Cuando los cristianos traicionamos la causa de los pobres y de los humildes
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Preguntitas sobre Dios
Letra y música: Atahualpa Yupanqui canción
Un día yo pregunté:
"Abuelo, ¿dónde está Dios?"
Un día yo pregunté:
"Abuelo, ¿dónde está Dios?"
Mi abuelo se puso triste
y nada me respondió.
Mi abuelo murió en los campos,
sin rezo ni confesión
y lo enterraron los indios,
flauta de caña y tambor.
Al tiempo yo pregunté,
"Padre, ¿qué sabes de Dios?"
Al tiempo yo pregunté,
"Padre, ¿qué sabes de Dios?"
Mi padre se puso serio
y nada me respondió.
Mi padre murió en la mina,
sin doctor ni protección
color de sangre minera
tiene el oro del patrón.
Mi hermano vive en los montes
y no conoce una flor.
Mi hermano vive en los montes
y no conoce una flor.
Sudor, malaria y serpiente
es la vida del leñador.
Y que naide le pregunte
si sabe dónde está Dios.
Por su casa no ha pasado
tan importante señor.
Por su casa no ha pasado
tan importante señor.
Yo canto por los caminos
y cuando estoy en prisión.
Yo canto por los caminos
y cuando estoy en prisión.
Oigo las flores del pueblo
que canta mejor que yo.
Hay un asunto en la tierra
más importante que Dios
y es que naide escupa sangre
pa'' que otro viva mejor.
Que Dios vela por los hombres,
tal vez sí, y tal vez no,
pero es seguro que almuerza
en la mesa del patrón.
Sería fácil reaccionar frente a esta canción como sacrílega. Es bastante irrespetuosa para hablar de Dios. Pero, ¿de qué Dios está hablando? ¿Del Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo o de un ídolo utilizado por una clase dominante?
Los profetas también eran bastante irrespetuosos para hablar de los dioses del “status quo”.
Uno podría confundirse y tomar esta poesía como simplemente atea. Pero los que conocemos a Atahualpa Yupanqui sabemos de su amor reverente a la creación de Dios y su profundo respeto y afecto por la mujer y el hombre común. Yo lo he visto y oído contestando en la televisión a una pregunta sobre Dios y su respuesta fue con una cita del Evangelio, que frente a Dios es mejor callar que hablar. Sólo el silencio es digno de Dios.
Claro que esto no lo convierte en cristiano contra su voluntad. Pero quizás lo acerca más a la realidad de Dios que muchos otros que hablan de él pero lo niegan con sus actos. El Dios que niega Yupanqui es el Dios que “almuerza en la casa del patrón”, “el importante Señor” que sólo es una proyección de los “Señores” de esta tierra.
Y claro que más importantes que esos ídolos manejables por los poderosos piadosos es que “nadie escupa sangre pa’ que otros vivan mejor”. Solamente si nuestro Dios es el Dios que se compadece de los hombres y mujeres y de sus sufrimientos, el Dios que en Jesucristo mira las multitudes “con compasión, porque andan derramadas y esparcidas como ovejas sin pastor”, podrá el hombre y la mujer que sufre y el que canta por Él escuchar a ese Dios y hablar de Él. Solamente si en nuestro concepto de la salvación interesa que “nadie escupa sangre pa’ que otros vivan mejor”, nuestro mensaje merecerá ser escuchado y respetado por los profetas de hoy. Entonces podrá responderse a “las preguntitas sobre Dios” con las palabras de Jesús: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre”. Siempre que nosotros no estemos delante con nuestra vida, nuestros valores, nuestra silenciosa complicidad, impidiendo que otros puedan verle tal como es: el que da su vida por los hombres y las mujeres y los vino a liberar.
El poeta queda en duda: “que Dios ayuda a los pobres: tal vez sí o tal vez no”. Solamente la acción y entrega de los cristianos que creen en él para que “nadie escupa sangre pa’ que otros vivan mejor”, podrá disipar la duda.
Estas experiencias contemporáneas sirven para replantearnos nuestro papel como iglesias y como cristianos.
