La Iglesia como comunidad terapéutica (Parte 2)

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A. La comunidad terapéutica como estrategia clínica.



Siendo que al hablarse hoy de comunidad terapéutica de inmediato se asocia con un enfoque y una técnica revolucionarios en el campo de la psiquiatría, comenzamos esta segunda parte con una sencilla alusión a la misma. Seguidamente continuaremos reflexionando sobre la iglesia, comparándola con la comunidad terapéutica en sentido limitado y procurando subrayar sus características y su contribución esencial.



Dentro de una variedad de posibilidades, hay ciertos rasgos especiales que definen a esta clase de comunidad terapéutica. En primer término, la búsqueda de una atmósfera o clima de convivencia, caracterizado por la aceptación, respeto, comprensión, en las relaciones entre sus miembros. La condición para el logro de dicho ambiente de "hermandad" es el pacto de compromiso que asume cada integrante, en función del cual se "ubica" como miembro especifico, y -al mismo tiempo- se solidariza y se identifica con los demás miembros. La clave de la acción terapéutica en la comunidad psiquiátrica esta, precisamente, en el mutuo ejercicio de responsabilidad y solidaridad.



En segundo lugar, la comunidad terapéutica se maneja como una sociedad ideal: por una parte, se reproducen en cierta medida los roles y las interacciones de la sociedad extrahospitalaria, pero -por otro lado- hay una búsqueda consecuente de cambio para neutralizar las partes "enfermas" y estimular y ejercitar a las "sanas", en todos y cada uno de los miembros (incluyendo a los terapeutas profesionales). La convivencia, y el compromiso, tienen la clara finalidad de la curación: curarse juntos, curarse los unos a los otros. Y la curación -o sensibles mejorías- se lleva a cabo, básicamente, gracias a la calidad de los vínculos comunitarios. Es lo que permite transformar las relaciones y las personalidades. Testimonio común de quienes han participado en la experiencia de la comunidad terapéutica en el de un aprendizaje precioso: haber aprendido a dar y a recibir, a aceptar (y aceptarse), a crear, a compartir, a modificar. Muchas veces, lo más frustrante resulta ser confirmar la cruda realidad de los problemas, los desajustes, la deshumanización en la sociedad "real", afuera. Sin embargo, las comunidades terapéuticas en no pocos casos han contribuido a mejorar las condiciones sociales en el medio ambiente circundante, a través de las relaciones (visitas, exposiciones, otros intercambios) y por la poderosa elocuencia del ejemplo.



B. Comunidad Cristiana y Comunidad Terapéutica



El hombre es un ser social que enferma en comunidad y se cura en comunidad. Resulta obvio que es posible trazar un paralelismo entre la comunidad cristiana y la comunidad terapéutica en sentido limitado. En ambos casos, el clima de hermandad proporciona el contexto apropiado para el tratamiento en cuanto existe un compromiso de responsabilidad y solidaridad, donde se acepta y se restaura.




En su trabajo sobre una visión de la iglesia y la comunidad terapéutica en la psiquiatría contemporánea, Ebenzole (1), destaca las semejanzas v diferencias principales: a) Las dos comunidades, como tales existen separadas de la sociedad en general, pero con una misión hacia aquella. Ambas funciones están relacionadas con la naturaleza especial de la comunidad y tienen un valor creativo en la sociedad; b) Ambas suponen que sus miembros estarán en mejores condiciones de vivir en la sociedad global en virtud del carácter de su experiencia comunitaria; c) Ambas comunidades, debido al contenido de su "mensaje", resultan ser una especie de amenaza frente a la estructura social, lo cual conduce a ciertas tensiones y oposición; d) Ambas consideran que la naturaleza de las relaciones humanas que promueven en su medio, en términos de apertura, mutualidad y responsabilidad, resultan esenciales para la solución de los problemas que existen en la comunidad y en la sociedad.
Con respecto a las diferencias, Ebenzole puntualiza las tres siguientes: a) La iglesia se considera integrando el Reino de Dios y, por lo tanto, en cierta medida trascendiendo a la sociedad. La comunidad terapéutica es claramente una parte de la sociedad que no reclama aquel tipo de autonomía; b) La iglesia procura constituirse -entre otras cosas- en una comunidad devocional en la que las personas encuentren el sentido definitivo de su existencia. La comunidad terapéutica se encarga principalmente de ayudar a la gente a alcanzar relativo de salud que -se espera- les permitirá participar más íntegramente en su propia comunidad; c) La tarea y el mensaje de la iglesia pretenden ser comprensivos en el mayor grado, mientras que la comunidad terapéutica procura servir más modestamente un área limitada de las necesidades humanas.
La clave de la peculiaridad de la comunidad cristiana está en la experiencia de la relación fraternal mediada por Jesucristo a través del Espíritu Santo, que el Nuevo Testamento define como koinonia. Coparticipación, comunión, interdependencia son otros conceptos que, nos ayudan a abarcar el rico significado de koinonia.



Otra manera de considerar la relación entre la comunidad cristiana y la comunidad terapéutica, consiste en destacar las potencialidades profiláctico-terapéuticas de la congregación, desde el punto de vista de la higiene y la salud en sentido amplio. Aunque un poco más adelante presentaremos varias circunstancias prácticas en este sentido, no esta de más incluir ahora una consideración general sobre la contribución a la faz preventiva, que es la más notoria y abarcativa. La comunidad cristiana, tiene una gran posibilidad en la hora actual, sobre todo en términos de los ministerios pastoral y profético. Esta contribución se puede llevar a cabo en los tres niveles de la prevención: a) Prevención primaria o sea la reducción de la incidencia de las enfermedades v promoción de condiciones de vida más saludables: b) Prevención secundaria o reducción de la duración de la enfermedad mediante el diagnóstico precoz y el tratamiento oportuno. c) Prevención terciaria o reducción del daño permanente causado por las enfermedades, a través de la rehabilitación efectiva. Las posibilidades de servicio -y particularmente de colaboración con centros asistenciales- son enormes v harto frecuentes, y encierran una exigencia doble: la vigencia de la fundamentación y el sentido de que habIábamos en la primera parte, y la capacitación adecuada de quienes tienen los talentos correspondientes.



C. Disciplina y Reconciliación



Al referirnos antes a la peculiaridad de la comunidad cristiana, mencionamos la koinonia como la relación fraternal mediada por Jesucristo o por su Espíritu. En esta sección proponemos destacar a la disciplina de la reconciliación como el elemento más importante en dicha relaciín, es decir el factor terapéutico por excelencia.



La disciplina tiene connotaciones negativas para mucha gente: se prefiere hablar, u oir de temas mucho más atractivos, incluso dentro de la iglesia. Sin embargo, varios hechos y algunas voces, parecen indicar la imperiosa necesidad de recobrar la visión y la práctica sana (y sanadora) de la disciplina congregacional según el modelo y la enseñanza de Jesucristo. Un reciente trabajo de M. Jeschke (2) encierra un desafío claro y coherente en este sentido. Señala este autor que probablemente sea hora de percibir a la disciplina en el centro de la fe cristiana, como parte esencial del Evangelio mismo y como corolario del proceso de proclamación de las Buenas Nuevas del Reino de Dios. El Evangelio no es solamente buenas nuevas mediante las cuales el pecador puede convertirse. También es las buenas nuevas por las que el cristiano puede continuar viviendo como tal. La proclamación implica una invitación a participar en la comunidad de la iglesia que reconoce el reinado de Dios y aspira y contribuye a su completa realización aquí y ahora. La iglesia puede y debe recurrir a una disciplina congregacional correctiva toda vez que la autodisciplina no funciona, asi como la asistencia médica con frecuencia se hace necesaria para suplementar la higiene y la vitalidad natural del organismo humano.



Por cierto que es de primera importancia que no se caiga en los extremos del legalismo o de la indulgencia y la irresponsabilidad. La sana disciplina que procura reconciliar, redimir, restaurar y reparar, es un proceso esencialmente liberador en el doble sentido antes aludido: libertad respecto de los factores alienantes como hostilidades, discriminación, culpabilidad, temor al castigo, temor e impulso a la retaliación. Pero también liberación en el sentido positivo de la capacidad y la inspiración para recrear y fortalecer los vínculos comunitarios y la madurez personal (inclusive bajo el aspecto de una condición para participar en el culto... "deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda". (Mt. 5:24).



La disciplina en el contexto de la comunidad cristiana resulta entonces un aspecto primordial de la gracia del Evangelio: toma seriamente en cuenta la persona y la vida de los demás, perdona, restablece. De ahí que la disciplina congregacional pueda ser reconocida como asunto de primera importancia , salud o enfermedad, o aún vida o muerte.



El ejercicio normal de esta disciplina redentora proviene de la autorización y mandato de Jesucristo y supone la dirección del Espíritu, según el conocido pasaje de Mateo 18:15-20.(3) En primer lugar, puede advertirse que la reconciliación es a la vez motivo y finalidad de estas interacciones, "disciplinarias": a.) Jesús encomienda un abordaje personal y confidencial del problema con el hermano, con respeto y discreción en un espíritu de mansedumbre, reconociendo la necesidad mutua de discernimiento, confesión y perdón (GáI. 6:1-2. b.). La responsabilidad no recae sólo en algunas personas con dones específicos, o en los lideres de la congregación, sino que es compartida por cada uno de los miembros de la comunidad: quienes han sido (o se han sentido) ofendidos, quienes han provocado la ofensa, o cualquier otro consciente del conflicto. c.) Esta disciplina de reconciliación es un proceso del cual la iglesia debe hacerse cargo, sin derivarlo hacia otras agencias de la sociedad o hacia el Estado.
La comunidad cristiana procura la libre maduración de sus miembros en el marco del discipulado. Sin embargo, el camino no es fácil. Con mucha frecuencia, la disciplina resulta mal entendida y mal practicada (con el énfasis en el castigo del "culpable", o en las ofensas y las normas en sí, desatendiéndose al hermano que ha faltado; despersonalizando el carácter de la disciplina fraternal y mutua; discriminando entre los pecados de los "débiles" -el sexo, el robo, etc.- y cegando la vista frente a los de los poderosos, etc.). El significado del amor fraternal mismo suele ser presa de groseras distorsiones, sobre todo cuando en nombre del "amor" no se interviene frente al hermano alienado, culpable o desorientado, utilizándose variadas excusas como la (falsa) modestia- "¿Quién soy yo para decirle a mi hermano que ha pecado?", la "aceptación" sin crítica de las circunstancias y de las características personales; la alusión a la madurez de uno- “su situación no me perjudica, soy fuerte, puedo perdonar y olvidar sin siquiera tener que arreglar cuentas con el"- ; el "todo vale" de la licencia; el individualismo, etcétera.



En este cuadro de la disciplina redentora, el perdón ocupa un lugar privilegiado, como reflejo de la propia acción de Dios en Jesucristo: el cristiano puede dirigirse a su hermano a la manera de la iniciativa divina experimentada en su propia vida, es decir la gracia del perdón a pesar de todo. La reconciliación mediante Jesucristo es el motivo y el modelo del carácter terapéutico de la comunidad cristiana: experiencia que puede ser vivida y transmitida no solamente en el seno de la hermandad, sino también a través de la comunión con Dios y de la misión en la sociedad y el mundo



Dada la importancia terapéutica fundamental de la disciplina restauradora en la comunidad cristiana, no puede menos que sorprender la escasa mención o la falta de su consideración en la mayoría de los trabajos correspondientes en el campo de la psicología pastoral y la psicología de la religión. Creemos que tal deficiencia impide a muchos autores percibir la cualidad peculiarísima de la iglesia como comunidad terapéutica. Con frecuencia se cae en el error -como decíamos antes a propósito del evangelismo- de confundir el carácter radicalmente terapéutico del Reino, con los beneficios secundarios y derivados, con un serio agravante: la omisión de lo que podríamos llamar bendiciones "negativas" en el sentido del "yugo" y la "carga" del discipulado



Comenzamos esta segunda parte con una referencia a la estrategia clínica de la comunidad terapéutica para compararla luego con la comunidad cristiana. En realidad, la fidelidad de la iglesia a través de la historia hubiese hecho innecesario tener que "redescubrir" tal invaluable tesoro. Pero dejando a un lado la crítica podemos ahora concluir sugiriendo un paso más: la comunidad cristiana donde la disciplina, de la reconciliación es una realidad central, ofrece un modelo terapéutico de vastas proyecciones porque la psicología de la reconciliación, curiosamente, aún espera sin ser estudiada y aplicada.



D. Pautas para la Acción



Comenzamos este estudio proponiendo una fundamentación biblicoteológica de la iglesia como comunidad terapéutica. En esta última sección compartimos un encuadre concreto para la acción preventiva y curativa de la congregación. No podremos insistir demasiado sobre la necesidad de que el planeamiento y la realización de las experiencias y tareas que se sugieren sean inspiradas y fundamentadas, explícitamente, en la terapia radical de Dios en Jesucristo, en el contexto de los dones y los frutos del Espíritu.




CUADRO : Cuatro pautas para la acción:



IGLESIA:



1) Prevención o profilaxis: Desarrollo de las potencialidades personales a través de la vida y el programa de la congregación.



2) Asistencia: Consejo y cuidado pastoral y otras tareas asistenciales por miembros con dones y capacitación, hacia el resto de la congregación.



SOCIEDAD:



1) Prevención o profilaxis: Acción destinada a eliminar las fuentes “patógenas” y a promover condiciones humanizantes.
2) Asistencia: Cooperación con agencias de la comunidad. Contribución al mejoramiento de los medios y recursos asistenciales.



En base a un esquema como el que sugiere este cuadro, se pueden delinear algunos proyectos congregacionales adaptables a las necesidades y posibilidades especificas de las comunidades cristianas en nuestro medio Latinoamericano:



1. Actividades que contribuyen a la profilaxis en el seno de la congregación.



A. Educación cristiana actualizada y relevante, en función de las necesidades locales.



B. Programa para mejorar la educación que se imparte en todos los niveles..



C. Orientación sexual y vocacional.



D. Grupos de estudios y/u orientación para padres con el fin de ayudarles a relacionarse con sus hijos en forma más significativa.



E. Grupos y actividades especificas para diferentes edades (adolescentes, "veteranos",, etcétera).



F. Orientación prematrimonial y matrimonial.




2. Proyectos encaminados a realizar actividades curativas en el marco de la hermandad:



A. Ejercicio consecuente, y en el Espíritu de Cristo, de la disciplina congregacional.



B. Capacitación clínica del pastor tarea de orientación y consejo (individual y grupal).



C. Capacitación de otros miembros para colaborar en servicios asistenciales (Visitación de enfermos, apoyo en tiempo crisis, etc.).



D. Adecuada y oportuna referencia a las agencias u otros recursos de la comunidad, y apoyo de la labor terapéutica de éstas.




3. Contribuciones a la prevención en el medio social externo:



A. La palabra profética como aporte concientizador. Señalamiento de diversos problemas sociales (discriminación, opresión, carencias, diversos tipos de injusticias y violencias).



B. Apoyo de los planes y programas tendientes a mejorar las condiciones de vida de la población, en el plano local, estatal, regional o nacional.



C. Contribución a preservar y mejorar el ambiente físico.



D. Servicio de orientación (médica, psicológica, o asistencial social. etc.), y de referencia hacia los centros de tratamiento.



E. Atención de niños cuyas madres trabajan ("nurseris", "jardines").



F. Programas de recreación, especialmente para niños y adolescentes. -etcétera.




4. Contribución a la atención terapéutica en la sociedad:



A. El mensaje de Reconciliación: Evangelismo relevante (encarnado y coherente).



B. Apoyo de los cambios tendientes a humanizar las condiciones de vida.



C. Provisión de voluntarios para ayudar en hospitales u otros centros de higiene y salud, rehabilitación o reeducación.



D. Colaboración con las comisiones o juntas cooperadoras de hospitales y otros centros de higiene y salud, rehabilitación o reeducación.



E. Servicios de consejo pastoral para individuos y parejas.



F. Servicios de asistencia en otras áreas específicas con la participación de otros profesionales (clínica médica, pediatría, adicción a las drogas, alcoholismo, psicoterapia, asistencia social, etc.).



G. Apoyo directo de las campañas de salud pública.



H. Ayuda en tiempos de catástrofe




Con toda intención hemos incluido muy diversos tipos de planes y acciones posibles: No tenemos ninguna base y ningún derecho para separar lo "sagrado" de lo "secular" en la experiencia y la misión sanadoras de la iglesia de Cristo, si de veras estamos comprometidos a participar de Su naturaleza y de Su misión.



CONCLUSIÓN



Al finalizar este estudio, sintetizamos nuestras reflexiones fundamentales puntualizando brevemente su Contenido:



1. La reconciliación mediante Jesucristo, acceso a la nueva creación y nueva
humanidad, es el motivo y el modelo del carácter terapéutico de la comunidad cristiana. Esta comunidad -en tanto cuerpo de Cristo, participante de su naturaleza y de su misión- es la comunidad terapéutica por excelencia.



2. La disciplina de la reconciliación es el ingrediente esencial de la iglesia como comunidad terapéutica. Con frecuencia se confunde el Reino con los beneficios derivados del Reino, enfatizando las bendiciones "positivas" (las "cosas que serán añadidas") y subestimando u omitiendo a las "negativas" (el 'Yugo" y la "carga" del discipulado). Esta situaci6n refleja la ideología del éxito por encima de la Gracia, y de la "paz en el alma" en lugar de la integridad.



3. El caracter terapéutico de la comunidad cristiana -en función de la salvación o salud como don y voluntad de Dios se realiza y se evidencia integralmente: en las experiencias y actividades "espirituales" cuanto en las relaciones y en el servicio en los otros órdenes de la vida.



4. El carácter terapéutico de la comunidad cristiana se concreta tanto en el seno de la comunidad misma, cuanto en su integración con la sociedad y el mundo. La iglesia no sólo habla o testifica de la salud: es una comunidad saludable y salvadora en la medida de la presencia del Espíritu de Cristo en su medio.




Notas



(1) A Critical Comparison of the Anabaptist View of the Church and the Therapeutic Community in Contemporary Psychiatric Practice.



(2) Discipling the Brother.



(3) Seguimos aquí básicamente la línea del estudio de Yoder, "Binding and Loosing".





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