El sexo y la homosexualidad en la tradición judeo-cristiana
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Nuestras opciones morales son juzgadas por los demás - y por nosotros mismos - a la luz de los principios éticos de la religión cristiana, la cual nos ha conformado culturalmente, aun cuando no creamos en ella.
El enfoque de la concepción judeo-cristiana lo hacemos a un nivel humano y pretendemos ser objetivos en el análisis. Deseamos hacer una exposición clara de lo que la Biblia, tanto en la parte que comparten judíos y cristianos como Palabra de Dios - el Antiguo Testamento - como en la parte aceptada sólo por los cristianos - El Nuevo Testamento -, dice con relación a la homosexualidad.
Todo estudio de la misma debe partir de una clara interpretación de la sexualidad natural o normal. A su vez, esta interpretación debe partir de la comprensión de la naturaleza y la finalidad del ser humano. (1)
El ser humano: Su origen, naturaleza y finalidad
Presentaremos aquí una antropología básicamente teológica. Es evidente que la teología es la única ciencia que presenta una actitud de certeza con relación al origen del hombre, porque se basa en la revelación divina. Las ciencias humanas son hoy muy humildes ante los problemas que plantean el origen, la naturaleza y la finalidad del hombre. Es una realidad que el ser humano se distingue de todos los demás seres de la creación, tanto en lo bueno como en lo malo. Woltereck afirma que el hombre es un gran experimento de la Naturaleza, quizás su último experimento en la Tierra".(2) Señala que todo parece indicar que la evolución está bastante terminada, por cuanto durante varias decenas de millones de años no ha surgido sobre la tierra ninguna especie realmente nueva, a excepción del homo sapiens. "A pesar de todos los esfuerzos en este sentido, no sabemos todavía exactamente cómo y cuándo surgió el hombre sólo se sabe con certeza que su evolución decisiva, en el sentido biológico, se realizó con relativa rapidez durante la época glacial". (3)
En el ser humano se destacan su grandeza y su debilidad. La grandeza reside en su vida espiritual, mientras que la debilidad reside en sus aptitudes físicas. No existe otro ser vivo que sea tan indefenso como el ser humano recién nacido, ni que necesite un cuidado tan prolongado por parte de sus progenitores. El hombre no tiene elementos para protegerse contra el frío, ni pelos, ni plumas. Otro vertebrado podrá huir para tratar de salvar su vida a los pocos días de haber nacido. El hombre no sabrá hacerlo aún cuando tenga dos años. Sus fuerzas son nulas, comparadas con las de un animal de la misma edad. Compárense las fuerzas de un ternero de dos años con las de un ser humano de la misma edad. Refiriéndose a ésta y a otras comparaciones, Woltereck afirma: "Así, pues, el hombre debió de realizar en forma relativamente súbita el paso del estado prehumano al de homo sapiens. En sentido religioso, podría hablarse de un acto de creación de Dios, o en sentido puramente científico natural de una mutación y cualesquiera causas de origen, pero, en todo caso, el origen y la evolución de la humanidad son fenómenos que no tienen ningún paralelo en la historia de la vida".(4)
Después de las reflexiones precedentes creo que el lector - cualquiera sea su actitud hacia la fe cristiana - se sentirá muy interesado en tomar muy en serio el análisis de los relatos bíblicos sobre la creación del hombre que haremos a continuación. Antes de entrar en la exposición bíblica es fundamental que hagamos algunas reflexiones hermenéuticas.(5) La Biblia es un libro divino-humano. Divino, porque contiene la revelación de Dios. Humano porque su revelación nos viene envuelta en expresiones culturales propias del momento en que se escribe. La distinción entre cultura y evangelio la encontramos a todo lo largo de la Biblia. El mismo Jesús está limitado culturalmente: pertenece a una raza con una rica tradición, habla un idioma determinado y practica las costumbres de su pueblo. Alguien podría replicarme que, por cuanto Jesús es Dios, no está sujeto a acondicionamiento alguno. Los evangelios dan testimonio de que Jesucristo está condicionado por la limitada capacidad de comprensión de sus contemporáneos. Él enseñó en términos de la cultura agrícola-pastoral de su época, a fin de que sus enseñanzas fueran comprendidas. Hoy, los que leemos esas enseñanzas y que vivimos en una cultura completamente diferente a la de los tiempos bíblicos, debemos saber separar lo que es evangelio es decir, la buena noticia de Dios para el hombre, de lo que es una mera expresión cultural. Es necesario descubrir la pertinencia de la revelación divina para nuestra cultura. Eso es lo que trataremos de hacer con relación al hombre como ser sexuado, creado por Dios con una finalidad. Así lo presenta la Biblia en Génesis 1:26-30. El contexto de dicho pasaje fundamental (Génesis 1:1-25) nos muestra que el hombre es creado al final de un proceso creativo que dura seis períodos de tiempo. En Génesis 1:26-30 encuentra respuesta a tres preguntas fundamentales: ¿Cuál es el origen del hombre?, ¿Cuál es su naturaleza? y ¿Cuál es su finalidad? El hombre es un ser creado a imagen de Dios para que sea el señor de la creación como representante del Creador.
El hombre creado es a su vez un creador, inventa herramientas, desarrolla la técnica y la cultura. El hombre creado compensa la debilidad a que hemos hecho referencia - que le habría condenado irremisiblemente a la extinción con sus facultades espirituales e intelectuales. Como muy bien ha señalado Woltereck - "Desde el primer momento de su existencia, el hombre se encuentra en el campo de tensión entre el cuerpo y el espíritu. La elevación sobre el animal significa a la par una lucha con lo ''natural'' en el hombre, pero también una lucha con la propia Naturaleza que le amenaza particularmente en múltiples aspectos".(6) El hombre es un ser creado por Dios al final de su proceso creador dividido en seis etapas (días) según el relato bíblico. Los científicos afirman que el hombre existe desde hace alrededor de 50.000 años y que nuestro planeta ha sido habitado desde hace varios millones de años por organismos primitivos.
La Biblia afirma que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (7) y que cayó en pecado (Génesis 3). Por eso, a pesar de ser la corona de la creación, el hombre tiene conciencia de ser un ser inconcluso. Al tomar conciencia de la gran distancia existente entre lo que es y lo que debe ser, suele experimentar una gran angustia existencial. Pero al tomar conciencia de su falta de completamiento puede marchar hacia la culminación de su humanidad: ser el homo humanos, como ha dicho Martín Buber.
Para el cristiano la finalidad de su existencia es el logro del completamiento de la condición humana según el arquetipo que Dios nos ha dado en la persona de Jesucristo, (8) tanto a nivel individual como social. La naturaleza del hombre presupone su finalidad. El Dios Creador nos ha otorgado una naturaleza con capacidad para alcanzar la finalidad que en su inmensa sabiduría nos ha señalado. ¿En qué consistió pues la caída? ¿Cuáles fueron sus consecuencias? Nos cuesta trabajo pensar en un Dios que siendo omnisciente se ha permitido fracasar en su máximo proyecto.
La naturaleza humana - a pesar del pecado - le ha permitido al hombre cumplir la finalidad de Dios de que éste fuera el Señor de la Creación. El hombre salió de la selva y "transformó el rostro de nuestro planeta de arriba abajo". (9) Luego ha conservado la imagen del Dios Creador, pero también ha conservado el pecado. A pesar de su grandeza, el hombre es el único de los vertebrados carnívoros que mata a sus congéneres para comérselos. Una manada de lobos o de leones busca su presa entre otras especies de animales. El hombre inventó sus primeras armas para defenderse y hacer la guerra a sus congéneres. Hoy no existen antropófagos entre los seres civilizados pero el hombre no ha podido eliminar el flagelo de la guerra.
¿Cómo es posible ser humano si se carece de libertad para hacer el bien y el mal? Según el relato de Génesis 2:17, Dios crea un alimento (una fruta) que puede dar al hombre la capacidad de escoger entre el bien y el mal. Este, en el ejercicio de su libertad, come del fruto prohibido para encarar la realidad de que como creador y representante de Dios sobre la Tierra tiene que recrearse a completarse a sí mismo, con la asistencia divina. Si a nivel biológico el hombre está en un cambio perenne, si el hombre es el ser que más tiempo necesita para alcanzar la madurez... ¿no es lógico pensar que en los propósitos de Dios está el completamiento de la humanidad del hombre como un proceso por realizarse? La Biblia parecería confirmar esta tesis. Dios ha enviado profetas a los hombres y por fin nos ha enviado a Jesucristo (véase Hebreos 1:1-4).
Nos cuesta trabajo pensar en el hombre como un ángel caído, como una réplica terrena de Satanás. Más trabajo nos cuesta pensar en un Dios omnisciente y omnipotente que al mismo tiempo es un Creador frustrado al arribar a la corona de su creación. Parecería que Dios ha creado al hombre como un ser libre y responsable, donde el pecado tiene que ser una posibilidad, para que la imagen de Dios llegue a consumarse en él. Esta consumación es realizada - en el tiempo - por Dios con la colaboración del hombre. Pero la finalidad del hombre es el bien, el amor y la justicia, tanto a nivel de relaciones interpersonales como en su relación con el resto de la creación. Esta interpretación choca con la impaciencia humana debido a la obcecación que le produce el verse limitado por dos fechas muy cercanas nacimiento y muerte. El tiempo humano es muy concreto y limitado. El tiempo divino - como el espacio - es limitado e indefinible.
El hombre como imagen de Dios Creador ha logrado prolongar su expectativa de vida en un 100 % en sólo cien años. (10) Pero en los mismos cien años, el hombre ha refinado los medios para destruir la vida. Los viejos fusiles, los cañones y las batallas cuerpo a cuerpo del siglo pasado no tienen comparación con los misiles atómicos de hoy. Es por ser imagen de Dios que el hombre ha podido crear. Es porque esa imagen ha sido afectada por el pecado que el hombre, habiendo progresado a nivel horizontal (ciencia y tecnología), no ha logrado suficiente crecimiento en lo que hace a su esencia espiritual, es decir, en su dimensión vertical.
Pecado es todo aquello que conspira contra la naturaleza humana (mediante la destrucción o mal uso del cuerpo o el menosprecio del mismo) y contra su finalidad que es el logro del completamiento de la condición humana según el arquetipo que Dios nos ha dado en la persona de Jesucristo, quien es la perfecta imagen de Dios (11) que todo ser humano debe alcanzar.(12)
Hay dos realidades que se conjugan en todo ser humano y que crean una ambivalencia existencias: La condición del hombre como imagen de Dios y la presencia del pecado que desfigura esa imagen. (13)
La sexualidad natural o normal
Ya se ha señalado que el hombre ha sido creado como ser sexuado y el sexo es uno de los medios de expresar la humanidad, además de instrumento para la preservación de la especie. Hay quienes sostienen, erróneamente, que el pecado de Adán y Eva consistió en descubrir y utilizar sus órganos genitales. No hay fundamento para tal interpretación. Dios creó el sexo en el hombre, igual que en todos los animales, con el propósito de procreación. Pero en el hombre tiene además una función espiritual, y el sexo puede ser la máxima expresión de amor entre dos seres que se quieren.
Según la teoría de los documentos, tenemos dos tradiciones distintas sobre la creación del hombre y del sexo. Según la primera: "Creó Dios al hombre, a su imagen, a imagen de Dios, varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios diciendo: `Creced y multiplicaos, llenad la tierra y señoreadla completamente ´" (Génesis 1:27-28). El hombre es la obra cumbre de la creación. Con sobradas razones alaba Dios su máxima creación. En la Septuaginta (versión griega del Antiguo Testamento) el verbo eulogeo, que aquí se traduce bendecir, también significa alabar o elogiar. Después de los elogios, Dios presenta al hombre cuatro imperativos: Creced en número, multiplicaos, llenad la tierra y señoreadla completamente. Los tres primeros tienen que ver con el uso del sexo. Dios no nos da órdenes sin habernos dotado previamente de los medios para cumplir su mandato. Según la segunda tradición, la mujer procede de una de las costillas del hombre. Por eso Adán dice: "Ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne..." Y el autor del libro afirma: "Por esta causa el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne" (Génesis 2:23-24). El hombre y la mujer fueron originalmente una sola carne, pero Dios decidió separarlos, y desde entonces existe en el hombre una gran fuerza que le empuja a unirse a su mujer y viceversa. Es un anhelo inconsciente de integración humana. En todo lo que hemos estudiado, no hemos encontrado ninguna alusión a que el sexo sea pecaminoso sino todo lo contrario. En su exégesis del libro del Génesis, Juan Calvino hace las siguientes afirmaciones: "Sin la mujer el hombre es incompleto. El hombre debe amar a su mujer como a su propio cuerpo, sólo en esa unión se logra la verdadera personalidad. El sexo es una parte del plan creativo de Dios, pero debe conservarse dentro de los límites del matrimonio monogámico".
La idea del matrimonio monogámico está implícita en Génesis 2:24, cuando se habla de "su mujer", aunque posteriormente se autoriza el adulterio con consentimiento de la esposa (Génesis 16:2). Es bueno resaltar que esto se permite con fines de procreación. En el caso de Jacob, tenemos adulterio autorizado y poligamia (Génesis 29:23-28 30:3). Se trata de matrimonios socialmente reconocidos y de adulterios autorizados por el cónyuge, con fines de procreación. Sin embargo, en el mismo libro del Génesis, José responde a la mujer de Potifar que no puede aceptar sus requerimientos amorosos porque eso sería pecado (Génesis 39:9). El adulterio se prohibe en los diez mandamientos (Exodo 20:14 Deuteronomio 5:18). Sin embargo, el Antiguo Testamento autoriza el divorcio (Deuteronomio 24:1).
El futuro castigo a la nación rebelde incluye la eliminación del deleite sexual. Las relaciones sexuales son un don de Dios, algo excelso, que no merecen los pecadores (Jeremías 7:34 16:9). En la Septuaginta se usan las palabras novio y novia. Se trata de la luna de miel. Para rubricar la ausencia de prejuicios contra el sexo, se presentan las relaciones entre Jehová y el pueblo escogido como algo semejante a las relaciones entre marido y mujer. Jehová habla de las fornicaciones de Israel al adorar los judíos a otros dioses (Exodo 34:15 Deuteronomio 31:16). Oseas es el primer profeta que nos habla del amor de Jehová por su esposa (el pueblo de Israel) a pesar de serle infiel. Este profeta del siglo VIII antes de Cristo, personifica a Jehová y su mujer Gomer al pueblo de Israel. (Oseas 1-3). Jeremías se refiere cuatro veces al pueblo de Israel como la mujer de Jehová (2:23 3:1-2 30:14 31:22). Ezequiel dedica dos capítulos al mismo tema (capítulos 16 y 23). Hay dos pasajes de lsaías que son muy significativos: 54:4-17 y 62:4-12. Jehová, aparte de creador, es marido (Isaías 54:5). El Cantar de los Cantares aparece en el canon del Antiguo Testamento porque se entendía que el amante era Jehová y la amada, el pueblo de Israel. La Iglesia cristiana lo conserva en su canon por entender que el amante es Jesucristo y la amada, su Iglesia.
Pasando al Nuevo Testamento, consideremos las enseñanzas de Jesús contenidas en Mateo 19:3-12. "Los fariseos vinieron a Él tentándole y diciéndole: ¿Es lícito dejar a la mujer por cualquier causa? Respondiendo Jesús les dijo: ¿No sabéis que el Creador desde el principio los hizo varón y hembra? Por esa razón dejará el hombre a padre y madre y será unido a su mujer y serán los dos una sola carne. Porque ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios unió no lo separe el hombre". El versículo 5 generalmente se traduce "se unirá a su mujer". Es, decir, como un futuro de voz media. Pero ese no es el caso. En la lengua original se trata de un futuro indicativo de voz pasiva. Por lo tanto, la traducción correcta sería "será unido". Esta interpretación está ratificada en el siguiente verso: "Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre". Es Dios el que junta. El Creador de ambos sexos es el que une a la pareja en matrimonio.
Jesucristo limita el divorcio a los casos de infidelidad (San Lucas 16:18). Ante esta reforma de la ley establecida, los discípulos reaccionan de esta manera: "Si ésta es la situación del hombre con su mujer, no es negocio casarse" (Mateo 19:10). A lo que contesta Jesús: "Esta doctrina no cabe en la mente de todos los hombres, sólo en aquellos a quienes es dada" (verso 11) y completa la idea en el siguiente verso del cual hacemos una versión libre tratando de interpretar el pensamiento de Jesús: "Ustedes saben que hay hombres que no pueden tener relaciones sexuales debido a imperfecciones físicas. Saben también que hay algunos infelices que han sido castrados a fin de que, sin peligro, cuiden a las mujeres de los poderosos. Saben además que hay hombres que se imponen la abstinencia sexual por causa del Reino de Dios. Hay gran diferencia entre abstenerse por impotencia a hacerlo por propia voluntad. El que tenga poder para hacerlo, hágalo". Cuando Jesús habla de abstinencia sexual no implica que el sexo sea malo, pues antes ha dicho que es creación de Dios, quien une a las parejas en matrimonio. La interpretación errónea de este pasaje, a mi juicio, ha descansado sobre dos incomprensiones. Primero, se ha entendido el mensaje de Jesús como dualístico (es decir, un mensaje griego y no hebreo, un mensaje que implica la maldad de la materia) olvidando que es apocalíptico. Segundo, muchos exégetas han tenido una mente colmada de dualismo griego, y más que textos, buscan pretextos para sus prejuicios. A la Biblia hay que acudir sin presuposiciones, con la mente abierta para que la Palabra de Dios nos hable claramente.
Juan Calvino hizo un magnífico trabajo exegético sobre este pasaje que estamos considerando, del cual tornamos las siguientes afirmaciones: "No todos los hombres son capaces de mantenerse célibes. La decisión no está en manos humanas, pues la continencia es un don especial concedido a pocas personas. Sólo unas pocas personas señaladas por Dios pueden afrontar el sacrificio del celibato. Para todos los demás, la mayoría, Dios no sólo permite, sino que ordena el matrimonio. Quien se resiste al matrimonio está luchando contra Dios".
Los grandes cambios que se han producido en el mundo nos presentan problemas diferentes a los que Lutero tuvo que encarar en su tiempo. "Dios ordena el matrimonio para los que no tienen el don de continencia".
La segunda reflexión que queremos hacer está centrada en el hecho de que Jesús asume el papel que en el Antiguo Testamento corresponde a Jehová, es decir, el marido o el novio. Los tres Evangelios Sinópticos están de acuerdo en presentarnos a Jesús en el rol de novio (Mateo 9:15 Marcos 2:19-20 Lucas 5:34-35). ¿Pueden estar llorando los hijos en la cámara nupcial mientras está con ellos el novio?, pregunta Jesús. Los hijos de la cámara nupcial son los amigos del novio cuyo deber era proveer todo lo relacionado con el lecho nupcial. Jesús es el novio, los apóstoles los amigos del novio, pero no se dice quién es la novia. Igual ocurre con la parábola de las vírgenes (Mateo 25: 1-12). Jesús es el novio, pero no se dice quién es la novia. Quizás no se menciona porque se da por sentado que todos los oyentes entienden que es la Iglesia. Quizás también por el hecho de que todavía Jesús no ha muerto ni resucitado y el Pentecostés cristiano todavía no se ha realizado. Debemos señalar que en la visión de Juan, la Nueva Jerusalén es la esposa ataviada para su marido (Apocalipsis 21:2, 9).
El Evangelio según San Juan no es ajeno al tema tratado por los Sinópticos, y nos presenta un pasaje que pudiéramos considerar paralelo. El amigo del novio aquí es Juan el Bautista, tampoco se dice quién es la novia. El pasaje no es fácil de traducir, pero lo intentamos: "El que posee la novia es el novio, pero el amigo del novio que está en pie y escuchándole se regocija con el gozo por medio de la voz del novio. Este gozo mío ha sido cumplido" (Juan 3:29). Se trata de una escena de la luna de miel de Cristo con la Iglesia. Juan ha preparado el lecho nupcial y se goza de haber hecho todos los preparativos para su amigo. Estas palabras en la Biblia quizás resulten indecorosas para algunos que tengan una mente griega.
Podríamos continuar estas reflexiones en las epístolas paulinas, pero nos llevaría demasiado espacio. Podemos concluir afirmando que en la Biblia el sexo es un medio para expresar la realización humana. No encontramos en las Escrituras afirmaciones que muestren la maldad del sexo. Por el contrario, es un don divino para expresar la humanidad. En la Biblia no hay alabanzas al celibato ni a la virginidad como medios para alcanzar la plenitud de la vida. En el Antiguo Testamento encontramos un caso patético: La hija de Jefté, una virgen, ha sido prometida como sacrificio, según la costumbre que han tenido casi todos los pueblos primitivos. La joven se resigna a morir, pero solicita a su padre dos meses de vida para llorar su virginidad. Es decir, para lamentarse de no haber podido realizarse como esposa y madre (Jueces 11:30-40). En el Nuevo Testamento encontramos un pasaje que expresa un anhelo similar: " ... la mujer siendo engañada, incurrió en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en la fe, amor y santificación con modestia" (1 Timoteo 2:14-15). Las alusiones al celibato en el Nuevo Testamento, son presentadas en una visión escatológica y no implican menosprecio por el sexo, "pero en la resurrección, ni se casarán, ni se darán en casamiento, serán como los ángeles de Dios en el cielo" (San Mateo 22:30). Los ángeles son seres asexuados. Dios, en cambio, nos ha creado como seres sexuados pero a imagen de Dios. El problema básico del hombre es que no es ni un ángel ni un animal. El sexo en él debe ser un medio de expresión de su condición humana. El comportamiento angélico, como la imitación del animal, muestran la incapacidad para encarar la realidad de que somos lo que somos, porque Dios así ha querido que seamos.
Tanto la negación de la sexualidad, como su separación del amor, son intentos de oposición a la naturaleza y finalidad que Dios nos ha otorgado.
La Homosexualidad
El tema de la homosexualidad es tomado en consideración tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Nos proponemos hacer un breve análisis objetivo de los principales pasajes. La desviación de la sexualidad natural parece haber sido una de las consecuencias de la caída del hombre. En Génesis 19 se nos informa que todos los varones de la ciudad de Sodoma, desde el más joven hasta el más viejo, rodearon la casa de Lot con la intención de tener relaciones homosexuales por violación con dos hombres de Dios. La llegada de dos extraños excitó tanto a estos sodomitas que con violencia querían usarlos como mujeres. Lot, queriendo salvar a los dos varones y siguiendo las costumbres orientales de hospitalidad y protección al visitante, estuvo dispuesto a sacrificar a sus dos hijas vírgenes entregándolas a los sodomitas, pero éstos no querían mujeres sino hombres. En Jueces 19:16-30 encontramos un caso similar. Un anciano recoge a un caminante y lo hospeda en su casa y "he aquí que los hombres de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la cara, golpeando la puerta y hablaron al anciano dueño de la casa, diciendo: Saca al hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos (14)" (Jueces 19:22). El anciano entonces les ofrece entregarles a su hija virgen y a su concubina en lugar del hombre que ellos deseaban. "Humilladlas y haced con ellas como os parezca", les dijo, "y no hagáis a este hombre cosa tan infame. Mas aquellos hombres no le quisieron oír por lo que tomando aquel hombre a su concubina, la sacó y entraron a ella toda la noche hasta la mañana, y la dejaron cuando apuntaba el alba".
Actos de brutalidad sexual en hombres primitivos que vivieron hace varios milenios son más comprensibles que actos similares que acontecen hoy protagonizados por sujetos "civilizados".
Esta atracción hacia personas del mismo sexo, que conduce a la violación, es condenada en la Biblia, que siempre predica el respeto por la persona humana. Pero... ¿cómo encara la Biblia las relaciones voluntarias entre personas adultas del mismo sexo? Cuando se redacta la ley mosaica, varias desviaciones sexuales son condenadas. En Levítico 18 se condena a la pena de muerte a los que practiquen las siguientes relaciones sexuales: Con parienta próxima, con el padre o la madre, con la mujer del padre, con una hermana, una nieta, una tía, la esposa de un tío, una nuera, una cuñada, la esposa durante el período menstrual, la esposa del prójimo. Después de esta larga lista se advierte: "No te echarás con varón como con mujer: es abominación" (Levítico 18:22). El acto sexual entre varones es condenado al final de una lista de relaciones sexuales interpersonales consideradas impuras. Inmediatamente se condena el ayuntamiento carnal con animales. En este caso se condena tanto al varón como a la mujer que procura satisfacción sexual con un animal. El hecho de que no se condenen las relaciones sexuales entre mujeres parecería indicar que éstas no eran conocidas entre los judíos de los tiempos bíblicos.
En el capítulo veinte del mismo libro de Levítico se condena a muerte, por lapidación, a los que cometan delitos tales como el sacrificio de niños, la consulta a magos o adivinos, la maldición a los padres, el adulterio, el incesto, las relaciones con animales, las relaciones con mujeres menstruantes, etc. Y en 20:13 leemos: "Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron ambos han de ser muertos sobre ellos será su sangre". Israel no es el único pueblo antiguo donde se presentó la homosexualidad. Para los griegos, la homosexualidad entre hombres era muy común y aún representaba para ellos la máxima expresión del amor. Dos diálogos de Platón, Simposio y Fedro, son un buen ejemplo de simpatía hacia la homosexualidad. En cuanto a las relaciones entre mujeres, dos nombres, Lesbos y Safo, son suficientemente elocuentes. Entre los romanos, por el contrario, los homosexuales eran despreciados. No obstante, en el siglo I de la era cristiana, esta costumbre sexual estaba muy difundida en Roma, y la Biblia nos da testimonio de esa realidad.
En el Nuevo Testamento descubrimos que Jesús no hace referencias específicas a la homosexualidad. San Pablo, por el contrario, se refiere a ella en varias de sus epístolas. En Romanos 1: 18-32 nos presenta un cuadro detallado de la condición pecaminosa de la sociedad romana. San Pablo no pone aparte a los homosexuales para hacerlos objeto de un tratamiento especial. La homosexualidad es un síntoma de la ambivalencia existencial del ser humano que, siendo imagen de Dios, vive bajo los efectos del pecado.
En Romanos 1:24, 26, 27, San Pablo hace referencia tanto a la homosexualidad de hombres como a la de mujeres. Pero el Evangelio redentor tiene una palabra de esperanza para todos los pecadores, y los homosexuales no están excluidos. Al escribir a los creyentes de la ciudad griega de Corinto, Pablo afirma que algunos de ellos habían sido fornicarios, idólatras, adúlteros, homosexuales, ladrones, avaros, borrachos, maldicientes y estafadores (1 Corintios 6:9-10). "Y esto erais algunos mas ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios" (1 Corintios 6:11).
En las epístolas de San Pablo encontramos tres listas de pecados que impiden al ser humano heredar el Reino de Dios: 1 Corintios 6:9-11 Gálatas 5:19-21 y Efesios 5:3-5. Es interesante señalar que estos tres pasajes tienen una perspectiva escatológica. Lo común es la herencia del Reino de Dios que vendrá en su consumación. También resulta interesante señalar que los homosexuales están incluidos no sólo en la lista de 1 Corintios. En 1 Timoteo 1: 9-10 se presenta otra lista de pecados y en esta ocasión se incluye a los sodomitas junto con los fornicarios, secuestradores, parricidas, mentirosos, etc.
Estas listas de pecados no son específicamente cristianas. Entre los estoicos de tiempos de Pablo existían listas similares. Se trata de muletas que son necesarias mientras el ser humano no sea capaz de caminar por sí mismo hacia el completamiento de su humanidad. Cuando el hombre sea capaz de amar no se hará daño a sí mismo, ni a los demás. En Romanos 13:8-10 Pablo nos muestra que toda la ley se resume en el amor. "El amor no hace mal al prójimo así que el completamiento de la ley es el amor". El que se ama a sí mismo tampoco se hace daño. Jesús resume la ley mosaica en tres expresiones del amor: Hacia Dios, hacia sí mismo y hacia el prójimo (Mateo 22:37-40).(15)
A medida que el ser humano sea capaz de superar su mediocridad espiritual para marchar, bajo la dirección del Espíritu Santo, hacia la consumación de su humanidad en el amor de Cristo, irá abandonando paulatinamente estas muletas. Es a la luz de esta concepción de la vida cristiana que podemos entender las palabras de San Agustín: "Ama y haz lo que quieras". Ciertamente el que ama -a Dios, al prójimo y a sí mismo- no desobedece, no hace mal.
La sexualidad puede ayudar a la humanización del hombre o puede contribuir a su deshumanización. Cuando comprendemos cuál es el origen, la naturaleza y la finalidad del hombre en una perspectiva teológica, reconocemos que la homosexualidad conspira contra la finalidad que Dios nos ha otorgado. Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, varón y hembra los creó (Génesis 1: 27). La homosexualidad se opone tanto a la naturaleza como a la finalidad del ser humano. La única relación sexual que hace posible la creación de un creador de vida humana es la realizada por una pareja heterosexual. Si toda la humanidad se volviera homosexual se extinguiría la raza humana, que es la corona de la creación divina.
Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento no se coloca aparte a la homosexualidad para condenarla en forma especial. Se la incluye en una lista de pecados sin que exista una clasificación en el sentido de la mayor o menor gravedad. El pecado es pecado no importa si es físico o espiritual. En nuestra cultura tenemos la tendencia a condenar los pecados sexuales y a minimizar los otros como el chisme, envidia, orgullo, mentira, etc.
Para todo pecador, la Biblia tiene un mensaje de esperanza y los homosexuales no están excluidos: "Algunos de vosotros erais homosexuales", dice Pablo a los cristianos de Corinto (1 Corintios 6:11). La redención cristiana es integral, tiene que ver con la totalidad de la vida. Un joven homosexual me dijo hace algún tiempo: - Soy cristiano. Mantengo una vida de oración regular. Estoy convencido de que Dios me ama y me acepta tal cual soy. Si Él ha permitido que sea lo que soy, si Él permite que sienta placer sexual actuando como si fuera una mujer, aunque soy anatómicamente varón, Él, que es todo sabiduría y amor, comprende mi situación. No tengo sentimiento de culpa. No pretendo ser mujer. Soy así... y acepto mi identidad.
Después de estas afirmaciones le dije: - Bien... ¿en qué puedo servirle? No valía la pena ponerme a discutir en torno a sus ideas. Lo importante era que había venido a verme. Aparentemente no tenía problemas de ningún tipo, y, sin embargo, me había solicitado una entrevista. Quizás su seguridad de contar con la aprobación divina para sus actividades homosexuales era un medio utilizado inconscientemente para esconder la realidad de su problema. Discutir con él no tenía sentido. Mi respuesta no implicaba una aprobación ni una condenación de su esquema mental que aprobaba su homosexualidad. Sencillamente quería que el joven manifestara el real motivo para solicitarme una entrevista. Por fin surgió la catarsis:
- Bueno, he venido a verlo porque me siento muy solo. Este problema no se lo puedo contar a mi pastor porque no lo comprendería. La verdad es que me siento muy solo.
- ¿Y sus camaradas homosexuales no le sirven de compañía? - le pregunté.
- Mi problema es que no me siento satisfecho sólo con el placer sexual. Además de eso, necesito afecto. Si yo pudiera encontrar un compañero para toda la vida no desearía cambiar. Lamentablemente las relaciones entre los que son como yo no son duraderas. A veces lo usan a uno y después lo tiran como si fuera un objeto despreciable. He meditado profundamente sobre mi situación y he llegado a dos conclusiones: (1) Sólo una mujer me puede ofrecer un afecto permanente, aceptado socialmente y sin sentimientos de culpa, y (2) a mí no me gustan las mujeres.
La soledad, el déficit afectivo, el rechazo de la sociedad y la doble vida que realizaba (una en la Iglesia y otra en el mundo) colocaban a este joven en una situación difícil, que es muy común entre los homosexuales. El evangelio, sin ser una panacea, ofrece un mensaje de esperanza para todos los hombres que están conscientes de la gran distancia que existe entre lo que son y lo que deben llegar a ser con la ayuda de Dios. Los homosexuales no son la excepción. Para ellos hay en Cristo un mensaje de esperanza y redención.
Notas
1 Estamos conscientes de la imposibilidad de lograr un conocimiento exhaustivo del hombre. El ser humano sigue siendo misterioso y desconocido. Si lográramos la suma aritmética de todas las ciencias humanas, no tendríamos todavía un conocimiento exhaustivo del hombre. No obstante, mucho camino ha sido recorrido hacia la meta de la plena comprensión humana. En tres de mis libros me he ocupado del tema antropológico. En Psicología pastoral para todos los cristianos dedico a este tema los primeros cuatro capítulos. En Psicología de la experiencia religiosa, el segundo capítulo está dedicado a la dimensión religiosa en el ser humano. En La comunicación del evangelio en el mundo actual, dedico dos capítulos al tema antropológico: El segundo, "El hombre como imagen de Dios" y el octavo, "El proceso evolutivo, involutivo y la evangelización”.
2 Woltereck H., La vejez, segunda vida del hombre, (México-Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1962), p. 128.
3 Ibid, p. 128.
4 Ibid, pp. 129-130.
5 La hermenéutica es la ciencia de la interpretación.
6 Woltereek, H., op. cit., 131.
7 Para una más amplia explicación de este concepto, véase el segundo capítulo de mi libro La comunicación del evangelio en el mundo actual, (Buenos Aires: Ediciones Pleroma, 1974), que lleva por título: "El hombre como imagen de Dios", pp. 31-48.
8 Gálatas 4:19, Efesios 4:13-14, Colosenses 3:9-10.
9 Woltereck H., op. cit., p. 135.
10 Según Woltereek, op. cit., pp. 39-40, en la década de 1870-1880, la expectativa de vida media del ser humano era de 35,5 años. En los países civilizados, el promedio de vida en nuestra década es de alrededor de 75 años.
11 2 Corintios 4:4 Colosenses 1:15-l8 3:9-10 Hebreos 1:3.
12 Gálatas 4:19 Efesios 4:13-14 Colosenses 3:9-10.
13 Para un estudio más amplio del pecado como obstáculo para el logro de la finalidad que Dios se ha propuesto para el completamiento de la humanidad de cada hombre y de la sociedad, véase La comunicación del evangelio en el mundo actual, op. cit., pp. 68-77.
14 El verbo conocer se utiliza tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento para referirse a las relaciones sexuales. "Conocer" a una persona implicaba una relación íntima. Véase San Mateo 2:25.
15 Para un estudio más amplio de este pasaje, véase Psicología pastoral para todos los cristianos, 41 edición, pp. 73-77.
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El enfoque de la concepción judeo-cristiana lo hacemos a un nivel humano y pretendemos ser objetivos en el análisis. Deseamos hacer una exposición clara de lo que la Biblia, tanto en la parte que comparten judíos y cristianos como Palabra de Dios - el Antiguo Testamento - como en la parte aceptada sólo por los cristianos - El Nuevo Testamento -, dice con relación a la homosexualidad.
Todo estudio de la misma debe partir de una clara interpretación de la sexualidad natural o normal. A su vez, esta interpretación debe partir de la comprensión de la naturaleza y la finalidad del ser humano. (1)
El ser humano: Su origen, naturaleza y finalidad
Presentaremos aquí una antropología básicamente teológica. Es evidente que la teología es la única ciencia que presenta una actitud de certeza con relación al origen del hombre, porque se basa en la revelación divina. Las ciencias humanas son hoy muy humildes ante los problemas que plantean el origen, la naturaleza y la finalidad del hombre. Es una realidad que el ser humano se distingue de todos los demás seres de la creación, tanto en lo bueno como en lo malo. Woltereck afirma que el hombre es un gran experimento de la Naturaleza, quizás su último experimento en la Tierra".(2) Señala que todo parece indicar que la evolución está bastante terminada, por cuanto durante varias decenas de millones de años no ha surgido sobre la tierra ninguna especie realmente nueva, a excepción del homo sapiens. "A pesar de todos los esfuerzos en este sentido, no sabemos todavía exactamente cómo y cuándo surgió el hombre sólo se sabe con certeza que su evolución decisiva, en el sentido biológico, se realizó con relativa rapidez durante la época glacial". (3)
En el ser humano se destacan su grandeza y su debilidad. La grandeza reside en su vida espiritual, mientras que la debilidad reside en sus aptitudes físicas. No existe otro ser vivo que sea tan indefenso como el ser humano recién nacido, ni que necesite un cuidado tan prolongado por parte de sus progenitores. El hombre no tiene elementos para protegerse contra el frío, ni pelos, ni plumas. Otro vertebrado podrá huir para tratar de salvar su vida a los pocos días de haber nacido. El hombre no sabrá hacerlo aún cuando tenga dos años. Sus fuerzas son nulas, comparadas con las de un animal de la misma edad. Compárense las fuerzas de un ternero de dos años con las de un ser humano de la misma edad. Refiriéndose a ésta y a otras comparaciones, Woltereck afirma: "Así, pues, el hombre debió de realizar en forma relativamente súbita el paso del estado prehumano al de homo sapiens. En sentido religioso, podría hablarse de un acto de creación de Dios, o en sentido puramente científico natural de una mutación y cualesquiera causas de origen, pero, en todo caso, el origen y la evolución de la humanidad son fenómenos que no tienen ningún paralelo en la historia de la vida".(4)
Después de las reflexiones precedentes creo que el lector - cualquiera sea su actitud hacia la fe cristiana - se sentirá muy interesado en tomar muy en serio el análisis de los relatos bíblicos sobre la creación del hombre que haremos a continuación. Antes de entrar en la exposición bíblica es fundamental que hagamos algunas reflexiones hermenéuticas.(5) La Biblia es un libro divino-humano. Divino, porque contiene la revelación de Dios. Humano porque su revelación nos viene envuelta en expresiones culturales propias del momento en que se escribe. La distinción entre cultura y evangelio la encontramos a todo lo largo de la Biblia. El mismo Jesús está limitado culturalmente: pertenece a una raza con una rica tradición, habla un idioma determinado y practica las costumbres de su pueblo. Alguien podría replicarme que, por cuanto Jesús es Dios, no está sujeto a acondicionamiento alguno. Los evangelios dan testimonio de que Jesucristo está condicionado por la limitada capacidad de comprensión de sus contemporáneos. Él enseñó en términos de la cultura agrícola-pastoral de su época, a fin de que sus enseñanzas fueran comprendidas. Hoy, los que leemos esas enseñanzas y que vivimos en una cultura completamente diferente a la de los tiempos bíblicos, debemos saber separar lo que es evangelio es decir, la buena noticia de Dios para el hombre, de lo que es una mera expresión cultural. Es necesario descubrir la pertinencia de la revelación divina para nuestra cultura. Eso es lo que trataremos de hacer con relación al hombre como ser sexuado, creado por Dios con una finalidad. Así lo presenta la Biblia en Génesis 1:26-30. El contexto de dicho pasaje fundamental (Génesis 1:1-25) nos muestra que el hombre es creado al final de un proceso creativo que dura seis períodos de tiempo. En Génesis 1:26-30 encuentra respuesta a tres preguntas fundamentales: ¿Cuál es el origen del hombre?, ¿Cuál es su naturaleza? y ¿Cuál es su finalidad? El hombre es un ser creado a imagen de Dios para que sea el señor de la creación como representante del Creador.
El hombre creado es a su vez un creador, inventa herramientas, desarrolla la técnica y la cultura. El hombre creado compensa la debilidad a que hemos hecho referencia - que le habría condenado irremisiblemente a la extinción con sus facultades espirituales e intelectuales. Como muy bien ha señalado Woltereck - "Desde el primer momento de su existencia, el hombre se encuentra en el campo de tensión entre el cuerpo y el espíritu. La elevación sobre el animal significa a la par una lucha con lo ''natural'' en el hombre, pero también una lucha con la propia Naturaleza que le amenaza particularmente en múltiples aspectos".(6) El hombre es un ser creado por Dios al final de su proceso creador dividido en seis etapas (días) según el relato bíblico. Los científicos afirman que el hombre existe desde hace alrededor de 50.000 años y que nuestro planeta ha sido habitado desde hace varios millones de años por organismos primitivos.
La Biblia afirma que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (7) y que cayó en pecado (Génesis 3). Por eso, a pesar de ser la corona de la creación, el hombre tiene conciencia de ser un ser inconcluso. Al tomar conciencia de la gran distancia existente entre lo que es y lo que debe ser, suele experimentar una gran angustia existencial. Pero al tomar conciencia de su falta de completamiento puede marchar hacia la culminación de su humanidad: ser el homo humanos, como ha dicho Martín Buber.
Para el cristiano la finalidad de su existencia es el logro del completamiento de la condición humana según el arquetipo que Dios nos ha dado en la persona de Jesucristo, (8) tanto a nivel individual como social. La naturaleza del hombre presupone su finalidad. El Dios Creador nos ha otorgado una naturaleza con capacidad para alcanzar la finalidad que en su inmensa sabiduría nos ha señalado. ¿En qué consistió pues la caída? ¿Cuáles fueron sus consecuencias? Nos cuesta trabajo pensar en un Dios que siendo omnisciente se ha permitido fracasar en su máximo proyecto.
La naturaleza humana - a pesar del pecado - le ha permitido al hombre cumplir la finalidad de Dios de que éste fuera el Señor de la Creación. El hombre salió de la selva y "transformó el rostro de nuestro planeta de arriba abajo". (9) Luego ha conservado la imagen del Dios Creador, pero también ha conservado el pecado. A pesar de su grandeza, el hombre es el único de los vertebrados carnívoros que mata a sus congéneres para comérselos. Una manada de lobos o de leones busca su presa entre otras especies de animales. El hombre inventó sus primeras armas para defenderse y hacer la guerra a sus congéneres. Hoy no existen antropófagos entre los seres civilizados pero el hombre no ha podido eliminar el flagelo de la guerra.
¿Cómo es posible ser humano si se carece de libertad para hacer el bien y el mal? Según el relato de Génesis 2:17, Dios crea un alimento (una fruta) que puede dar al hombre la capacidad de escoger entre el bien y el mal. Este, en el ejercicio de su libertad, come del fruto prohibido para encarar la realidad de que como creador y representante de Dios sobre la Tierra tiene que recrearse a completarse a sí mismo, con la asistencia divina. Si a nivel biológico el hombre está en un cambio perenne, si el hombre es el ser que más tiempo necesita para alcanzar la madurez... ¿no es lógico pensar que en los propósitos de Dios está el completamiento de la humanidad del hombre como un proceso por realizarse? La Biblia parecería confirmar esta tesis. Dios ha enviado profetas a los hombres y por fin nos ha enviado a Jesucristo (véase Hebreos 1:1-4).
Nos cuesta trabajo pensar en el hombre como un ángel caído, como una réplica terrena de Satanás. Más trabajo nos cuesta pensar en un Dios omnisciente y omnipotente que al mismo tiempo es un Creador frustrado al arribar a la corona de su creación. Parecería que Dios ha creado al hombre como un ser libre y responsable, donde el pecado tiene que ser una posibilidad, para que la imagen de Dios llegue a consumarse en él. Esta consumación es realizada - en el tiempo - por Dios con la colaboración del hombre. Pero la finalidad del hombre es el bien, el amor y la justicia, tanto a nivel de relaciones interpersonales como en su relación con el resto de la creación. Esta interpretación choca con la impaciencia humana debido a la obcecación que le produce el verse limitado por dos fechas muy cercanas nacimiento y muerte. El tiempo humano es muy concreto y limitado. El tiempo divino - como el espacio - es limitado e indefinible.
El hombre como imagen de Dios Creador ha logrado prolongar su expectativa de vida en un 100 % en sólo cien años. (10) Pero en los mismos cien años, el hombre ha refinado los medios para destruir la vida. Los viejos fusiles, los cañones y las batallas cuerpo a cuerpo del siglo pasado no tienen comparación con los misiles atómicos de hoy. Es por ser imagen de Dios que el hombre ha podido crear. Es porque esa imagen ha sido afectada por el pecado que el hombre, habiendo progresado a nivel horizontal (ciencia y tecnología), no ha logrado suficiente crecimiento en lo que hace a su esencia espiritual, es decir, en su dimensión vertical.
Pecado es todo aquello que conspira contra la naturaleza humana (mediante la destrucción o mal uso del cuerpo o el menosprecio del mismo) y contra su finalidad que es el logro del completamiento de la condición humana según el arquetipo que Dios nos ha dado en la persona de Jesucristo, quien es la perfecta imagen de Dios (11) que todo ser humano debe alcanzar.(12)
Hay dos realidades que se conjugan en todo ser humano y que crean una ambivalencia existencias: La condición del hombre como imagen de Dios y la presencia del pecado que desfigura esa imagen. (13)
La sexualidad natural o normal
Ya se ha señalado que el hombre ha sido creado como ser sexuado y el sexo es uno de los medios de expresar la humanidad, además de instrumento para la preservación de la especie. Hay quienes sostienen, erróneamente, que el pecado de Adán y Eva consistió en descubrir y utilizar sus órganos genitales. No hay fundamento para tal interpretación. Dios creó el sexo en el hombre, igual que en todos los animales, con el propósito de procreación. Pero en el hombre tiene además una función espiritual, y el sexo puede ser la máxima expresión de amor entre dos seres que se quieren.
Según la teoría de los documentos, tenemos dos tradiciones distintas sobre la creación del hombre y del sexo. Según la primera: "Creó Dios al hombre, a su imagen, a imagen de Dios, varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios diciendo: `Creced y multiplicaos, llenad la tierra y señoreadla completamente ´" (Génesis 1:27-28). El hombre es la obra cumbre de la creación. Con sobradas razones alaba Dios su máxima creación. En la Septuaginta (versión griega del Antiguo Testamento) el verbo eulogeo, que aquí se traduce bendecir, también significa alabar o elogiar. Después de los elogios, Dios presenta al hombre cuatro imperativos: Creced en número, multiplicaos, llenad la tierra y señoreadla completamente. Los tres primeros tienen que ver con el uso del sexo. Dios no nos da órdenes sin habernos dotado previamente de los medios para cumplir su mandato. Según la segunda tradición, la mujer procede de una de las costillas del hombre. Por eso Adán dice: "Ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne..." Y el autor del libro afirma: "Por esta causa el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne" (Génesis 2:23-24). El hombre y la mujer fueron originalmente una sola carne, pero Dios decidió separarlos, y desde entonces existe en el hombre una gran fuerza que le empuja a unirse a su mujer y viceversa. Es un anhelo inconsciente de integración humana. En todo lo que hemos estudiado, no hemos encontrado ninguna alusión a que el sexo sea pecaminoso sino todo lo contrario. En su exégesis del libro del Génesis, Juan Calvino hace las siguientes afirmaciones: "Sin la mujer el hombre es incompleto. El hombre debe amar a su mujer como a su propio cuerpo, sólo en esa unión se logra la verdadera personalidad. El sexo es una parte del plan creativo de Dios, pero debe conservarse dentro de los límites del matrimonio monogámico".
La idea del matrimonio monogámico está implícita en Génesis 2:24, cuando se habla de "su mujer", aunque posteriormente se autoriza el adulterio con consentimiento de la esposa (Génesis 16:2). Es bueno resaltar que esto se permite con fines de procreación. En el caso de Jacob, tenemos adulterio autorizado y poligamia (Génesis 29:23-28 30:3). Se trata de matrimonios socialmente reconocidos y de adulterios autorizados por el cónyuge, con fines de procreación. Sin embargo, en el mismo libro del Génesis, José responde a la mujer de Potifar que no puede aceptar sus requerimientos amorosos porque eso sería pecado (Génesis 39:9). El adulterio se prohibe en los diez mandamientos (Exodo 20:14 Deuteronomio 5:18). Sin embargo, el Antiguo Testamento autoriza el divorcio (Deuteronomio 24:1).
El futuro castigo a la nación rebelde incluye la eliminación del deleite sexual. Las relaciones sexuales son un don de Dios, algo excelso, que no merecen los pecadores (Jeremías 7:34 16:9). En la Septuaginta se usan las palabras novio y novia. Se trata de la luna de miel. Para rubricar la ausencia de prejuicios contra el sexo, se presentan las relaciones entre Jehová y el pueblo escogido como algo semejante a las relaciones entre marido y mujer. Jehová habla de las fornicaciones de Israel al adorar los judíos a otros dioses (Exodo 34:15 Deuteronomio 31:16). Oseas es el primer profeta que nos habla del amor de Jehová por su esposa (el pueblo de Israel) a pesar de serle infiel. Este profeta del siglo VIII antes de Cristo, personifica a Jehová y su mujer Gomer al pueblo de Israel. (Oseas 1-3). Jeremías se refiere cuatro veces al pueblo de Israel como la mujer de Jehová (2:23 3:1-2 30:14 31:22). Ezequiel dedica dos capítulos al mismo tema (capítulos 16 y 23). Hay dos pasajes de lsaías que son muy significativos: 54:4-17 y 62:4-12. Jehová, aparte de creador, es marido (Isaías 54:5). El Cantar de los Cantares aparece en el canon del Antiguo Testamento porque se entendía que el amante era Jehová y la amada, el pueblo de Israel. La Iglesia cristiana lo conserva en su canon por entender que el amante es Jesucristo y la amada, su Iglesia.
Pasando al Nuevo Testamento, consideremos las enseñanzas de Jesús contenidas en Mateo 19:3-12. "Los fariseos vinieron a Él tentándole y diciéndole: ¿Es lícito dejar a la mujer por cualquier causa? Respondiendo Jesús les dijo: ¿No sabéis que el Creador desde el principio los hizo varón y hembra? Por esa razón dejará el hombre a padre y madre y será unido a su mujer y serán los dos una sola carne. Porque ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios unió no lo separe el hombre". El versículo 5 generalmente se traduce "se unirá a su mujer". Es, decir, como un futuro de voz media. Pero ese no es el caso. En la lengua original se trata de un futuro indicativo de voz pasiva. Por lo tanto, la traducción correcta sería "será unido". Esta interpretación está ratificada en el siguiente verso: "Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre". Es Dios el que junta. El Creador de ambos sexos es el que une a la pareja en matrimonio.
Jesucristo limita el divorcio a los casos de infidelidad (San Lucas 16:18). Ante esta reforma de la ley establecida, los discípulos reaccionan de esta manera: "Si ésta es la situación del hombre con su mujer, no es negocio casarse" (Mateo 19:10). A lo que contesta Jesús: "Esta doctrina no cabe en la mente de todos los hombres, sólo en aquellos a quienes es dada" (verso 11) y completa la idea en el siguiente verso del cual hacemos una versión libre tratando de interpretar el pensamiento de Jesús: "Ustedes saben que hay hombres que no pueden tener relaciones sexuales debido a imperfecciones físicas. Saben también que hay algunos infelices que han sido castrados a fin de que, sin peligro, cuiden a las mujeres de los poderosos. Saben además que hay hombres que se imponen la abstinencia sexual por causa del Reino de Dios. Hay gran diferencia entre abstenerse por impotencia a hacerlo por propia voluntad. El que tenga poder para hacerlo, hágalo". Cuando Jesús habla de abstinencia sexual no implica que el sexo sea malo, pues antes ha dicho que es creación de Dios, quien une a las parejas en matrimonio. La interpretación errónea de este pasaje, a mi juicio, ha descansado sobre dos incomprensiones. Primero, se ha entendido el mensaje de Jesús como dualístico (es decir, un mensaje griego y no hebreo, un mensaje que implica la maldad de la materia) olvidando que es apocalíptico. Segundo, muchos exégetas han tenido una mente colmada de dualismo griego, y más que textos, buscan pretextos para sus prejuicios. A la Biblia hay que acudir sin presuposiciones, con la mente abierta para que la Palabra de Dios nos hable claramente.
Juan Calvino hizo un magnífico trabajo exegético sobre este pasaje que estamos considerando, del cual tornamos las siguientes afirmaciones: "No todos los hombres son capaces de mantenerse célibes. La decisión no está en manos humanas, pues la continencia es un don especial concedido a pocas personas. Sólo unas pocas personas señaladas por Dios pueden afrontar el sacrificio del celibato. Para todos los demás, la mayoría, Dios no sólo permite, sino que ordena el matrimonio. Quien se resiste al matrimonio está luchando contra Dios".
Los grandes cambios que se han producido en el mundo nos presentan problemas diferentes a los que Lutero tuvo que encarar en su tiempo. "Dios ordena el matrimonio para los que no tienen el don de continencia".
La segunda reflexión que queremos hacer está centrada en el hecho de que Jesús asume el papel que en el Antiguo Testamento corresponde a Jehová, es decir, el marido o el novio. Los tres Evangelios Sinópticos están de acuerdo en presentarnos a Jesús en el rol de novio (Mateo 9:15 Marcos 2:19-20 Lucas 5:34-35). ¿Pueden estar llorando los hijos en la cámara nupcial mientras está con ellos el novio?, pregunta Jesús. Los hijos de la cámara nupcial son los amigos del novio cuyo deber era proveer todo lo relacionado con el lecho nupcial. Jesús es el novio, los apóstoles los amigos del novio, pero no se dice quién es la novia. Igual ocurre con la parábola de las vírgenes (Mateo 25: 1-12). Jesús es el novio, pero no se dice quién es la novia. Quizás no se menciona porque se da por sentado que todos los oyentes entienden que es la Iglesia. Quizás también por el hecho de que todavía Jesús no ha muerto ni resucitado y el Pentecostés cristiano todavía no se ha realizado. Debemos señalar que en la visión de Juan, la Nueva Jerusalén es la esposa ataviada para su marido (Apocalipsis 21:2, 9).
El Evangelio según San Juan no es ajeno al tema tratado por los Sinópticos, y nos presenta un pasaje que pudiéramos considerar paralelo. El amigo del novio aquí es Juan el Bautista, tampoco se dice quién es la novia. El pasaje no es fácil de traducir, pero lo intentamos: "El que posee la novia es el novio, pero el amigo del novio que está en pie y escuchándole se regocija con el gozo por medio de la voz del novio. Este gozo mío ha sido cumplido" (Juan 3:29). Se trata de una escena de la luna de miel de Cristo con la Iglesia. Juan ha preparado el lecho nupcial y se goza de haber hecho todos los preparativos para su amigo. Estas palabras en la Biblia quizás resulten indecorosas para algunos que tengan una mente griega.
Podríamos continuar estas reflexiones en las epístolas paulinas, pero nos llevaría demasiado espacio. Podemos concluir afirmando que en la Biblia el sexo es un medio para expresar la realización humana. No encontramos en las Escrituras afirmaciones que muestren la maldad del sexo. Por el contrario, es un don divino para expresar la humanidad. En la Biblia no hay alabanzas al celibato ni a la virginidad como medios para alcanzar la plenitud de la vida. En el Antiguo Testamento encontramos un caso patético: La hija de Jefté, una virgen, ha sido prometida como sacrificio, según la costumbre que han tenido casi todos los pueblos primitivos. La joven se resigna a morir, pero solicita a su padre dos meses de vida para llorar su virginidad. Es decir, para lamentarse de no haber podido realizarse como esposa y madre (Jueces 11:30-40). En el Nuevo Testamento encontramos un pasaje que expresa un anhelo similar: " ... la mujer siendo engañada, incurrió en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en la fe, amor y santificación con modestia" (1 Timoteo 2:14-15). Las alusiones al celibato en el Nuevo Testamento, son presentadas en una visión escatológica y no implican menosprecio por el sexo, "pero en la resurrección, ni se casarán, ni se darán en casamiento, serán como los ángeles de Dios en el cielo" (San Mateo 22:30). Los ángeles son seres asexuados. Dios, en cambio, nos ha creado como seres sexuados pero a imagen de Dios. El problema básico del hombre es que no es ni un ángel ni un animal. El sexo en él debe ser un medio de expresión de su condición humana. El comportamiento angélico, como la imitación del animal, muestran la incapacidad para encarar la realidad de que somos lo que somos, porque Dios así ha querido que seamos.
Tanto la negación de la sexualidad, como su separación del amor, son intentos de oposición a la naturaleza y finalidad que Dios nos ha otorgado.
La Homosexualidad
El tema de la homosexualidad es tomado en consideración tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Nos proponemos hacer un breve análisis objetivo de los principales pasajes. La desviación de la sexualidad natural parece haber sido una de las consecuencias de la caída del hombre. En Génesis 19 se nos informa que todos los varones de la ciudad de Sodoma, desde el más joven hasta el más viejo, rodearon la casa de Lot con la intención de tener relaciones homosexuales por violación con dos hombres de Dios. La llegada de dos extraños excitó tanto a estos sodomitas que con violencia querían usarlos como mujeres. Lot, queriendo salvar a los dos varones y siguiendo las costumbres orientales de hospitalidad y protección al visitante, estuvo dispuesto a sacrificar a sus dos hijas vírgenes entregándolas a los sodomitas, pero éstos no querían mujeres sino hombres. En Jueces 19:16-30 encontramos un caso similar. Un anciano recoge a un caminante y lo hospeda en su casa y "he aquí que los hombres de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la cara, golpeando la puerta y hablaron al anciano dueño de la casa, diciendo: Saca al hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos (14)" (Jueces 19:22). El anciano entonces les ofrece entregarles a su hija virgen y a su concubina en lugar del hombre que ellos deseaban. "Humilladlas y haced con ellas como os parezca", les dijo, "y no hagáis a este hombre cosa tan infame. Mas aquellos hombres no le quisieron oír por lo que tomando aquel hombre a su concubina, la sacó y entraron a ella toda la noche hasta la mañana, y la dejaron cuando apuntaba el alba".
Actos de brutalidad sexual en hombres primitivos que vivieron hace varios milenios son más comprensibles que actos similares que acontecen hoy protagonizados por sujetos "civilizados".
Esta atracción hacia personas del mismo sexo, que conduce a la violación, es condenada en la Biblia, que siempre predica el respeto por la persona humana. Pero... ¿cómo encara la Biblia las relaciones voluntarias entre personas adultas del mismo sexo? Cuando se redacta la ley mosaica, varias desviaciones sexuales son condenadas. En Levítico 18 se condena a la pena de muerte a los que practiquen las siguientes relaciones sexuales: Con parienta próxima, con el padre o la madre, con la mujer del padre, con una hermana, una nieta, una tía, la esposa de un tío, una nuera, una cuñada, la esposa durante el período menstrual, la esposa del prójimo. Después de esta larga lista se advierte: "No te echarás con varón como con mujer: es abominación" (Levítico 18:22). El acto sexual entre varones es condenado al final de una lista de relaciones sexuales interpersonales consideradas impuras. Inmediatamente se condena el ayuntamiento carnal con animales. En este caso se condena tanto al varón como a la mujer que procura satisfacción sexual con un animal. El hecho de que no se condenen las relaciones sexuales entre mujeres parecería indicar que éstas no eran conocidas entre los judíos de los tiempos bíblicos.
En el capítulo veinte del mismo libro de Levítico se condena a muerte, por lapidación, a los que cometan delitos tales como el sacrificio de niños, la consulta a magos o adivinos, la maldición a los padres, el adulterio, el incesto, las relaciones con animales, las relaciones con mujeres menstruantes, etc. Y en 20:13 leemos: "Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron ambos han de ser muertos sobre ellos será su sangre". Israel no es el único pueblo antiguo donde se presentó la homosexualidad. Para los griegos, la homosexualidad entre hombres era muy común y aún representaba para ellos la máxima expresión del amor. Dos diálogos de Platón, Simposio y Fedro, son un buen ejemplo de simpatía hacia la homosexualidad. En cuanto a las relaciones entre mujeres, dos nombres, Lesbos y Safo, son suficientemente elocuentes. Entre los romanos, por el contrario, los homosexuales eran despreciados. No obstante, en el siglo I de la era cristiana, esta costumbre sexual estaba muy difundida en Roma, y la Biblia nos da testimonio de esa realidad.
En el Nuevo Testamento descubrimos que Jesús no hace referencias específicas a la homosexualidad. San Pablo, por el contrario, se refiere a ella en varias de sus epístolas. En Romanos 1: 18-32 nos presenta un cuadro detallado de la condición pecaminosa de la sociedad romana. San Pablo no pone aparte a los homosexuales para hacerlos objeto de un tratamiento especial. La homosexualidad es un síntoma de la ambivalencia existencial del ser humano que, siendo imagen de Dios, vive bajo los efectos del pecado.
En Romanos 1:24, 26, 27, San Pablo hace referencia tanto a la homosexualidad de hombres como a la de mujeres. Pero el Evangelio redentor tiene una palabra de esperanza para todos los pecadores, y los homosexuales no están excluidos. Al escribir a los creyentes de la ciudad griega de Corinto, Pablo afirma que algunos de ellos habían sido fornicarios, idólatras, adúlteros, homosexuales, ladrones, avaros, borrachos, maldicientes y estafadores (1 Corintios 6:9-10). "Y esto erais algunos mas ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios" (1 Corintios 6:11).
En las epístolas de San Pablo encontramos tres listas de pecados que impiden al ser humano heredar el Reino de Dios: 1 Corintios 6:9-11 Gálatas 5:19-21 y Efesios 5:3-5. Es interesante señalar que estos tres pasajes tienen una perspectiva escatológica. Lo común es la herencia del Reino de Dios que vendrá en su consumación. También resulta interesante señalar que los homosexuales están incluidos no sólo en la lista de 1 Corintios. En 1 Timoteo 1: 9-10 se presenta otra lista de pecados y en esta ocasión se incluye a los sodomitas junto con los fornicarios, secuestradores, parricidas, mentirosos, etc.
Estas listas de pecados no son específicamente cristianas. Entre los estoicos de tiempos de Pablo existían listas similares. Se trata de muletas que son necesarias mientras el ser humano no sea capaz de caminar por sí mismo hacia el completamiento de su humanidad. Cuando el hombre sea capaz de amar no se hará daño a sí mismo, ni a los demás. En Romanos 13:8-10 Pablo nos muestra que toda la ley se resume en el amor. "El amor no hace mal al prójimo así que el completamiento de la ley es el amor". El que se ama a sí mismo tampoco se hace daño. Jesús resume la ley mosaica en tres expresiones del amor: Hacia Dios, hacia sí mismo y hacia el prójimo (Mateo 22:37-40).(15)
A medida que el ser humano sea capaz de superar su mediocridad espiritual para marchar, bajo la dirección del Espíritu Santo, hacia la consumación de su humanidad en el amor de Cristo, irá abandonando paulatinamente estas muletas. Es a la luz de esta concepción de la vida cristiana que podemos entender las palabras de San Agustín: "Ama y haz lo que quieras". Ciertamente el que ama -a Dios, al prójimo y a sí mismo- no desobedece, no hace mal.
La sexualidad puede ayudar a la humanización del hombre o puede contribuir a su deshumanización. Cuando comprendemos cuál es el origen, la naturaleza y la finalidad del hombre en una perspectiva teológica, reconocemos que la homosexualidad conspira contra la finalidad que Dios nos ha otorgado. Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, varón y hembra los creó (Génesis 1: 27). La homosexualidad se opone tanto a la naturaleza como a la finalidad del ser humano. La única relación sexual que hace posible la creación de un creador de vida humana es la realizada por una pareja heterosexual. Si toda la humanidad se volviera homosexual se extinguiría la raza humana, que es la corona de la creación divina.
Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento no se coloca aparte a la homosexualidad para condenarla en forma especial. Se la incluye en una lista de pecados sin que exista una clasificación en el sentido de la mayor o menor gravedad. El pecado es pecado no importa si es físico o espiritual. En nuestra cultura tenemos la tendencia a condenar los pecados sexuales y a minimizar los otros como el chisme, envidia, orgullo, mentira, etc.
Para todo pecador, la Biblia tiene un mensaje de esperanza y los homosexuales no están excluidos: "Algunos de vosotros erais homosexuales", dice Pablo a los cristianos de Corinto (1 Corintios 6:11). La redención cristiana es integral, tiene que ver con la totalidad de la vida. Un joven homosexual me dijo hace algún tiempo: - Soy cristiano. Mantengo una vida de oración regular. Estoy convencido de que Dios me ama y me acepta tal cual soy. Si Él ha permitido que sea lo que soy, si Él permite que sienta placer sexual actuando como si fuera una mujer, aunque soy anatómicamente varón, Él, que es todo sabiduría y amor, comprende mi situación. No tengo sentimiento de culpa. No pretendo ser mujer. Soy así... y acepto mi identidad.
Después de estas afirmaciones le dije: - Bien... ¿en qué puedo servirle? No valía la pena ponerme a discutir en torno a sus ideas. Lo importante era que había venido a verme. Aparentemente no tenía problemas de ningún tipo, y, sin embargo, me había solicitado una entrevista. Quizás su seguridad de contar con la aprobación divina para sus actividades homosexuales era un medio utilizado inconscientemente para esconder la realidad de su problema. Discutir con él no tenía sentido. Mi respuesta no implicaba una aprobación ni una condenación de su esquema mental que aprobaba su homosexualidad. Sencillamente quería que el joven manifestara el real motivo para solicitarme una entrevista. Por fin surgió la catarsis:
- Bueno, he venido a verlo porque me siento muy solo. Este problema no se lo puedo contar a mi pastor porque no lo comprendería. La verdad es que me siento muy solo.
- ¿Y sus camaradas homosexuales no le sirven de compañía? - le pregunté.
- Mi problema es que no me siento satisfecho sólo con el placer sexual. Además de eso, necesito afecto. Si yo pudiera encontrar un compañero para toda la vida no desearía cambiar. Lamentablemente las relaciones entre los que son como yo no son duraderas. A veces lo usan a uno y después lo tiran como si fuera un objeto despreciable. He meditado profundamente sobre mi situación y he llegado a dos conclusiones: (1) Sólo una mujer me puede ofrecer un afecto permanente, aceptado socialmente y sin sentimientos de culpa, y (2) a mí no me gustan las mujeres.
La soledad, el déficit afectivo, el rechazo de la sociedad y la doble vida que realizaba (una en la Iglesia y otra en el mundo) colocaban a este joven en una situación difícil, que es muy común entre los homosexuales. El evangelio, sin ser una panacea, ofrece un mensaje de esperanza para todos los hombres que están conscientes de la gran distancia que existe entre lo que son y lo que deben llegar a ser con la ayuda de Dios. Los homosexuales no son la excepción. Para ellos hay en Cristo un mensaje de esperanza y redención.
Notas
1 Estamos conscientes de la imposibilidad de lograr un conocimiento exhaustivo del hombre. El ser humano sigue siendo misterioso y desconocido. Si lográramos la suma aritmética de todas las ciencias humanas, no tendríamos todavía un conocimiento exhaustivo del hombre. No obstante, mucho camino ha sido recorrido hacia la meta de la plena comprensión humana. En tres de mis libros me he ocupado del tema antropológico. En Psicología pastoral para todos los cristianos dedico a este tema los primeros cuatro capítulos. En Psicología de la experiencia religiosa, el segundo capítulo está dedicado a la dimensión religiosa en el ser humano. En La comunicación del evangelio en el mundo actual, dedico dos capítulos al tema antropológico: El segundo, "El hombre como imagen de Dios" y el octavo, "El proceso evolutivo, involutivo y la evangelización”.
2 Woltereck H., La vejez, segunda vida del hombre, (México-Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1962), p. 128.
3 Ibid, p. 128.
4 Ibid, pp. 129-130.
5 La hermenéutica es la ciencia de la interpretación.
6 Woltereek, H., op. cit., 131.
7 Para una más amplia explicación de este concepto, véase el segundo capítulo de mi libro La comunicación del evangelio en el mundo actual, (Buenos Aires: Ediciones Pleroma, 1974), que lleva por título: "El hombre como imagen de Dios", pp. 31-48.
8 Gálatas 4:19, Efesios 4:13-14, Colosenses 3:9-10.
9 Woltereck H., op. cit., p. 135.
10 Según Woltereek, op. cit., pp. 39-40, en la década de 1870-1880, la expectativa de vida media del ser humano era de 35,5 años. En los países civilizados, el promedio de vida en nuestra década es de alrededor de 75 años.
11 2 Corintios 4:4 Colosenses 1:15-l8 3:9-10 Hebreos 1:3.
12 Gálatas 4:19 Efesios 4:13-14 Colosenses 3:9-10.
13 Para un estudio más amplio del pecado como obstáculo para el logro de la finalidad que Dios se ha propuesto para el completamiento de la humanidad de cada hombre y de la sociedad, véase La comunicación del evangelio en el mundo actual, op. cit., pp. 68-77.
14 El verbo conocer se utiliza tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento para referirse a las relaciones sexuales. "Conocer" a una persona implicaba una relación íntima. Véase San Mateo 2:25.
15 Para un estudio más amplio de este pasaje, véase Psicología pastoral para todos los cristianos, 41 edición, pp. 73-77.
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