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El amor al dinero

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El amor al dinero

Lo ilógico e irracional está a menudo presente en el manejo del dinero: sujetos que se angustian por gastar una cantidad pequeña, los avaros por ejemplo, y otros que son capaces de los mayores gastos sobre la base de tarjetas de crédito o cheques bancarios. Hay personas que tienen sentimientos de culpabilidad ante la sola idea que genera la posibilidad de ganar dinero, otros tienen pérdidas inexplicables de plata como conducta recurrente, como si al hacerlo tuviesen que pagar algún impuesto compensatorio de algo. Da la impresión que en los asuntos donde interviene el dinero se ponen en juego elementos que son mucho más que dinero.

Tener dinero es como tenerse a uno mismo. Si soy lo que tengo y lo que tengo se pierde, entonces ¿quién soy? Una encuesta en España daba como resultado que el 83,4 de los encuestados pensaba que para enriquecerse había que ser previamente deshonesto. Hasta la misma Mafalda, de la historieta, decía que “no se puede amasar una fortuna sin hacer harina a los demás”. El deseo de defraudar o explotar a otros se convierte para muchos en una verdadera norma cultural. 

En nuestra relación con el dinero se encuentra implicada la cuestión del amor, un asunto libidinal inconsciente, dirían los psicoanalistas, y de raíces infantiles. Esto explica por qué el dinero provoca tantas reacciones de doblez, falso poder e hipocresía. Mucha gente estaría dispuesta a comentar asuntos muy íntimos de su vida personal antes de contar cómo manejan la plata o cuánto tienen en el banco. 

Sin embargo, a pesar de estar silenciado y omitido, el dinero es un omnipresente en nuestra vida cotidiana. El dinero se ha convertido en un poder externo e independiente de las personas mismas. Lacan, el destacado psicoanalista francés, decía que el dinero aparece como el significante que aniquila toda significación. Para decirlo en términos más simples, cuando se privilegia el dinero todo se torna diferente.

El dinero es la máscara bajo la cual se encubren muchos acuerdos interpersonales. Tiene que ver con todo: pareja, hijos, creencias, principios éticos, proyectos…. Por eso el tema del consumismo en la sociedad occidental: Consumir ha dejado de ser una experiencia significativa, humana, para convertirse en un modo de satisfacer fantasías que en realidad no pocas veces son ajenas a nuestro ser real y concreto. En buena medida, comemos y bebemos las fantasías que nos suministra la propaganda. Consumir se ha hecho un fin en sí mismo, en algunos casos una compulsión irracional en el que el ser queda sustituido por el tener hasta lograr una perversa identificación que le podría muy bien hacer decir a algunos: “Yo soy lo que consumo”. En esa línea la persona se desentiende de valores esenciales de la vida.  

Dinero y espiritualidad

Cuando nuestra identidad, nuestra fortaleza, cuando los espacios que ocupamos dependen básicamente del dinero, estamos en problemas. El dinero es un señuelo que nos enceguece fácilmente y nos hace perder conciencia de nuestra condición. Se trata del amor al dinero, no del dinero en sí mismo. 

Santiago en su carta relativamente pequeña vuelve en cuatro ocasiones a hablar sobre las relaciones entre ricos y pobres y las vincula a aquello de “la fe si no se demuestra con hechos, es una cosa muerta” (2:17). Interesante que Santiago coloca un tema, que solemos pensarlo como vinculado a lo material, en el centro mismo de nuestra vida espiritual. Alguien ha dicho que es más fácil convertir el espíritu que convertir el bolsillo, y otra frase dice que “nuestras billeteras tienen más que ver con Dios y con el infierno que nuestros himnarios”. Santiago es consciente que la codicia por el dinero suele empobrecer al hombre, a hacerlo más inhumano, más ciego e insensible frente al dolor de los que sufren. Por dinero se arman guerras, se renuncia a los valores, se dividen familias, las personas se convierten en cosas…

El Apóstol Pablo decía que gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento (I Timoteo 6: 6-11). Se trata que aprendamos a apreciar lo que tenemos, a dar gracias por ello, a hacer un elogio de la sencillez, la humildad y la generosidad.  

El año pasado, Editorial Planeta publicó un libro que lleva este título: “La raíz de todos los males”. El libro habla sobre el dinero en Argentina. El título no es original. Es lo que le dijo el Apóstol Pablo a su discípulo Timoteo y agrega el texto bíblico “y hay quienes, por codicia se han desviado de la fe”. En el mismo pasaje se nos recuerda “porque nada trajimos a este mundo y nada podremos llevarnos” ¿Qué les parece poner estas frases en los lugares que tienen que ver con la plata: en los bancos, la bolsa de comercio, el supermercado del barrio, nuestra propia casa…? Jesús en varios pasajes de los Evangelios exhortaba a no acumular riquezas, decía que no se podía servir a Dios y a las riquezas. También decía que “donde esté tu riqueza allí estará también tu corazón” (Mateo 6: 21), lo que dicho en otras palabras sería como “dime donde está tu tesoro y te diré a quien realmente amas”.

Entregarse a Jesús significa también poner al servicio del Reino nuestro dinero y a partir de ahí recibir la inspiración necesaria para administrar los bienes recibidos. No afirmándonos en el dinero, haciendo de él nuestra muralla y seguridad, como dice Proverbios de los ricos, sino aferrándonos al amor y a las promesas de Dios que es como habremos de tener el tesoro mayor para nuestra vida.

Pastor Hugo N. Santos


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