+Milagro Viviente

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MILAGRO VIVIENTE


Miro embelesada como se mueve, lleva su dedito a su boca, sonríe, duerme plácidamente. Más tarde hace un puchero, llora, tiene hambre, está preciosa y sobretodo, sana.

Hace unos meses las cosas eran distintas, cuando mi hermana Esther nos dijo que estaba embarazada no sabíamos si reír o llorar. Aunque ella ya había tenido dos hijos, su último embarazo no había sido fácil, su presión arterial se le subió mucho y después de que naciera Andrés el médico le dijo que era muy peligroso que se volviera a embarazar. Pasaron ocho años y ahora una nueva vida habitaba su vientre.

Aunque los primeros meses no hubo grandes problemas, al llegar al quinto empezaron las complicaciones. Por la presión el hígado de Esther se vio afectado y por si eso fuera poco la pequeñita ya no estaba creciendo. A los 6 meses el vientre materno no podía mantener más con vida a la bebita y tendrían que hacer una cesárea.

Era el 22 de diciembre de 2005 por la noche cuando recibimos la noticia, fue una larga noche, nos pasamos implorando a Dios que hiciera un milagro, sabíamos que era una situación crítica y que ambas vidas corrían peligro. Mi hermana podía morir o no quedar bien, la preclamsia cobra la vida de muchas mujeres o las deja con daño cerebral y a la niña no le auguraban nada bueno pues estaba demasiado pequeña.

En la mañana pude hablar con mi hermana, escuchar su voz fue un gran alivio, estaba viva y podía hablar. Pero al preguntarle por la pequeña soltó el llanto y dijo: “está demasiado pequeñita, yo sabía que nacería chiquita, pero no imaginé cuánto”.

Cristy nació pesando setecientos setenta gramos. Los médicos dijeron a los afligidos padres que no tuvieran esperanza., que era casi imposible que la niña sobreviviera.

Llamé a todas mis hermanas y nos pusimos a pedirle a Dios por la pequeña niña.

Desde el primer momento Dios empezó a mover su poderosa mano. De todos los bebés prematuros del hospital, Cristy era la más chiquita, sin embargo, sorprendentemente no necesitó de ningún aparato y desde el primer momento respiró por sí sola. Este ser tan chiquito no se daba por vencido fácilmente y empezamos a ver cómo lograba pequeñas victorias cada día y con cada gramo que ella aumentaba, nuestras esperanzas se hacían más grandes.

De pronto, malas noticias de nuevo. Algo pasaba con Cristy, lloraba mucho. Al tocarla su madre sintió su piel muy caliente. Los médicos dijeron que no tuviéramos esperanzas, que la pequeñita (que ahora pesaba 800 gramos) no tenía defensas como para soportar una infección y que los pocos gramos de peso que había ganado los perdería. Esa fue otra noche larga, no tendríamos más noticias de Cristy hasta el día siguiente, otra vez intensificamos nuestras oraciones, mientras esperábamos.

Le practicaron varios estudios a la bebé y al día siguiente nos informaron: “no sabemos qué fue lo que pasó, pero la niña no tiene nada, le bajamos la fiebre y ya no le subió y en todos los estudios sale dentro de lo normal”

Cristy siguió creciendo y todo marchó muy bien por algunas semanas, lo único malo era que la niña crecía muy despacio. Los médicos sugirieron que se le dieran vitaminas a fin de acelerar el crecimiento y así se hizo, sin embargo las vitaminas en lugar de ayudarla, le hicieron daño y le provocaron diarrea. Perdió algunos gramos y nuevamente nos dieron malas noticias: “la niña tiene anemia, tendremos que transfundirle sangre”. unimos nuestras voces en un solo clamor a Dios por la vida de Cristy y una vez más Dios nos respondió y la niña se puso bien.

Siguieron pasando los días y Cristy crecía más y más hasta que llegó el feliz día en que la dieron de alta, para entonces, pesaba un kilo con ochocientos gramos.

Cuando la vi por primera vez (en el hospital sólo los padres podían visitarla) me quedé sorprendida. Sabía que tenía dos meses, sin embargo era la bebita más chiquita que había visto en mi vida, más pequeña que un recién nacido, pero todo su cuerpecito estaba completo, funcional, perfecto…

Ya va a hacer cuatro meses de que la dieron de alta y es una niña sana que sigue creciendo y desarrollándose con toda normalidad. Es maravilloso contemplar a este ser que tan pequeño hizo que toda la familia nos uniéramos más al orar juntos: “Señor, que Cristy viva” y él contestó nuestra petición.

Siempre he creído que nuestras vidas tienen un propósito para estar en esta tierra, en el caso de Cristy, creo que se trata de un propósito muy especial.

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