Cuándo parece que un hermano te ha fallado. . .
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Cuando esto sucede, ó parece que sucede, lo cierto es que nos sentimos muy mal. Quizás vengan a nuestra mente pensamientos tales como: yo no merezco esto, yo no me he ganado este trato, lo que me hacen es injusto y no lo merezco, deberían tratarme mejor. Este sentimiento de malestar se acentúa si originalmente tratábamos de ayudar en algo que no fue valorado de la misma forma tan clara que parecía para nosotros. Sin duda no es una experiencia dulce. Sin embargo, el fruto que espera Dios de nosotros en estas situaciones es completamente sobrenatural.
Cuando Dios prometió que cambiaría nuestro corazón de piedra por uno de carne también estaba hablando de algo sobrenatural: de un milagro. Cuando Jesús habló a sus discípulos en medio de la tormenta fue para que tuvieran Fe y creyeran en lo sobrenatural de su poder. Cuando Jesucristo caminó con Pedro en la playa y le pregunto tres veces: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?” nuestro Señor confiaba en Pedro y aun que lo había negado Jesús le dijo: “apacienta mis ovejas”, estaba expresando una confianza muy grande en Pedro no obstante que había fallado. El Señor le estaba confiando algo muy preciado para Él. Las ovejas de su prado, algo que para Dios es tan preciado y ama con amor eterno.
Por otro lado recordemos que cuando a nuestro Señor Jesucristo "le dieron a beber vinagre mezclado con hiel", después de haberlo probado, no quiso beberlo. Nos hace entender que lo amargo no es algo que debamos beber, no es algo que debamos retener. Ninguna raíz de amargura debe permanecer en nosotros y precisamente en la cruz del calvario nos muestra como debemos rechazar la amargura y el resentimiento.
Precisamente en esos momentos en que pensamos que nos han fallado no hay que darle parte al enemigo. Hay que perdonar y olvidar así como El borró toda nuestra deuda. Así también nosotros debemos llevar cautiva la amargura a la obediencia a nuestro Señor Jesucristo. Debemos humillarnos delante de la presencia del Altísimo y la amargura huirá de nosotros, ya que si Dios está con nosotros quién contra nosotros.
"Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron, Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó"
EX. 15;25
Cuando Dios prometió que cambiaría nuestro corazón de piedra por uno de carne también estaba hablando de algo sobrenatural: de un milagro. Cuando Jesús habló a sus discípulos en medio de la tormenta fue para que tuvieran Fe y creyeran en lo sobrenatural de su poder. Cuando Jesucristo caminó con Pedro en la playa y le pregunto tres veces: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?” nuestro Señor confiaba en Pedro y aun que lo había negado Jesús le dijo: “apacienta mis ovejas”, estaba expresando una confianza muy grande en Pedro no obstante que había fallado. El Señor le estaba confiando algo muy preciado para Él. Las ovejas de su prado, algo que para Dios es tan preciado y ama con amor eterno.
Por otro lado recordemos que cuando a nuestro Señor Jesucristo "le dieron a beber vinagre mezclado con hiel", después de haberlo probado, no quiso beberlo. Nos hace entender que lo amargo no es algo que debamos beber, no es algo que debamos retener. Ninguna raíz de amargura debe permanecer en nosotros y precisamente en la cruz del calvario nos muestra como debemos rechazar la amargura y el resentimiento.
Precisamente en esos momentos en que pensamos que nos han fallado no hay que darle parte al enemigo. Hay que perdonar y olvidar así como El borró toda nuestra deuda. Así también nosotros debemos llevar cautiva la amargura a la obediencia a nuestro Señor Jesucristo. Debemos humillarnos delante de la presencia del Altísimo y la amargura huirá de nosotros, ya que si Dios está con nosotros quién contra nosotros.
"Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron, Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó"
EX. 15;25
