¡Ahora veo!

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Es notorio advertir que un creciente número de personas está decepcionado con la religión. Para hacer honor a mi apellido, debo ser totalmente franco con usted: desde hace algún tiempo yo también pertenezco a ese grupo. He llegado a la conclusión que la mayoría de los sistemas y las estructuras religiosas no hacen más que impedir el acceso personal a una espiritualidad genuina.

Dos meses atrás, una maestra de nivel primario me contó que en el último año de sus estudios debió realizar las prácticas docentes en una escuela pública. Durante ese tiempo aprendió mucho al participar de las clases y escuchar a los maestros con mayor experiencia. Pero un día se quedó totalmente asombrada: el maestro titular le dijo a sus alumnos (niños de 11 años de edad) que “Dios es tan sólo una leyenda, al igual que Jesucristo, Mahoma, Buda y todos los demás”. Y concluyó de la siguiente manera: “No existe nada aparte de lo que ustedes pueden ver, por lo que no tienen que prestar atención a los mitos y a las fantasías de la religión”.

Me pregunto... ¿hacia dónde nos ha llevado nuestra frustración? ¿Con qué hemos reemplazado la tristeza que nos genera el hecho que varios líderes religiosos carecen de integridad? ¿Acariciamos todavía alguna clase de expectativa por encontrar al Ser Superior?

Me conmueve la pasión que el reconocido músico y compositor argentino Alejandro Lerner le imprime al tema “Mi Fe”, de su nueva producción, cuando canta: “Fe, ¿dónde estás? ¡Te extraño! ¡Me muero! / Fe, mi fe, te me has perdido en algún lugar del corazón / Vuelve aquí, vuelve a mí, que yo sin ti estoy desnudo / ¿Dónde fue a parar mi fe? ¿Dónde está la ilusión que brillaba en mi interior? ¿Dónde llevo mi dolor? ¿Quién vendrá hasta mí a llenarme el corazón de fe?”

Los Evangelios narran la ocasión en que Jesucristo le devolvió la vista a una persona ciega de nacimiento. Inmediatamente los religiosos de la época se apresuraron por interrogar al que recibió el milagro, diciéndole: “Nosotros sabemos que el hombre que te sanó es un pecador. Pero él les contestó: Yo no sé si es pecador. ¡Lo que sí sé es que antes yo era ciego, y ahora veo!” (Juan 9.24-25).

El coro de la canción interpretada por Lerner repite una y otra vez: “Sé que hay un lugar en donde el sol no deja de brillar, allí te espero. Sé que hay un lugar dentro de mí donde yo pueda amar, allí voy a encontrar mi fe”.

Este fin de semana es la ocasión ideal para que usted reinterprete su propia fe y permita que Jesucristo (el genuino, no el personaje caricaturesco presentado por la religión) obre el milagro que necesita para volver a creer, haciendo que usted exclame: - “¡Ahora veo!”

¡Buen Fin de Semana!


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