Consejo Mundial de Iglesias por la paz
0
0
"Ginebra. (PE). A las diversas gestiones que el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) efectuó para evitar la guerra de EE.UU. contra Irak se agrega una Campaña por la Paz fundamentada en una declaración que el CMI hizo pública y que esta siendo firmada por numerosos dirigentes eclesiásticos. En ella se deplora que las naciones más poderosas de este mundo consideren de nuevo la guerra como un instrumento aceptable de política exterior. Esto crea una cultura internacional de temor, amenaza e inseguridad”. Se reproduce textualmente la Declaración del CMI. "
“Como dirigentes de iglesias seguimos sumamente preocupados por los constantes llamamientos a la acción militar contra Irak por los gobiernos de Estados Unidos y de algunos países europeos. Como personas de fe, nuestro amor al prójimo nos compele a oponernos a la guerra y a buscar soluciones pacíficas a los conflictos. Como iglesias, oramos por la paz y la libertad, la justicia y la seguridad de los pueblos de Irak y de todo el Oriente Medio. Esta oración nos obliga a ser instrumentos de paz. Deploramos el hecho de que las naciones más poderosas de este mundo consideren de nuevo la guerra como un instrumento aceptable de política exterior. Esto crea una cultura internacional de temor, amenaza e inseguridad. No podemos aceptar los objetivos declarados de una guerra contra Irak, tal como los exponen esos gobiernos, en particular el de los Estados Unidos. El ataque militar y la guerra preventivos como medio para cambiar el régimen de un estado soberano son inmorales y violan la Carta de las Naciones Unidas. Apelamos al Consejo de Seguridad para que apoye los principios de la Carta de las Naciones Unidas que limitan estrictamente el uso legítimo de la fuerza militar y se abstenga de crear un precedente negativo y de rebajar el umbral para el uso de medios violentos en la resolución de conflictos internacionales. Creemos que la fuerza militar es un medio inadecuado para conseguir el desarme de cualquier armamento iraquí de destrucción masiva. Insistimos en que se dé el tiempo necesario para que terminen su trabajo a los mecanismos cuidadosamente diseñados de inspecciones de armas de las Naciones Unidas. Todos los estados miembros de las Naciones Unidas tienen que cumplir las resoluciones vinculantes de aquella organización y resolver los conflictos por medios pacíficos. Irak no puede ser una excepción. Instamos al Gobierno de Irak a que destruya todas las armas de destrucción masiva y las correspondientes instalaciones de investigación y producción. Irak debe cooperar plenamente con los inspectores de armas de las Naciones Unidas y garantizar el total respeto de los derechos humanos civiles y políticos, económicos, sociales y culturales de todos sus ciudadanos. Hay que dar al pueblo de Iraq la esperanza de que existen alternativas tanto a la dictadura como a la guerra. Una guerra tendría consecuencias inaceptables desde la perspectiva humanitaria, tales como desplazamiento de personas en gran escala, quiebra de las funciones del estado, posibilidad de guerra civil y graves disturbios en toda la región. Las calamidades sufridas por los niños iraquíes y las muertes innecesarias de cientos de miles de iraquíes durante los últimos doce años del régimen de sanciones pesan fuertemente sobre nuestros corazones. En la situación actual, afirmamos con fuerza los permanentes principios humanitarios de acceso incondicional a las personas necesitadas. Alertamos además contra las consecuencias potenciales a largo plazo -sociales, culturales y religiosas, así como diplomáticas- de tal guerra. Atizar todavía más los fuegos de violencia que consumen ya la región no hará sino exacerbar el odio intenso fortaleciendo las ideologías extremistas y promoviendo más la inestabilidad y la inseguridad mundiales. Como dirigentes de iglesias tenemos la responsabilidad moral y pastoral de oponernos a la xenofobia en nuestros propios países y de disipar los temores de muchos en el mundo musulmán de que el llamado cristianismo occidental es contrario a su cultura, su religión y sus valores. Debemos buscar la cooperación para la paz, la justicia y la dignidad humana. Todos los gobiernos, en particular los miembros del Consejo de Seguridad, tienen la responsabilidad de considerar este asunto en toda su complejidad. No se han agotado todas las medidas pacíficas y diplomáticas para forzar a Iraq a cumplir las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Para nosotros es una obligación espiritual, basada en el amor de Dios a toda la humanidad, pronunciarnos abiertamente contra la guerra en Irak. Mediante este mensaje enviamos una fuerte señal de solidaridad y apoyo a las iglesias de Irak, el Oriente Medio y los Estados Unidos de América. Pedimos a Dios que guíe a los responsables para que tomen decisiones basadas en cuidadosas reflexiones, principios morales y criterios legales sólidos. Invitamos a todas las iglesias a unirse a nosotros en este acto de testimonio y a alentar y orar por la participación de todos en la lucha por una solución pacífica de este conflicto”.+
“Como dirigentes de iglesias seguimos sumamente preocupados por los constantes llamamientos a la acción militar contra Irak por los gobiernos de Estados Unidos y de algunos países europeos. Como personas de fe, nuestro amor al prójimo nos compele a oponernos a la guerra y a buscar soluciones pacíficas a los conflictos. Como iglesias, oramos por la paz y la libertad, la justicia y la seguridad de los pueblos de Irak y de todo el Oriente Medio. Esta oración nos obliga a ser instrumentos de paz. Deploramos el hecho de que las naciones más poderosas de este mundo consideren de nuevo la guerra como un instrumento aceptable de política exterior. Esto crea una cultura internacional de temor, amenaza e inseguridad. No podemos aceptar los objetivos declarados de una guerra contra Irak, tal como los exponen esos gobiernos, en particular el de los Estados Unidos. El ataque militar y la guerra preventivos como medio para cambiar el régimen de un estado soberano son inmorales y violan la Carta de las Naciones Unidas. Apelamos al Consejo de Seguridad para que apoye los principios de la Carta de las Naciones Unidas que limitan estrictamente el uso legítimo de la fuerza militar y se abstenga de crear un precedente negativo y de rebajar el umbral para el uso de medios violentos en la resolución de conflictos internacionales. Creemos que la fuerza militar es un medio inadecuado para conseguir el desarme de cualquier armamento iraquí de destrucción masiva. Insistimos en que se dé el tiempo necesario para que terminen su trabajo a los mecanismos cuidadosamente diseñados de inspecciones de armas de las Naciones Unidas. Todos los estados miembros de las Naciones Unidas tienen que cumplir las resoluciones vinculantes de aquella organización y resolver los conflictos por medios pacíficos. Irak no puede ser una excepción. Instamos al Gobierno de Irak a que destruya todas las armas de destrucción masiva y las correspondientes instalaciones de investigación y producción. Irak debe cooperar plenamente con los inspectores de armas de las Naciones Unidas y garantizar el total respeto de los derechos humanos civiles y políticos, económicos, sociales y culturales de todos sus ciudadanos. Hay que dar al pueblo de Iraq la esperanza de que existen alternativas tanto a la dictadura como a la guerra. Una guerra tendría consecuencias inaceptables desde la perspectiva humanitaria, tales como desplazamiento de personas en gran escala, quiebra de las funciones del estado, posibilidad de guerra civil y graves disturbios en toda la región. Las calamidades sufridas por los niños iraquíes y las muertes innecesarias de cientos de miles de iraquíes durante los últimos doce años del régimen de sanciones pesan fuertemente sobre nuestros corazones. En la situación actual, afirmamos con fuerza los permanentes principios humanitarios de acceso incondicional a las personas necesitadas. Alertamos además contra las consecuencias potenciales a largo plazo -sociales, culturales y religiosas, así como diplomáticas- de tal guerra. Atizar todavía más los fuegos de violencia que consumen ya la región no hará sino exacerbar el odio intenso fortaleciendo las ideologías extremistas y promoviendo más la inestabilidad y la inseguridad mundiales. Como dirigentes de iglesias tenemos la responsabilidad moral y pastoral de oponernos a la xenofobia en nuestros propios países y de disipar los temores de muchos en el mundo musulmán de que el llamado cristianismo occidental es contrario a su cultura, su religión y sus valores. Debemos buscar la cooperación para la paz, la justicia y la dignidad humana. Todos los gobiernos, en particular los miembros del Consejo de Seguridad, tienen la responsabilidad de considerar este asunto en toda su complejidad. No se han agotado todas las medidas pacíficas y diplomáticas para forzar a Iraq a cumplir las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Para nosotros es una obligación espiritual, basada en el amor de Dios a toda la humanidad, pronunciarnos abiertamente contra la guerra en Irak. Mediante este mensaje enviamos una fuerte señal de solidaridad y apoyo a las iglesias de Irak, el Oriente Medio y los Estados Unidos de América. Pedimos a Dios que guíe a los responsables para que tomen decisiones basadas en cuidadosas reflexiones, principios morales y criterios legales sólidos. Invitamos a todas las iglesias a unirse a nosotros en este acto de testimonio y a alentar y orar por la participación de todos en la lucha por una solución pacífica de este conflicto”.+
