Entonces Dios me dijo: Desperfectos

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Se me descompuso el auto -a kilómetros de distancia de
cualquier parte. Tuve que caminar más de un kilómetro hasta un
teléfono. Cuando volví, el capot estaba levantado y había una
camionetita amarilla estacionada un poco más allá.

- "Este sí que es un servicio rápido", dije, y una voz estridente
empezó a cantar desde abajo del capot:

- "Nuestra fortaleeeeza, nuestra proteccióóóón, nuestro pronto auxiiiilio..."

Era Dios, con una llave en una mano y pernos y tuercas aceitados en
la otra.
Le dije:

- "¿Qué estás haciendo aquí?"

- "Sacando una mosca de tu carburador", contestó.

- No sabía que la mecánica fuera una de tus especialidades", dije.

- "Servicio las 24 horas del día", dijo.

- "Especialista en averías. He estado pensando en eso", dije.

- ¿En qué?", dijo Dios, volviendo a atornillar los pernos.

- "En la forma en que aparecés en los momentos de crisis".

- "Es el único momento que tengo para aparecer", dijo.

- "Acordate cómo corría la gente de vuelta a la iglesia durante la
guerra".

- "De eso estoy hablando", le dije. "Ya es tarde para pedir ayuda
cuando han empezado una crisis sin ayuda de nadie. Deberían
haberte llamado a vos en primer lugar para que les ayudaras a
evitarla".

- "A ver, probalo ahora", dijo. Me metí en el auto y lo hice arrancar.

Perfecto.

- "¿Un poco de te?, le pregunté.

- "Creo que te lo voy a aceptar", dijo Dios, y se sentó al lado mío en
el auto.

- "¿No estabas hablando en serio, no?", preguntó.

- "¿De qué?", dije.

- "Eso de que la gente me llame antes de que suceda lo peor", dijo.

- "Pero, dale...," dije. "Vos no querrías que esperemos hasta que ya no
haya esperanza, ¿no es cierto?"

Empezó a murmurar algo en la taza de te. 'El principio de la
salvación es la desesperación' - "¿Quién lo dijo?" Pero luego
agregó:

- "No, realmente no quisiera. Pero ya estoy acostumbrado. Es
lógico que nadie me quiera cuando las cosas andan bien."

- "Pero no es justo", dije.

- "Es natural", dijo Dios. "Piensan que se pueden arreglar solos".

- "Pero no pueden, ¿no es cierto?", dije. "Vos has escuchado como
gritan cuando las cosas van mal: '¿Qué he hecho para merecer esto?'.
Esperan que vos seas justo."

- "No, no es eso", dijo. "No esperan para nada que yo sea justo.
Esperan que los quiera. Saben bien cuál es mi debilidad".

- "¿Debilidad?", exclamé.

- Dios dijo: "el amor".

Yo estaba confundido. "Creía que el amor era fortaleza".

- "Puede ser", dijo. "Pero no es justo, ¿no? La naturaleza del amor es
dar más de lo que recibe. Así y todo... puedo darme el gusto de
hacerlo."

Dije:

- "Dios, me tenés preocupado. ¿Querés decir que la gente puede
actuar como se le dé la gana? ¿Ignorarte? ¿Olvidarte? ¿Cometer toda
clase de crímenes, ser hipócrita; y salirse con la suya?"

Él dijo:

- "No. Puedo darme el gusto de amar tan libremente porque he
incluido la justicia en el esquema total de las cosas. Se maneja
solo."

Dije:

- "No lo creo".

No pareció sorprenderse.

- "Sé que es difícil", dijo. "Ustedes piensan
que la vida no es justa porque ven que los seres humanos sufren no
por culpa de ellos, sino de los pecados de otros... ¿Te gusta
manejar?"

- "Sí", dije.

- "¿Alguna vez pensaste en todos los riesgos a los que te exponés cada
vez que salís a la calle?"

- "No", dije. "Me meto en el auto y salgo nomás".

Y Dios dijo:

- "Ahí tenés, ¿ves? Vivir es todo un riesgo: explorar
este mundo mío, allá abajo, en las minas, en las selvas, debajo
del mar. No sé por qué se toman la molestia."

- "Sí que sabés", le dije. "Necesitamos carbón, madera, aceite. Si vos
los ponés en lugares estrafalarios, ¿qué otra cosa podemos hacer?"

- "Arreglarse sin ellos", sugirió.

- "No lo decís en serio", dije. "¿Y el progreso?¿Y el nivel de vida
digno?"

- "Bueno, entonces saben lo que están haciendo,¿no?", dijo Dios. No
sé de qué se quejan".

Yo empecé a hacerme la misma pregunta.

- "Escuchame", continuó. "A veces corren un riesgo calculado. ¿Sí?"

Asentí con la cabeza.

- "Y a veces tienen que experimentar; pegar un salto en la oscuridad.
¿Sí?"

Me di cuenta que no esperaba que lo contradijera, así que ni lo
intenté, pero debe haber pensado que hacía demasiado tiempo que
yo estaba callado.

- ¿Qué pasa con los accidentes?", dijo, y esperó una respuesta.

- "¿Errores?", aventuré. "¿Irresponsabilidad?¿Ignorancia?"

- "Muy bien", dijo. "No sos tan tonto como parecés
¿no?"

- "Gracias", dije.

- "Entonces decís: Ah, pero...", agregó.

- "¿Sí? ¿Ah, pero qué...?"

- "Pero: ¿qué pasa con los inocentes que sufren?"

- "¿Querés que yo te conteste eso?, dije.

Se sonrió.

- "¿Por qué no?"

Así que intenté.

- "Nadie", empecé, "puede escapar a las consecuencias
de ser libre para usar el mundo que vos hiciste..."

- "¿O de lo contrario...?", me apuntó.

- "¿Nos quitaría la responsabilidad?"

- "No está mal", dijo. "Gracias por el te".

Se bajó del auto. Después me preguntó:

- "¿Querés compartir las cosas
buenas de este mundo?

- "Por supuesto".

- "Y en nombre del progreso, ¿estás listo a correr los riesgos que eso
implica?"

- "Supongo que sí".

- "Entonces también estás dispuesto a aceptar tu parte de las
aflicciones del mundo", continuó. "¿No te parece que sería justo?"

- "Puede ser justo para todos los demás", salté, "pero no me parece
justo a mí."

- "Ese es justamente el punto", respondió. "Vos querés que el mundo
gire alrededor tuyo. Te olvidás que gira alrededor mío, y que
vos sos nada más que una pequeña parte de toda mi creación. No
podés ni empezar a entender la parte que te toca."

- "Bueno, ¿por qué no me lo decís", dije, antes de que sea demasiado
tarde?"

- "Escuchame", dijo, y no sé si levantó la llave amenazándome o es que
estaba simplemente juntando sus herramientas. En todo caso se lo
veía bastante furioso. "¿A vos te gustaría entender la mente
de Dios en el minuto de tiempo que dura tu vida? Dejame decirte que
eso que ustedes ven cuando miran para atrás y llaman la historia de
la humanidad, es apenas el principio de la historia de Dios. ¿Quieren
saber el final, cuando apenas acabo de empezar? ¿Quiénes son
ustedes?"

Cuando finalmente recuperé el habla, dije:

- "Soy un tipo común y
corriente, nada más. Ni siquiera sé arreglármelas con una mosca en mi
carburador."

Dios se sonrió y guardó la llave en su caja de
herramientas.

- "Cualquier problema que tengas, dijo, "pegame un
llamadito".

Título original: "So God said to me" (Capítulo 9, "Breakdown")
© Richard Adams
Guiones para Anglia Television, Gran Bretaña, 1978, autorizados
exclusivamente para la Red de Liturgia y Educación Cristiana CLAI-
CELADEC por el autor, mayo 2002.
Traducción y adaptación: Pablo Sosa

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