Espiritualidad de la calle…

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Salir a caminar las calles de Matanzas (Cuba) en las mañanas, especialmente en el centro, es enfrentar una ola humana que se apresura a recorrer puestos y tiendas, o tal vez de prisa a la escuela o el trabajo. Cada uno va con su carga de problemas a cuestas, con sus trasiegos y pensamientos del día.

Es precisamente en este espacio profano que se desliza el caminante viejo, el mulato Alfredo , que con su bastón y sus lentos pasos se convierte en parte del paisaje diario. Pero que tiene el acierto de darle el toque divino al día haciendo así una diferencia en nuestro andar. Es, que por encima de su impedimento, aflora en Alfredo una sonrisa llena de cariño y una mano fuerte que se extiende para apretarnos y preguntarnos por la familia, con una imperturbable mirada llena de paz y de luz.

Alfredo es un hombre humilde, anciano con sus dificultades, que se goza en la amistad. Es un chispazo, una señal que Dios nos ha dado para decirnos, que Él también anda por nuestras calles, dejándonos su rastro de amor en el caminar. Gracias, Alfredo, por tu vida, Dios habita en tu sonrisa.

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