Génesis 17:3-9

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Un hombre muy enamorado y no correspondido en su amor, encontró la lámpara de Aladino tirada por ahí. Como era un buen lector, el hombre la reconoció y la frotó. El genio apareció, hizo una reverencia, se ofreció: “Estoy a su servicio, amo. Pídame un deseo, y será cumplido.” El hombre vio la oportunidad y le pidió: “Deseo que María, a quien amo con todo mi corazón, me corresponda”. El genio cumplió su deseo, pero, sin embargo, el hombre quedó desencantado y se dio cuenta cuán erróneo había sido su pedido: María se había enamorado de él, pero no por la voluntad de ella no por haber sido “conquistada” por él: ese amor no era genuino, no tenía “gracia”. Así sucede con Dios. El nos ama profundamente y, como todo amor que se precie, anhela ser correspondido. Pero pretende que nuestro amor hacia Él sea genuino, como el suyo, que surja de nuestro corazón. Por ello es que hizo un pacto con Abraham, colocándose a su misma altura, corriendo el riesgo de no ser correspondido. Así, hoy también, nos propone un Nuevo Pacto a cada uno de nosotros, garantizado por su amor y fidelidad expresado en la vida, muerte y resurrección de su Hijo Jesucristo. Y esa correspondencia no es como la del amor de pareja, que queda encerrada entre sus integrantes, sino que se expresa amando a nuestro/a hermano/a. De esta manera, como con Abraham, muchos serán bendecidos. Que puedas ser instrumento de bendición. Amén.

Gustavo D. Romero

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