocas:
Amor, ternura, paciencia, fe, sacrificio, misericordia, valentía, esfuerzo.
Quiero a través de estas líneas pedir perdón a una excelente mujer a la que ofendí en este día, ella sabe en este momento que me arrepiento de haberla lastimado una vez mas con mis palabras, que nosotros los hombres casi siempre somos demasiado fríos, demasiado rígidos, y no sabemos responder a sus comentarios, sus sentimientos, o seguir sus juegos.
Creo que con mucha razón la palabra de Dios nos exhorta a tratarlas como a vasos más frágiles, con cuidado y amor, y quisiera resaltar la diferencia entre frágil y débil.
Las mujeres no son en manera alguna débiles, son mucho más fuertes que nosotros los hombres, para luchar con situaciones especialmente difíciles de nuestra vida, como la enfermedad, la muerte de un ser querido, el cuidado de un niño, trabajar por una familia y humillarse cuando no se encuentra un trabajo suficientemente digno, todo por amor a los que cuida o son su familia.
Son tan fuertes que a veces se quiebran, como el cristal que puede soportar un tremendo calor o fricción, pero que a veces, un golpe dado con torpeza puede estrellarlas. Por eso escribo esto, para recordarme a mí mismo y a cualquier otro hombre que pudiera leer esto, cuales son nuestros deberes para ese ser llamado “mujer”.
Doy gracias a Dios por todas esas mujeres que de alguna u otra manera han estado alrededor de mi vida, desde mi madre, que fue la primera mujer con la que tuve contacto, hasta aquella que he tenido que soportar su presencia, pero que en alguna manera Dios usó para enseñarme algo, porque a veces no es agradable recibir alguna enseñanza, ya que va directo a golpear o herir nuestro orgullo y nuestro egocentrismo, es decir, nuestro “yo”, que aún sigue como decimos: “vivito y coleando”.
Finalmente quiero decirte a ti “amiga”, porque tal vez no quieras que se sepa tu nombre, que doy gracias a Dios por tu vida, por lo que me has enseñado, por el tiempo que me ha permitido conocerte, por ese corazón tan grande que tienes, por ese amor a veces sufrido que tienes por los que proteges y por cada una de esas cosas en que eres diferente a mí y que hacen mi vida mas completa.
