¿Qué te cuesta?

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Durante el verano del 2004 estuve colaborando con Juan Carlos Pisano, mi esposo, y con Joaquín Rocha, en la obra de teatro "En el país de los ciegos" que realizaron en Mar del Plata. Durante cuarenta días repartí volantes durante dos horas diarias, y experimenté lo que es el desprecio, el sentirse ignorado y el maltrato de parte de algunos a los cuales intenté entregar un volante. Puede ser molesto ir caminando por la calle y que te paren para darte un papel que quizás no te interesa (cosa que es imposible saber hasta no leer lo que nos están dando), pero el que nos está entregando ese papelito es alguien que está trabajando. Es cierto que el porcentaje de personas que los recibían, lo agradecían y se paraban a conversar fue mucho mayor que los que lo rechazaban, pero eso me perimitó reflexionar acerca de todas las cosas que podemos hacer por los demás sin que nos cueste nada. Me puse entonces a hacer una lista de cosas que no nos cuesta nada (o muy poco) hacer y que sin embargo, no hacemos.


Qué te cuesta...

* Recibir un volante y mirar de qué se trata.
* Pedir perdón cuando te tropezás con alguien por la calle.
* Saludar a la maestra que te está entregando a tu hijo a la salida de la escuela.
* Darle un beso a tu hijo cuando se va a dormir.
* Dejar de conversar en la puerta de la escuela cuando esperás a tu hijo para que él vea que estás ahí por él.
* Ir a recibir a tu esposa o esposo cuando llega a casa.
* Decir por favor y dar las gracias.
* Tirar los papeles donde corresponde (también en la calle).
* Contarle un cuento a tu hijo y hacerle gustar de la lectura.
* Tirarte al suelo para jugar con tus hijos en lugar de prenderle la televisión todo el día.
* Preparar un termo con jugo y unos sandguches e ir a merendar a la plaza.
* Reconocer lo bueno que hacen los demás en lugar de lo malo.
* No decir siempre lo primero que se nos pasa por la cabeza.
* Saludar al vecino.
* Acordarte del cumpleaños de las personas que querés.
* Mirar el cuaderno de comunicaciones de tu hijo.
* Reflexionar acerca de lo que hiciste durante el día para ver qué podés mejorar.
* Aceptar los errores.
* Expresar cuando queremos a alguien.
* Pedir ayuda en lugar de intentar hacer las cosas solo. (Aunque como noosotros no lo haga nadie.)
* Escuchar al que nos quiere hablar.
* Contestar bien al que te pregunta algo aunque la pregunta te parezca tonta.
* Corregir al otro haciéndolo sentir que lo que queremos es su bien.
* ... (Cada uno puede pensar qué otras cosas podría agregar a esta lista. Es una buena tarea para comenzar el año.)

Algunas de las cosas que escribí pueden costar más o menos, aunque si ponemos en una balanza los beneficios que obtenemos si somos capaces de realizarlas, veremos que no se entiende porqué no las hacemos. Quizás debemos volver una vez más al Evangelio y preguntarnos en dónde tenemos puesto nuestro corazón, porque donde tengamos puesto nuestro corazón pondremos nuestro esfuerzo y a eso le dedicaremos tiempo.

O, tal vez, lo que necesitamos es volver nuestra mirada a Dios para descubrir el verdadero sentido de esta vida, de este peregrinar hacia la casa del Padre, reconocer que estamos de paso, que somos viajeros que sólo nos llevaremos lo que tengamos en nuestro corazón, y que lo verdaderamente importante que podemos dejar a nuestros hijos no es lo material, sino todo aquello que hayamos sembrado de a poco, a través de pequeños gestos insignificantes en sí mismos, pero engrandecidos por el amor y la entrega generosa.

Que en este año escolar que comienza, seamos capaces de realizar esos gestos que no nos cuestan y que pueden ser la piedra fundamental en la educación de nuestros hijos y alumnos.

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