Empieza por ti mismo

0
De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios:

- "Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo".

A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media
vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transforme mi oración y comencé a decir:

- "Señor, dame la gracia de transformar a
cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho".

Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo tonto que yo he sido. Mi única oración es la siguiente:

- "Señor, dame la gracia de cambiarme a mi mismo".

Si yo hubiera orado de este modo desde el
principio, no habría malgastado mi vida.

Compartir

Más recursos

Sponsor


Suscripción gratuita

Te avisaremos cuando agreguemos nuevos recursos. No te enviaremos más de uno o dos mensajes semanales.