Expresando nuestra Fe en el Señor

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Expresando nuestra Fe en el Señor

Hoy me ha tocado reflexionar acerca de un tema que puede resultar difícil, complejo y hasta con múltiples aristas: el espectáculo desarrollado por el grupo de teatro (C.T.C.) de la Iglesia de Flores en uno de los cultos del año que acabamos de dejar atrás.

Existieron varias y variadas opiniones pero, podemos clasificarlas en dos para simplificar nuestra tarea: la exposición de nuestro hermano al finalizar el culto, acerca del peligro que significa convertir a la Casa de Dios en un “Circo Tihanny” cualquiera y, la que estuvo entre bambalinas, aceptando agradecidos la entrega del elenco teatral.

Deseo comenzar por detrás y continuar por adelante. Es decir, observando, en primer lugar, el meollo de la cuestión para luego pasar a algunas de las motivaciones inconscientes que, por ser tales, permanecen ocultas.

Definir, como cuestión primordial, como asunto de fondo, que esta expresión artística, ene ese lugar y de esa manera, no se contradice con el espíritu del Evangelio. Prueba de ellos es la exhortación en los Salmos a alabar a Dios con palmas, instrumentos y danzas. El problema, entonces, pasa a ser de forma, de usos y costumbres, de ideas con una justificación válida para el que las expresa, de tradiciones y hasta (y seamos sinceros) de gustos.

Entonces, comprendámonos. Con una comprensión que no surge de otro lugar sino del amante mandamiento principal. Y esto no es posible si, en una actitud teatral, no nos ponemos en el lugar del otro, como si fuera un personaje amado, y pensamos y sentimos como él. Y así, cada uno, reconociendo sus errores y verificando parte de esas cuestiones formales que a veces tenemos tan arraigadas, compartimos dando cauce a las manifestaciones de la fe en nuestro Señor, por parte de cada uno de los grupos.

Pero, voy a decirles algo más para aquellos que aún siguen aferrados a las formas de culto tradicionales: Estamos cayendo en el peligro de hacer del culto algo meramente intelectual, cuando Dios quiere que adoremos con todo nuestro “Yo”: con todo nuestro cuerpo y nuestros sentidos. Como decía muy bien el pastor Jorge León en una ocasión, dando un ejemplo que él lo llamó “chabacano”: “Es como una banana. La cáscara es nuestra cultura evangélica, la parte nutritiva el Evangelio en sí. Nos estamos comiendo la cáscara y arrojando lo importante de ese fruto. Y así es que luego sufrimos grandes dolores”.

Con todo esto no pretendo decir que cada uno haga lo que se le antoja sin respeto, sino saber dar cauce a todas las expresiones.

Y para esto y aquí paso por último a una de las motivaciones ocultas, aún, a veces, para muchas de las personas en las cuales están enraizadas. Y para esto, repito, nuestros hermanitos mayores, los de más experiencia (cosa que pocas veces tomamos en cuenta), los de la tercera edad, deben asumir una amplia participación en las decisiones. Permitiéndoles e impulsándoles a que participen. Así tendremos la Iglesia, no que nosotros deseamos, sino que Dios quiere. Amén.

Gustavo D. Romero
(I.E.M.A. de Flores)
(Comienzos del año 1984 – 20 años de edad)

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