Frente al sufrimiento
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Bueno es para mí el haber sido afligido, a fin de que
aprenda tus estatutos. - Salmo 119:71 V.M.
Nuestra actitud frente al sufrimiento :
Lo que importa en las pruebas es nuestra reacción frente a ellas,pues ésta dejará una secuela moral y espiritual en nuestro carácter.
Aunque las circunstancias están fuera de nuestro control, con la ayuda de Dios podemos dominar nuestras reacciones. En las tribulaciones debemos optar entre dos actitudes, una es inconveniente y conduce al
deterioro del carácter y al agotamiento. Lleva a compadecerse de sí mismo, abarca la frustración, la rebelión contra Dios y el prójimo, el resentimiento, las quejas y la depresión.
Según la Palabra de Dios, el sufrimiento no es un accidente, sino un don que debemos apreciar; se deberían aprovechar la aflicción y las desgracias para fortalecer el carácter y dar testimonio de nuestra condición de creyentes, y no para desperdiciarlas en lamentaciones, quejas y desalientos. Rechazar las difíciles circunstancias que Dios permite para nuestro
bien conduce a derrotas en nuestras vida espiritual; así se malgasta lo que Dios había preparado con amor para nuestro crecimiento.
Por medio de una paciente sumisión, el sufrimiento se transforma en rasgos de carácter que dejan una imborrable marca en nuestra vida espiritual y en la de otros. Si comprendemos que la gracia puede dominar
nuestras dificultades y enseñarnos el amor y la caridad, emplearemos las pruebas para obtener una eterna ganancia, porque "las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que
en nosotros ha de manifestarse" (Romanos 8:11).
aprenda tus estatutos. - Salmo 119:71 V.M.
Nuestra actitud frente al sufrimiento :
Lo que importa en las pruebas es nuestra reacción frente a ellas,pues ésta dejará una secuela moral y espiritual en nuestro carácter.
Aunque las circunstancias están fuera de nuestro control, con la ayuda de Dios podemos dominar nuestras reacciones. En las tribulaciones debemos optar entre dos actitudes, una es inconveniente y conduce al
deterioro del carácter y al agotamiento. Lleva a compadecerse de sí mismo, abarca la frustración, la rebelión contra Dios y el prójimo, el resentimiento, las quejas y la depresión.
Según la Palabra de Dios, el sufrimiento no es un accidente, sino un don que debemos apreciar; se deberían aprovechar la aflicción y las desgracias para fortalecer el carácter y dar testimonio de nuestra condición de creyentes, y no para desperdiciarlas en lamentaciones, quejas y desalientos. Rechazar las difíciles circunstancias que Dios permite para nuestro
bien conduce a derrotas en nuestras vida espiritual; así se malgasta lo que Dios había preparado con amor para nuestro crecimiento.
Por medio de una paciente sumisión, el sufrimiento se transforma en rasgos de carácter que dejan una imborrable marca en nuestra vida espiritual y en la de otros. Si comprendemos que la gracia puede dominar
nuestras dificultades y enseñarnos el amor y la caridad, emplearemos las pruebas para obtener una eterna ganancia, porque "las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que
en nosotros ha de manifestarse" (Romanos 8:11).
