¿Y quién irá? ¿Yo?
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Romanos 10:14-15
Introducción
Siempre he admirado a los grandes misioneros y evangelistas, desde aquellos descritos en la Biblia hasta los siervos de Dios que trabajan por El en estos días. La vida de sufrimientos de Pablo, la potencia del Espíritu ministrando salvación por labios de Pedro, sin dejar de lado al más grande, Jesús.
Todos ellos grandes hombres de Dios, pero lo que me sorprende de ellos es que como hombres no eran de gran mérito como para hacer todo lo que hicieron pero en las manos de Dios se convirtieron en grandes del evangelio.
Y saltan a mi memoria, aquellos hombres y mujeres que dan su vida en medio de países musulmanes donde predicar a Jesús es penado por la ley muchas veces con cárcel y muerte. Y por qué no nombrar a nuestros misioneros locales que dan todo por el evangelio en las distintas latitudes de nuestro país.
Por muchos años creí que esa era la forma como Dios hacia que el evangelio se dispersara con mayor eficacia por todo el mundo. Pero me di cuenta que estaba equivocado. Toda mi vida creí que a mi me correspondía, a lo más, en una campaña repartir tratados y de vez en cuando, cuando se diera la oportunidad hablarle a alguien de Cristo.
Como toda humanidad de poca fe, nunca pensé que Dios puede hacer conmigo lo que el quiere, llamarme para lo que el quiere. Dios no ve las apariencias, ni siquiera capacidades, el ve el corazón dispuesto a servir. Es por eso que me he sorprendido al leer la Biblia, escuchar testimonios de siervos de Dios que sin ser nada de otro mundo se han convertido en grandes instrumentos.
Desarrollo
Por mucho tiempo escuché que Dios tenéa que ser lo más importante en mi vida, y muchas veces pasé a este altar o le dije desde esa banca o en la intimidad de mi habitación que lucharía para que El siempre fuera lo más importante en mi vida, para que el ocupara el primer lugar en mi vida. ¿Pero sabes qué mi hermano?, me di cuenta de algo: que precisamente cuando Dios dejara de ser lo más importante en mi vida, cuando el dejara de ocupar el primer lugar en mi vida, mi vida cristiana iba a cambiar para bendición e iba a experimentar un acercamiento más profundo con Dios.
Por eso hoy mi hermano te digo que Dios no puede ser lo más importante en tu vida, ¡DIOS TIENE QUE SER TU VIDA! .
Solo así sabrás qué es lo que Dios quiere para ti. Cuando tu espíritu se una con el de Dios, cuando Dios gobierne tu vida y no seas tú el que ponga las prioridades en tu vida van a suceder cambios. Vas a poder predicar de Cristo, dar tu vida por el, tu rostro reflejará a Dios, tu vida será Dios, olerás a Dios . Todos podrán oler el perfume de Dios y no tendrás necesidad de hablar porque tu vida hablará por ti.
Si no logras dejar una huella donde pisas, donde estés, si no logras cambiar la vida de al menos una persona que te rodea algo anda mal.
Conclusión
¿Sabes cómo puedes darte cuenta de que Dios está en ti y tú en Dios?: cuando alguien se acerque a ti y te diga: "tú eres especial, hay algo en ti especial,
¿qué es?"
Tú lo sabes.
Introducción
Siempre he admirado a los grandes misioneros y evangelistas, desde aquellos descritos en la Biblia hasta los siervos de Dios que trabajan por El en estos días. La vida de sufrimientos de Pablo, la potencia del Espíritu ministrando salvación por labios de Pedro, sin dejar de lado al más grande, Jesús.
Todos ellos grandes hombres de Dios, pero lo que me sorprende de ellos es que como hombres no eran de gran mérito como para hacer todo lo que hicieron pero en las manos de Dios se convirtieron en grandes del evangelio.
Y saltan a mi memoria, aquellos hombres y mujeres que dan su vida en medio de países musulmanes donde predicar a Jesús es penado por la ley muchas veces con cárcel y muerte. Y por qué no nombrar a nuestros misioneros locales que dan todo por el evangelio en las distintas latitudes de nuestro país.
Por muchos años creí que esa era la forma como Dios hacia que el evangelio se dispersara con mayor eficacia por todo el mundo. Pero me di cuenta que estaba equivocado. Toda mi vida creí que a mi me correspondía, a lo más, en una campaña repartir tratados y de vez en cuando, cuando se diera la oportunidad hablarle a alguien de Cristo.
Como toda humanidad de poca fe, nunca pensé que Dios puede hacer conmigo lo que el quiere, llamarme para lo que el quiere. Dios no ve las apariencias, ni siquiera capacidades, el ve el corazón dispuesto a servir. Es por eso que me he sorprendido al leer la Biblia, escuchar testimonios de siervos de Dios que sin ser nada de otro mundo se han convertido en grandes instrumentos.
Desarrollo
Por mucho tiempo escuché que Dios tenéa que ser lo más importante en mi vida, y muchas veces pasé a este altar o le dije desde esa banca o en la intimidad de mi habitación que lucharía para que El siempre fuera lo más importante en mi vida, para que el ocupara el primer lugar en mi vida. ¿Pero sabes qué mi hermano?, me di cuenta de algo: que precisamente cuando Dios dejara de ser lo más importante en mi vida, cuando el dejara de ocupar el primer lugar en mi vida, mi vida cristiana iba a cambiar para bendición e iba a experimentar un acercamiento más profundo con Dios.
Por eso hoy mi hermano te digo que Dios no puede ser lo más importante en tu vida, ¡DIOS TIENE QUE SER TU VIDA! .
Solo así sabrás qué es lo que Dios quiere para ti. Cuando tu espíritu se una con el de Dios, cuando Dios gobierne tu vida y no seas tú el que ponga las prioridades en tu vida van a suceder cambios. Vas a poder predicar de Cristo, dar tu vida por el, tu rostro reflejará a Dios, tu vida será Dios, olerás a Dios . Todos podrán oler el perfume de Dios y no tendrás necesidad de hablar porque tu vida hablará por ti.
Si no logras dejar una huella donde pisas, donde estés, si no logras cambiar la vida de al menos una persona que te rodea algo anda mal.
Conclusión
¿Sabes cómo puedes darte cuenta de que Dios está en ti y tú en Dios?: cuando alguien se acerque a ti y te diga: "tú eres especial, hay algo en ti especial,
¿qué es?"
Tú lo sabes.
