La iglesia como comunidad terapéutica (Parte 1)

0
"Para ser comunidad plena, la comunidad no es simplemente una cuestión de nacimiento y confirmación de la identidad. Es también una cuestión de sanidad. La primitiva comunidad cristiana experimentaba y comunicaba una clase especial de sanidad. Especial porque era completa: física, moral, espiritual y psicológica. En la comunidad cristiana el individuo es visto como un ser entero. La comunidad sufre con él cuando sufre en un aspecto que llamaremos cuerpo, o en un aspecto qua llamaremos mente, o en un aspecto que llamaremos espíritu. Sea cual fuere su origen, las heridas del individuo son de la comunidad, y se produce la curación que es perdón y aceptación a pesar de todo. El mensaje de la iglesia primitiva no era que el hombre pudiera ser asombrosamente bueno, sino que podía ser tan amado a pesar de su falta de bondad, y que mientras más pudiera dejarse amar, más aumentarán sus posibilidades para el bien".



Earl A. Loomis, La Peregrinación del yo).

Tras el advenimiento y el auge de las técnicas de grupo y la estrategia clínica de la comunidad terapéutica en particular, muchos han expresado que -en última instancia- todo aquello está implícito en la experiencia y el mensaje de la Iglesia desde sus orígenes. Algo similar se suele afirmar respecto al concepto del hombre nuevo y la nueva humanidad, tan prominente en las epístolas paulinas. El problema no es que “otros" estén utilizando ("prestados" o "robados") conceptos y estrategias que nos pertenecen, suponiendo que aquella primera afirmación sea correcta. La cuestión de importancia que nos deberíamos plantear como cristianos más bien es ¿por qué no hemos hecho un aporte más claro y oportuno, de suerte que el testimonio de la Iglesia en su naturaleza, su proclamación y su servicio tuvieran una influencia de veras sanadora y liberadora? Porque la primera cosa que debemos decir de la Iglesia como comunidad terapéutica es que la terapia que tiene lugar no se agota en la comunidad misma, sino que se extiende más allá de los vínculos comunitarios. En otras palabras, esta comunidad no es terapéutica, meramente porque sirve y sana a sus propios miembros, sino porque también ejerce una acción terapéutica en el mundo.

En este trabajo queremos compartir en primer término lo que entendemos como base bíblico-teológica de la Iglesia como comunidad terapéutica, centrada en la misión de Jesucristo. Se trata del fondo y del marco donde aquella encuentra significado, motivación y sentido. En la segunda parte nos concentraremos en la naturaleza y la misión de la Iglesia desde la perspectiva que el titulo sugiere.

1. FUNDAMENTACION BÍBLICO-TEOLOGICA

A. La Reconciliación: Acción Terapéutica de Dios

A través de toda la Sagrada Escritura, Dios se revela interesado y comprometido en la creación y consolidación de un pueblo fiel, en cuyo seno ocurran relaciones en solidaridad y responsabilidad, es decir en la edificación de la comunidad de acuerdo a Su Justicia. Y, junto con esto, en realidad como parte del mismo proceso, encontramos a Dios anhelando y haciendo posible el desarrollo de las capacidades humanas en términos de madurez, siendo Jesucristo la expresión completa de la humanidad, de la Nueva Humanidad.

Debido a que no estamos realmente dispuestos para ese doble logro -comunidad y madurez- a causa de las inhibiciones, contradicciones, hostilidades, desorden, que definen al pecado, Dios ha tomado la iniciativa para hacer posible la liberación que encierra siempre dos aspectos: uno negativo, o "libertad de" y uno positivo, o "libertad para". El tema bíblico central es, evidentemente, el de la redención liberadora motivada y hecha posible por la Gracia. Los hombres liberados son quienes reconocen y aceptan Su señorío. Desde la fundación de Israel, la liberación es una experiencia y una promesa constante. En el Nuevo Testamento, en Jesucristo culmina la obra liberadora de Dios a través del establecimiento del Nuevo Pacto, de la Nueva Creación, donde "...las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo" (II -Cor. 5:17, 18). Todo es tan nuevo, tan radical, que incluso es necesario adoptar una nueva palabra y un nuevo concepto, precisamente el de "Reconciliación".

De modo que, en primer lugar, reconocemos la relación fundamental entre la Reconciliación y la Liberación o Salud, a partir y a través de la Cruz de Cristo. Habíamos mencionado los dos aspectos de la obra liberadora de Dios; en los términos del apóstol Pablo. La Reconciliación mediante Jesucristo proporciona libertad del pecado y de la muerte, pero también "...ahora os he reconciliado ... para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él" (Col. 1:22). O como expresa en la carta a los Romanos (6:22): “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna".

B. La Reconciliación: Terapéutica Integral

El pecado y el mal se manifiestan como desorden (orgánico, mental, institucional, social), debilidad y tendencia a la desintegración. Pero esto no es solo el destino del hombre: los demás seres comparten el sino de la naturaleza caída... "Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será liberada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo". (Rom. 8: 19-23).

Para muchos cristianos, lamentablemente, la reconciliación tiene el sentido limitado y estrecho de una mera relación bipersonal, donde lo que cuenta es alcanzar y mantener la "paz en el alma" o la "Paz con Dios". Si bien no podemos negar que tal tipo de paz generalmente es uno de los beneficios secundarios que se reciben a consecuencia de haber buscado el Reino de Dios, no es menos cierto que reducir los alcances de la Reconciliación a ese estado afectivo se presta fácilmente a la experiencia y el testimonio de la fe cristiana como si se tratase de un tranquilizador. Con el agravante de la inhibición de otras manifestaciones más importantes de la liberación sanadora. En otras palabras, la "paz en el alma", como primer objetivo, resulta un factor de represión y regresión.

Necesitamos mantener la perspectiva del Espíritu Santo actuando a escala social y universal. En la carta a los Colosenses, 1:18-20, encontramos a Cristo como medio y fin de la reconciliación de todas las cosas. Es decir, no se trata simplemente de la salud o salvación personal de los creyentes, sino de algo mucho más inclusivo y revolucionario: la vuelta del mundo al orden de Dios. A pesar de que el triunfo final -que incluye la redención completa, la derrota de la muerte- no es evidente todavía, ya está habilitado el acceso a la Nueva Creación para el que sigue a Jesucristo; la vida (no solamente Su vida) adquiere una perspectiva diferente, particularmente en cuanto a la relación con otros seres humanos; puede percibir y actuar según el marco de la Reconciliación en Cristo. El nuevo pueblo y el hombre nuevo o la nueva humanidad, están en medio de la Nueva Creación en Cristo (Ef. 2:14-16, 4:24; Col. 3:10; Rom. 6:4; Gál. 6:15): madurez y comunidad como realidades posibles e inseparables.

En conexión con lo que señaláramos más arriba sobre la "paz en el alma", atractiva oferta de tantos mensajes evangelísticos, seria bueno insistir sobre la necesidad de no confundir el Reino con los beneficios del Reino. La nueva creación en II Cor. 5:17 es comúnmente interpretada en términos del individuo que cambia o se convierte, cuando el acento debería colocarse en la nueva perspectiva mediante la cual se transforman las relaciones, a la luz del señorío de Cristo. En otras palabras, las implicaciones éticas de la nueva situación son mucho más importantes que las ventajas psicológicas. El Evangelio no es la obtención de la paz "interior", la neutralización de la angustia y la culpa, el hallazgo de una filosofía para la vida, la posibilidad de ubicarse socialmente en una comunidad fraternal, o el refuerzo de la identidad del yo. Estos y otros beneficios están entre las "cosas que os serán añadidas..." cuando lo que de veras vale es la Gracia y la Justicia de Dios. (1)

Es este contexto el que nos permite comprender y actuar no sólo en el marco de la personalidad y de las relaciones interpersonales, sino también frente a la cultura y sus estructuras socio-económicas, políticas, religiosas, que actúan como poderes o "potestades" frecuentemente alienatorios, opresivos y patógenos.

C. Jesucristo como Terapeuta

Concentrándonos ahora en la situación humana desde un enfoque psicológico, es interesante recordar que Jesucristo se presenta como quien sirve y sana, atendiendo a las profundas necesidades y problemas (el "terapeuta" estrictamente hablando (2). Sin duda era reconocido en Palestina como alguien que sana o cura. Más aún los enfermos ejercían para él un atractivo especial (“los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos sino a pecadores", Mr. 2:17). ¿Cuál es su diagnosis esencial, y el tratamiento correspondiente? Siguiendo el excelente ensayo de Macmurray (3), podemos señalar que la falta de fe y de confianza resulta ser el problema fundamental del ser humano. Pero fe y confianza como alternativa al temor en su sentido más profundo. Cuando Jesús utiliza la expresión tener fe o creer, es generalmente en el contexto del miedo y de la desconfianza reinantes, ya sea en los discípulos o en otras personas. La fe y la confianza de que habla Jesús se refieren simplemente a que no hay nada ni nadie por qué temer.

En el escenario del Edén, el pecado trae como consecuencia, precisamente, miedo y desconfianza, no sólo en la relación con Dios sino también respecto a los semejantes y aún los demás seres. Se produce alineación en todos los niveles (hombre-Dios, varón-mujer, hombre-creación, hombre-trabajo). En la Escritura, se reitera vez tras vez la invitación de Dios a la Reconciliación, a superar el temor y la desconfianza que provienen de la alienación y que impiden el doble logro de la madurez en comunidad. Jesús considera el problema en forma peculiar: es necesario liquidar el temor y reemplazarlo por la confianza y la fe, mediante el amor como respuesta de la Gracia. Como se lee sencillamente en I Juan 4:18, 19: "En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde, el que teme no ha sido perfeccionado en el amor".

El temor divide y aísla, crea hostilidad y -al mismo tiempo- es expresión de división y alienación. Paraliza y sabotea las energías vitales. El amor integra y alimenta los vínculos comunitarios. El hecho de ser amados posibilita la disposición y la decisión de amar. Por eso Jesucristo insiste en destacar su amor hacia el hombre y en el hecho de que el Padre le ha amado, como condición y garantía de la capacidad para amar. Para que la cura sea efectiva, es indispensable experimentar aquel Amor, expresión de la Gracia de Dios. Es el camino para quebrar el dominio del temor, y la desconfianza dando lugar a la confianza v a la fe. El amor de que estamos hablando incluye compromiso, responsabilidad; no se trata de una emoción o un sentimiento, sino básicamente de la voluntad y la acción de servir.

Por último, Jesucristo no se limitó a enseñar estas cosas, ni tampoco a realizarlas en su labor terapéutica. Comenzó además la preparación de quienes continuarían con su misión sanadora y liberadora en el mundo: la comunidad de sus seguidores. De ellos se espera que constituyan una verdadera hermandad cuya nota esencial sea el amor fraternal responsable, comprometido. Ese amor (como El ha amado; amando como a El mismo) habrá de neutralizar la presencia incidiosa del temor, posibilitando la libre expresión de fe y de confianza. La existencia de esta hermandad, en tanto Iglesia de Cristo, no se limita a la respuesta a sus propias necesidades. Existe más bien como sociedad abierta y dirigida -encarnación y servicio- hacia el mundo. El poder sanador y liberador de Jesucristo se continua manifestando a través de ella.

D. La Comunidad Cristiana: Terapia Radical

El teólogo John H. Yoder ha señalado con meridiana claridad el carácter revolucionario de la fundación de la Iglesia como comunidad diferente, en contraste con las alternativas que se le presentaban a Jesucristo hace dos milenios, y de las cuales tenemos modelos contemporáneos. Este marco de referencia resulta muy útil para comprender en profundidad el carácter terapéutico de la comunidad cristiana, en la línea de la acción de Dios en la historia. Veamos, pues, brevemente, las cuatro posibilidades que Jesús rechazara antes de destacar los rasgos esenciales de la comunidad cristiana:

1 . El escape del orden establecido, como hicieron los esenios de la antigüedad. La fidelidad a Dios y la vida en comunidad se lograrían más fácilmente si uno pudiese aislarse, lejos de la maldad circundante. Se procura la pureza y santidad más allá de los compromisos y conflictos.

2. La "respectabilidad social", a la manera de los herodianos y saduceos. Se trata de la toma de posiciones para hacer lo mejor posible dentro de las circunstancias dadas, cuidando de no modificar el status quo y sin arriesgarse.

3 . La solución de compromiso, según los fariseos. Se aceptan las circunstancias, pero no se comparten. Se establecen cuidadosas distinciones para mantenerse separado y "puro", dentro del sistema.

4. La confrontación violenta de los zelotes. El orden sociopolítico se desafía mediante la violencia. La injusticia reinante, justifica la fuerza que promete una solución fundamental.

Jesucristo optó por un camino diferente. La radicalidad de su elección reside en la creación de una comunidad con un sello peculiarísimo, con un marco referencial propio v una ética consistente con la Encarnación (4). El reúne a su alrededor una sociedad que tiene rasgos verdaderamente nuevos. Se trata de una asociación voluntaria a la que uno se integra mediante el arrepentimiento y la consagraci6n al Rey. Es una sociedad mixta en cuanto a su composición (diferentes razas, culturas, trasfondos religiosos o clases sociales). Una comunidad cuyos miembros tienen un nuevo estilo de vida: la respuesta redentora del perdón para los ofensores; el sufrimiento frente a la violencia; el compartir las posesiones materiales; el participar en forma cooperativa del aporte particular de los miembros en términos de liderazgo y estructura. Es una comunidad comisionada a desafiar la corrupción imperante mediante la construcción de un orden nuevo sin la destrucción violenta del viejo; con un modelo nuevo en las relaciones interpersonales (entre los sexos, en la familia en la economía, la política, la recreación) en función de una visión especial del significado de la persona humana; con una nueva actitud hacia el Estado y hacia los "enemigos”
En el centro de esta acción terapéutica revolucionaria está el tratamiento específico de la tentación humana fundamental, el dominio: el servicio, y el hecho de ser siervos, toman su lugar. De modo que se trata de una manera nueva de vivir en comunidad. La misma existencia de tal realidad social constituye un cambio profundo (y la amenaza que tales cambios representaron llevaron a Jesucristo al Calvario). Además. en la medida de su fidelidad, resulta ser también el instrumento de cambio social en el sentido de la salud, es decir, de la Justicia y la Gracia de Dios.

Notas:

1. Cf. Yoder, J. H., The Politics of Jesus, pp. 226-228.

2. Terapia proviene del griego, therapéia: Servicio, atención, tratamiento.

3. The Philosophy of Jesus, monografía inédita.

4. Yoder, J. H., "El Nuevo Pueblo de Dios"; The Original Revolution.

© Cristianet.com/Psicopastoral - 2002

Compartir

Más recursos

Sponsor


Suscripción gratuita

Te avisaremos cuando agreguemos nuevos recursos. No te enviaremos más de uno o dos mensajes semanales.