El poder curativo de la oración
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Basta un poco de fe para reducir el riesgo de depresión, afecciones cardíacas y otros males.
Tras someterse en 2003 a un transplante de médula ósea por cáncer linfático, Mike Cayne, un hombre de 33 años de Whitman, Massachussets, atribuye su curación a los médicos... y a su fe. La oración lo hizo confiar en que todo saldría bien. –“Me dio fuerzas y paz”, dice. Quizá por eso tanta gente recurre a ella: sobre una encuesta de 31.000 personas realizada por los Institutos Nacionales de Salud de los EEUU, es la terapia alternativa más usada. “Las personas creyentes tienden a ser optimistas y a tener más autoestima y apoyo social, lo cual favorece a la salud”, afirma Holli Grigermon, investigadora de la Universidad de Yale que observó que los enfermos que buscaban consuelo en la religión necesitaban menos consultas médicas. Según otros estudios, la oración mitiga las afecciones cardíacas, la hipertensión y el cáncer. La idea de que la fe puede curar es discutible, pero estudios recientes muestran hallazgos positivos.
Cura la depresión: En un estudio realizado en 2004 por el centro médico de la Universidad de Duke con 838 adultos mayores hospitalizados, los más religiosos presentaban menos síntomas de depresión y más lucidez que los demás. En otro estudio del mismo año, médicos de la Universidad de Yale informaron que las personas pobres de zonas urbanas que creen en un poder superior corren menos riesgo de deprimirse ante las desgracias, que los no creyentes de la misma clase social
... Y el corazón: En la Universidad de Pavia, Italia, se observó que los adultos que rezaban el rosario tenían mejor función cardiopulmonar. En un estudio de 999 pacientes del Instituto de Cardiología del Hospital Saint Luke, aquellos por los que rezaban otras personas sin decírselo, corrían mejor suerte que los demás.
Levanta el ánimo: En un estudio realizado en 2004 por la Universidad de Washington, las personas muy creyentes se sometían con más optimismo a operaciones de corazón otros estudios indican que la oración acelera la convalecencia postoperatoria.
Extraido de Selecciones de Reader’s Digest. Enero de 2005.
Tras someterse en 2003 a un transplante de médula ósea por cáncer linfático, Mike Cayne, un hombre de 33 años de Whitman, Massachussets, atribuye su curación a los médicos... y a su fe. La oración lo hizo confiar en que todo saldría bien. –“Me dio fuerzas y paz”, dice. Quizá por eso tanta gente recurre a ella: sobre una encuesta de 31.000 personas realizada por los Institutos Nacionales de Salud de los EEUU, es la terapia alternativa más usada. “Las personas creyentes tienden a ser optimistas y a tener más autoestima y apoyo social, lo cual favorece a la salud”, afirma Holli Grigermon, investigadora de la Universidad de Yale que observó que los enfermos que buscaban consuelo en la religión necesitaban menos consultas médicas. Según otros estudios, la oración mitiga las afecciones cardíacas, la hipertensión y el cáncer. La idea de que la fe puede curar es discutible, pero estudios recientes muestran hallazgos positivos.
Cura la depresión: En un estudio realizado en 2004 por el centro médico de la Universidad de Duke con 838 adultos mayores hospitalizados, los más religiosos presentaban menos síntomas de depresión y más lucidez que los demás. En otro estudio del mismo año, médicos de la Universidad de Yale informaron que las personas pobres de zonas urbanas que creen en un poder superior corren menos riesgo de deprimirse ante las desgracias, que los no creyentes de la misma clase social
... Y el corazón: En la Universidad de Pavia, Italia, se observó que los adultos que rezaban el rosario tenían mejor función cardiopulmonar. En un estudio de 999 pacientes del Instituto de Cardiología del Hospital Saint Luke, aquellos por los que rezaban otras personas sin decírselo, corrían mejor suerte que los demás.
Levanta el ánimo: En un estudio realizado en 2004 por la Universidad de Washington, las personas muy creyentes se sometían con más optimismo a operaciones de corazón otros estudios indican que la oración acelera la convalecencia postoperatoria.
Extraido de Selecciones de Reader’s Digest. Enero de 2005.
