El cántico del silencio
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“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
Mateo 22:39
“El cristianismo en su forma más pura, no es nada más que ver a Jesús.
Creer en Jesucristo y servirle es el anhelo de todo creyente.
Ver a su Majestad e imitarlo, esa es la esencia del cristianismo”.
Dignidad es el valor que se da el individuo en el medio que lo rodea, unos tienen dignidad a gran escala y otros en menor escala, todo depende como percibamos nuestros valores como individuos, creados a imagen y semejanza de nuestro Dios.
Tener vida y gozar la salud que Dios en su majestad nos brinda es algo que debemos agradecer diariamente al abrir nuestro ojos cada mañana, saber que estamos sanos y llenos de vida, estado que debemos a ese Dios del que todos oímos hablar desde niños.
Muchas veces nos olvidamos de las bendiciones que nos da nuestro Señor y que las tenemos frente a nosotros y no las vemos, debido a nuestras múltiples ocupaciones.
En la vida hay circunstancias que pasan y no sabemos por qué, pero en cada acción de esta vida terrenal, hay un propósito en lo que nos ocurre, si andamos en los caminos de Dios, hasta el drogadicto, la prostituta, el mendigo, el alcohólico y hasta el mismo delincuente, transmiten un mensaje a nuestras vidas, y debemos tener el discernimiento necesario para saber interpretar el mensaje de Dios, a través de cada persona o cada circunstancia.
Atendiendo este conocimiento, quiero compartir con todos ustedes una circunstancia, un hecho que me trajo un mensaje del Señor, utilizando las personas menos idóneas, pero para Dios no hay límites para comunicarse con sus hijos.
Ocurrió recientemente en Salitral de Santa Ana (Costa Rica), mi cuñado Fernando y yo nos encontrábamos sentados en una banca de una pulpería, bebíamos un refresco, cuando aparecieron un anciano como de 90 años que caminaba con dificultad, y un muchacho, a quien le calcule unos 11 años de edad. El anciano sacó una pequeña libreta, se dirigió a mi cuñado y le solicitó que marcara un número en el teléfono, que estaba a la par de la banca que ocupábamos. Evidentemente, su vista fallaba, por lo que tenía que recurrir a la ayuda de otra persona.
Fernando se levantó, atendió su petición y le entregó el teléfono al señor, mientras tanto, el muchacho se sentó a la par mía y le ofrecí un helado, en respuesta el muchacho acercó la mano a su boca, hizo una señal negativa, y luego señalo al anciano, quien hablaba a gran voz en la casetilla telefónica.
Ante lo que observaba, era evidente la pobreza de estas dos personas. ¡Qué pareja! Hay una clara dependencia recíproca… El niño no habla, el anciano esta perdiendo la vista y casi no puede caminar. En conclusión el niño tiene los ojos del anciano; y el anciano la boca y los oídos del niño.
Lo preocupante es que no sabían como utilizar el teléfono… en momentos actuales, dónde el mundo avanza a gran velocidad, la tecnología es más compleja, esta pareja de personas no camina a la misma velocidad y dirección de este mundo globalizado, sino todo lo contrario, requieren de alguien que les preste atención.
Al finalizar la llamada el anciano, se vino contento donde su muchacho, su sonrisa reflejaba su alegría interior y nos agradeció el favor de ayudarle en su llamada expresando: “Es que él cumple 22 años este lunes 10 de agosto y mañana domingo mi hermana, que vive en Puriscal le va a preparar un almuercito en su honor. El es sordo y mudo.”
Al oír esto, mi corazón se partió, mis ojos se nublaron y pude ver lo que Dios quería mostrarme: en medio de la pobreza y el abandono, el anciano y el joven sentían un amor profundo, uno hacia el otro, no importando sus deficiencias físicas, ellos podían escuchar el cántico del silencio.
Esto me trajo a la mente, el amor de Jesucristo, cuando tomó a unos niños en sus brazos y los bendijo.
“Más Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí
y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios”. Lucas 18:16
Jesús a pesar de sus múltiples ocupaciones siempre tuvo tiempo para atender al necesitado, de brindar cariño y amor.
El abuelo nos agradeció un pequeño gesto: marcar el teléfono de su hermana.
Todo este suceso me impulso a que inmediatamente sacara algún dinero que llevaba, y lo entregué con discreción al anciano para que se ayudaran.
Lo importante de esta vivencia no es contar el suceso, ni lo que di
a esos necesitados; sino el mensaje que recibí. Que importante es sentirse útil para la humanidad, que cantidad de bendiciones tenemos y todavía nos quejamos; en la soledad y la oscuridad debemos estar agradecidos con Dios, porque vivimos, tenemos sustento y capacidad para honrar, bendecir y glorificar al creador por cada minuto que nos da, en salud carnal y espiritual.
El abuelo agradeció el gesto que demostramos, y lentamente se marchó acompañado de su nieto. A poca distancia el niño se volvió hacia mi con una sonrisa que reflejaba su alegría y me hizo la señal del saludo militar. Igualmente le contesté.
Volvió su mirada al abuelo, y caminaron. Inmediatamente me puse a llorar ya que no pude contenerme y comprendí a Dios, que en su misericordia divina llegó a la tierra a morir por salvar a la humanidad de su vida pecaminosa.
Dios bendiga a aquella pareja de personas, que con su propia vida transmiten un mensaje a la humanidad, ese soldadito, que nunca ha oído una canción, ni ha escuchado mencionar su nombre, vives y ríes al mundo como si no tuvieras deficiencias, algo que muchos, estando completos, no sabemos hacer. Y vivimos en un orgullo tonto y frágil.
Te digo hermano ante mi Dios que lo que ese sábado me diste, no lo olvidare, siempre estarás en mi mente, como el ángel mensajero de Dios, que en su misericordia te bendiga siempre, y oraré a él, por si necesitas a alguien que te socorra, sea yo quien recurra en tu ayuda.
Asimismo, Dios quiera, me de la oportunidad de ayudar a otros también, a no ser nunca indiferente ante el necesitado, a brindar ayuda al desamparado y a enseñar a otros que hay un Dios que nos ama. De dar, en vez de recibir y nunca llevar egoísmo y materialismo, a mi corazón. Aparta el orgullo humano de mi vida, déjame darte gracias por ver, por oír, por hablar, por caminar, por utilizar mis manos, por oler los aromas de la naturaleza; gracias Dios por tener la posibilidad de gozar y percibir tu creación, y de poder estar completo para adorarte, bendecirte y glorificarte, y sobre todo de estar vivo para llevar más almas a tu abrigo y salvación, y podamos estar felices en la tierra prometida de la nueva Jerusalén. Gracias Dios por permitirme compartir con otros todas las bendiciones que me has dado.
¡Tu siervo, que te ama !
“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros;
Mateo 22:39
“El cristianismo en su forma más pura, no es nada más que ver a Jesús.
Creer en Jesucristo y servirle es el anhelo de todo creyente.
Ver a su Majestad e imitarlo, esa es la esencia del cristianismo”.
Dignidad es el valor que se da el individuo en el medio que lo rodea, unos tienen dignidad a gran escala y otros en menor escala, todo depende como percibamos nuestros valores como individuos, creados a imagen y semejanza de nuestro Dios.
Tener vida y gozar la salud que Dios en su majestad nos brinda es algo que debemos agradecer diariamente al abrir nuestro ojos cada mañana, saber que estamos sanos y llenos de vida, estado que debemos a ese Dios del que todos oímos hablar desde niños.
Muchas veces nos olvidamos de las bendiciones que nos da nuestro Señor y que las tenemos frente a nosotros y no las vemos, debido a nuestras múltiples ocupaciones.
En la vida hay circunstancias que pasan y no sabemos por qué, pero en cada acción de esta vida terrenal, hay un propósito en lo que nos ocurre, si andamos en los caminos de Dios, hasta el drogadicto, la prostituta, el mendigo, el alcohólico y hasta el mismo delincuente, transmiten un mensaje a nuestras vidas, y debemos tener el discernimiento necesario para saber interpretar el mensaje de Dios, a través de cada persona o cada circunstancia.
Atendiendo este conocimiento, quiero compartir con todos ustedes una circunstancia, un hecho que me trajo un mensaje del Señor, utilizando las personas menos idóneas, pero para Dios no hay límites para comunicarse con sus hijos.
Ocurrió recientemente en Salitral de Santa Ana (Costa Rica), mi cuñado Fernando y yo nos encontrábamos sentados en una banca de una pulpería, bebíamos un refresco, cuando aparecieron un anciano como de 90 años que caminaba con dificultad, y un muchacho, a quien le calcule unos 11 años de edad. El anciano sacó una pequeña libreta, se dirigió a mi cuñado y le solicitó que marcara un número en el teléfono, que estaba a la par de la banca que ocupábamos. Evidentemente, su vista fallaba, por lo que tenía que recurrir a la ayuda de otra persona.
Fernando se levantó, atendió su petición y le entregó el teléfono al señor, mientras tanto, el muchacho se sentó a la par mía y le ofrecí un helado, en respuesta el muchacho acercó la mano a su boca, hizo una señal negativa, y luego señalo al anciano, quien hablaba a gran voz en la casetilla telefónica.
Ante lo que observaba, era evidente la pobreza de estas dos personas. ¡Qué pareja! Hay una clara dependencia recíproca… El niño no habla, el anciano esta perdiendo la vista y casi no puede caminar. En conclusión el niño tiene los ojos del anciano; y el anciano la boca y los oídos del niño.
Lo preocupante es que no sabían como utilizar el teléfono… en momentos actuales, dónde el mundo avanza a gran velocidad, la tecnología es más compleja, esta pareja de personas no camina a la misma velocidad y dirección de este mundo globalizado, sino todo lo contrario, requieren de alguien que les preste atención.
Al finalizar la llamada el anciano, se vino contento donde su muchacho, su sonrisa reflejaba su alegría interior y nos agradeció el favor de ayudarle en su llamada expresando: “Es que él cumple 22 años este lunes 10 de agosto y mañana domingo mi hermana, que vive en Puriscal le va a preparar un almuercito en su honor. El es sordo y mudo.”
Al oír esto, mi corazón se partió, mis ojos se nublaron y pude ver lo que Dios quería mostrarme: en medio de la pobreza y el abandono, el anciano y el joven sentían un amor profundo, uno hacia el otro, no importando sus deficiencias físicas, ellos podían escuchar el cántico del silencio.
Esto me trajo a la mente, el amor de Jesucristo, cuando tomó a unos niños en sus brazos y los bendijo.
“Más Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí
y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios”. Lucas 18:16
Jesús a pesar de sus múltiples ocupaciones siempre tuvo tiempo para atender al necesitado, de brindar cariño y amor.
El abuelo nos agradeció un pequeño gesto: marcar el teléfono de su hermana.
Todo este suceso me impulso a que inmediatamente sacara algún dinero que llevaba, y lo entregué con discreción al anciano para que se ayudaran.
Lo importante de esta vivencia no es contar el suceso, ni lo que di
a esos necesitados; sino el mensaje que recibí. Que importante es sentirse útil para la humanidad, que cantidad de bendiciones tenemos y todavía nos quejamos; en la soledad y la oscuridad debemos estar agradecidos con Dios, porque vivimos, tenemos sustento y capacidad para honrar, bendecir y glorificar al creador por cada minuto que nos da, en salud carnal y espiritual.
El abuelo agradeció el gesto que demostramos, y lentamente se marchó acompañado de su nieto. A poca distancia el niño se volvió hacia mi con una sonrisa que reflejaba su alegría y me hizo la señal del saludo militar. Igualmente le contesté.
Volvió su mirada al abuelo, y caminaron. Inmediatamente me puse a llorar ya que no pude contenerme y comprendí a Dios, que en su misericordia divina llegó a la tierra a morir por salvar a la humanidad de su vida pecaminosa.
Dios bendiga a aquella pareja de personas, que con su propia vida transmiten un mensaje a la humanidad, ese soldadito, que nunca ha oído una canción, ni ha escuchado mencionar su nombre, vives y ríes al mundo como si no tuvieras deficiencias, algo que muchos, estando completos, no sabemos hacer. Y vivimos en un orgullo tonto y frágil.
Te digo hermano ante mi Dios que lo que ese sábado me diste, no lo olvidare, siempre estarás en mi mente, como el ángel mensajero de Dios, que en su misericordia te bendiga siempre, y oraré a él, por si necesitas a alguien que te socorra, sea yo quien recurra en tu ayuda.
Asimismo, Dios quiera, me de la oportunidad de ayudar a otros también, a no ser nunca indiferente ante el necesitado, a brindar ayuda al desamparado y a enseñar a otros que hay un Dios que nos ama. De dar, en vez de recibir y nunca llevar egoísmo y materialismo, a mi corazón. Aparta el orgullo humano de mi vida, déjame darte gracias por ver, por oír, por hablar, por caminar, por utilizar mis manos, por oler los aromas de la naturaleza; gracias Dios por tener la posibilidad de gozar y percibir tu creación, y de poder estar completo para adorarte, bendecirte y glorificarte, y sobre todo de estar vivo para llevar más almas a tu abrigo y salvación, y podamos estar felices en la tierra prometida de la nueva Jerusalén. Gracias Dios por permitirme compartir con otros todas las bendiciones que me has dado.
¡Tu siervo, que te ama !
“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros;
