El discipulado, en la Biblia, es considerado como un estilo de vida, una forma de pastoreo personalizado y una estrategia para el cumplimiento de la Misión. En varios textos de la Biblia se relatan visiones que Dios da a su pueblo para el cumplimiento de un propósito. Esas visiones siempre tenían el objetivo de traer una orientación o dirección; en otros casos, Dios las utilizaba para llamar la atención a algo que Él deseaba comunicar lo que quería fuese hecho. De alguna manera, las visiones eran un medio de Dios para comunicar su voluntad al pueblo y motivarlos a ponerla en práctica.
En el Antiguo Testamento, muchos líderes fueron llamados por Dios para guiar, orientar y pastorear a Su pueblo. Tal el caso de los profetas, jueces, reyes y maestros de la ley. En el Nuevo Testamento, una vez más Dios nos orienta a hacer su voluntad a través de Jesucristo y nos renueva la visión del discipulado (Mateo 28:19-20). El discipulado no es un programa, es algo más que eso, es la puesta en práctica de ser fiel al Señor y llevar Su palabra a otros que no la conocen.
Para que eso ocurra, necesitamos comprender a cabalidad el discipulado. ¿Qué es y qué no es discipulado? ¿Cómo ocurre? ¿Qué pretende? ¿Cómo vivenciarlo en la práctica? ¿Qué se espera de los que se envuelven con el discipulado (expectativas)? ¿Cómo y dónde ocurre?. Eso implica que debemos saber qué es el discipulado, considerar que es necesaria la integralidad del cristiano (bio-psico-social-espiritual), tener en cuenta el llamado personal del cristiano para una vocación universal, y practicar la ética del amor a sí mismo, para poder amar a los demás.