¿Dónde está Dios cuando .....?

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Una canción de Alberto Cortés reza: “¿ Adónde estaba Dios?” cuando las matanzas de palestinos por parte del ejército israelí en los campamentos de Shabra y Shatila.

Cuando ocurre alguna tragedia suele salir esa expresión o alguna similar. Argumentos como estos son frecuentemente utilizados por los ateos para negar la existencia de Dios. Dicen : “Si Dios realmente existiera no habría injusticias, no existirían calamidades, no podría permitir barbaries.”

Hasta fervorosos creyentes ante una situación adversa que consideran que no son merecedores, son capaces de pensar: “Dios ¿por qué a mí?”

Trabajos forzados, pornografía, prostitución, condiciones de vida inhumanas, son “normales” en la vida de 20 y pico de millones de menores de 14 años en América Latina. Esta semana una ONG que trabaja con los niños en situación de calle reveló una cifra que conmueve: 3200 niños se encuentran en esa situación sólo en Montevideo. Esta realidad golpea tan fuerte que si no se nos estremece el corazón con ella, no sé qué será capaz de hacerlo.

¿Corresponde que nosotros también cuestionemos la existencia de Dios por esta barbarie social?

Es que ¿tenemos el derecho de siquiera tener un atisbo de pensamiento, de sugerencia, sobre que esto es así porque es la voluntad de Dios?.

La canción de Alberto Cortés me llegó muy profundamente cuando la escuché por primera vez, muy próximo en el tiempo a los acontecimientos a que se refiere y porque es un muy buen intérprete, que pone mucho sentimiento en sus obras. Hay otra parte de la letra que comparto totalmente. En otro pasaje el autor expresa: “..... adónde estaba yo, en qué galaxia....? Considero que ese es el tipo de interrogantes que debemos plantearnos: ¿dónde estaba yo, dónde estoy yo?, ¿qué me compete a mí?, ¿qué grado de responsabilidad tengo?, ¿qué está en mi, a mi alcance para revertir una situación de injusticia como ésta de los niños en Latinoamérica?

Se estima que entre 7 000 y 12 000 menores de 14 años están afectados por la explotación laboral en nuestro país. Pocos respecto al total del continente. Sólo un 0.5 por mil. Hasta puede ser otro de nuestras cifras que nos provoquen orgullo.

Estamos muy cerca de vencer enfermedades antes consideradas incurables. Ya existe cura para algunos tipos de cáncer si se les detecta a tiempo. Estamos avanzando tanto que por momentos asusta, tengamos presente la clonación y todo lo que ésta despierta y puede hacernos imaginar.

¡Que ambigüedad!, el Ser Humano puede ser capaz de generar una injusticia social de tamaña magnitud por la cual sufren condiciones incatalogables 22 millones y pico de niños y al mismo tiempo, aproximarse paso a paso, paulativamente, a vencer la mortalidad corporal.

Los invito a tener presente algunos pasajes de las Sagradas Escrituras.

Génesis 1 : 26 - 28

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen conforme a nuestra semejanza y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó varón y hembra los creó.”

Génesis 2: 8 - 9
“Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente y puso allí al hombre que había formado.
Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer también el árbol de la ciencia del bien y del mal”.

Génesis 2: 15 - 17
“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al Hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”

Después de estas lecturas me queda claro el porqué de la ambigüedad a que me refería anteriormente.

Fuimos hechos a imagen y semejanza del Creador. Nos “parecemos a Él”, pero tenemos la libertad de escoger. Si queremos ser como Él tomamos el camino de tratar de vencer las enfermedades. Si al utilizar nuestra libertad de opción desobedecemos sus mandatos, la sociedad toda, pero, seamos conscientes que esto nos incluye, genera condiciones infrahumanas para congéneres nuestros, atenta contra el ambiente, aquél que Dios nos dio para que sobre él reináramos, no para que lo degradáramos, etc.

Es nuestra obligación, nuestro deber, interpretar y hacer el intento de lograr concretar la voluntad de Dios, pero no solamente en el ámbito individual, sino también socialmente, en conjunto. Debemos alcanzar (Romanos 12: 2) “lo que es bueno, lo que es correcto, lo que es perfecto”.

Cuando es la realidad la que nos abofetea al ver un niño mendigando en nuestras calles, nuestros ómnibus, drogándose con pegamento, no podemos voltear la cara poniendo la otra mejilla, todo lo contrario, debemos afrontarla, enfrentarla y hacer todo lo que está a nuestro alcance para erradicar las causas sociales de los males.

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