¿Cómo hablarles de Dios a los más pequeños?
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Apenas saben hablar y ya plantean cuestiones fundamentales sobre la
muerte, la vida... Todos los padres no tienen una vida guiada por la fe
que puedan transmitir a sus hijos. Y, sin embargo, sienten la necesidad
confusa de "darles una educación cristiana". ¿Cómo ayudarles? ¿Qué deben
hacer?
Las preguntas les llueven a los padres más jóvenes cuando su chavalines
comienzan a decirles cosas como éstas: «¿Pero donde está Dios, papi?»,
«¿Por qué no lo veo?». Y confiesan que no saben qué responder a sus hijos.
Los más pequeños asimilan por ósmosis, las vivencias de los mayores
(tanto de fe como de incredulidad). A través de las realidades
familiares en los primeros años, y del ambiente que viva más tarde en la
escuela, irá despertándose en ellos la idea de Dios.
Son los «gestos» cotidianos los que conducen a los niños a Dios:
sentarse a la mesa preparará la Eucaristía el perdón a los hijos
iniciará en el sacramento de la Penitencia (o sacramento del gozo y de
la amistad) el diálogo que los mayores mantengan con ellos les abrirá a
la oración cristiana.
Evitar las imágenes falsas de Dios
Un Dios que nos castiga con frecuencia.
Un Dios que impone órdenes, del que dependen las guerras, las
catástrofes, la muerte...
Un Dios lejano, al que no podemos llegar.
Un Dios al que podemos «meter» en una fórmula perfecta, a través de la
cual ya lo hemos conocido plenamente.
Un Dios definido con términos que no dicen nada a los más pequeños
(Todo-bondadoso expresa al niño mejor lo que es Dios que Todo-poderoso)..
Deben saber que también para los mayores hay cosas difíciles de
entender. Cosas que ocurren, que Dios no las quiere para nosotros.
¿Cómo hablarles de Dios?
Desde el cultivo de los valores humanos como plataforma necesaria sobre
la que iniciaremos en la fe a los pequeños.
- Descubrir a los otros.
- Fomentar la confianza en ellos mismos.
- Formarles en el gusto por el esfuerzo y la superación.
- Estimularles para que sepan afrontar el riesgo.
- Despertarles la admiración por lo bello, lo gratuito...
- Desarrollar la capacidad de escucha, de reflexión, de silencio...
- Gustar la amistad, el perdón, el compartir...
Y, sobre esta base en su educación humana, presentarles a Dios desde su
realidad, desde sus experiencias fundamentales.
Estas experiencias se fundamentan en:
El descubrimiento de la vida. La vida es el gran regalo de Dios. El
Señor es nuestro Creador. El ha hecho todas las cosas para nosotros.
Su propio crecimiento. Dios nos da la fuerza para crecer. Dios nos dice:
«Vive y crece». Dios es nuestro Padre.
El amor. Dios me ama y quiere que sea feliz. Yo puedo amar a los demás y
hacerles felices.
Una cosa hay que tener clara. Vuestro hijo/a se dirigirá un día a Dios
como Padre, si ha tenido la experiencia de la acogida, la ternura, el
amor de un padre y una madre que se quieren entre sí y quieren de verdad
a su hijo...
Padres, hay que pedir a Dios que nos ayude en esta tarea. Y rezárselo
así.
