CONTACTO
0
0
“Yo Pablo lo escribo de mi mano” (Filemón 19 a)
Marcos 10:13,16
“Y le presentaban niños para que los tocase... Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía”
¡La tercera parte de los cinco millones de receptores del tacto están en las manos!
Parece que cuando Pablo llegó a esta parte de la carta, tomó él mismo la pluma con su mano y garantizó con su propia letra lo que estaba afirmando. Este gesto equivaldría a un fuerte apretón de manos cuando se cierra un pacto, o a un abrazo afectuoso cuando queremos asegurar un sentimiento. Geográficamente distanciados como estaban, no había oportunidad de una demostración tal pero Pablo se las arregla para expresar con todo su cuerpo que lo que dice es cierto y seguro.
Dicen los expertos que necesitamos cuatro abrazos diarios para sobrevivir, ocho para conservarnos bien, pero doce para crecer realmente.
Una ofensa que tomará horas en aclararse verbalmente puede ser resuelta en segundos si alguno de los dos se acerca al otro con un gesto en el rostro o en la mano que expresa aceptación y comprensión.
Oración:
"Gracias, Señor, por el cuerpo y por los sentidos. Gracias porque podemos pasar el brazo sobre el hombro de nuestro hijo, acariciar la cara del abuelo, tomar la mano de nuestra esposa".
Marcos 10:13,16
“Y le presentaban niños para que los tocase... Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía”
¡La tercera parte de los cinco millones de receptores del tacto están en las manos!
Parece que cuando Pablo llegó a esta parte de la carta, tomó él mismo la pluma con su mano y garantizó con su propia letra lo que estaba afirmando. Este gesto equivaldría a un fuerte apretón de manos cuando se cierra un pacto, o a un abrazo afectuoso cuando queremos asegurar un sentimiento. Geográficamente distanciados como estaban, no había oportunidad de una demostración tal pero Pablo se las arregla para expresar con todo su cuerpo que lo que dice es cierto y seguro.
Dicen los expertos que necesitamos cuatro abrazos diarios para sobrevivir, ocho para conservarnos bien, pero doce para crecer realmente.
Una ofensa que tomará horas en aclararse verbalmente puede ser resuelta en segundos si alguno de los dos se acerca al otro con un gesto en el rostro o en la mano que expresa aceptación y comprensión.
Oración:
"Gracias, Señor, por el cuerpo y por los sentidos. Gracias porque podemos pasar el brazo sobre el hombro de nuestro hijo, acariciar la cara del abuelo, tomar la mano de nuestra esposa".
