AL AMADO: “...al amado Filemón...”

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Efesios 5:19

“... hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales...”

Las expresiones verbales que utilizamos para dirigirnos a una persona pueden manifestar una profunda valoración o una desquiciante degradación. Cuando Pablo inicia su carta a Filemón, llamándolo “amado”, no estaba utilizando un ardid diplomático para ganarse su simpatía más bien estaba valorando a su amigo y lo que es más importante, se lo estaba expresando.
Las palabras que expresan valoración para un amigo, un hijo, un hermano, están tan llenas de gracia que enriquecen todas nuestras relaciones. Por el contrario, aquellas que denigran o hieren, tienen el poder de destruirlas. Tal vez nuestra hija rompió la loza mientras aprendía a lavarla, o manchó la hoja del cuaderno, o falló en el intento de aprobar un examen...
Nada será tan destructivo como lapidarla con palabras duras e hirientes.

Oración:
"Ayúdanos en este día, Señor, para que de nuestros labios brote una genuina palabra de valoración y estímulo. A no dar por sentado que los demás saben de nuestro aprecio, sino que además de nuestras buenas intenciones, son las buenas expresiones las que proveen aceptación y aprecio".

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