Jesús es el Primero
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“Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos” (San Marcos 10: 42- 43)
Quizás la más grande tentación en la vida toda persona es la exaltación de su ego. Ser el primero en los puestos , ser halagada, recibir honores. Como queriendo demostrar que es diferente, o que es superior a otros. Esta situación se da en todo ámbito social . Queremos señalar, que el deseo del ser humano de superación y crecimiento personal no es dañino, más bien es algo loable. El problema está, cuando en el deseo de superación personal se hace en referencia negativa y de comparación a otras personas, donde se les descalifica e ignora, les excluye, y lo que predomina son los intereses personales y egoístas asociados al ejercicio de poder. A esta situación es la que nos llama la atención el pasaje del Evangelio, y el seguimiento de Jesús.
I
Los discípulos de Jesús discutían permanentemente quién era el más grande, importante o el mayor entre ellos. Vemos que estas discusiones se generaban siempre durante y después de cada anuncio del sufrimiento y muerte de Jesús. En cada oportunidad Jesús puso en medio de ellos o llamó a un niño o varios de ellos (9:36 y 10: 13-16 ). “El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí y el que a mi me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió” (9:37) “De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía” (10:15,16). ¿Por qué Jesús incluye a los niños en el discipulado de sus seguidores? En esta época era un escándalo. De cierta manera, hoy también lo es. Quizás nosotros responderíamos al pro qué Jesús los incluye desde nuestra percepción occidental y antropocéntrica, “Bueno los niños son humildes, no tienen malicia...” e incluiríamos en una lista lo relacionado a “cualidades” de los niños. Nada más apartado de la realidad y de ese contexto. Si lo vemos desde la perspectiva psicológica de la niñez, los niños son los más egoístas, posesivos y quieren ser el centro de atención en todo momento. Sería todo lo contrario a lo que quiere enseñar este pasaje. Jesús incluye a los niños en su mensaje no por sus cualidades personales de esto sino porque en la práctica necesitaban todo, no eran nada, eran los excluidos, “los que no tenían voz”, eran vistos si eran varones como “futura mano de obra” o “potenciales esclavos en paga por servicios”.Si era niña era vista como un desperdicio de tiempo, ya que no les era útil. Los niños, al igual que las mujeres, viudas, huérfanos y extranjeros, eran los que no tenían voz, eran lo más bajo, y los que no tenían quien levantara su voz y les defendiera . Los discípulos “reprendían a los que les presentaban” (10:13). Ellos también hacían exclusión. Hoy, en muchas comunidades religiosas también se les niega a los niños el acceso a los medios de gracia o Sacramentos, pensando en que el ser humano tiene que tener alguna cualidad espiritual o poner “algo de su parte o decisión personal”. También existe una corriente de pensamiento que dice que los niños no necesitan de Dios porque ellos nacen sin pecado. La Sagrada Escritura afirma: “He aquí en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre” (Sal 51:3). Los niños también necesitan de Dios al igual que todo ser humano: “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gracia de Dios” (Rom 3:23). Jesús coloca en medio de sus discípulos a aquellos que no tienen voz, no porque haya algo bueno en ellos, sino porque ellos son excluidos y también necesitan de Cristo, para que sea por gracia. Toda la discusión o argumento entre los discípulos para ver quien era el más importante o que merecía por sus cualidades personales, acercamiento o parentesco con Jesús ser el mayor, se desbarata.
En otras palabras, Jesús tiene que pasar por la vida de sus discípulos, calar en sus vidas y pensamientos. Ellos no comprendían el significado de ser de los suyos. Por eso aparte de conocer sus enseñanzas, Jesús los convidaba a que le siguieran , le acompañaran y caminaran con él, para que con este caminar con Jesús “Cristo fuese formado en ellos”(Gálatas 4:19). Más que asimilar un contenido doctrinal, era un experiencia de vida con Cristo a la luz de la Palabra. Pedro, uno de los discípulos, que muchos catalogarían de privilegiado por su cercanía a Jesús, mostraba claramente que no entendía el ministerio de Jesús. Era uno que quería ser también ser el mayor, quizás, pensaría él que por ser uno de los primeros llamados, tenía este derecho. Jesús en la oportunidad que lavó los pies de sus discípulos, Pedro le dijo a Jesús: “No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (Jn 13:8). Jesús muestra con la actitud de un esclavo o siervo cual es su propósito. Pese a que Pedro confiesa correctamente que Jesús es el Cristo (Mc 8:29) , se niega a aceptar en la práctica que el Cristo o Mesías debe ser entregado a las autoridades, morir y resucitar. Frente a la negativa permanente de Pedro de rechazar la Cruz el sufrimiento y muerte de Jesús en su primer anuncio: “Señor de manera alguna te acontezca esto” (ver 8: 31-38), Jesús, de manera enérgica y firme: “volviéndose y mirando a sus discípulos les dijo: ¡Quítate de mí Satanás! Porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en la de los hombres. Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere ser venir en pos de mí, niéguese a si mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá y todo el que pierda su vida por causa de mí, la salvará” (v.33). Estas palabras adquieren un peso mucho mayor, cuando son leídas y meditadas a la luz del contraste entre el puesto de honor y gloria que buscaban los discípulos y el propósito y voluntad de Jesús de ir a la cruz y “entregar su vida en rescate de muchos”. En primer lugar, el negarse a si mismo es el escándalo para el mundo, reconocer que no es por méritos humanos que se es discípulo, sino en recibir a Cristo en la condición de necesitado, marginado y excluido como un niño que no tiene voz, que es frágil, que tiene que ser llevado, orientado, educado y protegido, porque si no es así, está en riesgo de vivir esclavizado y de muerte. “Somos mendigos, eso es verdad..” (Lutero). En segundo lugar, tomar la cruz es reconocer a la luz del Evangelio, que no es la vía egoísta de la búsqueda de gloria o mérito personal, del ejercicio del poder, éxito personal o prosperidad, o altos puestos. Esto no es lo grande en el reino, sino en saber y confiar que solo la cruz y el sufrimiento de Cristo por nosotros para nuestra justificación, es el camino del seguimiento. Esta cruz de Cristo, que es la cruz que llevó por nosotros, es también nuestra cruz. Es nuestra, porque en ella Cristo nos reconcilia con Dios “ no con oro, ni con plata, sino al derramar su preciosa sangre por medio de su inocente pasión y muerte” . Hace a la Cruz nuestra por pura misericordia. En el bautismo fuimos sepultados juntamente con Cristo por “medio del lavamiento de la regeneración y de la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5), encontramos perdón, vida y salvación. Es también cruz del discípulo, porque en ella es liberado del “egoísmo colectivo”, siendo señal de muerte para este mundo, más es también señal de victoria de Cristo sobre los poderes y potestades que dominan este mundo. Esta cruz también es cruz del discípulo, porque Cristo les dio juntamente con él vida en abundancia al resucitar de entre los muertos. Tomar la cruz de Cristo es confiar en todo lo que hizo El por la salvación y el cuidado de sus vidas De ahí la gratitud del discípulo, traducida en servicio gozoso y amor fraternal en la comunidad, en la Iglesia y en la sociedad. El seguimiento de Jesús no es el ejercicio del poder, sino del servicio.
II
Jesús nos enseña que la verdadera autoridad o poder está en el servicio. Comentando este pasaje Bonhoeffer escribía:
“Jesús ha ligado toda autoridad en la comunidad al servicio fraternal. La autentica autoridad espiritual existe solamente allí donde se cumple el servicio del oír, del ayudar, del sobrellevar y del anunciar. Todo culto rendido al individuo que se extienda a las cualidades importantes, capacidades extraordinarias, los poderes y talentos de otro –por espiritual que sea su índole- es mundano y no tiene cabida dentro de la comunidad cristiana al contrario, la envenena. El anhelo –tan difundido en nuestros días- de tener “figuras episcopales”, “hombres sacerdotales”, “personalidades plenipotentes” mana con harta frecuencia de la enfermiza necesidad espiritual de admirar a hombres de crear la autoridad humana visible por parecernos demasiado humilde la auténtica autoridad del servicio. Nada contradice con más vigor que el Nuevo Testamento en su descripción del obispo (ITim 3:1 sgtes.) Nada se encuentra allí del encanto de dotes humanos, de las brillantes cualidades de una personalidad espiritual. El obispo es el hombre sencillo, sano y fiel en fe y vida, que ejerce rectamente su servicio a la comunidad. Su autoridad está basada en el cumplimiento de su servicio. Nada hay de admirable en el hombre en sí. en último término la manía de conquistar una autoridad no legítima siempre acabará por tratar de establecer alguna relación directa, alguna atadura humana dentro de la Iglesia. La autoridad auténtica sabe que todo proceder es nefasto, ante todo en asuntos relacionados con la autoridad sabe que únicamente puede mantenerse al servicio de Aquél que posee la única autoridad. La legítima autoridad está atada en el sentido más severo a la palabra de Jesús: “Uno es vuestro Maestro, el Cristo y todos vosotros sois hermanos” (Mat. 23:8) La comunidad no necesita de de personalidades brillantes, sino de fieles servidores de Jesús y de los hermanos. Y no le faltan los primeros sino estos últimos. La comunidad entregará su confianza tan solo al sencillo servidor de la palabra de Jesús por saber que así no será guiada por sabiduría humana y vanidad humana, sino por la palabra del Buen Pastor. El problema de la confianza espiritual que tan estrecha relación guarda con el problema de la autoridad, encuentra su solución en la fidelidad con que la persona se ponga al servicio de Jesucristo pero jamás en los dones extraordinarios de que dispone. Autoridad pastoral sólo podrá hallar aquel servidor de Jesús que no busca su propia autoridad aquél que, inclinado él bajo la autoridad de la Palabra, es hermano entre hermanos”
Jesús es el primero quien nos fortalece y conduce como hijos suyos a servirle a El y a nuestro prójimo. Sólo en El podemos caminar en esta verdad, en la sencillez, confiando y descansando en Su Palabra. Solo a El podemos ir y descansar en la Palabra del Buen Pastor.
Que el Señor por medio de su Palabra nos mantenga siempre en esa visión. Amén.
NOTAS
1- Los hombres de la casa eran sus amos. “la mujer, igual que el esclavo no judío y el niño menor, tiene a un hombre como dueño” Qid. 30b Billerbeck, III, 552. Joachim Jeremías. Jerusalén en tiempos de Jesús. Ed Cristiandad. Madrid. 1985.p. 386.
2- Esta antigua herejía semi-pelagiana está aún presente en muchos grupos religiosos.
3- Pedro reconocería la dimensión de lo que Jesús le estaba enseñando, sólo cuarenta días después de la resurrección y luego en Pentecostés.
4- En este pasaje se establece bien el contraste entre la gloria y la cruz. Frente a la “Teología de la Gloria” que los Entusiastas exaltados pregonaban que establecía el éxito, el reconocimiento y la gloria personal, Lutero enfatizaba tomando como referencia la Escritura la “Teología de la Cruz”. Hoy vemos tanto en la teología
como en las praxis de muchas prácticas de comunidades religiosas este énfasis antibíblico en el éxito, los números, la prosperidad y la gloria...
5- Catecismo Menor Martín Lutero. Explicación del segundo Artículo del Credo. Concordia St. Louis. Mo 1961.
6- Vida en Comunidad . Editorial La Aurora. Buenos Aires.1966 p. 108-110
Quizás la más grande tentación en la vida toda persona es la exaltación de su ego. Ser el primero en los puestos , ser halagada, recibir honores. Como queriendo demostrar que es diferente, o que es superior a otros. Esta situación se da en todo ámbito social . Queremos señalar, que el deseo del ser humano de superación y crecimiento personal no es dañino, más bien es algo loable. El problema está, cuando en el deseo de superación personal se hace en referencia negativa y de comparación a otras personas, donde se les descalifica e ignora, les excluye, y lo que predomina son los intereses personales y egoístas asociados al ejercicio de poder. A esta situación es la que nos llama la atención el pasaje del Evangelio, y el seguimiento de Jesús.
I
Los discípulos de Jesús discutían permanentemente quién era el más grande, importante o el mayor entre ellos. Vemos que estas discusiones se generaban siempre durante y después de cada anuncio del sufrimiento y muerte de Jesús. En cada oportunidad Jesús puso en medio de ellos o llamó a un niño o varios de ellos (9:36 y 10: 13-16 ). “El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí y el que a mi me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió” (9:37) “De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía” (10:15,16). ¿Por qué Jesús incluye a los niños en el discipulado de sus seguidores? En esta época era un escándalo. De cierta manera, hoy también lo es. Quizás nosotros responderíamos al pro qué Jesús los incluye desde nuestra percepción occidental y antropocéntrica, “Bueno los niños son humildes, no tienen malicia...” e incluiríamos en una lista lo relacionado a “cualidades” de los niños. Nada más apartado de la realidad y de ese contexto. Si lo vemos desde la perspectiva psicológica de la niñez, los niños son los más egoístas, posesivos y quieren ser el centro de atención en todo momento. Sería todo lo contrario a lo que quiere enseñar este pasaje. Jesús incluye a los niños en su mensaje no por sus cualidades personales de esto sino porque en la práctica necesitaban todo, no eran nada, eran los excluidos, “los que no tenían voz”, eran vistos si eran varones como “futura mano de obra” o “potenciales esclavos en paga por servicios”.Si era niña era vista como un desperdicio de tiempo, ya que no les era útil. Los niños, al igual que las mujeres, viudas, huérfanos y extranjeros, eran los que no tenían voz, eran lo más bajo, y los que no tenían quien levantara su voz y les defendiera . Los discípulos “reprendían a los que les presentaban” (10:13). Ellos también hacían exclusión. Hoy, en muchas comunidades religiosas también se les niega a los niños el acceso a los medios de gracia o Sacramentos, pensando en que el ser humano tiene que tener alguna cualidad espiritual o poner “algo de su parte o decisión personal”. También existe una corriente de pensamiento que dice que los niños no necesitan de Dios porque ellos nacen sin pecado. La Sagrada Escritura afirma: “He aquí en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre” (Sal 51:3). Los niños también necesitan de Dios al igual que todo ser humano: “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gracia de Dios” (Rom 3:23). Jesús coloca en medio de sus discípulos a aquellos que no tienen voz, no porque haya algo bueno en ellos, sino porque ellos son excluidos y también necesitan de Cristo, para que sea por gracia. Toda la discusión o argumento entre los discípulos para ver quien era el más importante o que merecía por sus cualidades personales, acercamiento o parentesco con Jesús ser el mayor, se desbarata.
En otras palabras, Jesús tiene que pasar por la vida de sus discípulos, calar en sus vidas y pensamientos. Ellos no comprendían el significado de ser de los suyos. Por eso aparte de conocer sus enseñanzas, Jesús los convidaba a que le siguieran , le acompañaran y caminaran con él, para que con este caminar con Jesús “Cristo fuese formado en ellos”(Gálatas 4:19). Más que asimilar un contenido doctrinal, era un experiencia de vida con Cristo a la luz de la Palabra. Pedro, uno de los discípulos, que muchos catalogarían de privilegiado por su cercanía a Jesús, mostraba claramente que no entendía el ministerio de Jesús. Era uno que quería ser también ser el mayor, quizás, pensaría él que por ser uno de los primeros llamados, tenía este derecho. Jesús en la oportunidad que lavó los pies de sus discípulos, Pedro le dijo a Jesús: “No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (Jn 13:8). Jesús muestra con la actitud de un esclavo o siervo cual es su propósito. Pese a que Pedro confiesa correctamente que Jesús es el Cristo (Mc 8:29) , se niega a aceptar en la práctica que el Cristo o Mesías debe ser entregado a las autoridades, morir y resucitar. Frente a la negativa permanente de Pedro de rechazar la Cruz el sufrimiento y muerte de Jesús en su primer anuncio: “Señor de manera alguna te acontezca esto” (ver 8: 31-38), Jesús, de manera enérgica y firme: “volviéndose y mirando a sus discípulos les dijo: ¡Quítate de mí Satanás! Porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en la de los hombres. Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere ser venir en pos de mí, niéguese a si mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá y todo el que pierda su vida por causa de mí, la salvará” (v.33). Estas palabras adquieren un peso mucho mayor, cuando son leídas y meditadas a la luz del contraste entre el puesto de honor y gloria que buscaban los discípulos y el propósito y voluntad de Jesús de ir a la cruz y “entregar su vida en rescate de muchos”. En primer lugar, el negarse a si mismo es el escándalo para el mundo, reconocer que no es por méritos humanos que se es discípulo, sino en recibir a Cristo en la condición de necesitado, marginado y excluido como un niño que no tiene voz, que es frágil, que tiene que ser llevado, orientado, educado y protegido, porque si no es así, está en riesgo de vivir esclavizado y de muerte. “Somos mendigos, eso es verdad..” (Lutero). En segundo lugar, tomar la cruz es reconocer a la luz del Evangelio, que no es la vía egoísta de la búsqueda de gloria o mérito personal, del ejercicio del poder, éxito personal o prosperidad, o altos puestos. Esto no es lo grande en el reino, sino en saber y confiar que solo la cruz y el sufrimiento de Cristo por nosotros para nuestra justificación, es el camino del seguimiento. Esta cruz de Cristo, que es la cruz que llevó por nosotros, es también nuestra cruz. Es nuestra, porque en ella Cristo nos reconcilia con Dios “ no con oro, ni con plata, sino al derramar su preciosa sangre por medio de su inocente pasión y muerte” . Hace a la Cruz nuestra por pura misericordia. En el bautismo fuimos sepultados juntamente con Cristo por “medio del lavamiento de la regeneración y de la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5), encontramos perdón, vida y salvación. Es también cruz del discípulo, porque en ella es liberado del “egoísmo colectivo”, siendo señal de muerte para este mundo, más es también señal de victoria de Cristo sobre los poderes y potestades que dominan este mundo. Esta cruz también es cruz del discípulo, porque Cristo les dio juntamente con él vida en abundancia al resucitar de entre los muertos. Tomar la cruz de Cristo es confiar en todo lo que hizo El por la salvación y el cuidado de sus vidas De ahí la gratitud del discípulo, traducida en servicio gozoso y amor fraternal en la comunidad, en la Iglesia y en la sociedad. El seguimiento de Jesús no es el ejercicio del poder, sino del servicio.
II
Jesús nos enseña que la verdadera autoridad o poder está en el servicio. Comentando este pasaje Bonhoeffer escribía:
“Jesús ha ligado toda autoridad en la comunidad al servicio fraternal. La autentica autoridad espiritual existe solamente allí donde se cumple el servicio del oír, del ayudar, del sobrellevar y del anunciar. Todo culto rendido al individuo que se extienda a las cualidades importantes, capacidades extraordinarias, los poderes y talentos de otro –por espiritual que sea su índole- es mundano y no tiene cabida dentro de la comunidad cristiana al contrario, la envenena. El anhelo –tan difundido en nuestros días- de tener “figuras episcopales”, “hombres sacerdotales”, “personalidades plenipotentes” mana con harta frecuencia de la enfermiza necesidad espiritual de admirar a hombres de crear la autoridad humana visible por parecernos demasiado humilde la auténtica autoridad del servicio. Nada contradice con más vigor que el Nuevo Testamento en su descripción del obispo (ITim 3:1 sgtes.) Nada se encuentra allí del encanto de dotes humanos, de las brillantes cualidades de una personalidad espiritual. El obispo es el hombre sencillo, sano y fiel en fe y vida, que ejerce rectamente su servicio a la comunidad. Su autoridad está basada en el cumplimiento de su servicio. Nada hay de admirable en el hombre en sí. en último término la manía de conquistar una autoridad no legítima siempre acabará por tratar de establecer alguna relación directa, alguna atadura humana dentro de la Iglesia. La autoridad auténtica sabe que todo proceder es nefasto, ante todo en asuntos relacionados con la autoridad sabe que únicamente puede mantenerse al servicio de Aquél que posee la única autoridad. La legítima autoridad está atada en el sentido más severo a la palabra de Jesús: “Uno es vuestro Maestro, el Cristo y todos vosotros sois hermanos” (Mat. 23:8) La comunidad no necesita de de personalidades brillantes, sino de fieles servidores de Jesús y de los hermanos. Y no le faltan los primeros sino estos últimos. La comunidad entregará su confianza tan solo al sencillo servidor de la palabra de Jesús por saber que así no será guiada por sabiduría humana y vanidad humana, sino por la palabra del Buen Pastor. El problema de la confianza espiritual que tan estrecha relación guarda con el problema de la autoridad, encuentra su solución en la fidelidad con que la persona se ponga al servicio de Jesucristo pero jamás en los dones extraordinarios de que dispone. Autoridad pastoral sólo podrá hallar aquel servidor de Jesús que no busca su propia autoridad aquél que, inclinado él bajo la autoridad de la Palabra, es hermano entre hermanos”
Jesús es el primero quien nos fortalece y conduce como hijos suyos a servirle a El y a nuestro prójimo. Sólo en El podemos caminar en esta verdad, en la sencillez, confiando y descansando en Su Palabra. Solo a El podemos ir y descansar en la Palabra del Buen Pastor.
Que el Señor por medio de su Palabra nos mantenga siempre en esa visión. Amén.
NOTAS
1- Los hombres de la casa eran sus amos. “la mujer, igual que el esclavo no judío y el niño menor, tiene a un hombre como dueño” Qid. 30b Billerbeck, III, 552. Joachim Jeremías. Jerusalén en tiempos de Jesús. Ed Cristiandad. Madrid. 1985.p. 386.
2- Esta antigua herejía semi-pelagiana está aún presente en muchos grupos religiosos.
3- Pedro reconocería la dimensión de lo que Jesús le estaba enseñando, sólo cuarenta días después de la resurrección y luego en Pentecostés.
4- En este pasaje se establece bien el contraste entre la gloria y la cruz. Frente a la “Teología de la Gloria” que los Entusiastas exaltados pregonaban que establecía el éxito, el reconocimiento y la gloria personal, Lutero enfatizaba tomando como referencia la Escritura la “Teología de la Cruz”. Hoy vemos tanto en la teología
como en las praxis de muchas prácticas de comunidades religiosas este énfasis antibíblico en el éxito, los números, la prosperidad y la gloria...
5- Catecismo Menor Martín Lutero. Explicación del segundo Artículo del Credo. Concordia St. Louis. Mo 1961.
6- Vida en Comunidad . Editorial La Aurora. Buenos Aires.1966 p. 108-110
