El Dios Eterno

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“Señor, tú nos has sido refugio
De generación en generación.
Antes que naciesen los montes
Y formases la tierra y el mundo,
Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios”. (Salmo 90:1,2) (Oración de Moisés)

Cuando contemplamos las montañas, nos dan la idea de que siempre estuvieron en ese lugar, y que nunca más, alguien las removerá de su lugar. Ellas nos parecen eternas: La vegetación que las cubre cambian de acuerdo a la estación del año. Los animales que viven en ellas, nacen, viven y mueren, pero ellas permanecen inconmovibles, en calma y seguras. Vemos las corrientes de sus aguas, que descienden día a día, como que si no tuvieran fin.

Esas montañas parecen eternas, pero también tuvieron su comienzo. Sólo es eterno, Aquel que las creó. El siempre existió “desde el siglo y hasta el siglo” “de la eternidad hasta la eternidad, tú eres Dios” . Dios siempre existió, y existirá par siempre. El ser humano que vive sesenta, setenta o cuando mucho, ochenta años, la eternidad de Dios es algo incomprensible. Estamos acostumbrados a lidiar con lo cotidiano de la vida, con aquello transitorio y muchas veces le damos carácter de absoluto. La eternidad en este pensamiento parece un absurdo. No hay como explicarla o comprenderla. Pero hay algo que es muy importante, el Dios eterno, “aquel que no tiene ni principio ni fin”, conoce muy bien todo lo que existió antes de nosotros, así como lo que ocurre en este momento, y lo que ocurrirá en el futuro. Para él todo es un eterno presente. No existe el tiempo. El está presente en todas partes y conoce todo. En ningún momento falló en los cuidados del universo. Si hay en la tierra tantos problemas, ellos son derivados, no de una falla divina, sino íntegramente a la negligencia, egoísmo y maldad humana.

Dios tiene sumo cuidado con la humanidad: En ningún momento de la historia se olvidó de proveer todo lo necesario para que el ser humano tuviese fuentes de alimentación y de sustento. Si hay alguna carencia es fruto de la injusticia y egoísmo humano. El ideó todo, antes de la existencia de las montañas, y a través de las generaciones, el mantiene su plan. El no atiende solamente las necesidades primarias de los seres humanos, como lo es vestido, comida, vivienda y salud, sino las necesidades más íntimas del ser humano, que son las espirituales. Necesidades que se mantendrán por toda su existencia hasta la eternidad. Por eso suple las carencias del ser humano, especialmente las necesidades espirituales de sus hijos.

El ser humano vive por una corta cantidad de tiempo en este mundo. Dios es bien diferente. El siempre existió en gloria y majestad. El quiere concedernos a cada uno de nosotros, que somos tan frágiles, la posibilidad de vivir para siempre. ¿Crees que esto es un sueño? ¿Crees que esto es imposible?. Moisés lo vislumbró cuando vio su gloria en el monte Horeb y recibió la Ley de Dios. El pudo ver la poderosa mano de Dios, librándolos de más de cuatrocientos cincuenta años de esclavitud bajo los egipcios. Esa Ley Dios mismo la cumplió por nosotros, al encarnarse y vivir entre los hombres y cumplirla plenamente, declarándonos justos delante de Dios. E Dios eterno, vivió entre nosotros y resucitó de entre los muertos, abriéndonos así la puerta de la eternidad.

Oremos: Bondadoso Dios, Tú eres nuestro refugio de generación en generación. Gracias por enviar a Jesucristo, que al resucitar entre los muertos, nos reconciliaste contigo y nos abriste a la vida eterna. Amén.

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