Felicidades pedicador!
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En un restaurante, se encontraban dos borrachos sentados a una mesa. Uno
de ellos le dijo al otro: -"Tú no sabes cuánto yo te amo". El otro
respondió: -"¿Tú sabes lo que a mí me duele?
-¿Cómo voy a saber lo que te duele a ti?
-Entonces, ¿cómo puedes decir que me amas si no sabes lo que me duele?
Un pastor que escuchó el diálogo, dijo que esa conversación lo llevó a
comprender el verdadero significado del amor, y agregó que todo predicador al
presentarse ante la congregación debe sentir que ésta le pregunta: "Si tú no
sabes lo que me duele, ¿cómo puedes amarme?"
Todos sabemos que para que una predicación resulte en verdad efectiva, es
esencial que sea respaldada por el Espíritu de Dios que es todo amor y
misericordia hacia las almas y es precisamente el amor lo que debe motivarnos
a predicar.
Muchas veces hemos oído decir algo que creemos muy cierto y es que
podemos, en ocasiones, predicar un mejor mensaje con nuestra vida que con
nuestros labios. Podemos vivir una vida que sea un mensaje poderoso y
transformador, que inspire a otros a superarse y a vivir mejor. También se
ha dicho que el mejor mensaje que se predica no es el que hace exclamar ¡qué
gran mensaje! Sino ¡tengo que hacer algo!
Para aquellos que entienden lo que les duele a los demás; para los que
aman y luchan por enriquecer las vidas de los otros; para los que
predicando, cantando o simplemente viviendo bien inspiran a otros a "hacer
algo", tengo estas palabras sinceras, ¡Felicidades, Predicador!
"Predicad, no porque tenéis que decir algo, sino porque tenéis algo que decir"
de ellos le dijo al otro: -"Tú no sabes cuánto yo te amo". El otro
respondió: -"¿Tú sabes lo que a mí me duele?
-¿Cómo voy a saber lo que te duele a ti?
-Entonces, ¿cómo puedes decir que me amas si no sabes lo que me duele?
Un pastor que escuchó el diálogo, dijo que esa conversación lo llevó a
comprender el verdadero significado del amor, y agregó que todo predicador al
presentarse ante la congregación debe sentir que ésta le pregunta: "Si tú no
sabes lo que me duele, ¿cómo puedes amarme?"
Todos sabemos que para que una predicación resulte en verdad efectiva, es
esencial que sea respaldada por el Espíritu de Dios que es todo amor y
misericordia hacia las almas y es precisamente el amor lo que debe motivarnos
a predicar.
Muchas veces hemos oído decir algo que creemos muy cierto y es que
podemos, en ocasiones, predicar un mejor mensaje con nuestra vida que con
nuestros labios. Podemos vivir una vida que sea un mensaje poderoso y
transformador, que inspire a otros a superarse y a vivir mejor. También se
ha dicho que el mejor mensaje que se predica no es el que hace exclamar ¡qué
gran mensaje! Sino ¡tengo que hacer algo!
Para aquellos que entienden lo que les duele a los demás; para los que
aman y luchan por enriquecer las vidas de los otros; para los que
predicando, cantando o simplemente viviendo bien inspiran a otros a "hacer
algo", tengo estas palabras sinceras, ¡Felicidades, Predicador!
"Predicad, no porque tenéis que decir algo, sino porque tenéis algo que decir"
