Cómo le sirvo
0
0
El Señor nos ha dado una tarea a cada uno de nosotros para que la cumplamos. No es que seamos competentes para hacerla, sino que él ha depositado confianza en cada uno de nosotros y nos permite el gran privilegio de poder servirle. El talento para hacer la obra él nos lo dio. La vida y energía que tenemos también es don de Dios. ¿Cuál es nuestra actitud ante la responsabilidad y privilegio que tenemos? ¿Cómo lo estamos haciendo? ¿Por qué lo hacemos?
Muchas veces tomamos las cosas de Dios a la ligera. Muchas veces lo hacemos por rutina o para no quedar mal ante la gente. Algunos se ven fascinados por ocupar un cargo, tener un título, aparentar ser importantes. La negligencia se ve por todos lados, nos acompaña cada día en nuestra labor. Actuamos algunas veces como si fuéramos máquinas que reaccionan mecánicamente ante el trabajo que hay que hacer.
El Padre nos hizo personas, con razón, sentimientos y voluntad. Nos dotó del poder de elegir lo que queremos hacer. Su amor fue tan grande como ningún padre podrá demostrar algún día. A sus ojos somos joyas, especial tesoro. Nos ve importantes y partes de un gran plan.
Muchas veces he trabajado para Dios. Muchas cosas he hecho para Él. Pero no todas ellas han sido servicio a quien tanto me ama. En ocasiones cumplí mi tarea porque era lo que me correspondía hacer. Tenía el deber de hacerlo y lo hice. Pero llegó el momento en que pude comprender la grandeza y misterio que hay en todo esto. Hoy no quiero simplemente trabajar para Dios. No me conformo con un cargo o responsabilidad. Quiero poder servirle y eso depende de mí. Ya no importa dónde, cómo o qué tenga que hacer. Prefiero ser invisible a los ojos humanos y visible a los del Padre. No acepto la negligencia y la rutina. Quiero consumir todas mis fuerzas en servicio a Aquel que me amó y se entregó por mi. Que me ha dado todo lo que tengo y me ha hecho ser quien soy. En mi oración he incluido una frase nueva: ¡No permitas, oh, Dios, que la gente se pierda en cuanto tenga vida yo para hacer algo por ella!
Mi deseo es corresponder el inmenso amor de mi Dios. Porque le amo es que quiero servirle. Por quien Él es y no por lo que me pueda dar. Yo se que Él me puede dar todo. Pero todo lo que anhelo es servirle.
Muchas veces tomamos las cosas de Dios a la ligera. Muchas veces lo hacemos por rutina o para no quedar mal ante la gente. Algunos se ven fascinados por ocupar un cargo, tener un título, aparentar ser importantes. La negligencia se ve por todos lados, nos acompaña cada día en nuestra labor. Actuamos algunas veces como si fuéramos máquinas que reaccionan mecánicamente ante el trabajo que hay que hacer.
El Padre nos hizo personas, con razón, sentimientos y voluntad. Nos dotó del poder de elegir lo que queremos hacer. Su amor fue tan grande como ningún padre podrá demostrar algún día. A sus ojos somos joyas, especial tesoro. Nos ve importantes y partes de un gran plan.
Muchas veces he trabajado para Dios. Muchas cosas he hecho para Él. Pero no todas ellas han sido servicio a quien tanto me ama. En ocasiones cumplí mi tarea porque era lo que me correspondía hacer. Tenía el deber de hacerlo y lo hice. Pero llegó el momento en que pude comprender la grandeza y misterio que hay en todo esto. Hoy no quiero simplemente trabajar para Dios. No me conformo con un cargo o responsabilidad. Quiero poder servirle y eso depende de mí. Ya no importa dónde, cómo o qué tenga que hacer. Prefiero ser invisible a los ojos humanos y visible a los del Padre. No acepto la negligencia y la rutina. Quiero consumir todas mis fuerzas en servicio a Aquel que me amó y se entregó por mi. Que me ha dado todo lo que tengo y me ha hecho ser quien soy. En mi oración he incluido una frase nueva: ¡No permitas, oh, Dios, que la gente se pierda en cuanto tenga vida yo para hacer algo por ella!
Mi deseo es corresponder el inmenso amor de mi Dios. Porque le amo es que quiero servirle. Por quien Él es y no por lo que me pueda dar. Yo se que Él me puede dar todo. Pero todo lo que anhelo es servirle.
