¿Cuál Camino?
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¿Te has sentido en la necesidad de hacer un cambio en tu vida? ¿No sientes a veces que es tiempo de dejar atrás las polémicas y hacer algo productivo con tu vida?.
La rutina, los problemas y las presiones nos llevan a replantearnos las distintas opciones que tenemos delante. Cada semana converso en consejería pastoral con personas que tienen que lidiar con esta pregunta y me dicen: pastor ¿qué debo hacer?.
Este es uno de esos momentos donde el silencio es mucho mas prudente que las palabras. Sobre todo en lo concerniente al futuro de cada cual.
Por más que uno lo evite, llegará el momento difícil donde tenemos que dar la cara y preguntarnos: ¿cuál camino voy a tomar?.
Se trata de la toma de decisiones, la cosa mas difícil del mundo por que es un asunto totalmente solitario. Nadie puede decidir por nosotros. Nadie puede a fin de cuentas resolver algo que solo nos corresponde a nosotros mismos. Para aquellos que están en el proceso, quiero compartir algunos puntos:
1. Tomar decisiones acertadas es síntoma de madurez y firmeza.
Una persona con potencial intelectual no espera veinte años en un trabajo mediocre para salir en búsqueda de otro. Una persona que está metida en una relación hostigante no espera a que su pareja la golpee para salir de allí. Dios en su infinita misericordia nos ha concedido la capacidad para reflexionar y para cambiar el curso de nuestras vidas guiados por la voz de su Espíritu. Cada vez que asumimos control de nuestras vidas responsablemente, fortalecemos nuestra confianza personal y aprendemos a enfrentar las consecuencias de nuestras decisiones.
2. Es erróneo pensar que el sufrimiento es algo que nos merecemos.
La era de las víctimas lloronas en las novelas pasó de moda. Justificar nuestro sufrimiento y la poca calidad de vida que llevamos por que “Dios asi lo quiere” o “por que ese es el destino” es una mala señal y refleja una postura poco cristiana. El creyente en Jesucristo no debe aceptar menos de lo que esta prometido para nosotros en su Palabra. Por eso no es menos cierto que muchas de nuestras lágrimas son innecesariamente el producto de una baja autoestima y de un pobre entendimiento de la voluntad de Dios para sus hijos e hijas.
3. "Nadie sabe lo que está en la olla, mas que el cucharón que lo mueve".
Existe un sufrimiento tolerable que nos llega como producto de la vida: una muerte inesperada, un divorcio, la pérdida de nuestros bienes, una enfermedad. Para esto no tenemos mucho remedio y a veces debemos procesarlos con una fe estoica y con resignación Jesús mismo tuvo que enfrentar situaciones de esta índole.
Pero, existe un sufrimiento intolerable que nos llega como producto del pecado humano y de la deformación psicológica: la violencia doméstica, la violencia infantil, el adulterio, los celos desmedidos, la dejadez, etc. Es en estos casos donde podemos y tenemos la responsabilidad de ‘cortar de raiz’ y continuar nuestros caminos aún cuando nos quedemos solos.
Recuerda que nadie que está fuera de tu vida puede juzgar tus acciones, excepto cuando ponemos en riesgo la vida o transgredimos la dignidad del otro.
Jesús fue muy cuidadoso cuando nos invita a amar a nuestros semejantes tal y como nos amamos a nosotros mismos. Si aceptamos una vida llena de actitudes destructivas no nos amamos a nosotros mismos y por ende tampoco podremos amar a los demas saludablemente. Amarnos es un mandamiento y conlleva no aceptar el sufrimiento intolerable en nuestras vidas.
4. Sigue el verdadero camino no el camino más facil
Darle la vuelta al problema es beneficioso solamente cuando el problema lo puedes resover por ti solo. Pero, por lo general los problemas involucran a más de una persona. Entonces es necesario que hagas todo lo que este a tu alcance para remediar la situación y luego espera los resultados.
La formula es sencilla si da resultados has alcanzado tu meta, si no es así, entonces debes buscar activamente otra solución. Pero no esperes a que las cosas te caigan del cielo. Para llegar a la meta a veces debemos correr, a veces caminar pero a veces debemos gatear. Debemos mostrar interés en cambiar las cosas y en especial por mejorar aquello que nos preocupa.
Cuando Jesus habló de si mismo utilizó la metáfora del camino: “Yo soy el camino”. Y esta imagen debemos entenderla en su contexto. El camino al cual Jesus se refiere no es precisamente la carreterra asfaltada y uniforme que tomamos a diario. El camino era camino rústico y dificil. Pero aún así es necesario que lo caminemos. El camino de Jesús es el camino de la verdad y lo más hermoso de esta verdad es que en algún momento, sentiremos la liberación de nuestras cargas y la bendición de experimentar una vida libre de hipocresías y mentiras.
En palabras sencillas escoger el buen camino no es un asunto fácil, pero tiene como resultado una vida abundante y la bendición de vivir a la altura del Reino de verdad y justicia.
La rutina, los problemas y las presiones nos llevan a replantearnos las distintas opciones que tenemos delante. Cada semana converso en consejería pastoral con personas que tienen que lidiar con esta pregunta y me dicen: pastor ¿qué debo hacer?.
Este es uno de esos momentos donde el silencio es mucho mas prudente que las palabras. Sobre todo en lo concerniente al futuro de cada cual.
Por más que uno lo evite, llegará el momento difícil donde tenemos que dar la cara y preguntarnos: ¿cuál camino voy a tomar?.
Se trata de la toma de decisiones, la cosa mas difícil del mundo por que es un asunto totalmente solitario. Nadie puede decidir por nosotros. Nadie puede a fin de cuentas resolver algo que solo nos corresponde a nosotros mismos. Para aquellos que están en el proceso, quiero compartir algunos puntos:
1. Tomar decisiones acertadas es síntoma de madurez y firmeza.
Una persona con potencial intelectual no espera veinte años en un trabajo mediocre para salir en búsqueda de otro. Una persona que está metida en una relación hostigante no espera a que su pareja la golpee para salir de allí. Dios en su infinita misericordia nos ha concedido la capacidad para reflexionar y para cambiar el curso de nuestras vidas guiados por la voz de su Espíritu. Cada vez que asumimos control de nuestras vidas responsablemente, fortalecemos nuestra confianza personal y aprendemos a enfrentar las consecuencias de nuestras decisiones.
2. Es erróneo pensar que el sufrimiento es algo que nos merecemos.
La era de las víctimas lloronas en las novelas pasó de moda. Justificar nuestro sufrimiento y la poca calidad de vida que llevamos por que “Dios asi lo quiere” o “por que ese es el destino” es una mala señal y refleja una postura poco cristiana. El creyente en Jesucristo no debe aceptar menos de lo que esta prometido para nosotros en su Palabra. Por eso no es menos cierto que muchas de nuestras lágrimas son innecesariamente el producto de una baja autoestima y de un pobre entendimiento de la voluntad de Dios para sus hijos e hijas.
3. "Nadie sabe lo que está en la olla, mas que el cucharón que lo mueve".
Existe un sufrimiento tolerable que nos llega como producto de la vida: una muerte inesperada, un divorcio, la pérdida de nuestros bienes, una enfermedad. Para esto no tenemos mucho remedio y a veces debemos procesarlos con una fe estoica y con resignación Jesús mismo tuvo que enfrentar situaciones de esta índole.
Pero, existe un sufrimiento intolerable que nos llega como producto del pecado humano y de la deformación psicológica: la violencia doméstica, la violencia infantil, el adulterio, los celos desmedidos, la dejadez, etc. Es en estos casos donde podemos y tenemos la responsabilidad de ‘cortar de raiz’ y continuar nuestros caminos aún cuando nos quedemos solos.
Recuerda que nadie que está fuera de tu vida puede juzgar tus acciones, excepto cuando ponemos en riesgo la vida o transgredimos la dignidad del otro.
Jesús fue muy cuidadoso cuando nos invita a amar a nuestros semejantes tal y como nos amamos a nosotros mismos. Si aceptamos una vida llena de actitudes destructivas no nos amamos a nosotros mismos y por ende tampoco podremos amar a los demas saludablemente. Amarnos es un mandamiento y conlleva no aceptar el sufrimiento intolerable en nuestras vidas.
4. Sigue el verdadero camino no el camino más facil
Darle la vuelta al problema es beneficioso solamente cuando el problema lo puedes resover por ti solo. Pero, por lo general los problemas involucran a más de una persona. Entonces es necesario que hagas todo lo que este a tu alcance para remediar la situación y luego espera los resultados.
La formula es sencilla si da resultados has alcanzado tu meta, si no es así, entonces debes buscar activamente otra solución. Pero no esperes a que las cosas te caigan del cielo. Para llegar a la meta a veces debemos correr, a veces caminar pero a veces debemos gatear. Debemos mostrar interés en cambiar las cosas y en especial por mejorar aquello que nos preocupa.
Cuando Jesus habló de si mismo utilizó la metáfora del camino: “Yo soy el camino”. Y esta imagen debemos entenderla en su contexto. El camino al cual Jesus se refiere no es precisamente la carreterra asfaltada y uniforme que tomamos a diario. El camino era camino rústico y dificil. Pero aún así es necesario que lo caminemos. El camino de Jesús es el camino de la verdad y lo más hermoso de esta verdad es que en algún momento, sentiremos la liberación de nuestras cargas y la bendición de experimentar una vida libre de hipocresías y mentiras.
En palabras sencillas escoger el buen camino no es un asunto fácil, pero tiene como resultado una vida abundante y la bendición de vivir a la altura del Reino de verdad y justicia.
