Ayudando a otros
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“Adondequiera que existe un ser humano, hay oportunidad de hacer un favor.” (Séneca)
Jesús lo dijo: “ Ama a tu prójimo como a ti mismo”(Mat.19:19)
Y es un reto a la vida cristiana, reto de todos los días.
Dios pide que de nuestro corazón y cerebro brote a raudal una solución para ayudar a otro, de nuestro bolsillo salte, lleno de alegría, la cantidad suficiente para mitigar la necesidad ajena, de nuestros labios la sonrisa que alivia la pena, de nuestras manos el toque que acepta a la otra persona tal como es y de nuestros ojos el brillo que comunica respeto y amor.
Esto es “amar al prójimo como a mi mismo”.
Cada quien puede hallar diferentes formas de expresar su ayuda, unos orando con fe, otros acercándose al desvalido, muchos ayudando a cambiar su condición, los hay que se sientan junto a ellos y lloran como ellos y se alegran con ellos...
¿de que forma lo hacemos tu y yo?.
Jesús anduvo de ciudad en ciudad, aldea en aldea, dejando esperanza y amor en su andar, dejo la huella de la presencia de Dios, el recuerdo agradable de la compasión, y por esto muchos le siguieron, le amaron, le honraron y estuvieron dispuestos a llenar el mundo con Su Evangelio del Reino de Amor.
Su mandato esta vigente: “ Id por todo el mundo y predicad el evangelio a
toda criatura...”(Marcos 16:15).
Estos son días maravillosos para sembrar en corazones necesitados de la paz de Dios, días de ayudar al prójimo, mostrar amor e interés en los asuntos que hacen sufrir a los demás, a los que están a nuestro lado.
Te invito a dar, a compartir, a enseñar, a vivir con integridad el amor de Dios en nuestras vidas y hacer de aquellos que están junto a nosotros, el centro de nuestro compartir el evangelio de amor.
Señor: ayúdame a entregar, todos los días, de lo mucho que Tu me das.
Jesús lo dijo: “ Ama a tu prójimo como a ti mismo”(Mat.19:19)
Y es un reto a la vida cristiana, reto de todos los días.
Dios pide que de nuestro corazón y cerebro brote a raudal una solución para ayudar a otro, de nuestro bolsillo salte, lleno de alegría, la cantidad suficiente para mitigar la necesidad ajena, de nuestros labios la sonrisa que alivia la pena, de nuestras manos el toque que acepta a la otra persona tal como es y de nuestros ojos el brillo que comunica respeto y amor.
Esto es “amar al prójimo como a mi mismo”.
Cada quien puede hallar diferentes formas de expresar su ayuda, unos orando con fe, otros acercándose al desvalido, muchos ayudando a cambiar su condición, los hay que se sientan junto a ellos y lloran como ellos y se alegran con ellos...
¿de que forma lo hacemos tu y yo?.
Jesús anduvo de ciudad en ciudad, aldea en aldea, dejando esperanza y amor en su andar, dejo la huella de la presencia de Dios, el recuerdo agradable de la compasión, y por esto muchos le siguieron, le amaron, le honraron y estuvieron dispuestos a llenar el mundo con Su Evangelio del Reino de Amor.
Su mandato esta vigente: “ Id por todo el mundo y predicad el evangelio a
toda criatura...”(Marcos 16:15).
Estos son días maravillosos para sembrar en corazones necesitados de la paz de Dios, días de ayudar al prójimo, mostrar amor e interés en los asuntos que hacen sufrir a los demás, a los que están a nuestro lado.
Te invito a dar, a compartir, a enseñar, a vivir con integridad el amor de Dios en nuestras vidas y hacer de aquellos que están junto a nosotros, el centro de nuestro compartir el evangelio de amor.
Señor: ayúdame a entregar, todos los días, de lo mucho que Tu me das.
