Liturgia y contexto: fundamentos teológicos
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Por Glaucia Vasconcelos
Es un placer y un honor dirigir este grupo particular de teólogos litúrgicos en CETELA. Me proporciona gran gozo estar en la presencia de colegas que son parte de mi propia herencia latina. Sólo que desearía que mi Español fuera tan bueno como mi Portugués. Hay dos rectificaciones que deben hacerse: 1) Aunque este estudio ha sido originalmente hecho en Portugués, una versión española estará a disposición de los/las participantes., lo mismo que la versión inglesa porque el computador de la autora, que no habla una lengua romance, no aceptaría, por esa razón funcional, un original en otras lenguas. 2) La segunda rectificación es ésta: aunque soy del Brasil, he vivido en el extranjero ya por más de veinte años, sólo ocasionalmente visitando la familia y amistades. He intentado mantenerme al día en cuanto a los últimos desarrollos de la vida litúrgica en América Latina en general y en Brasil en particular, pero es solamente tanto como uno puede hacer a larga distancia. Estoy agradecida por las contribuciones del Dr. Nelson Kirst, quien generosamente me proveyó de cierto número de fuentes publicadas en los recientes últimos años en esta parte del mundo. Por su medio, a través de contacto personal con otros colegas, amigos, familia y la lectura de materiales de los últimos años, puedo vislumbrar el cuadro del estado de la liturgia en esta esquina del mundo. Pero solamente vislumbrarlo!
En esta conferencia, el Dr. Jaci Maraschin dirigirá lo tocante a la relación entre la adoración y la cultura desde ángulos provistos por los campos de la antropología, sociología y estética. Este estudio tratará de hacer preguntas teológicas sobre la naturaleza del calendario de la Adoración cristiana, la naturaleza de las reuniones, el significado del Bautismo y la Comunión, la naturaleza del envío, y la relación entre estos movimientos de la liturgia y el contexto cultural. La conferencia se enfocará en el Bautismo y la Eucaristía como las fuentes y el marco para hablar acerca de la contextualización litúrgica.
Perspectivas Históricas y Componentes Teológicos
Armazón Histórica.- El primer servicio reformado de adoración en el Nuevo Mundo tuvo lugar el miércoles 10 de marzo de 1557 en las playas de la Bahía de Guanabara, Río de Janeiro, Brasil. En tal ocasión, el lugar exacto donde sucedió, una isla, que se llamó ''Fuerte Coligny'', y el área mayor `French Colony'' (Guanabara por los indígenas y Río de Janeiro por los portugueses. Jean de Lery, History of a Voyage to the Land of Brasil, Janet Whatley, trad., Berkeley University of California Press, 1.990, pp. 29-30).
Aquel memorable servicio fue la Oración matinal. El Salmo del día fue el 5, siendo el ministro presidente Pierre Richier, uno de los tres misioneros hugonotes enviados a esa tierra a "formar la verdadera Iglesia Reformada". El que les enviara no fue otro que Juan Calvino, quien instruyó a aquellos primeros misioneros en los fundamentos teológicos, eclesiológicos y litúrgicos de su tarea. Así, ese servicio de Oración Matinal incluye una homilía, según la práctica de la Iglesia Reformada Francesa. (Lery, 32).
Richier, Villegagnon y otros se dijo que formaron la "verdadera Iglesia Reformada" primera, establecida por y mediante práctica litúrgica. Ellos establecieron órdenes plenos y servicios que se observarían diariamente y en el Día del Señor. Villegagnon fue hasta el extremo de determinar aún el servicio diario de hora nona durante una hora, y de dos horas los servicios dominicales. También determinó que los Sacramentos habían de ser administrados "según la pura Palabra de Dios", y sin añadidura humana alguna. Los antropólogos que registraron estos hechos no hicieron ninguna otra elaboración en cuanto al significado de estas determinaciones. (Lery, 35).
El domingo 31 de marzo, el primer servicio protestante de la Palabra y la Mesa tuvo lugar en las Américas, otra vez en el mismo sitio y dirigido por los mismos misioneros. Este, dice Léry, después que los ministros hubieron "Preparado y catequizado de antemano a los que había de tomar la comunión" (Léry, 37). Villegagnon por sí mismo determinó quiénes participarían y quiénes no, de la Mesa. Suspendió a los presentes no preparados, incluso al capitán de la nave que trajera a los misioneros a Brasil, considerándolos incapaces de "comprender tal Misterio". No permitiría a los que señaló como ''no aptos'' ni siquiera poner sus ojos en el Pan y el Vino.
Unas pocas semanas más tarde, un gran debate se suscitó entre los hugonotes. El vino que habían traído de Francia a Brasil se había dañado. Calvino había dicho que la Comunión debía celebrarse al menos cada domingo, sin importar cuál. Qué iban a hacer? Alguno sugirió que lo mejor sería usar un sustituto local del vino. Se le envió una carta a Calvino, en la que se presentó el argumento de que si Jesús hubiera instituido la Cena en "tierra salvaje", en la que no se encontrarían uvas, Jesús habría usado el jugo de frutas local más común en el área. La respuesta de Calvino indicó a los misioneros que era más importante tener la Cena que limitarse estrictamente al Vino como la bebida para la Cena. Por lo tanto, la Comunión se celebró cada Día del Señor en los comienzos de la presencia de la Iglesia Reformada en América Latina, y un jugo de frutas local se usó en lugar del Vino entretanto que otras botellas vinieran de Francia.
Es muy significativa la correspondencia entre los líderes de estas primeras iglesias. Indican que las preguntas en cuanto a la contextualización de la liturgia han estado presentes desde los comienzos de la historia de la Iglesia Cristiana. Discusiones que no son nuevas en nuestro día. Del modo que sea, han tomado un color particular, reflejando las características de los tiempos y lugares donde han surgido las preguntas, las conversaciones tocantes a la adoración y su contexto son tan antiguas como la Iglesia misma - y tan vitales ahora como lo fueran en aquellos años del 1500 en la tierra que se conocería como el Brasil.
Los primeros misioneros a América Latina trajeron a este Continente una versión particular del Evangelio. La tradición evangélica fue traducida por estos evangelistas en los colores de su propia cultura. En muchas, sin embargo, los adornos culturales llegaron a ser más importantes a los evangelizadores que el Evangelio mismo. En las palabras de un sabio nonagenario pastor brasilero, "Nosotros tuvimos que quitarnos los zapatos de nuestra cultura a la puerta del lugar de adoración". Las iglesias en América Latina hasta hoy laboran bajo la poderosa influencia histórica de líderes significativos pero con frecuencia mal orientados, que difícilmente distinguen entre lo esencial de las buenas Nuevas y los detalles de sus propios entornos culturales. Es así, por ejemplo, que en ciertos sectores de la Iglesia Latina, uno puede hablar de la "Cristianización y Americanización" de la Iglesia, con el mismo énfasis, como si ambos vocablos significaran lo mismo.
Componentes Teológicos. Lex Orandis, Lex Credendi (Como la Ley suena, hay que creerla?). Cuando los teólogos litúrgicos se reúnen hoy día, tanto el asunto de la contextualización que afrontaron los antiguos hugonotes, como las falacias del movimiento misionero del siglo 19 siguen intimidándonos y desafiándonos. Cómo puede el tan importante asunto de la contextualización ser considerado seriamente? Es posible hablar de un patrón católico o sea universal, de adoración, sin tener en cuenta el contexto cultural en que ese patrón sigue vigente, repitiendo así las malinterpretaciones de los movimientos evangelísticos del siglo 19?
Por otra parte, es un esfuerzo (desenfocado?) localizar la liturgia en peligro de conducir a excesos en que lo antropológico, lo estético, y hasta los asuntos de mercado desbordada las consideraciones teológicas? Están nuestros intentos de contextualización conduciendo a la Iglesia hacia un entendimiento crecientemente parroquial y localizado? Es la meta por alcanzar, digamos, una "Iglesia Brasilera", más grande que darle forma a la iglesia católica, incorporando el sentido más amplio de la ecclesia en el contexto del Brasil?[1]. Estamos nosotros, en otras palabras, como les pasó a los primeros misioneros, perdiendo terreno en el énfasis natural del Evangelio, el cual tiene más amplias implicaciones para la vida y la liturgia que los localistas y parroquiales adornos de cualquier determinada cultura?
Los cristianos están limitados en y pasan a través del discurso-accionado en la liturgia. "Toda la Iglesia está y se arraiga en su adoración. (Book of Common Worship, Lousville Westminster John Knox Press, 1993, p. 5). El Vaticano II lo llamó "fuente y resumen", el lugar desde donde vida como de las fuentes de la Iglesia de Cristo fluye, y a la cual apunta.
Las comunidades cristianas (y la comunidad Cristiana) están enmarcadas por lo que dicen y hacen en la liturgia. La liturgia es lo esencial a priori de la fe. La frase sumaria lex orandi, lex credendi pide la pregunta ''qué orandis'' para este lugar y tiempo particulares? Es inevitable que el reverso del antiguo dicho sumarizado también se considere verdadero: Lex credendi, lex orandis. La pregunta también sigue con credendi - cuál credendi para este lugar y tiempo particular? Hay elementos no negociables en la teología bíblica e histórica, elementos que trascienden el tiempo y el espacio? Cómo puede tomar lugar la contextualización de manera que no conduzca al parroquialismo o sucumba a las demandas culturales o a los posibles denominadores más bajos? Cuáles son los fundamentos confiables a priori para la liturgia fiel en contexto?
Pese al hecho de que tenemos una multiplicidad de culturas en el mundo, sigue siendo verdadera la proclama cristiana de que hay de hecho "una sola fe, un solo Señor, un solo Bautismo". Esto porque su sujeto y su objeto, centro mismo de la liturgia, es compartido por las comunidades cristianas de todos los colores culturales. El Calendario (ordo) básico de la adoración cristiana: reuniendo, oyendo y proclamando la palabra de perdón y gracias, bautizando, comiendo y enviando - todo en el Nombre de Cristo - son los elementos fundacionales. Los cristianos de todo el mundo, en diversas lenguas y acciones, todavía vienen a alabar a Dios en derredor de la Pila, la Palabra y la Mesa, un patrón que encuentra paralelo - no coincidencialmente - en el mismo marco de los libros del Evangelio.
Esta conferencia procura sugerir que posibles respuestas a preguntas de contextualización pueden y deberían encontrarse en un más claro entendimiento de la teología, la historia y la práctica de los dos ritos fundacionales de la Iglesia Cristiana considerados sagrados por todas las comunidades que llevan el Nombre de Jesucristo, es decir, el Bautismo y la Comunión. No obstante que algunas comuniones sostienen otros discursos-actuados como igualmente sagrados (Conformación, Ordenación, Matrimonio, etc.), los dos actos fundamentales alrededor de la Fuente y la Mesa unen y dan piso común a la iglesia católica, universal, y constituyen una base común.
La adoración cristiana tiene su propio conjunto de características culturales. Tiene un lenguaje propio, un lenguaje que proporciona un sentido de identidad personal y comunal. Gordon Latrop habló de este núcleo que da identidad: "La adoración cristiana tiene sus propias estructuras que dan identidad e interpretación mundial, y aún los significados e identidad que resultan pertenecientes a cristianos que viven dentro de muchas otras culturas (BAPTISM in the New Testament and Its Cultural Settings, in Worship and Culture in Dialogue S. Anita Stauffer, ed., Geneva: Lutheran World Federation Studies, 1994, 17-38).
El problema creado por esta construcción de la adoración que incorpora su propio ''paquete'' de características culturales, es que la palabra ''cultura'' puede ser usada como un símbolo sagrado de la identidad étnica, racial o educacional de uno, acerca de la cual los miembros de un grupo particular la sienten muy protectora. En tal sentido o contexto un individuo pudiera pretender: "Mi cultura se opone a tu cultura, una amenaza a mi propio sentido de identidad". Lathrop (HA DICHO):
"Liturgia y Cultura'' se leerán como una especie de desafío: "Cómo es que tu Cristianismo va a tomar mi identidad en serio?'' De otra parte, hay culturas amenazadas en el mundo y la humanidad sería generalmente empobrecida por la pérdida de su sabiduría específica. A veces la sabiduría litúrgico-simbólica cristiana se encuentra entre las culturas amenazadas de la presente era"[2]
A lo mejor, la adoración cristiana puede ser vista como un lugar de diálogo e interpenetración donde diversos símbolos pueden llevar y comunicar tanto el significado del mundo como la identidad de los individuos.
La Visión de una Adoración Común
Un volumen, recién publicado, de fuentes litúrgicas, tiene un título comunicativo, históricamente reconocido por varias comunidades: el Book of Common Worship de la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCUSA). En el Prefacio de ese volumen los editores trataron de subrayar la expresión "common worwhip". Siendo que este autor busca introducir este grupo de teólogos a la plena riqueza del intento de los editores de colocar reunida esta notable suma de recursos para la adoración, una porción del Prefacio al volumen será citada en forma extensa:
A causa de la centralidad de la adoración en la vida de la iglesia, continua reforma de la adoración es de primaria importancia en el mantenimiento de la integridad del pueblo de Dios. En una era dominada por el individualismo y el secularismo, es particularmente importante abrazar formas de adoración firmemente arraigadas en la fe y promover un fuerte sentido comunal de estar unidos con Dios, con la comunidad de fe en todo tiempo y lugar y con un mundo roto, necesitado del toque sanativo de Dios. En otras palabras, el interés por la reforma de la adoración es, por encima de todo, un interés por la renovación de la iglesia...Durante los últimos treinta años las iglesias cristianas alrededor del mundo han visto una reforma en la adoración sin igual en cualquier otro siglo. Mientras que los estilos varían entre tradiciones, el alcance de la liturgia entre las varias tradiciones cristianas está testificando una notable convergencia. Un ejemplo de tal convergencia es la obra del Consejo Mundial de Iglesias, su trabajo sobre Bautismo, Eucaristía y Ministerio y sus documentos relacionados.
La preparación de la edición de 1993 del Libro de Adoración Común ha tenido la ventaja de continuar la obra litúrgica en todas las ramas de la Iglesia Cristiana, y refleja estas emergentes áreas de convergencia. Comenzamos a reconocer que nuestra verdadera unidad comienza en la fuente bautismal. El Bautismo es ahora reconocido como fundamental a la vida de la fe, formando cristianos en fe y servicio. La centralidad de la Escritura leída y proclamada, está siendo recobrada debido en gran medida al uso del Leccionario.
A partir de la publicación de un Leccionario, abrazado en todo o en parte por una variedad de tradiciones, estamos reconociendo nuestra unidad mientras nos reunimos como uno en derredor de la Palabra.
También compartimos un Calendario litúrgico común. En la celebración de los Festivales y las Estaciones, en unidad nos reunidos y saturamos nuestras vidas con los hechos salvíficos de Dios en la historia. Nos estamos moviendo hacia la unidad en la Mesa, cuando estamos comenzando a reconocer que en creencia y en práctica es más lo que nos une en la Eucaristía que lo que nos divide. La Eucaristía, es crecientemente reconocida como central en la liturgia del Día del Señor, y hay un firme movimiento hacia su celebración semanal.
Las continuas barreras que nos separan uno de otro en la Mesa están en duro contraste con el creciente sentido de unidad, si nos entendemos en nuestro bautismo y cuando oímos la Palabra. Estamos aprendiendo que la unidad en la fuente, el púlpito y la Mesa es el verdadero camino para sanar las heridas de la Iglesia de Cristo.
Es importante reconocer que como cristianos compartimos mucho de nuestra historia en común con otras partes de la Iglesia. Mientras que las reformas del siglo 16 y los hechos de los siglos posteriores son muy importantes para limitar los modos particulares de nuestra adoración, compartimos en común con otros cristianos quince siglos de historia previa a la Reforma. Las Iglesias están comenzando a reconocer que el contexto en que somos llamados a testificar al Evangelio hoy está creciendo a una situación misionera. Este despertar está moviendo a la iglesias en una variedad de tradiciones a ''volver a las fuetes'', a encontrar sus raíces en la Escritura y en el período formativo de la vida de la iglesia. Cuando reabrimos nuestro ojos a nuestros orígenes comunes, la reforma litúrgica resulta. En esta búsqueda de la renovación, que compartimos en común con otras tradiciones, que la convergencia comienza a tomar forma. En una variedad de maneras este libro refleja esta creciente convergencia. Las contribuciones ecuménicas a este libro incluyen los textos revisados del Leccionario Común y Litúrgico preparados por consultas ecuménicas. No habría sorpresa alguna que el libro, extraído libremente de varias porciones el cuerpo de Cristo, nos dé la contribución que la tradición reformada tiene para el movimiento ecuménico. El libro busca levantarse por encima de la limitaciones sectarias, incorporando la oración de la iglesia ecuménica.[3]
Queda todavía la pregunta: Qué tan común sería la oración común? Cómo puede una asamblea reunida en Medellín, Colombia, ser plenamente la iglesia local y reflejar su naturaleza católica, universal? Cómo pueden una comunidad católica romana en Costa Rica, y una de las Asambleas de Dios en el Brasil orar "en común" y qué sería de las particularidades en los idiomas, las tradiciones, la historia, la realidad sociológica y la religiosidad de estos países? Dónde se unen estos elementos en una "adoración común"?
Los patrones sociales y religiosos en muchos países han sido en gran medida enmarcados por dos "manejos rebeldes" culturales. Primero, está la marcada tendencia a seguir la guía de las imágenes y sonidos enviados por T.V. y otros medios electrónicos desde los Estados Unidos. Estas imágenes y sonidos retratan al individuo como el punto de arranque de cada esfuerzo humano. En dicho país la comunidad cuenta mucho menos que los seres humanos aislados. El individualismo y el narcisismo son los ''sellos'' de la sociedad norteamericana.
Segundo, hay también una tendencia a sospechar de todo lo que se refiera a tradición o historia. Estos dos ''manejos rebeldes'' culturales han enmarcado toda organización social en ese país lo mismo que a las naciones que están bajo la pesada y profunda influencia de esa nación. Desde los sistemas políticos y socioeconómicos hasta las particulares políticas denominacionales religiosas, la tradición y la historia, son vistos como males que deben evitarse. En la iglesia, algunos ven la adoración común nada más que como una bochornosa uniformidad aprisionante, que roba a las comunidades su propia identidad cultural. Otros ven la adoración común tan "común", que es, ordinariamente, la clase que rechazamos año, a favor de la clase "nueva y mejorada" o nuestro propio estilo, nuestras propias tradiciones".
La adoración común es adoración que enmarca y expresa la identidad distintiva y el estilo de vida de un pueblo común, una comunidad cuyos límites no terminan en las escalas de un particular lugar de reunión, sino que es tan amplia como el mundo y fuera de los límites del tiempo. Cuando usamos el Credo de los Apóstoles para declarar que "creemos en la santa iglesia católica y apostólica", esa iglesia incluye a Ana (Lucas 2), la que primero proclamó las buenas Nuevas, a Pablo y Dorcas en la comunidad neo-testamentaria, a Justino Mártir, Teresa de Avila, y otros de los primero siglos de la iglesia, Lutero y Calvino en la era de la Reforma, Nelson Kirst, Amilcar y otros, en las comunidades cristianas de todas partes del globo. De seguro, cuando no hay entrega a la adoración común, la diversidad puede fácilmente bautizar la división como manifiesta unidad. Pero lo opuesto es también verdadero. "Cualquier concepto de la adoración común que deje de dar ánimo y honor a la diversidad - no como excepciones a la adoración común de la iglesia, sino como evidencia de ella - sencillamente bautiza las preferencias de una parte del cuerpo de Cristo sobre las demás". (Cynthia Campbell and Fred Holper, en Praying in Common. Louisville: Office of theology and Worship, Occasional Paper No. 6, 1994).
Una oración común sólo será evidente cuando los cristianos de todo el mundo re-examinen sus respectivas eclesiologías y consideren el hecho de que hay profundas implicaciones ecuménicas en la naturaleza del Bautismo Cristiano. El maestro litúrgico Anscar Chupungco, del Instituto de Liturgia Pablo VI en las Filipinas, ha tenido gran impacto en las implicacones ecuménicas del Bautismo. Entre otras cosas, él constantemente recuerda a sus lectores y/u oyentes que la inculturación del Bautismo no meramente promovería o expresaría lo que él denomina "adhesión tribal o identidad", sino comunión con todas las iglesias cristianas unidas en un Bautismo común. [4] No solamente compartimos un Bautismo cristiano común, sino que la invitación a la Mesa es "Esta es la gozosa fiesta del pueblo de Dios. Vendrán del oriente y del occidente...!" Esa premisa escatológica se realiza cada vez que una asamblea local se reúne como parte de la ecclesia católica, la asamblea universal de Dios.
El significado más profundo de la en el palabra ''asamblea'' en el Nuevo Testamento se expresa en las antiguas palabras del Martirio de Policarpo en el siglo 2º., en una obra que ofrece a los teólogos litúrgicos de hoy un buen paradigma: "La asamblea de Dios que reside en Esmirna a la asamblea de Dios que reside en Filomelium a todos los residentes en cada lugar de la santa asamblea católica". (Citado en Lathrop, Holy Peolple, 50). La "asamblea de Dios" es vista por Policarpo como la iglesia católica total, el cuerpo de Cristo total, una iglesia residente, una comprensión de ecclesia que va contra mucho de lo que se hace hoy en nombre de la contextualización. Esta es una iglesia en movimiento, yendo de reforma en reforma, por causa del mundo, pero en el Nombre y por la causa de Jesucristo. Grande y significante calificador!
Movimientos Recientes en la Contextualización Litúrgica
En años recientes un gran cuerpo de estudios ha sido producido sobre varios aspectos de las discusiones en derredor de la adoración y la cultura. Los Católico-romanos han manejado el asunto de diversas maneras, como, lo han hecho Anglicanos, Presbiterianos, Metodistas y otras comuniones. La iglesia ecuménica está vitalmente involucrada en tales discusiones. Los luteranos, sin embargo, parecen estar en la misma línea de avanzada de la investigación sobre el asunto, y han costeado gran número de consultas y conferencias para las discusiones sobre el sujeto.
En esta década los siguientes dos eventos ecuménicos y consiguientes informes son de particular significación:
El Ditchin-gham Report del Consejo Mundial de Iglesias (1994) llamó a los líderes cristianos a capacitar a las comunidades para ofrecer los dones particulares que cada comunidad contribuye a la liturgia, enfatizando el hecho de que el ordo cristiano pertenece "mas propiamente a cada iglesia local, esto es, a todos en cada lugar.". El hecho encontró continuidad y mayor desarrollo en una reunión habida en Faberges, Francia, en 1997. El Ditchingham Report fue publicado en Thomas F. Best y Dagmar Heller, en obra titulada So We Believe, So We Pray: Toward Koinonía in Worship, Faith and Order paper 171 (Ginebra, consejo Mundial de Iglesias, 1995, 5-8). 2) El Nairobi Statement on Worship and Culture Contemporary Challenges and Oportunities fue preparado por participantes de la tercer consulta internacional sobre Adoración y Cultura de la Federación Luterana Mundial, cuya reunión fue tenida en Nairobi, Kenia en 1996. Este informe fue publicado en un volumen editado por S. Anita Stauffer, Christian Worhip Unity in cultural Diversity (Geneva: Lutheran World Federation, 1996, 23-28).
La declaración de Nairobi llama a las iglesias a formular criterios para la contextualización de la liturgia en maneras basadas en principios básicos que cruzan las barreras culturales. Un pedido básico que el informe hace es a que en el misterio de la Encarnación de Dios en Jesús encontremos el modelo y mandato para la contextualización de la adoración cristiana. "Dios puede ser y es encontrado en las culturas locales de nuestro mundo... La contextualización es una tarea necesaria para la misión de la iglesia en el mundo, de modo que el Evangelio pueda ser siempre más hondamente arraigado en diversas culturas locales".[5]
La Federación Mundial Luterana reunió un grupo de expertos en el campo de la teología litúrgica, para conducir a esa Denominación Reformada en una serie de estudio sobre el tema de la adoración y la cultura. Desde los comienzos de su trabajo el equipo estableció algunos parámetros y fundamentos para lo que se propone hacer. En la primer reunión, en Cartigny, Suiza, el equipo declaró:
Reconocemos la necesidad en nuestro tiempo de hacer la adoración igualmente auténtica tanto para
La Palabra de Dios como relevante para las culturas dadas. La iglesia está llamada a continuar la tarea
Impulsiva de la reformación, de modo que el Evangelio pueda ser fielmente proclamado entre las varias
Culturas de hoy"[6]
Liturgia:
IV: Transcultural, entre Cultura y Cultura, y a-Priori
La serie de encuentros auspiciados por la Federación Mundial Luterana, antes mencionada, incluyó a teólogos litúrgicos de todos los continentes y varias naciones. El grupo identificó cuatro ''focos'' a través de los cuales uno puede mirar la adoración en relación con la cultura: el transcultural, el contextual, el contra-cultural y el entre cultura y cultura. Esta conferencia trata, primariamente, de las categorías intercultura y entre cultura y cultura.
El Transcultural. Los componentes transculturales de la liturgia son aquellos elementos básicos que de hecho dan a la liturgia de la iglesia su carácter cristiano, sin importar el tiempo y lugar en que la liturgia sucede. Forman el terreno común y son las realidades Evangélicas dadas y que trascienden las realidades locales y culturales. Los elementos básicos transculturales de la adoración cristiana son: Cristianos reunidos en el Nombre de Cristo Cristianos que oyen y proclaman la palabra de Dios en el Nombre de Cristo Cristianos que bautizan en el Nombre de Cristo Cristianos que dan gracias en una Mesa de la Cena en el Nombre de Cristo Cristianos que dejan la asamblea para vivir la justicia y la gracia representadas en la liturgia en el Nombre de Cristo. Ellos hace así en encuadre básico que descubre aquellas realidades, el ordo cristiano, en un patrón de tiempo intemporal y rítmico. Estas cosas santas son las esenciales, las no negociables de la liturgia, y son transculturales. Reunión, Escritura, Lavamiento, Comida, Envío: cosas santas para el santopueblo de Dios reunido en asamblea cual fuere y donde quiere en el Nombre Jesucristo.
Martín Lutero sugirió que uno no necesita ser capaz de discernir la diferencia entre lo que es central y formativo en la Eucaristía y lo que es secundario o adicional. En efecto el llamó a esta habilidad para distinguir entre lo uno y lo otro "el arte más grande y más útil".
Estos son factores esenciales, transculturales en la adoración cristiana que deben estar presentes cuando los cristianos se reúnen si la reunión está yendo a ser la santa asamblea cristiana. Los cristianos se reúnen en el Día del Señor, con canto y oración, y en derredor de la Escritura leída y proclamada, en derredor de las aguas del Bautismo recordado y frecuentemente realizado, y en derredor de la Mesa de la Cena donde el Pan y el Vino son recibidos y ofrecidos en acción de gracias, todo el Nombre de Jesucristo. El maestro Litúrgico metodista Don Saliers llamó a la adoración "El pre-gustar de la gloria divina" y lo es! (Don. E. Saliers, Worship as Theology: a Forestate of the Glory Divine. Nashville: The Abingdon Press, 1994). La comunidad al adorar profetiza, señala el reino de Dios listo ya, aunque no todavía plenamente establecido, e impulsa a los adoradores a actuar en la actualización de ese reino.
La adoración cristiana es Trinitaria y Cristo.-céntrica. Es bíblica y es profética. Es tan contextual como ecuménica, si hemos de ser fieles a la proclama que acerca de Dios hacemos. Estas realidades están todas situadas y expresadas dentro de un marco de riqueza histórica y universalmente reconocido, por medio de un patrón reconocible y repetible de tiempo contable, y a través del cual los elementos centrales, que audible y visiblemente ponen de manifiesto la naturaleza de Dios, y que son efectivamente, acciones habladas Suyas, el Bautismo y la Comunión. Calvino lo dice sencillamente:
Desde aquí el rostro de la iglesia se acerca y llega a hacerse visible a nuestros ojos.
Dondequiera que vemos la Palabra de Dios predicada y escuchada en su pureza,
Y los Sacramentos administrados conforme a la institución de Cristo, hay, no hay
Que dudarlo , una iglesia de Dios, existiendo...La iglesia universal es una multitud
Reunida de todas las naciones, que está dividida y dispersa en lugares separados,
pero que concuerda en la verdad una de la doctrina divina y está atada por los lazos
de la misma religión....De esta manera preservamos para la iglesia universal su unidad.[7]
Tales son los elementos transculturales que identifican a una comunidad cristiana en adoración, ya sea en Brasil, Colombia, Japón, Kenia, o en cualquier otro lugar. Cómo se encarnan estos elementos en las circunstancias particulares, sigue siendo la prerrogativa de cada comunidad individual decidirlo.
Entre Cultura y Cultura. "Un Señor, una Fe, un Bautismo" - un don que los cristianos todos comparten por igual, no importa el marco cultural en el que ellos - y su liturgia - vivan. El evento más grande en una situación entre culturas es la Encarnación de Dios en Jesucristo. Basada en ese sólo hecho, esta autora prefiere la palabra encarnación por encima y más allá de inculturación y contextualización. La liturgia, después de todo, hace real la Presencia de Dios de una manera particular y concreta, de una manera encarnacional.
Alabanza, palabra, Lavamiento, Mesa, y la ''koinonía'' de los santos. Según Apocalipsis, la multitud de los mártires reunida es alrededor del Trono para adorar a Dios y al Cordero. Proceden "de toda nación, de todas las tribus y pueblos y lenguas", y su alabanza se ofrece a gran voz, a una sola voz! (Apo. 7:9-17). La adoración común en el Gran Día de Dios! Cómo podemos rehacer esa realidad "común" en nuestras respectivas culturas? Cómo podemos enseñar y capacitar a nuestras congregaciones para dar a una voz los cantos, las oraciones, los lamentos, y las esperanzas de las gentes de todo el mundo si no es por medio de la liturgia?
Los himnarios contemporáneos han procurado ser fieles al añadir a los himnos históricos "tradicionales" muchos salmos, himnos, oraciones, letanías, hechos y dichos de otras naciones y cantos espirituales de todo el orbe. El Consejo Mundial de Iglesias ha sido de gran ayuda en ese proyecto. Abundan las colecciones de recursos para la adoración. Mediante la inclusión de todos estos elementos, cruzando barreras culturales, estamos haciendo mucho más que conformar "equipos musicales" de otras naciones y pueblos. Estamos siendo fieles al concepto de ecclesia en la visión del Nuevo Testamento, y preparándonos para el gran día de la Revelación apocalíptica.[8]
La liturgia de la iglesia tiene la potencia adventicia de ser un hecho en proceso. La liturgia fiel descubre y manifiesta la venida de la gracia de Dios y el acercamiento de la Justicia del Señor. Es solamente por medio de un fiel acercamiento encarnacional a la liturgia que la adoración fiel puede tener lugar. Dios busca a los fieles de todo lugar y los une en la adoración. Entonces el hecho impresionante acontece. Es Dios revelando la misma santidad de Dios aquí y ahora en la santa reunión, en medio de este particular pueblo santo, en este santo Día del Señor, en este santo tiempo. Pero es Dios en Cristo a quien la liturgia cristiana ponen en descubierto. Y "en Cristo no hay Oriente ni Occidente, Norte ni Sur. El Oriente comparte sus riquezas con el Occidente, y viceversa. El Norte ilumina al Sur y el Sur desafía al Norte. El Oriente usa el lenguaje simbólico, los cantos simbólicos, las acciones simbólicas del Occidente, y con ellos se siente familiar.
La Prioridad de la Liturgia. "El fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de El para siempre". Es lo que dice el Catecismo Menor de Westminster, elaborado en 1646. Pero también proclamamos que la adoración es el centro de la vida de la iglesia. Para las comunidades cristianas, la adoración es el espacio-tiempo sin par donde glorificamos a Dios cuando una y otra vez la comunidad tiene memoria de que vive para un propósito, y que ese propósito es la glorificación de Dios. La adoración es el sitio de reunión de la gracia de Dios con nuestra agradecida respuesta, y el evento que James White llama "el auto-darse de Dios" (J. White, Los Sacramentos como la Auto-Dación de Dios Nashville: The Abingdon Press, 1983)
En una conferencia dada a un grupo de estudio, Los Pastores como Teólogos litúrgicos, Dennis Hughes asegura que Dios hizo a los seres humanos por las propias graciosas razones de Dios. God''s own chief ends. Declara que puesto que Dios creó a los seres humanos para Su gozo, El nos hizo la más alta prioridad del mismo Dios, para que podamos ''agarrar'' lo que significa glorificar a Dios y gozar de El''. (D Hughes, The Priority of Liturgy: God''s Gift to the Community of Faith. Seatle: Conferencia no publicada, 1999)
Si nuestro fin principal es glorificar a Dios, como lo sostiene el catecismo y lo subraya Hughes, la liturgia de la iglesia toma la más alta prioridad para nosotros. Por otro lado, si nosotros podemos visualizar el ordo histórico litúrgico, con sus ricas acciones-habladas como un don de la proveniente gracias de Dios, la liturgia es primera para nosotros. Nos asume antes de que nosotros sepamos lo que está sucediendo. Nos abarca, nos reclama y nos transforma. La liturgia, vista desde esta perspectiva, no es primariamente trabajo nuestro todo, mientras que somos constantemente exigidos, cuando traducimos el término leitourgia como " el trabajo del pueblo", sino don de Dios, un don que va delante de nosotros, un don que es concedido a la comunidad de fe por medio de la comunidad de fe.
De hecho, la liturgia es una actuación comunal y una celebración de los actos salvíficos de Dios, por sobre y encima de todas las demás realidades ordinarias (gracia preveniente: gracia que viene delante de nosotros). Son los actos de Dios los que dan altura a la liturgia. La liturgia es también una celebración de las grandes ''revisiones'' de Dios (los débiles son hechos fuertes, los cautivos, libres los niños, modelos para los adultos, los ciegos ven, los sabios se hacen necios). La liturgia es anterior a nosotros también en lo que incluye siempre en su misma naturaleza una realidad escatológica, proyectada en el escenario del tiempo, tiempo que es antes, tiempo presente, y tiempo que será después de nosotros.
Contextualización o Capitulación a la Cultura? Lecciones de una Denominación Particular.
En los EE. UU. hay un movimiento de significación ha modificado el paisaje litúrgico, y recibido internacional atención de los sociólogos lo mismo que de los teólogos. Variadamente denominada "contemporánea", "alternativa", o adoración "mezclada", la práctica refleja aquella tendencia de las naciones hacia el individualismo y el parroquialismo. Esta escritora sirve como Asociada para la Adoración en la Iglesia Presbiteriana de los EUU de América (PCUSA), una posición que ella ocupa desde los comienzos de 1994. En esa función ha viajado extensamente y literalmente liderado centenares de talleres y conferencias en todos los EE.UU.[9] lo que está sucediendo en muchas iglesias de este país, ha sido crecientemente exportado a otras culturas y lugares del mundo.
Cualesquiera hayan sido las experiencias de la escritora en los últimos años, han ocurrido primariamente en el contexto del trabajo y la vida de la PCUSA, las realidades de prácticas litúrgicas en ese segmento de la iglesia Cristiana bien pueden servir como espejos para lo que está sucediendo por doquier.
El creciente movimiento de la iglesia, que ha barrido la nación en todos los rincones de la Iglesia, ha alcanzado a la PCUSA con fuerza poderosa. Desde su acceso a la posición de Asociada para la Adoración ha tenido en sus manos varios aspectos de la controversia alrededor de la adoración alternativa. Las palabras y expresiones en uso son: adoración contemporánea (en oposición a la adoración tradicional), coros de alabanza, adoración de ''truenos'' adoración de ''reventadores'', adoración generación X, y adoración "mezclada". La terminología está contando una.. La adoración llega a ser una "experiencia de adorar" Liturgia, una palabra que se identifica con la espiritualidad de la iglesia alta, algo que debe evitarse a todo costo, y las prácticas que se refieren como "estilos de adoración". El significado mismo de la palabra "adorar" ha cambiado en estas congregaciones. La palabra se refiere al canto que precede a la predicación. Se dice que el sermón viene "después de la adoración", en la congregación.
El significado de este movimiento de adoración de generación específica en la Iglesia Presbiteriana de los EE. UU. De América no puede ser minimizado. Ni un solo taller sobre adoración en los últimos cuatro años ha dejado de considerar preguntas sobre el tema de la cultura y la adoración expresado en estas jergas. Muchas llamadas han sido hechas a la Oficina de Adoración para solicitar recursos para la adoración alternativa/contemporánea. Ríos de libros y artículos han sido escritos, y millares de recursos para la adoración alternativa han sido publicados en los recientes diez años, particularmente en California y el Sur. Desde los antropólogos hasta los teólogos, desde los músicos hasta los sociólogos, y desde pastores hasta escritores seculares de los periódicos, han intentado manejar el fenómeno. Talleres y conferencias se han multiplicado e instituciones completas han sido creadas para suplir con recursos al mercado. Empresarios o contratistas litúrgicos han proliferado por todos los EEUU dentro de la Iglesia Presbiteriana. "Acercándose a los de fuera de la Iglesia" ha venido a ser un lema consagrado del mercado, con métodos dirigidos al consumidor.
Prácticas sacramentales en estas congregaciones con frecuencia se apartan de la teología y hasta de las líneas de guía básica de segmentos de la Constitución de la Iglesia Presbiteriana sobre asuntos litúrgicos, el Directorio para la Adoración. Un ejemplo: En el curso de un taller en 1996, la escritora supo de un pastor de una congregación asombrosamente creciente en un Presbiterio del Pacífico Nor-occidental. La adoración en esa Iglesia Presbiteriana se basaba entonces muchísimo en el modelo de la adoración alternativa. El joven pastor era comprometido y cálido. En un grupo de discusión durante un taller, el pastor estaba ansioso por "dar testimonio del movimiento del Espíritu" en su iglesia. "Celebramos la Comunión cada semana", proclamó con orgullo. "Estos Servicios de Comunión son los mejor asistidos que tenemos. Eso pudiera ser porque los hacemos en la tarde del sábado, dejando libres para las familias los Domingos para sus actividades de relaciones. "La multitud que se aglomera el sábado es mayormente joven. Los Servicios se tienen en el salón de reuniones alrededor de las mesas. La gente viene como es y se siente libre para levantarse y salir a tomar una taza de café cuando lo desean en cualquier momento del servicio. Las celebraciones sabatinas son "asuntos familiares íntimos". O pudiera ser que "ellos vienen por la manera como celebramos la Comunión, la que nosotros vemos como una herramienta de conversión y una manera de que la gente se sienta cercana. Si lo prefieren, toman jugo de naranja para la Comunión". El se sentía realizado al contarnos a cuanta gente él había bautizado los sábados en servicios privados separados, porque "los servicios regulares son demasiado ocupados". La iglesia no tenía pila bautismal. "Es cosa de espacio. La Fuente había estado en el sótano, porque teníamos que economizar cada pulgada de para los dramas y la banda. La Fuente estaba en el camino. Usamos una ''ponchera'' que la familia trae: lo hace personal". La verdad: la Fuente estaba atravesada en el camino! Estas congregaciones hablan de un Descanso Sabático Cristiano, pero lo han manipulado para conseguir reunir la relación entre el día y el Sacramento, entre la teología y la práctica, y han tornado las reuniones de la asamblea en audiencias para entretenimiento.
El Presbiterianismo de los siglos 18 y 19 Revisado en la Iglesia de Hoy. Algunos estudiosos de la liturgia han visto un paralelo entre las prácticas de la "adoración contemporánea" y las reuniones de campamento y las Estaciones de Comunión de la adoración presbiteriana de los siglos 18 y 19. En el centro de los cambios de ese tiempo estaban las prácticas sacramentales de la Iglesia Presbiteriana. Estos cambios estaban asociados con, para estar seguros, el Segundo Gran Avivamiento, pero la minimización de la compresión de los Sacramentos y las prácticas sagradas (SACRAMENTALES) llegaron a ser el centro de los calientes debates asociados con las controversias de la Antigua-Nueva Escuela. Como en las iglesias de la "adoración contemporáneo" del Día de hoy, los predicadores de la Nueva Escuela vieron el Bautismo y la Comunión como meras herramientas para la conversión de los pecadores.
De hecho, el joven pastor del Pacífico Nor-occidental, cuya práctica eucarística de cuya iglesia era un intento deliberado de conversión, recuerda la influencia de Salomón Stoddard (1643-1729), quien consideró la Comunión como una ordenanza de conversión, y de Charles Grandision Finney (1792-1875) y su consejo acerca de la utilización de la Cena del Señor para ganar almas (Ch. G. Finney, Lectures on Revival of Religion, Wm. G. McLoughling, ed. Cambridge: Harvard University Press, 1960, 142).
Estas no son declaraciones y prácticas aisladas, sino parte de una vasta telaraña que condujo a los Presbiterianos a abrazar el Puritanismo en su formas más rampante y a dejar de lado la celebración fiel de los Sacramentos a favor de un mal guiado celo evangelístico. Así, el "propósito" de la adoración llegó a ser el evangelismo (la ganancia de almas) enfatizada en la predicación, con ministraciones sacramentales solamente como un apéndice menor y una herramienta de conversión.
El movimiento en la iglesia de hoy comparte muchos rasgos del Puritanismo antiguo. Los Presbiterianos no reclaman derechos exclusivos, sin embargo a esta situación. En los EE:UU: es un cuadro que igualmente comparten Bautistas, Metodistas, Luteranos, Católicos-Romanos y otros cuerpos. Cierto amigo de la autora, dirigente de una iglesia pentecostal, reveló sus propias frustraciones con los lineamientos de su denominación en ese respecto, diciendo: "Nuestros músicos y pastores han hecho propia la "cultura del mi", sin consideración alguna a la tradición de la iglesia".
En verdad, hay interrogantes culturales que trascienden al Presbiterianismo actual. La auto-justicia y el narcisismo de estrecha mentalidad se muestran fuera de las puertas de la iglesia Presbiteriana en el genio mismo de la cultura norteamericana social y política y religiosa . Pero hay, en efecto, un notable paralelo entre algunas de las discusiones entre los líderes de la "Antigua Escuela" y la "Nueva Escuela" de la era y los debates actuales sobre la adoración. Aunque reconocieron la naturaleza evangelística de la Comunión, los Presbiterianos de la Antigua Escuela tendieron poco a permitir cualquier práctica en el servicio que no fuera expresamente sancionada en la Escritura, en tanto que los de la Nueva Escuela se inclinaron a sacar ventaja de factores psicológicos para realzar el efecto del sacramento.
Como en nuestro día, algunos pastores de aquel tiempo se sintieron incómodos con las directrices para la adoración en todo su derredor. Como hoy día los proponentes de la "Nueva Escuela" se multiplican (la meta entendida de la contextualización como efectividad evangelística y el consecuente criterio para la adoración), los pastores de la "Antigua Escuela" de hoy están reaccionando con extrañeza no distinta a la expresada por un ministro de la "Antigua Escuela" en 1846:
A tal extremo de inconformidad hemos llegado que nuestros
Sermones al impenitente pueden casi ser considerados la regla
General, y los que a los cristianos las excepciones nuestras
Oraciones, aunque, en la forma, dirigidas a Dios, son frecuentemente...
Apelaciones al impenitente, nuestros himnos son compuestos con
Referencia a los inconversos, y con no poca frecuencia dirigidos
A ellos en persona. [10]
Como está sucediendo hoy, durante aquel tiempo el Directorio para la Adoración fue grandemente soslayado en las congregaciones que pedían mejoras y experimentación litúrgica. Como con la adoración contemporánea de hoy, la experimentación que tuvo lugar cuando el Presbiterianismo americano estaba siendo refaccionado hacia el 1800, socavó no solamente la uniformidad de la adoración de la iglesia, sino al total de la Iglesia Protestante, en los centros teológicos y eclesiológicos de la iglesia, y de hecho colocó a la Iglesia Protestante en la trayectoria en que se encuentra en gran parte del mundo.
El aspecto más turbador de esa herencia es la minimización del entendimiento (y práctica) del Bautismo y la Comunión, que para los Presbiterianos son considerados Sacramentos. El Bautismo es, pues, y a la larga, percibido como un rito social de bienvenida, y la Comunión una pobre y poco frecuentemente celebrada re-actuación de la Santa Cena, cuyo propósito es facilitar la conversación.
Como en la Iglesia Presbiteriana de los EEUU de América hoy, unos pocos teólogos de los siglos 18 y 19, intentaron traer de regreso a pastores y congregaciones a la tradición litúrgica de la Iglesia pre-Puritana. Benjamín B. Warfield, por ejemplo, propuso que serias y profundas consideraciones teológicas debían ser los fundamentos para preguntas sobre la contextualización de las prácticas litúrgicas, que deberían efectivamente subrayar toda forma de adoración. La obra de Charles Baird trató de recordar a sus contemporáneos que los Presbiterianos tenían una rica herencia propia, buena y fiel, extraviada en el mar de cambios en que la Iglesia estaba sumergida.
Gary Burge, ministro ordenado PCUSA, quien adora en una Iglesia Evangélica del Pacto y enseña N.T. en Weaton College, en un reciente artículo en Christianity Today, dijo que el patrón litúrgico que se sigue en las experiencias de adoración de las mega-iglesias o aquellas que intentan repetir su estilo, podría resumirse fácilmente: "canta, canta, canta, ora, canta, ora, predica, canta, ora y vete a casa"[11]
La escritora ha experimentado esta clase de patrón varias veces en iglesias presbiterianas y en reuniones de presbiterios. No hay confesión ni perdón (lo que cabe cuando no se sienten bien) ni credo, ni confesión de fe, ni un sentido corporado de temor y reverencia, ni de relación con un cuerpo mayor. Las lecturas bíblicas se reducen al mínimo, y a veces se suprimen completo. Poco del lenguaje de la adoración es dirigido al Trino-Dios, y mucho está enfocado en la "experiencia" personal con Jesús. Con alguna frecuencia, el lenguaje se centra en la Segunda Persona de la Trinidad, en un diálogo que podría resumir en las palabras "Tu y yo, dulce Jesús" y alguna especie de despedida. Domina el lenguaje "yoísta". El patrón para la liturgia es básicamente el mismo que se encuentra en "Nuevas Medidas" de Finney, como lo indica Gordon Lathrop:
Prosiguió Carles. Gl. Finney, el mayor predicador del ''avivamiento'' del siglo 19,sistematizando esta fórmula, que en un famoso ensayo, en 1935, llamó "nuevas medidas", urgiendo el canto emotivo en alta voz, y la predicación práctica pero móvil, entre otras cosas, para conducir al pecador a la conversión. ...El ordo resultante era trifásico: un servicio de canto, o de alabanza, o ''preliminares'', ayudando a preparar la predicación,... un sermón, y.... la ''cosecha'' de conversos.[12]
La música en las congregaciones que son parte de esta corriente es elemento clave recibe mayor énfasis que cualquiera otra línea en el servicio, tanto en términos de preparación como en práctica. Coros de alabanza reemplazan a los himnos. Muchas congregaciones contratan por tiempo completo músicos que escriben y conducen la música de la adoración. Como quiera que sea, hay algo para ser dicho, que si hay música escrita para una comunidad particular, es también evidente que tal música es parroquial, no cantada por otras congregaciones, y la mayor parte no tiene mérito ni musical ni teológico, lo que significa que no aparecerá en un himnario en el futuro. Hay música efímera, de carteleras - que son propiedad de un grupo de personas, y que ni en el momento ni más tarde reflejarán un entendimiento de la naturaleza corporada y global del Evangelio, o la asamblea como se entendía por los cristianos primitivos, como Pablo y Policarpo, o por teólogos litúrgicos contemporáneos. La música en este patrón invita con frecuencia a los adoradores a volverse hacia dentro en vez de hacia fuera por la causa del mundo. Es una oferta musical para novedad y contextualización parroquial en vez de ser intemporánea y universalmente, en la que tanto el contenido como la forma son frecuente y exclusivamente gobernados por requerimientos locales y gratificación inmediata más que construir memoria en términos duraderos. Este estilo musical se dice estar "lleno del Espíritu". Familiarmente, las viejas oraciones escritas y antiguos himnos "ligan" el Espíritu.
La controversia en derredor de la música no es nueva de ninguna manera. "Se suponía que el Milenio había comenzado", escribió un antiguo historiador del Presbiterianismo, y "los medios ordinarios de gracia estaban superados al darse el nuevo y libre derramamiento del Espíritu".[13]
Hay un sentido poco profundo de calor y energía en esa clase de adoración que puede ser más atractiva. Que sentirse bien parece ser la búsqueda dominante. La tradición comunal histórica y la profundidad teológica parecen ser conceptos extraños en esta corriente de adoración. Pero lo que está faltando de este patrón de adoración parece ser un deseo de considerar las implicaciones más amplias del Evangelio y de la naturaleza de la Asamblea Evangélica. Embebidos en la adoración de la asamblea hay símbolos profundamente significativos y con frecuencia descuidados en esta práctica. Cualesquiera componentes culturales que encarnan el ordo en lo local, en términos contextuales, de la Iglesia Cristiana, debe ser gratamente recibido - y animado- con profunda determinación. Sin embargo, debe haber una crítica sería de todas las prácticas litúrgicas, que acerquen en vez de dispersar, el significado de los símbolos, o que exclusivamente enfoque la atención primaria de la congregación sobre sí misma más que en los medios de gracia al alcance de toda las gentes, en todo lugar, lengua y tiempo. Debe haber una crítica de la cultura de cualquier comunidad construida en la liturgia, si esa liturgia dispersa la naturaleza contra-cultural del Evangelio.
Bautismo y Comunión: Fuente, Resumen y Sitio para la contextualización Fiel
Desde el comienzo mismo de la Iglesia Cristiana, el Bautismo y la Eucaristía han sido el ''foco'' de la liturgia, los elementos que dieron a la Iglesia su carácter peculiar. La proclamación de la Palabra, la alabanza y las oraciones estuvieron ya presentes en la herencia heredada de las primitivas comunidades bíblicas. Pero los patrones del lavamiento, y las acciones de la comida y el discurso fueron reinterpretaciones radicales de ritos judíos: -encarnación o contextualización. Estas acciones recibieron la crítica y la nueva vida que implicó el que tales cosas se hiciesen en el Nombre de Cristo. No para hombres solamente. Una reinterpretación de lo que la "pureza" significa. Lavamiento que indicaba novedad de vida y acción, lavamiento que tuvo implicaciones éticas. La Mesa de la Comunión abierta para todos que incluía el rechazo de los hombres puros como los únicos que podían ser bienvenidos (los primeros hugonotes de Brasil quedarían por debajo de ese criterio!)
En verdad, en la celebración de esta comida de Cristo, los cristianos vinieron a unirse a aquella lectura y predicación de la Escritura que cuenta del crucificado Resurrecto, para hacer este Servicio de la Palabra - y - comida especialmente en domingo, y acentuar especialmente el pan y el vino de la acción de gracias, dejando fuera el resto del alimento. Estos fueron desarrollos que acentuaron el significado cristológico de los alimentos.. la yuxtaposición del evento de Jesucristo a los antiguos ritos del lavamiento y a la vieja práctica de la comida, en un momento específico y cultural, ha dado a la Iglesia un centro y el método.[14]
La Fuente Bautismal (aquí usada como metáfora para cualquier espacio bautismal, ya se trate de un río o de un pozo), es la Fuente de Identidad para la Iglesia. El Libro de Oración Común de la PCUSA, en la riqueza del orden y textos para Servicios de Bautismo y reafirmación del Pacto Bautismal incluye encabezados que invitan a las aguas bautismales a ser "audibles y visibles" (BCW, 403-488). La oración de acción de gracias sobre el agua, que incluye gratitud por la Presencia y los actos salvíficos de Dios en y por medio de los hechos del agua en las Escrituras, culmina con una ''Epicclesis'': la presencia del Espíritu Santo en el agua es invocada, de modo que la Fuente pueda ser para todos los que a ella vienen, lugar de nuevo nacimiento y renovación. Esa oración en la Fuente (que hace estrecho paralelo, por supuesto, con la Gran Oración en la Mesa) pudiera servir como base para la contextualización: agua común, local en cualquier cultura, por la Presencia del Espíritu transformados en dones de Dios para el pueblo de Dios, audible y visiblemente.
De la Fuente todos nosotros recibimos un nombre, una nueva identidad. Esa identidad no está atada a ninguna denominación ni cultura particular. El Bautismo es gracia preveniente, una gracia que junta a todos los pueblos en un solo Cuerpo. Cómo puede nuestro rito bautismal proclamar esa realidad "audible y visiblemente"? La necesidad de recobrar la plenitud del significado ecuménico del Bautismo como la "fuente y resumen" de nuestra común identidad y de nuestra común adoración es urgente e imperativa. Ningún intento a la contextualización de la liturgia será fiel sin una práctica claramente vivida que es común en acciones y dichos. Las culturas nuevas y locales deben rendirse a los principios centrales de nuestra vocación bautismal. Pero, es la misma naturaleza del acto la que nos obliga a abrir el camino para que el Bautismo sea "contextualizado". El contexto pudiera ser un río, una fuente, un pozo. Los tipos de vestiduras varían, La música, Los responsos, Las Velas, Los ramos. Pero, el ordo básico bautismal necesita estar en su lugar: Preparación (catequesis). Después de la Palabra es oída y proclamada. Invitación. Presentación, Renunciaciones, Profesión de Fe. Acción de gracias sobre el Agua, con inclusión de la Epicclesis. Abundante agua. La Tinidad. Aceite. Y luego la Mesa de Comunión. Celebración gozosa. Y entonces la Mistagogía, interpretación de la Nueva Vida al recién iniciado. Estas cosas santas.
Hay un relato en el Segundo Libro de Samuel capítulo 9, que es uno de los más ricos en todo el Primer Testamento. David es rey, tras la muerte de Saúl. Pregunta acerca de algún sobreviviente miembro de la familia de Saúl. Dice que desearía mostrarle la bondad de Dios, por causa de su amigo Johathán y le dicen que hay una persona, Mefiboseth, hijo de Jonathán. El hombre que informa dice que es un cojo de ambas piernas. David hace traer a Mefiboseth a su presencia y tras el saludo y la promesa de David de restaurarle sus pertenencias, hay la respuesta de corazón abierto de Mefiboseth: "Qué es tu siervo, para que te fijes en un perro muerto como yo?" Un perro muerto! Por supuesto, uno puede leer entre líneas, y saber que tal es la manera como le trataban. Es lo que otros pensaban acerca de él y que él mismo llegó a creerse. La gente lo trataba como un "ser diferente"... Pero, el rey dijo a Mefiboseth el diferente, que se sentaría a la mesa del rey todos los días: "Comerás siempre a mi mesa." Uno se pregunta cómo sería que él alcanzó la mesa del rey. Ya ve: él era, como dice la Nueva Versión Revisada Inglesa ''cojo de ambos pies''. Lo ayudaría el mismo rey? Haría el rey que sus siervos ayudaran a Mefiboseth? Nunca lo sabremos. Sabemos, sin embargo, que este hombre, que sabía que era ''diferente'', llegó a ser huésped inesperado a la mesa del rey. "Siempre", dice el texto. Bendito sea David, que tuvo la gracia interior de dar la bienvenida al diferente, un extraño, quien es ya un diferente capacitado, una persona despreciada que halló lugar para revelar la bondad de Dios en la mesa. La Carta a los Hebreos es un importante regalo para los teólogos litúrgicos y la Iglesia entera. Mucho referente a la adoración se halla allí escrito. La autora se sintió particularmente intrigada con el texto al fin del capítulo 12 y los primero versículos del siguiente:
Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella, sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia, porque nuestro Dios es fuego consumidor. ...Permanezca en nosotros el amor fraternal. No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.[15]
La Mesa es el lugar donde el extraño se convierte en huésped, donde el extranjero parte el pan, donde las telarañas de ceguera caen de nuestros ojos, y vemos entonces, con una multitud de ángeles visibles e invisibles en derredor, al Angel del centro. No cabe allí esperanza para ningún intento de fiel contextualización sin el reconocimiento de que es sólo en la Mesa donde podemos identificar, ver, experimentar el Pan de Vida. Con los Discípulos en el Camino de Emaús es desde la Mesa, "Fuente y resumen", que recibimos iluminación y participamos del privilegio de la bienvenida a "culturas diferentes", o "pueblos del Oriente y del Occidente". Pero, a causa de la todo inclusiva naturaleza de la Mesa, lo hacemos así, en el mismo lenguaje básico litúrgico-teológico que une a todos los cristianos. Pero, tristemente, es esta misma Mesa la que ha sido lugar de división entre nosotros. No habrá posibilidad de una fiel contextualización hasta que podamos sentarnos a la Mesa juntos, nosotros, los cojos de pies espirituales y que encontremos en la Mesa que somos lo huéspedes inesperados , que el extranjero es el Huésped, el Pan mismo, Partido.
Lo que cada situación cultural trae debe derramar luz sobre la Mesa, no debe disminuirla. Otra vez, la Gran Oración con la Epicclesis: solamente por medio de la Presencia medianera del Espíritu Santo nuestra ceguedad cultural caerá de nuestros ojos. Ahí podemos dar gracias, comemos, celebramos la Presencia del Resucitado, de la Mesa nos levantamos para alimentar a los pobres y cuidar de los oprimidos, y hallar la fortaleza para mediar justicia en cada situación cultural. La liturgia debe subrayar la Encarnación. Las prácticas culturales locales deben enfatizar la reorientación.
Donde las preguntas litúrgicas del maestro surgen hoy día, son las mismas que confrontaron aquellos primeros hugonotes del Brasil, o las preguntas de los misioneros del siglo 19 y comienzos del 20 que éstos encontraron, o la insurgencia de la "cultura juvenil" de hoy, o asuntos de lenguaje y tradiciones divididas, las respuestas deben ser encontradas en el ''locus'' (lugar) central de la Fe Cristiana: la teología y la historia, y el oro del lavamiento y la Comida en el nombre de Cristo. Esto en yuxtaposición con el oír, y el predicar, y las súplicas y las lamentaciones, y la palabra desafiante de la justicia, y el envío para actos de salvación y gracia en el nombre de Cristo, cosas todas que hacen de la liturgia fiel nuestra prioridad.
Porque aún el Lavamiento y la comida necesitan ser situados próximos a la Palabra de Cristo y ser transformados por ella a fin de que nosotros veamos cuán grande es el don de la gracia de Dios sobre, en y bajo materiales extraídos de la cultura humana. [16]
Liturgia fiel: Liturgia encarnacional.
Soli Deo Gloria
Medellín, Colombia, julio de 1999
NOTAS:
1. Para una discusión más profunda, rica, del origen y significado de la palabra Ecclesia, ver la obra magistral de Gordon Lathrop, Holy People: A Liturgical Ecclesiology (Minneapolis Fortress Press, 1999), la segunda de la cual promete ser una trilogía: Holy Things: A Liturgical Theology (1993), una notable contribución al campo, considerada por muchos como posiblemente la obra más rica en teología litúrgica de los últimos años. Lathrop sugiere que el vocablo ecclesia fue usado primariamente en referencia a una reunión local de cristianos, el N. T. La usó para hablar de todos los cristianos que se reúnen en todo lugar y tiempo (41 ss).
2. Lathrop, 19.
3. Book of Common Worship. Lousville: Westminster/John Knox Press, 1993. Preface, 1-7.
4. Un reciente notable documento preparado por la Comisión de Fe y Orden del Consejo Mundial de Iglesias hace una seria consideración de este asunto. El escrito, que se hallará en una colección de ensayos similares en el cercano futuro, refleja el trabajo de un grupo de investigadores litúrgicos reunidos en una consulta en Faberges, Francia. Los latinoamericanos están representados en esa consulta por el Dr. Jaci Marachin, de San Pablo, Brasil. Llegando a ser Cristiano: las Implicaciones Ecuménicas de Nuestro Bautismo cristiano enfoca el ''ordo'' (calendario) del Bautismo Cristiano, la inculturación del rito, y las implicaciones éticas del Bautismo.
5. Stauffer, 27-28
6. "Cartigny Statement on Worship and Culture: Biblical and Historial Foundations" in Worship and Culture in Dialogue. Geneva: Lutheran Word Federation, 1993, 130
7. J.T. McNeill, ed. John Calvin, Institutes of the Christian Religion. (Filadelphia: The Westminster Press, 1960) IV:1:9, Italics added.
8. Una publicación particular del CMI (Consejo Mundial de Iglesias) ha llegado a ser muy popular en el contexto de muchas iglesias en EE.UU., Worship Ecumenically , editada por Per Harling, rica y fiel en alcance, práctica y sencilla de usar en congregaciones de todo tamaño y habilidad. Geneva: WCC 1995.
9. Glaucia Vasconcelos Wilkey, Lex orandi, Lex Credendi: the State of the Liturgy in PCUSA, Office of Theology and Worship, PCUSA, 1997-1999.
10. Robert Milton Winter, "American Presbyterians, the Directory for Worship, and Changing Patterns of Sacramental Practice, American Presbyterians, 151.
11. Gary Burge, "Are Evangelicals Missing God in Church Today?" in Christian Century, October 1997.
12. Gordon Lathrop, Holy Things, 531.
13. Julius Melton, Presbyterian Worship in America Richmond: John Knox Press, 1967, 45.
14. Gordon Lathrop, "A Contemporary Lutheran Approach to Worship and Culture" in Worship and Culture in Dialogue. S. Anita Stauffer, ed. (Geneva: Lutheran World Federation, 1994, 139).
15. Hebreos 12:28-13:2, Reina - Valera 1995, Edición de Estudio.
16. Lathrop, 150
Es un placer y un honor dirigir este grupo particular de teólogos litúrgicos en CETELA. Me proporciona gran gozo estar en la presencia de colegas que son parte de mi propia herencia latina. Sólo que desearía que mi Español fuera tan bueno como mi Portugués. Hay dos rectificaciones que deben hacerse: 1) Aunque este estudio ha sido originalmente hecho en Portugués, una versión española estará a disposición de los/las participantes., lo mismo que la versión inglesa porque el computador de la autora, que no habla una lengua romance, no aceptaría, por esa razón funcional, un original en otras lenguas. 2) La segunda rectificación es ésta: aunque soy del Brasil, he vivido en el extranjero ya por más de veinte años, sólo ocasionalmente visitando la familia y amistades. He intentado mantenerme al día en cuanto a los últimos desarrollos de la vida litúrgica en América Latina en general y en Brasil en particular, pero es solamente tanto como uno puede hacer a larga distancia. Estoy agradecida por las contribuciones del Dr. Nelson Kirst, quien generosamente me proveyó de cierto número de fuentes publicadas en los recientes últimos años en esta parte del mundo. Por su medio, a través de contacto personal con otros colegas, amigos, familia y la lectura de materiales de los últimos años, puedo vislumbrar el cuadro del estado de la liturgia en esta esquina del mundo. Pero solamente vislumbrarlo!
En esta conferencia, el Dr. Jaci Maraschin dirigirá lo tocante a la relación entre la adoración y la cultura desde ángulos provistos por los campos de la antropología, sociología y estética. Este estudio tratará de hacer preguntas teológicas sobre la naturaleza del calendario de la Adoración cristiana, la naturaleza de las reuniones, el significado del Bautismo y la Comunión, la naturaleza del envío, y la relación entre estos movimientos de la liturgia y el contexto cultural. La conferencia se enfocará en el Bautismo y la Eucaristía como las fuentes y el marco para hablar acerca de la contextualización litúrgica.
Perspectivas Históricas y Componentes Teológicos
Armazón Histórica.- El primer servicio reformado de adoración en el Nuevo Mundo tuvo lugar el miércoles 10 de marzo de 1557 en las playas de la Bahía de Guanabara, Río de Janeiro, Brasil. En tal ocasión, el lugar exacto donde sucedió, una isla, que se llamó ''Fuerte Coligny'', y el área mayor `French Colony'' (Guanabara por los indígenas y Río de Janeiro por los portugueses. Jean de Lery, History of a Voyage to the Land of Brasil, Janet Whatley, trad., Berkeley University of California Press, 1.990, pp. 29-30).
Aquel memorable servicio fue la Oración matinal. El Salmo del día fue el 5, siendo el ministro presidente Pierre Richier, uno de los tres misioneros hugonotes enviados a esa tierra a "formar la verdadera Iglesia Reformada". El que les enviara no fue otro que Juan Calvino, quien instruyó a aquellos primeros misioneros en los fundamentos teológicos, eclesiológicos y litúrgicos de su tarea. Así, ese servicio de Oración Matinal incluye una homilía, según la práctica de la Iglesia Reformada Francesa. (Lery, 32).
Richier, Villegagnon y otros se dijo que formaron la "verdadera Iglesia Reformada" primera, establecida por y mediante práctica litúrgica. Ellos establecieron órdenes plenos y servicios que se observarían diariamente y en el Día del Señor. Villegagnon fue hasta el extremo de determinar aún el servicio diario de hora nona durante una hora, y de dos horas los servicios dominicales. También determinó que los Sacramentos habían de ser administrados "según la pura Palabra de Dios", y sin añadidura humana alguna. Los antropólogos que registraron estos hechos no hicieron ninguna otra elaboración en cuanto al significado de estas determinaciones. (Lery, 35).
El domingo 31 de marzo, el primer servicio protestante de la Palabra y la Mesa tuvo lugar en las Américas, otra vez en el mismo sitio y dirigido por los mismos misioneros. Este, dice Léry, después que los ministros hubieron "Preparado y catequizado de antemano a los que había de tomar la comunión" (Léry, 37). Villegagnon por sí mismo determinó quiénes participarían y quiénes no, de la Mesa. Suspendió a los presentes no preparados, incluso al capitán de la nave que trajera a los misioneros a Brasil, considerándolos incapaces de "comprender tal Misterio". No permitiría a los que señaló como ''no aptos'' ni siquiera poner sus ojos en el Pan y el Vino.
Unas pocas semanas más tarde, un gran debate se suscitó entre los hugonotes. El vino que habían traído de Francia a Brasil se había dañado. Calvino había dicho que la Comunión debía celebrarse al menos cada domingo, sin importar cuál. Qué iban a hacer? Alguno sugirió que lo mejor sería usar un sustituto local del vino. Se le envió una carta a Calvino, en la que se presentó el argumento de que si Jesús hubiera instituido la Cena en "tierra salvaje", en la que no se encontrarían uvas, Jesús habría usado el jugo de frutas local más común en el área. La respuesta de Calvino indicó a los misioneros que era más importante tener la Cena que limitarse estrictamente al Vino como la bebida para la Cena. Por lo tanto, la Comunión se celebró cada Día del Señor en los comienzos de la presencia de la Iglesia Reformada en América Latina, y un jugo de frutas local se usó en lugar del Vino entretanto que otras botellas vinieran de Francia.
Es muy significativa la correspondencia entre los líderes de estas primeras iglesias. Indican que las preguntas en cuanto a la contextualización de la liturgia han estado presentes desde los comienzos de la historia de la Iglesia Cristiana. Discusiones que no son nuevas en nuestro día. Del modo que sea, han tomado un color particular, reflejando las características de los tiempos y lugares donde han surgido las preguntas, las conversaciones tocantes a la adoración y su contexto son tan antiguas como la Iglesia misma - y tan vitales ahora como lo fueran en aquellos años del 1500 en la tierra que se conocería como el Brasil.
Los primeros misioneros a América Latina trajeron a este Continente una versión particular del Evangelio. La tradición evangélica fue traducida por estos evangelistas en los colores de su propia cultura. En muchas, sin embargo, los adornos culturales llegaron a ser más importantes a los evangelizadores que el Evangelio mismo. En las palabras de un sabio nonagenario pastor brasilero, "Nosotros tuvimos que quitarnos los zapatos de nuestra cultura a la puerta del lugar de adoración". Las iglesias en América Latina hasta hoy laboran bajo la poderosa influencia histórica de líderes significativos pero con frecuencia mal orientados, que difícilmente distinguen entre lo esencial de las buenas Nuevas y los detalles de sus propios entornos culturales. Es así, por ejemplo, que en ciertos sectores de la Iglesia Latina, uno puede hablar de la "Cristianización y Americanización" de la Iglesia, con el mismo énfasis, como si ambos vocablos significaran lo mismo.
Componentes Teológicos. Lex Orandis, Lex Credendi (Como la Ley suena, hay que creerla?). Cuando los teólogos litúrgicos se reúnen hoy día, tanto el asunto de la contextualización que afrontaron los antiguos hugonotes, como las falacias del movimiento misionero del siglo 19 siguen intimidándonos y desafiándonos. Cómo puede el tan importante asunto de la contextualización ser considerado seriamente? Es posible hablar de un patrón católico o sea universal, de adoración, sin tener en cuenta el contexto cultural en que ese patrón sigue vigente, repitiendo así las malinterpretaciones de los movimientos evangelísticos del siglo 19?
Por otra parte, es un esfuerzo (desenfocado?) localizar la liturgia en peligro de conducir a excesos en que lo antropológico, lo estético, y hasta los asuntos de mercado desbordada las consideraciones teológicas? Están nuestros intentos de contextualización conduciendo a la Iglesia hacia un entendimiento crecientemente parroquial y localizado? Es la meta por alcanzar, digamos, una "Iglesia Brasilera", más grande que darle forma a la iglesia católica, incorporando el sentido más amplio de la ecclesia en el contexto del Brasil?[1]. Estamos nosotros, en otras palabras, como les pasó a los primeros misioneros, perdiendo terreno en el énfasis natural del Evangelio, el cual tiene más amplias implicaciones para la vida y la liturgia que los localistas y parroquiales adornos de cualquier determinada cultura?
Los cristianos están limitados en y pasan a través del discurso-accionado en la liturgia. "Toda la Iglesia está y se arraiga en su adoración. (Book of Common Worship, Lousville Westminster John Knox Press, 1993, p. 5). El Vaticano II lo llamó "fuente y resumen", el lugar desde donde vida como de las fuentes de la Iglesia de Cristo fluye, y a la cual apunta.
Las comunidades cristianas (y la comunidad Cristiana) están enmarcadas por lo que dicen y hacen en la liturgia. La liturgia es lo esencial a priori de la fe. La frase sumaria lex orandi, lex credendi pide la pregunta ''qué orandis'' para este lugar y tiempo particulares? Es inevitable que el reverso del antiguo dicho sumarizado también se considere verdadero: Lex credendi, lex orandis. La pregunta también sigue con credendi - cuál credendi para este lugar y tiempo particular? Hay elementos no negociables en la teología bíblica e histórica, elementos que trascienden el tiempo y el espacio? Cómo puede tomar lugar la contextualización de manera que no conduzca al parroquialismo o sucumba a las demandas culturales o a los posibles denominadores más bajos? Cuáles son los fundamentos confiables a priori para la liturgia fiel en contexto?
Pese al hecho de que tenemos una multiplicidad de culturas en el mundo, sigue siendo verdadera la proclama cristiana de que hay de hecho "una sola fe, un solo Señor, un solo Bautismo". Esto porque su sujeto y su objeto, centro mismo de la liturgia, es compartido por las comunidades cristianas de todos los colores culturales. El Calendario (ordo) básico de la adoración cristiana: reuniendo, oyendo y proclamando la palabra de perdón y gracias, bautizando, comiendo y enviando - todo en el Nombre de Cristo - son los elementos fundacionales. Los cristianos de todo el mundo, en diversas lenguas y acciones, todavía vienen a alabar a Dios en derredor de la Pila, la Palabra y la Mesa, un patrón que encuentra paralelo - no coincidencialmente - en el mismo marco de los libros del Evangelio.
Esta conferencia procura sugerir que posibles respuestas a preguntas de contextualización pueden y deberían encontrarse en un más claro entendimiento de la teología, la historia y la práctica de los dos ritos fundacionales de la Iglesia Cristiana considerados sagrados por todas las comunidades que llevan el Nombre de Jesucristo, es decir, el Bautismo y la Comunión. No obstante que algunas comuniones sostienen otros discursos-actuados como igualmente sagrados (Conformación, Ordenación, Matrimonio, etc.), los dos actos fundamentales alrededor de la Fuente y la Mesa unen y dan piso común a la iglesia católica, universal, y constituyen una base común.
La adoración cristiana tiene su propio conjunto de características culturales. Tiene un lenguaje propio, un lenguaje que proporciona un sentido de identidad personal y comunal. Gordon Latrop habló de este núcleo que da identidad: "La adoración cristiana tiene sus propias estructuras que dan identidad e interpretación mundial, y aún los significados e identidad que resultan pertenecientes a cristianos que viven dentro de muchas otras culturas (BAPTISM in the New Testament and Its Cultural Settings, in Worship and Culture in Dialogue S. Anita Stauffer, ed., Geneva: Lutheran World Federation Studies, 1994, 17-38).
El problema creado por esta construcción de la adoración que incorpora su propio ''paquete'' de características culturales, es que la palabra ''cultura'' puede ser usada como un símbolo sagrado de la identidad étnica, racial o educacional de uno, acerca de la cual los miembros de un grupo particular la sienten muy protectora. En tal sentido o contexto un individuo pudiera pretender: "Mi cultura se opone a tu cultura, una amenaza a mi propio sentido de identidad". Lathrop (HA DICHO):
"Liturgia y Cultura'' se leerán como una especie de desafío: "Cómo es que tu Cristianismo va a tomar mi identidad en serio?'' De otra parte, hay culturas amenazadas en el mundo y la humanidad sería generalmente empobrecida por la pérdida de su sabiduría específica. A veces la sabiduría litúrgico-simbólica cristiana se encuentra entre las culturas amenazadas de la presente era"[2]
A lo mejor, la adoración cristiana puede ser vista como un lugar de diálogo e interpenetración donde diversos símbolos pueden llevar y comunicar tanto el significado del mundo como la identidad de los individuos.
La Visión de una Adoración Común
Un volumen, recién publicado, de fuentes litúrgicas, tiene un título comunicativo, históricamente reconocido por varias comunidades: el Book of Common Worship de la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCUSA). En el Prefacio de ese volumen los editores trataron de subrayar la expresión "common worwhip". Siendo que este autor busca introducir este grupo de teólogos a la plena riqueza del intento de los editores de colocar reunida esta notable suma de recursos para la adoración, una porción del Prefacio al volumen será citada en forma extensa:
A causa de la centralidad de la adoración en la vida de la iglesia, continua reforma de la adoración es de primaria importancia en el mantenimiento de la integridad del pueblo de Dios. En una era dominada por el individualismo y el secularismo, es particularmente importante abrazar formas de adoración firmemente arraigadas en la fe y promover un fuerte sentido comunal de estar unidos con Dios, con la comunidad de fe en todo tiempo y lugar y con un mundo roto, necesitado del toque sanativo de Dios. En otras palabras, el interés por la reforma de la adoración es, por encima de todo, un interés por la renovación de la iglesia...Durante los últimos treinta años las iglesias cristianas alrededor del mundo han visto una reforma en la adoración sin igual en cualquier otro siglo. Mientras que los estilos varían entre tradiciones, el alcance de la liturgia entre las varias tradiciones cristianas está testificando una notable convergencia. Un ejemplo de tal convergencia es la obra del Consejo Mundial de Iglesias, su trabajo sobre Bautismo, Eucaristía y Ministerio y sus documentos relacionados.
La preparación de la edición de 1993 del Libro de Adoración Común ha tenido la ventaja de continuar la obra litúrgica en todas las ramas de la Iglesia Cristiana, y refleja estas emergentes áreas de convergencia. Comenzamos a reconocer que nuestra verdadera unidad comienza en la fuente bautismal. El Bautismo es ahora reconocido como fundamental a la vida de la fe, formando cristianos en fe y servicio. La centralidad de la Escritura leída y proclamada, está siendo recobrada debido en gran medida al uso del Leccionario.
A partir de la publicación de un Leccionario, abrazado en todo o en parte por una variedad de tradiciones, estamos reconociendo nuestra unidad mientras nos reunimos como uno en derredor de la Palabra.
También compartimos un Calendario litúrgico común. En la celebración de los Festivales y las Estaciones, en unidad nos reunidos y saturamos nuestras vidas con los hechos salvíficos de Dios en la historia. Nos estamos moviendo hacia la unidad en la Mesa, cuando estamos comenzando a reconocer que en creencia y en práctica es más lo que nos une en la Eucaristía que lo que nos divide. La Eucaristía, es crecientemente reconocida como central en la liturgia del Día del Señor, y hay un firme movimiento hacia su celebración semanal.
Las continuas barreras que nos separan uno de otro en la Mesa están en duro contraste con el creciente sentido de unidad, si nos entendemos en nuestro bautismo y cuando oímos la Palabra. Estamos aprendiendo que la unidad en la fuente, el púlpito y la Mesa es el verdadero camino para sanar las heridas de la Iglesia de Cristo.
Es importante reconocer que como cristianos compartimos mucho de nuestra historia en común con otras partes de la Iglesia. Mientras que las reformas del siglo 16 y los hechos de los siglos posteriores son muy importantes para limitar los modos particulares de nuestra adoración, compartimos en común con otros cristianos quince siglos de historia previa a la Reforma. Las Iglesias están comenzando a reconocer que el contexto en que somos llamados a testificar al Evangelio hoy está creciendo a una situación misionera. Este despertar está moviendo a la iglesias en una variedad de tradiciones a ''volver a las fuetes'', a encontrar sus raíces en la Escritura y en el período formativo de la vida de la iglesia. Cuando reabrimos nuestro ojos a nuestros orígenes comunes, la reforma litúrgica resulta. En esta búsqueda de la renovación, que compartimos en común con otras tradiciones, que la convergencia comienza a tomar forma. En una variedad de maneras este libro refleja esta creciente convergencia. Las contribuciones ecuménicas a este libro incluyen los textos revisados del Leccionario Común y Litúrgico preparados por consultas ecuménicas. No habría sorpresa alguna que el libro, extraído libremente de varias porciones el cuerpo de Cristo, nos dé la contribución que la tradición reformada tiene para el movimiento ecuménico. El libro busca levantarse por encima de la limitaciones sectarias, incorporando la oración de la iglesia ecuménica.[3]
Queda todavía la pregunta: Qué tan común sería la oración común? Cómo puede una asamblea reunida en Medellín, Colombia, ser plenamente la iglesia local y reflejar su naturaleza católica, universal? Cómo pueden una comunidad católica romana en Costa Rica, y una de las Asambleas de Dios en el Brasil orar "en común" y qué sería de las particularidades en los idiomas, las tradiciones, la historia, la realidad sociológica y la religiosidad de estos países? Dónde se unen estos elementos en una "adoración común"?
Los patrones sociales y religiosos en muchos países han sido en gran medida enmarcados por dos "manejos rebeldes" culturales. Primero, está la marcada tendencia a seguir la guía de las imágenes y sonidos enviados por T.V. y otros medios electrónicos desde los Estados Unidos. Estas imágenes y sonidos retratan al individuo como el punto de arranque de cada esfuerzo humano. En dicho país la comunidad cuenta mucho menos que los seres humanos aislados. El individualismo y el narcisismo son los ''sellos'' de la sociedad norteamericana.
Segundo, hay también una tendencia a sospechar de todo lo que se refiera a tradición o historia. Estos dos ''manejos rebeldes'' culturales han enmarcado toda organización social en ese país lo mismo que a las naciones que están bajo la pesada y profunda influencia de esa nación. Desde los sistemas políticos y socioeconómicos hasta las particulares políticas denominacionales religiosas, la tradición y la historia, son vistos como males que deben evitarse. En la iglesia, algunos ven la adoración común nada más que como una bochornosa uniformidad aprisionante, que roba a las comunidades su propia identidad cultural. Otros ven la adoración común tan "común", que es, ordinariamente, la clase que rechazamos año, a favor de la clase "nueva y mejorada" o nuestro propio estilo, nuestras propias tradiciones".
La adoración común es adoración que enmarca y expresa la identidad distintiva y el estilo de vida de un pueblo común, una comunidad cuyos límites no terminan en las escalas de un particular lugar de reunión, sino que es tan amplia como el mundo y fuera de los límites del tiempo. Cuando usamos el Credo de los Apóstoles para declarar que "creemos en la santa iglesia católica y apostólica", esa iglesia incluye a Ana (Lucas 2), la que primero proclamó las buenas Nuevas, a Pablo y Dorcas en la comunidad neo-testamentaria, a Justino Mártir, Teresa de Avila, y otros de los primero siglos de la iglesia, Lutero y Calvino en la era de la Reforma, Nelson Kirst, Amilcar y otros, en las comunidades cristianas de todas partes del globo. De seguro, cuando no hay entrega a la adoración común, la diversidad puede fácilmente bautizar la división como manifiesta unidad. Pero lo opuesto es también verdadero. "Cualquier concepto de la adoración común que deje de dar ánimo y honor a la diversidad - no como excepciones a la adoración común de la iglesia, sino como evidencia de ella - sencillamente bautiza las preferencias de una parte del cuerpo de Cristo sobre las demás". (Cynthia Campbell and Fred Holper, en Praying in Common. Louisville: Office of theology and Worship, Occasional Paper No. 6, 1994).
Una oración común sólo será evidente cuando los cristianos de todo el mundo re-examinen sus respectivas eclesiologías y consideren el hecho de que hay profundas implicaciones ecuménicas en la naturaleza del Bautismo Cristiano. El maestro litúrgico Anscar Chupungco, del Instituto de Liturgia Pablo VI en las Filipinas, ha tenido gran impacto en las implicacones ecuménicas del Bautismo. Entre otras cosas, él constantemente recuerda a sus lectores y/u oyentes que la inculturación del Bautismo no meramente promovería o expresaría lo que él denomina "adhesión tribal o identidad", sino comunión con todas las iglesias cristianas unidas en un Bautismo común. [4] No solamente compartimos un Bautismo cristiano común, sino que la invitación a la Mesa es "Esta es la gozosa fiesta del pueblo de Dios. Vendrán del oriente y del occidente...!" Esa premisa escatológica se realiza cada vez que una asamblea local se reúne como parte de la ecclesia católica, la asamblea universal de Dios.
El significado más profundo de la en el palabra ''asamblea'' en el Nuevo Testamento se expresa en las antiguas palabras del Martirio de Policarpo en el siglo 2º., en una obra que ofrece a los teólogos litúrgicos de hoy un buen paradigma: "La asamblea de Dios que reside en Esmirna a la asamblea de Dios que reside en Filomelium a todos los residentes en cada lugar de la santa asamblea católica". (Citado en Lathrop, Holy Peolple, 50). La "asamblea de Dios" es vista por Policarpo como la iglesia católica total, el cuerpo de Cristo total, una iglesia residente, una comprensión de ecclesia que va contra mucho de lo que se hace hoy en nombre de la contextualización. Esta es una iglesia en movimiento, yendo de reforma en reforma, por causa del mundo, pero en el Nombre y por la causa de Jesucristo. Grande y significante calificador!
Movimientos Recientes en la Contextualización Litúrgica
En años recientes un gran cuerpo de estudios ha sido producido sobre varios aspectos de las discusiones en derredor de la adoración y la cultura. Los Católico-romanos han manejado el asunto de diversas maneras, como, lo han hecho Anglicanos, Presbiterianos, Metodistas y otras comuniones. La iglesia ecuménica está vitalmente involucrada en tales discusiones. Los luteranos, sin embargo, parecen estar en la misma línea de avanzada de la investigación sobre el asunto, y han costeado gran número de consultas y conferencias para las discusiones sobre el sujeto.
En esta década los siguientes dos eventos ecuménicos y consiguientes informes son de particular significación:
El Ditchin-gham Report del Consejo Mundial de Iglesias (1994) llamó a los líderes cristianos a capacitar a las comunidades para ofrecer los dones particulares que cada comunidad contribuye a la liturgia, enfatizando el hecho de que el ordo cristiano pertenece "mas propiamente a cada iglesia local, esto es, a todos en cada lugar.". El hecho encontró continuidad y mayor desarrollo en una reunión habida en Faberges, Francia, en 1997. El Ditchingham Report fue publicado en Thomas F. Best y Dagmar Heller, en obra titulada So We Believe, So We Pray: Toward Koinonía in Worship, Faith and Order paper 171 (Ginebra, consejo Mundial de Iglesias, 1995, 5-8). 2) El Nairobi Statement on Worship and Culture Contemporary Challenges and Oportunities fue preparado por participantes de la tercer consulta internacional sobre Adoración y Cultura de la Federación Luterana Mundial, cuya reunión fue tenida en Nairobi, Kenia en 1996. Este informe fue publicado en un volumen editado por S. Anita Stauffer, Christian Worhip Unity in cultural Diversity (Geneva: Lutheran World Federation, 1996, 23-28).
La declaración de Nairobi llama a las iglesias a formular criterios para la contextualización de la liturgia en maneras basadas en principios básicos que cruzan las barreras culturales. Un pedido básico que el informe hace es a que en el misterio de la Encarnación de Dios en Jesús encontremos el modelo y mandato para la contextualización de la adoración cristiana. "Dios puede ser y es encontrado en las culturas locales de nuestro mundo... La contextualización es una tarea necesaria para la misión de la iglesia en el mundo, de modo que el Evangelio pueda ser siempre más hondamente arraigado en diversas culturas locales".[5]
La Federación Mundial Luterana reunió un grupo de expertos en el campo de la teología litúrgica, para conducir a esa Denominación Reformada en una serie de estudio sobre el tema de la adoración y la cultura. Desde los comienzos de su trabajo el equipo estableció algunos parámetros y fundamentos para lo que se propone hacer. En la primer reunión, en Cartigny, Suiza, el equipo declaró:
Reconocemos la necesidad en nuestro tiempo de hacer la adoración igualmente auténtica tanto para
La Palabra de Dios como relevante para las culturas dadas. La iglesia está llamada a continuar la tarea
Impulsiva de la reformación, de modo que el Evangelio pueda ser fielmente proclamado entre las varias
Culturas de hoy"[6]
Liturgia:
IV: Transcultural, entre Cultura y Cultura, y a-Priori
La serie de encuentros auspiciados por la Federación Mundial Luterana, antes mencionada, incluyó a teólogos litúrgicos de todos los continentes y varias naciones. El grupo identificó cuatro ''focos'' a través de los cuales uno puede mirar la adoración en relación con la cultura: el transcultural, el contextual, el contra-cultural y el entre cultura y cultura. Esta conferencia trata, primariamente, de las categorías intercultura y entre cultura y cultura.
El Transcultural. Los componentes transculturales de la liturgia son aquellos elementos básicos que de hecho dan a la liturgia de la iglesia su carácter cristiano, sin importar el tiempo y lugar en que la liturgia sucede. Forman el terreno común y son las realidades Evangélicas dadas y que trascienden las realidades locales y culturales. Los elementos básicos transculturales de la adoración cristiana son: Cristianos reunidos en el Nombre de Cristo Cristianos que oyen y proclaman la palabra de Dios en el Nombre de Cristo Cristianos que bautizan en el Nombre de Cristo Cristianos que dan gracias en una Mesa de la Cena en el Nombre de Cristo Cristianos que dejan la asamblea para vivir la justicia y la gracia representadas en la liturgia en el Nombre de Cristo. Ellos hace así en encuadre básico que descubre aquellas realidades, el ordo cristiano, en un patrón de tiempo intemporal y rítmico. Estas cosas santas son las esenciales, las no negociables de la liturgia, y son transculturales. Reunión, Escritura, Lavamiento, Comida, Envío: cosas santas para el santopueblo de Dios reunido en asamblea cual fuere y donde quiere en el Nombre Jesucristo.
Martín Lutero sugirió que uno no necesita ser capaz de discernir la diferencia entre lo que es central y formativo en la Eucaristía y lo que es secundario o adicional. En efecto el llamó a esta habilidad para distinguir entre lo uno y lo otro "el arte más grande y más útil".
Estos son factores esenciales, transculturales en la adoración cristiana que deben estar presentes cuando los cristianos se reúnen si la reunión está yendo a ser la santa asamblea cristiana. Los cristianos se reúnen en el Día del Señor, con canto y oración, y en derredor de la Escritura leída y proclamada, en derredor de las aguas del Bautismo recordado y frecuentemente realizado, y en derredor de la Mesa de la Cena donde el Pan y el Vino son recibidos y ofrecidos en acción de gracias, todo el Nombre de Jesucristo. El maestro Litúrgico metodista Don Saliers llamó a la adoración "El pre-gustar de la gloria divina" y lo es! (Don. E. Saliers, Worship as Theology: a Forestate of the Glory Divine. Nashville: The Abingdon Press, 1994). La comunidad al adorar profetiza, señala el reino de Dios listo ya, aunque no todavía plenamente establecido, e impulsa a los adoradores a actuar en la actualización de ese reino.
La adoración cristiana es Trinitaria y Cristo.-céntrica. Es bíblica y es profética. Es tan contextual como ecuménica, si hemos de ser fieles a la proclama que acerca de Dios hacemos. Estas realidades están todas situadas y expresadas dentro de un marco de riqueza histórica y universalmente reconocido, por medio de un patrón reconocible y repetible de tiempo contable, y a través del cual los elementos centrales, que audible y visiblemente ponen de manifiesto la naturaleza de Dios, y que son efectivamente, acciones habladas Suyas, el Bautismo y la Comunión. Calvino lo dice sencillamente:
Desde aquí el rostro de la iglesia se acerca y llega a hacerse visible a nuestros ojos.
Dondequiera que vemos la Palabra de Dios predicada y escuchada en su pureza,
Y los Sacramentos administrados conforme a la institución de Cristo, hay, no hay
Que dudarlo , una iglesia de Dios, existiendo...La iglesia universal es una multitud
Reunida de todas las naciones, que está dividida y dispersa en lugares separados,
pero que concuerda en la verdad una de la doctrina divina y está atada por los lazos
de la misma religión....De esta manera preservamos para la iglesia universal su unidad.[7]
Tales son los elementos transculturales que identifican a una comunidad cristiana en adoración, ya sea en Brasil, Colombia, Japón, Kenia, o en cualquier otro lugar. Cómo se encarnan estos elementos en las circunstancias particulares, sigue siendo la prerrogativa de cada comunidad individual decidirlo.
Entre Cultura y Cultura. "Un Señor, una Fe, un Bautismo" - un don que los cristianos todos comparten por igual, no importa el marco cultural en el que ellos - y su liturgia - vivan. El evento más grande en una situación entre culturas es la Encarnación de Dios en Jesucristo. Basada en ese sólo hecho, esta autora prefiere la palabra encarnación por encima y más allá de inculturación y contextualización. La liturgia, después de todo, hace real la Presencia de Dios de una manera particular y concreta, de una manera encarnacional.
Alabanza, palabra, Lavamiento, Mesa, y la ''koinonía'' de los santos. Según Apocalipsis, la multitud de los mártires reunida es alrededor del Trono para adorar a Dios y al Cordero. Proceden "de toda nación, de todas las tribus y pueblos y lenguas", y su alabanza se ofrece a gran voz, a una sola voz! (Apo. 7:9-17). La adoración común en el Gran Día de Dios! Cómo podemos rehacer esa realidad "común" en nuestras respectivas culturas? Cómo podemos enseñar y capacitar a nuestras congregaciones para dar a una voz los cantos, las oraciones, los lamentos, y las esperanzas de las gentes de todo el mundo si no es por medio de la liturgia?
Los himnarios contemporáneos han procurado ser fieles al añadir a los himnos históricos "tradicionales" muchos salmos, himnos, oraciones, letanías, hechos y dichos de otras naciones y cantos espirituales de todo el orbe. El Consejo Mundial de Iglesias ha sido de gran ayuda en ese proyecto. Abundan las colecciones de recursos para la adoración. Mediante la inclusión de todos estos elementos, cruzando barreras culturales, estamos haciendo mucho más que conformar "equipos musicales" de otras naciones y pueblos. Estamos siendo fieles al concepto de ecclesia en la visión del Nuevo Testamento, y preparándonos para el gran día de la Revelación apocalíptica.[8]
La liturgia de la iglesia tiene la potencia adventicia de ser un hecho en proceso. La liturgia fiel descubre y manifiesta la venida de la gracia de Dios y el acercamiento de la Justicia del Señor. Es solamente por medio de un fiel acercamiento encarnacional a la liturgia que la adoración fiel puede tener lugar. Dios busca a los fieles de todo lugar y los une en la adoración. Entonces el hecho impresionante acontece. Es Dios revelando la misma santidad de Dios aquí y ahora en la santa reunión, en medio de este particular pueblo santo, en este santo Día del Señor, en este santo tiempo. Pero es Dios en Cristo a quien la liturgia cristiana ponen en descubierto. Y "en Cristo no hay Oriente ni Occidente, Norte ni Sur. El Oriente comparte sus riquezas con el Occidente, y viceversa. El Norte ilumina al Sur y el Sur desafía al Norte. El Oriente usa el lenguaje simbólico, los cantos simbólicos, las acciones simbólicas del Occidente, y con ellos se siente familiar.
La Prioridad de la Liturgia. "El fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de El para siempre". Es lo que dice el Catecismo Menor de Westminster, elaborado en 1646. Pero también proclamamos que la adoración es el centro de la vida de la iglesia. Para las comunidades cristianas, la adoración es el espacio-tiempo sin par donde glorificamos a Dios cuando una y otra vez la comunidad tiene memoria de que vive para un propósito, y que ese propósito es la glorificación de Dios. La adoración es el sitio de reunión de la gracia de Dios con nuestra agradecida respuesta, y el evento que James White llama "el auto-darse de Dios" (J. White, Los Sacramentos como la Auto-Dación de Dios Nashville: The Abingdon Press, 1983)
En una conferencia dada a un grupo de estudio, Los Pastores como Teólogos litúrgicos, Dennis Hughes asegura que Dios hizo a los seres humanos por las propias graciosas razones de Dios. God''s own chief ends. Declara que puesto que Dios creó a los seres humanos para Su gozo, El nos hizo la más alta prioridad del mismo Dios, para que podamos ''agarrar'' lo que significa glorificar a Dios y gozar de El''. (D Hughes, The Priority of Liturgy: God''s Gift to the Community of Faith. Seatle: Conferencia no publicada, 1999)
Si nuestro fin principal es glorificar a Dios, como lo sostiene el catecismo y lo subraya Hughes, la liturgia de la iglesia toma la más alta prioridad para nosotros. Por otro lado, si nosotros podemos visualizar el ordo histórico litúrgico, con sus ricas acciones-habladas como un don de la proveniente gracias de Dios, la liturgia es primera para nosotros. Nos asume antes de que nosotros sepamos lo que está sucediendo. Nos abarca, nos reclama y nos transforma. La liturgia, vista desde esta perspectiva, no es primariamente trabajo nuestro todo, mientras que somos constantemente exigidos, cuando traducimos el término leitourgia como " el trabajo del pueblo", sino don de Dios, un don que va delante de nosotros, un don que es concedido a la comunidad de fe por medio de la comunidad de fe.
De hecho, la liturgia es una actuación comunal y una celebración de los actos salvíficos de Dios, por sobre y encima de todas las demás realidades ordinarias (gracia preveniente: gracia que viene delante de nosotros). Son los actos de Dios los que dan altura a la liturgia. La liturgia es también una celebración de las grandes ''revisiones'' de Dios (los débiles son hechos fuertes, los cautivos, libres los niños, modelos para los adultos, los ciegos ven, los sabios se hacen necios). La liturgia es anterior a nosotros también en lo que incluye siempre en su misma naturaleza una realidad escatológica, proyectada en el escenario del tiempo, tiempo que es antes, tiempo presente, y tiempo que será después de nosotros.
Contextualización o Capitulación a la Cultura? Lecciones de una Denominación Particular.
En los EE. UU. hay un movimiento de significación ha modificado el paisaje litúrgico, y recibido internacional atención de los sociólogos lo mismo que de los teólogos. Variadamente denominada "contemporánea", "alternativa", o adoración "mezclada", la práctica refleja aquella tendencia de las naciones hacia el individualismo y el parroquialismo. Esta escritora sirve como Asociada para la Adoración en la Iglesia Presbiteriana de los EUU de América (PCUSA), una posición que ella ocupa desde los comienzos de 1994. En esa función ha viajado extensamente y literalmente liderado centenares de talleres y conferencias en todos los EE.UU.[9] lo que está sucediendo en muchas iglesias de este país, ha sido crecientemente exportado a otras culturas y lugares del mundo.
Cualesquiera hayan sido las experiencias de la escritora en los últimos años, han ocurrido primariamente en el contexto del trabajo y la vida de la PCUSA, las realidades de prácticas litúrgicas en ese segmento de la iglesia Cristiana bien pueden servir como espejos para lo que está sucediendo por doquier.
El creciente movimiento de la iglesia, que ha barrido la nación en todos los rincones de la Iglesia, ha alcanzado a la PCUSA con fuerza poderosa. Desde su acceso a la posición de Asociada para la Adoración ha tenido en sus manos varios aspectos de la controversia alrededor de la adoración alternativa. Las palabras y expresiones en uso son: adoración contemporánea (en oposición a la adoración tradicional), coros de alabanza, adoración de ''truenos'' adoración de ''reventadores'', adoración generación X, y adoración "mezclada". La terminología está contando una.. La adoración llega a ser una "experiencia de adorar" Liturgia, una palabra que se identifica con la espiritualidad de la iglesia alta, algo que debe evitarse a todo costo, y las prácticas que se refieren como "estilos de adoración". El significado mismo de la palabra "adorar" ha cambiado en estas congregaciones. La palabra se refiere al canto que precede a la predicación. Se dice que el sermón viene "después de la adoración", en la congregación.
El significado de este movimiento de adoración de generación específica en la Iglesia Presbiteriana de los EE. UU. De América no puede ser minimizado. Ni un solo taller sobre adoración en los últimos cuatro años ha dejado de considerar preguntas sobre el tema de la cultura y la adoración expresado en estas jergas. Muchas llamadas han sido hechas a la Oficina de Adoración para solicitar recursos para la adoración alternativa/contemporánea. Ríos de libros y artículos han sido escritos, y millares de recursos para la adoración alternativa han sido publicados en los recientes diez años, particularmente en California y el Sur. Desde los antropólogos hasta los teólogos, desde los músicos hasta los sociólogos, y desde pastores hasta escritores seculares de los periódicos, han intentado manejar el fenómeno. Talleres y conferencias se han multiplicado e instituciones completas han sido creadas para suplir con recursos al mercado. Empresarios o contratistas litúrgicos han proliferado por todos los EEUU dentro de la Iglesia Presbiteriana. "Acercándose a los de fuera de la Iglesia" ha venido a ser un lema consagrado del mercado, con métodos dirigidos al consumidor.
Prácticas sacramentales en estas congregaciones con frecuencia se apartan de la teología y hasta de las líneas de guía básica de segmentos de la Constitución de la Iglesia Presbiteriana sobre asuntos litúrgicos, el Directorio para la Adoración. Un ejemplo: En el curso de un taller en 1996, la escritora supo de un pastor de una congregación asombrosamente creciente en un Presbiterio del Pacífico Nor-occidental. La adoración en esa Iglesia Presbiteriana se basaba entonces muchísimo en el modelo de la adoración alternativa. El joven pastor era comprometido y cálido. En un grupo de discusión durante un taller, el pastor estaba ansioso por "dar testimonio del movimiento del Espíritu" en su iglesia. "Celebramos la Comunión cada semana", proclamó con orgullo. "Estos Servicios de Comunión son los mejor asistidos que tenemos. Eso pudiera ser porque los hacemos en la tarde del sábado, dejando libres para las familias los Domingos para sus actividades de relaciones. "La multitud que se aglomera el sábado es mayormente joven. Los Servicios se tienen en el salón de reuniones alrededor de las mesas. La gente viene como es y se siente libre para levantarse y salir a tomar una taza de café cuando lo desean en cualquier momento del servicio. Las celebraciones sabatinas son "asuntos familiares íntimos". O pudiera ser que "ellos vienen por la manera como celebramos la Comunión, la que nosotros vemos como una herramienta de conversión y una manera de que la gente se sienta cercana. Si lo prefieren, toman jugo de naranja para la Comunión". El se sentía realizado al contarnos a cuanta gente él había bautizado los sábados en servicios privados separados, porque "los servicios regulares son demasiado ocupados". La iglesia no tenía pila bautismal. "Es cosa de espacio. La Fuente había estado en el sótano, porque teníamos que economizar cada pulgada de para los dramas y la banda. La Fuente estaba en el camino. Usamos una ''ponchera'' que la familia trae: lo hace personal". La verdad: la Fuente estaba atravesada en el camino! Estas congregaciones hablan de un Descanso Sabático Cristiano, pero lo han manipulado para conseguir reunir la relación entre el día y el Sacramento, entre la teología y la práctica, y han tornado las reuniones de la asamblea en audiencias para entretenimiento.
El Presbiterianismo de los siglos 18 y 19 Revisado en la Iglesia de Hoy. Algunos estudiosos de la liturgia han visto un paralelo entre las prácticas de la "adoración contemporánea" y las reuniones de campamento y las Estaciones de Comunión de la adoración presbiteriana de los siglos 18 y 19. En el centro de los cambios de ese tiempo estaban las prácticas sacramentales de la Iglesia Presbiteriana. Estos cambios estaban asociados con, para estar seguros, el Segundo Gran Avivamiento, pero la minimización de la compresión de los Sacramentos y las prácticas sagradas (SACRAMENTALES) llegaron a ser el centro de los calientes debates asociados con las controversias de la Antigua-Nueva Escuela. Como en las iglesias de la "adoración contemporáneo" del Día de hoy, los predicadores de la Nueva Escuela vieron el Bautismo y la Comunión como meras herramientas para la conversión de los pecadores.
De hecho, el joven pastor del Pacífico Nor-occidental, cuya práctica eucarística de cuya iglesia era un intento deliberado de conversión, recuerda la influencia de Salomón Stoddard (1643-1729), quien consideró la Comunión como una ordenanza de conversión, y de Charles Grandision Finney (1792-1875) y su consejo acerca de la utilización de la Cena del Señor para ganar almas (Ch. G. Finney, Lectures on Revival of Religion, Wm. G. McLoughling, ed. Cambridge: Harvard University Press, 1960, 142).
Estas no son declaraciones y prácticas aisladas, sino parte de una vasta telaraña que condujo a los Presbiterianos a abrazar el Puritanismo en su formas más rampante y a dejar de lado la celebración fiel de los Sacramentos a favor de un mal guiado celo evangelístico. Así, el "propósito" de la adoración llegó a ser el evangelismo (la ganancia de almas) enfatizada en la predicación, con ministraciones sacramentales solamente como un apéndice menor y una herramienta de conversión.
El movimiento en la iglesia de hoy comparte muchos rasgos del Puritanismo antiguo. Los Presbiterianos no reclaman derechos exclusivos, sin embargo a esta situación. En los EE:UU: es un cuadro que igualmente comparten Bautistas, Metodistas, Luteranos, Católicos-Romanos y otros cuerpos. Cierto amigo de la autora, dirigente de una iglesia pentecostal, reveló sus propias frustraciones con los lineamientos de su denominación en ese respecto, diciendo: "Nuestros músicos y pastores han hecho propia la "cultura del mi", sin consideración alguna a la tradición de la iglesia".
En verdad, hay interrogantes culturales que trascienden al Presbiterianismo actual. La auto-justicia y el narcisismo de estrecha mentalidad se muestran fuera de las puertas de la iglesia Presbiteriana en el genio mismo de la cultura norteamericana social y política y religiosa . Pero hay, en efecto, un notable paralelo entre algunas de las discusiones entre los líderes de la "Antigua Escuela" y la "Nueva Escuela" de la era y los debates actuales sobre la adoración. Aunque reconocieron la naturaleza evangelística de la Comunión, los Presbiterianos de la Antigua Escuela tendieron poco a permitir cualquier práctica en el servicio que no fuera expresamente sancionada en la Escritura, en tanto que los de la Nueva Escuela se inclinaron a sacar ventaja de factores psicológicos para realzar el efecto del sacramento.
Como en nuestro día, algunos pastores de aquel tiempo se sintieron incómodos con las directrices para la adoración en todo su derredor. Como hoy día los proponentes de la "Nueva Escuela" se multiplican (la meta entendida de la contextualización como efectividad evangelística y el consecuente criterio para la adoración), los pastores de la "Antigua Escuela" de hoy están reaccionando con extrañeza no distinta a la expresada por un ministro de la "Antigua Escuela" en 1846:
A tal extremo de inconformidad hemos llegado que nuestros
Sermones al impenitente pueden casi ser considerados la regla
General, y los que a los cristianos las excepciones nuestras
Oraciones, aunque, en la forma, dirigidas a Dios, son frecuentemente...
Apelaciones al impenitente, nuestros himnos son compuestos con
Referencia a los inconversos, y con no poca frecuencia dirigidos
A ellos en persona. [10]
Como está sucediendo hoy, durante aquel tiempo el Directorio para la Adoración fue grandemente soslayado en las congregaciones que pedían mejoras y experimentación litúrgica. Como con la adoración contemporánea de hoy, la experimentación que tuvo lugar cuando el Presbiterianismo americano estaba siendo refaccionado hacia el 1800, socavó no solamente la uniformidad de la adoración de la iglesia, sino al total de la Iglesia Protestante, en los centros teológicos y eclesiológicos de la iglesia, y de hecho colocó a la Iglesia Protestante en la trayectoria en que se encuentra en gran parte del mundo.
El aspecto más turbador de esa herencia es la minimización del entendimiento (y práctica) del Bautismo y la Comunión, que para los Presbiterianos son considerados Sacramentos. El Bautismo es, pues, y a la larga, percibido como un rito social de bienvenida, y la Comunión una pobre y poco frecuentemente celebrada re-actuación de la Santa Cena, cuyo propósito es facilitar la conversación.
Como en la Iglesia Presbiteriana de los EEUU de América hoy, unos pocos teólogos de los siglos 18 y 19, intentaron traer de regreso a pastores y congregaciones a la tradición litúrgica de la Iglesia pre-Puritana. Benjamín B. Warfield, por ejemplo, propuso que serias y profundas consideraciones teológicas debían ser los fundamentos para preguntas sobre la contextualización de las prácticas litúrgicas, que deberían efectivamente subrayar toda forma de adoración. La obra de Charles Baird trató de recordar a sus contemporáneos que los Presbiterianos tenían una rica herencia propia, buena y fiel, extraviada en el mar de cambios en que la Iglesia estaba sumergida.
Gary Burge, ministro ordenado PCUSA, quien adora en una Iglesia Evangélica del Pacto y enseña N.T. en Weaton College, en un reciente artículo en Christianity Today, dijo que el patrón litúrgico que se sigue en las experiencias de adoración de las mega-iglesias o aquellas que intentan repetir su estilo, podría resumirse fácilmente: "canta, canta, canta, ora, canta, ora, predica, canta, ora y vete a casa"[11]
La escritora ha experimentado esta clase de patrón varias veces en iglesias presbiterianas y en reuniones de presbiterios. No hay confesión ni perdón (lo que cabe cuando no se sienten bien) ni credo, ni confesión de fe, ni un sentido corporado de temor y reverencia, ni de relación con un cuerpo mayor. Las lecturas bíblicas se reducen al mínimo, y a veces se suprimen completo. Poco del lenguaje de la adoración es dirigido al Trino-Dios, y mucho está enfocado en la "experiencia" personal con Jesús. Con alguna frecuencia, el lenguaje se centra en la Segunda Persona de la Trinidad, en un diálogo que podría resumir en las palabras "Tu y yo, dulce Jesús" y alguna especie de despedida. Domina el lenguaje "yoísta". El patrón para la liturgia es básicamente el mismo que se encuentra en "Nuevas Medidas" de Finney, como lo indica Gordon Lathrop:
Prosiguió Carles. Gl. Finney, el mayor predicador del ''avivamiento'' del siglo 19,sistematizando esta fórmula, que en un famoso ensayo, en 1935, llamó "nuevas medidas", urgiendo el canto emotivo en alta voz, y la predicación práctica pero móvil, entre otras cosas, para conducir al pecador a la conversión. ...El ordo resultante era trifásico: un servicio de canto, o de alabanza, o ''preliminares'', ayudando a preparar la predicación,... un sermón, y.... la ''cosecha'' de conversos.[12]
La música en las congregaciones que son parte de esta corriente es elemento clave recibe mayor énfasis que cualquiera otra línea en el servicio, tanto en términos de preparación como en práctica. Coros de alabanza reemplazan a los himnos. Muchas congregaciones contratan por tiempo completo músicos que escriben y conducen la música de la adoración. Como quiera que sea, hay algo para ser dicho, que si hay música escrita para una comunidad particular, es también evidente que tal música es parroquial, no cantada por otras congregaciones, y la mayor parte no tiene mérito ni musical ni teológico, lo que significa que no aparecerá en un himnario en el futuro. Hay música efímera, de carteleras - que son propiedad de un grupo de personas, y que ni en el momento ni más tarde reflejarán un entendimiento de la naturaleza corporada y global del Evangelio, o la asamblea como se entendía por los cristianos primitivos, como Pablo y Policarpo, o por teólogos litúrgicos contemporáneos. La música en este patrón invita con frecuencia a los adoradores a volverse hacia dentro en vez de hacia fuera por la causa del mundo. Es una oferta musical para novedad y contextualización parroquial en vez de ser intemporánea y universalmente, en la que tanto el contenido como la forma son frecuente y exclusivamente gobernados por requerimientos locales y gratificación inmediata más que construir memoria en términos duraderos. Este estilo musical se dice estar "lleno del Espíritu". Familiarmente, las viejas oraciones escritas y antiguos himnos "ligan" el Espíritu.
La controversia en derredor de la música no es nueva de ninguna manera. "Se suponía que el Milenio había comenzado", escribió un antiguo historiador del Presbiterianismo, y "los medios ordinarios de gracia estaban superados al darse el nuevo y libre derramamiento del Espíritu".[13]
Hay un sentido poco profundo de calor y energía en esa clase de adoración que puede ser más atractiva. Que sentirse bien parece ser la búsqueda dominante. La tradición comunal histórica y la profundidad teológica parecen ser conceptos extraños en esta corriente de adoración. Pero lo que está faltando de este patrón de adoración parece ser un deseo de considerar las implicaciones más amplias del Evangelio y de la naturaleza de la Asamblea Evangélica. Embebidos en la adoración de la asamblea hay símbolos profundamente significativos y con frecuencia descuidados en esta práctica. Cualesquiera componentes culturales que encarnan el ordo en lo local, en términos contextuales, de la Iglesia Cristiana, debe ser gratamente recibido - y animado- con profunda determinación. Sin embargo, debe haber una crítica sería de todas las prácticas litúrgicas, que acerquen en vez de dispersar, el significado de los símbolos, o que exclusivamente enfoque la atención primaria de la congregación sobre sí misma más que en los medios de gracia al alcance de toda las gentes, en todo lugar, lengua y tiempo. Debe haber una crítica de la cultura de cualquier comunidad construida en la liturgia, si esa liturgia dispersa la naturaleza contra-cultural del Evangelio.
Bautismo y Comunión: Fuente, Resumen y Sitio para la contextualización Fiel
Desde el comienzo mismo de la Iglesia Cristiana, el Bautismo y la Eucaristía han sido el ''foco'' de la liturgia, los elementos que dieron a la Iglesia su carácter peculiar. La proclamación de la Palabra, la alabanza y las oraciones estuvieron ya presentes en la herencia heredada de las primitivas comunidades bíblicas. Pero los patrones del lavamiento, y las acciones de la comida y el discurso fueron reinterpretaciones radicales de ritos judíos: -encarnación o contextualización. Estas acciones recibieron la crítica y la nueva vida que implicó el que tales cosas se hiciesen en el Nombre de Cristo. No para hombres solamente. Una reinterpretación de lo que la "pureza" significa. Lavamiento que indicaba novedad de vida y acción, lavamiento que tuvo implicaciones éticas. La Mesa de la Comunión abierta para todos que incluía el rechazo de los hombres puros como los únicos que podían ser bienvenidos (los primeros hugonotes de Brasil quedarían por debajo de ese criterio!)
En verdad, en la celebración de esta comida de Cristo, los cristianos vinieron a unirse a aquella lectura y predicación de la Escritura que cuenta del crucificado Resurrecto, para hacer este Servicio de la Palabra - y - comida especialmente en domingo, y acentuar especialmente el pan y el vino de la acción de gracias, dejando fuera el resto del alimento. Estos fueron desarrollos que acentuaron el significado cristológico de los alimentos.. la yuxtaposición del evento de Jesucristo a los antiguos ritos del lavamiento y a la vieja práctica de la comida, en un momento específico y cultural, ha dado a la Iglesia un centro y el método.[14]
La Fuente Bautismal (aquí usada como metáfora para cualquier espacio bautismal, ya se trate de un río o de un pozo), es la Fuente de Identidad para la Iglesia. El Libro de Oración Común de la PCUSA, en la riqueza del orden y textos para Servicios de Bautismo y reafirmación del Pacto Bautismal incluye encabezados que invitan a las aguas bautismales a ser "audibles y visibles" (BCW, 403-488). La oración de acción de gracias sobre el agua, que incluye gratitud por la Presencia y los actos salvíficos de Dios en y por medio de los hechos del agua en las Escrituras, culmina con una ''Epicclesis'': la presencia del Espíritu Santo en el agua es invocada, de modo que la Fuente pueda ser para todos los que a ella vienen, lugar de nuevo nacimiento y renovación. Esa oración en la Fuente (que hace estrecho paralelo, por supuesto, con la Gran Oración en la Mesa) pudiera servir como base para la contextualización: agua común, local en cualquier cultura, por la Presencia del Espíritu transformados en dones de Dios para el pueblo de Dios, audible y visiblemente.
De la Fuente todos nosotros recibimos un nombre, una nueva identidad. Esa identidad no está atada a ninguna denominación ni cultura particular. El Bautismo es gracia preveniente, una gracia que junta a todos los pueblos en un solo Cuerpo. Cómo puede nuestro rito bautismal proclamar esa realidad "audible y visiblemente"? La necesidad de recobrar la plenitud del significado ecuménico del Bautismo como la "fuente y resumen" de nuestra común identidad y de nuestra común adoración es urgente e imperativa. Ningún intento a la contextualización de la liturgia será fiel sin una práctica claramente vivida que es común en acciones y dichos. Las culturas nuevas y locales deben rendirse a los principios centrales de nuestra vocación bautismal. Pero, es la misma naturaleza del acto la que nos obliga a abrir el camino para que el Bautismo sea "contextualizado". El contexto pudiera ser un río, una fuente, un pozo. Los tipos de vestiduras varían, La música, Los responsos, Las Velas, Los ramos. Pero, el ordo básico bautismal necesita estar en su lugar: Preparación (catequesis). Después de la Palabra es oída y proclamada. Invitación. Presentación, Renunciaciones, Profesión de Fe. Acción de gracias sobre el Agua, con inclusión de la Epicclesis. Abundante agua. La Tinidad. Aceite. Y luego la Mesa de Comunión. Celebración gozosa. Y entonces la Mistagogía, interpretación de la Nueva Vida al recién iniciado. Estas cosas santas.
Hay un relato en el Segundo Libro de Samuel capítulo 9, que es uno de los más ricos en todo el Primer Testamento. David es rey, tras la muerte de Saúl. Pregunta acerca de algún sobreviviente miembro de la familia de Saúl. Dice que desearía mostrarle la bondad de Dios, por causa de su amigo Johathán y le dicen que hay una persona, Mefiboseth, hijo de Jonathán. El hombre que informa dice que es un cojo de ambas piernas. David hace traer a Mefiboseth a su presencia y tras el saludo y la promesa de David de restaurarle sus pertenencias, hay la respuesta de corazón abierto de Mefiboseth: "Qué es tu siervo, para que te fijes en un perro muerto como yo?" Un perro muerto! Por supuesto, uno puede leer entre líneas, y saber que tal es la manera como le trataban. Es lo que otros pensaban acerca de él y que él mismo llegó a creerse. La gente lo trataba como un "ser diferente"... Pero, el rey dijo a Mefiboseth el diferente, que se sentaría a la mesa del rey todos los días: "Comerás siempre a mi mesa." Uno se pregunta cómo sería que él alcanzó la mesa del rey. Ya ve: él era, como dice la Nueva Versión Revisada Inglesa ''cojo de ambos pies''. Lo ayudaría el mismo rey? Haría el rey que sus siervos ayudaran a Mefiboseth? Nunca lo sabremos. Sabemos, sin embargo, que este hombre, que sabía que era ''diferente'', llegó a ser huésped inesperado a la mesa del rey. "Siempre", dice el texto. Bendito sea David, que tuvo la gracia interior de dar la bienvenida al diferente, un extraño, quien es ya un diferente capacitado, una persona despreciada que halló lugar para revelar la bondad de Dios en la mesa. La Carta a los Hebreos es un importante regalo para los teólogos litúrgicos y la Iglesia entera. Mucho referente a la adoración se halla allí escrito. La autora se sintió particularmente intrigada con el texto al fin del capítulo 12 y los primero versículos del siguiente:
Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella, sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia, porque nuestro Dios es fuego consumidor. ...Permanezca en nosotros el amor fraternal. No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.[15]
La Mesa es el lugar donde el extraño se convierte en huésped, donde el extranjero parte el pan, donde las telarañas de ceguera caen de nuestros ojos, y vemos entonces, con una multitud de ángeles visibles e invisibles en derredor, al Angel del centro. No cabe allí esperanza para ningún intento de fiel contextualización sin el reconocimiento de que es sólo en la Mesa donde podemos identificar, ver, experimentar el Pan de Vida. Con los Discípulos en el Camino de Emaús es desde la Mesa, "Fuente y resumen", que recibimos iluminación y participamos del privilegio de la bienvenida a "culturas diferentes", o "pueblos del Oriente y del Occidente". Pero, a causa de la todo inclusiva naturaleza de la Mesa, lo hacemos así, en el mismo lenguaje básico litúrgico-teológico que une a todos los cristianos. Pero, tristemente, es esta misma Mesa la que ha sido lugar de división entre nosotros. No habrá posibilidad de una fiel contextualización hasta que podamos sentarnos a la Mesa juntos, nosotros, los cojos de pies espirituales y que encontremos en la Mesa que somos lo huéspedes inesperados , que el extranjero es el Huésped, el Pan mismo, Partido.
Lo que cada situación cultural trae debe derramar luz sobre la Mesa, no debe disminuirla. Otra vez, la Gran Oración con la Epicclesis: solamente por medio de la Presencia medianera del Espíritu Santo nuestra ceguedad cultural caerá de nuestros ojos. Ahí podemos dar gracias, comemos, celebramos la Presencia del Resucitado, de la Mesa nos levantamos para alimentar a los pobres y cuidar de los oprimidos, y hallar la fortaleza para mediar justicia en cada situación cultural. La liturgia debe subrayar la Encarnación. Las prácticas culturales locales deben enfatizar la reorientación.
Donde las preguntas litúrgicas del maestro surgen hoy día, son las mismas que confrontaron aquellos primeros hugonotes del Brasil, o las preguntas de los misioneros del siglo 19 y comienzos del 20 que éstos encontraron, o la insurgencia de la "cultura juvenil" de hoy, o asuntos de lenguaje y tradiciones divididas, las respuestas deben ser encontradas en el ''locus'' (lugar) central de la Fe Cristiana: la teología y la historia, y el oro del lavamiento y la Comida en el nombre de Cristo. Esto en yuxtaposición con el oír, y el predicar, y las súplicas y las lamentaciones, y la palabra desafiante de la justicia, y el envío para actos de salvación y gracia en el nombre de Cristo, cosas todas que hacen de la liturgia fiel nuestra prioridad.
Porque aún el Lavamiento y la comida necesitan ser situados próximos a la Palabra de Cristo y ser transformados por ella a fin de que nosotros veamos cuán grande es el don de la gracia de Dios sobre, en y bajo materiales extraídos de la cultura humana. [16]
Liturgia fiel: Liturgia encarnacional.
Soli Deo Gloria
Medellín, Colombia, julio de 1999
NOTAS:
1. Para una discusión más profunda, rica, del origen y significado de la palabra Ecclesia, ver la obra magistral de Gordon Lathrop, Holy People: A Liturgical Ecclesiology (Minneapolis Fortress Press, 1999), la segunda de la cual promete ser una trilogía: Holy Things: A Liturgical Theology (1993), una notable contribución al campo, considerada por muchos como posiblemente la obra más rica en teología litúrgica de los últimos años. Lathrop sugiere que el vocablo ecclesia fue usado primariamente en referencia a una reunión local de cristianos, el N. T. La usó para hablar de todos los cristianos que se reúnen en todo lugar y tiempo (41 ss).
2. Lathrop, 19.
3. Book of Common Worship. Lousville: Westminster/John Knox Press, 1993. Preface, 1-7.
4. Un reciente notable documento preparado por la Comisión de Fe y Orden del Consejo Mundial de Iglesias hace una seria consideración de este asunto. El escrito, que se hallará en una colección de ensayos similares en el cercano futuro, refleja el trabajo de un grupo de investigadores litúrgicos reunidos en una consulta en Faberges, Francia. Los latinoamericanos están representados en esa consulta por el Dr. Jaci Marachin, de San Pablo, Brasil. Llegando a ser Cristiano: las Implicaciones Ecuménicas de Nuestro Bautismo cristiano enfoca el ''ordo'' (calendario) del Bautismo Cristiano, la inculturación del rito, y las implicaciones éticas del Bautismo.
5. Stauffer, 27-28
6. "Cartigny Statement on Worship and Culture: Biblical and Historial Foundations" in Worship and Culture in Dialogue. Geneva: Lutheran Word Federation, 1993, 130
7. J.T. McNeill, ed. John Calvin, Institutes of the Christian Religion. (Filadelphia: The Westminster Press, 1960) IV:1:9, Italics added.
8. Una publicación particular del CMI (Consejo Mundial de Iglesias) ha llegado a ser muy popular en el contexto de muchas iglesias en EE.UU., Worship Ecumenically , editada por Per Harling, rica y fiel en alcance, práctica y sencilla de usar en congregaciones de todo tamaño y habilidad. Geneva: WCC 1995.
9. Glaucia Vasconcelos Wilkey, Lex orandi, Lex Credendi: the State of the Liturgy in PCUSA, Office of Theology and Worship, PCUSA, 1997-1999.
10. Robert Milton Winter, "American Presbyterians, the Directory for Worship, and Changing Patterns of Sacramental Practice, American Presbyterians, 151.
11. Gary Burge, "Are Evangelicals Missing God in Church Today?" in Christian Century, October 1997.
12. Gordon Lathrop, Holy Things, 531.
13. Julius Melton, Presbyterian Worship in America Richmond: John Knox Press, 1967, 45.
14. Gordon Lathrop, "A Contemporary Lutheran Approach to Worship and Culture" in Worship and Culture in Dialogue. S. Anita Stauffer, ed. (Geneva: Lutheran World Federation, 1994, 139).
15. Hebreos 12:28-13:2, Reina - Valera 1995, Edición de Estudio.
16. Lathrop, 150
