¿A qué nos llamó el Señor?
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Cuando uno se acerca al Nuevo Testamento descubre que el tema del "llamamiento" ocupa un lugar fundamental. Es pues, uno de los conceptos más básicos que encontramos en las Escrituras. En la definición más simple y sencilla, diríamos que el llamamiento tiene que ver con la vocación y elección de parte de Dios buscando una respuesta en el hombre.
En el griego clásico, la palabra "kalein" que significa "llamamiento" tenía 4 usos esenciales. Primero, se usaba respecto de "llamar" a una persona o cosa por su nombre. Se usaba también con relación a "citar" a una persona. Esta citación era con el propósito de encomendar una tarea (Rom. 1:1) En tercer lugar, se usa respecto de invitar a una persona a un banquete o una comida tal como lo dice el libro de Apocalipsis cuando en 19:9 se refiere a los "llamados a las bodas del Cordero". Finalmente se usaba respecto de "comparecer ante un juez". (Hchs. 4:18).
El pasaje de Romanos 1:1-7 desarrolla este tema de tal forma que vale la pena que le demos toda nuestra atención. Allí encontramos que por tres veces se menciona la palabra "llamado(s)".
La primera mención que quiero señalar es la que aparece en el versículo 6 cuando Pablo habla de los "llamados a ser de Jesucristo". Este es el llamado a la salvación. Es una invitación a todo ser humano a responder al llamado de Dios y pasar de las tinieblas a la luz admirable (1 Pedro 2:9) El segundo tipo de llamado, se menciona en el versículo 7 cuando Pablo se refiere a los "llamados a ser santos". Sólo aquellos que han respondido al llamado a la salvación pueden ser capaces de responder al llamado a la santidad. Este llamado no quiere decir sólo apartarse del pecado sino que implica servicio en nuestra iglesia local y también, a nuestro prójimo desde la posición en que nos encontremos en la sociedad, sea como profesional, ama de casa, obrero, estudiante, político, músico, etc.
Pero hay un tercer llamado que es el llamado al ministerio. En Rom. 1:1 Pablo dice que fue
"llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios". Este es el llamado al santo ministerio, es el llamado que Dios hace a ciertos individuos, hombres y mujeres a quienes El elige con el propósito de que le sirvan a tiempo completo, con exclusividad y quienes son "apartados" por Dios para cumplir sus propósitos. Este llamado no puede ser tomado con ligereza. Tiene ciertas implicancias y muy serias. En primer lugar, es un llamamiento irrevocable (Rom. 11:29). Es decir, es un llamamiento que no puede anularse, al cual no se puede retroceder ni abandonar. Dios llama y cada uno es responsable de responder fielmente a ese llamado. El no hacerlo es desobedecer y trae consecuencias. En segundo lugar, es un llamamiento que conlleva honra. El autor de Hebreos va a decir "Nadie toma para sí esta honra sino el que es llamado por Dios". No hay tarea más sublime e importante sobre la faz de la tierra que servir al Rey de reyes y Señor de señores. En tercer lugar, este llamamiento es celestial (Heb. 3:1) Es decir no es de esta tierra, es un llamamiento que tiene serias implicancias eternas. Lo que hagamos en esta tierra tendrá repercusiones en el cielo y por la eternidad. No quiere decir que debemos despreocuparnos por los problemas de esta tierra ni de la situación de nuestra sociedad pero si debemos tener la correcta perspectiva del santo ministerio al cual Dios nos llamó.
Es muy pertinente en estos tiempos que nos volvamos a preguntar ¿a qué me llamó el Señor? Creo que se hace necesario ser sinceros y honestos y responder en obediencia al llamado de Dios.
Tal vez la mayoría de los lectores han respondido al llamado a la salvación. Quizás, no todos estamos siendo obedientes al llamado a la santidad y necesitamos revisar nuestra vida y desde nuestra posición en la sociedad responder en fidelidad al llamado de Dios.
Y si Dios nos llamó al ministerio, al santo ministerio, al ministerio de la Palabra y la Oración, sea como pastor, misionero, evangelista o maestro, seamos fieles en cumplir esa hermosa tarea a la cual fuimos llamados.
"Fiel es el que os llama el cual también lo hará."
En el griego clásico, la palabra "kalein" que significa "llamamiento" tenía 4 usos esenciales. Primero, se usaba respecto de "llamar" a una persona o cosa por su nombre. Se usaba también con relación a "citar" a una persona. Esta citación era con el propósito de encomendar una tarea (Rom. 1:1) En tercer lugar, se usa respecto de invitar a una persona a un banquete o una comida tal como lo dice el libro de Apocalipsis cuando en 19:9 se refiere a los "llamados a las bodas del Cordero". Finalmente se usaba respecto de "comparecer ante un juez". (Hchs. 4:18).
El pasaje de Romanos 1:1-7 desarrolla este tema de tal forma que vale la pena que le demos toda nuestra atención. Allí encontramos que por tres veces se menciona la palabra "llamado(s)".
La primera mención que quiero señalar es la que aparece en el versículo 6 cuando Pablo habla de los "llamados a ser de Jesucristo". Este es el llamado a la salvación. Es una invitación a todo ser humano a responder al llamado de Dios y pasar de las tinieblas a la luz admirable (1 Pedro 2:9) El segundo tipo de llamado, se menciona en el versículo 7 cuando Pablo se refiere a los "llamados a ser santos". Sólo aquellos que han respondido al llamado a la salvación pueden ser capaces de responder al llamado a la santidad. Este llamado no quiere decir sólo apartarse del pecado sino que implica servicio en nuestra iglesia local y también, a nuestro prójimo desde la posición en que nos encontremos en la sociedad, sea como profesional, ama de casa, obrero, estudiante, político, músico, etc.
Pero hay un tercer llamado que es el llamado al ministerio. En Rom. 1:1 Pablo dice que fue
"llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios". Este es el llamado al santo ministerio, es el llamado que Dios hace a ciertos individuos, hombres y mujeres a quienes El elige con el propósito de que le sirvan a tiempo completo, con exclusividad y quienes son "apartados" por Dios para cumplir sus propósitos. Este llamado no puede ser tomado con ligereza. Tiene ciertas implicancias y muy serias. En primer lugar, es un llamamiento irrevocable (Rom. 11:29). Es decir, es un llamamiento que no puede anularse, al cual no se puede retroceder ni abandonar. Dios llama y cada uno es responsable de responder fielmente a ese llamado. El no hacerlo es desobedecer y trae consecuencias. En segundo lugar, es un llamamiento que conlleva honra. El autor de Hebreos va a decir "Nadie toma para sí esta honra sino el que es llamado por Dios". No hay tarea más sublime e importante sobre la faz de la tierra que servir al Rey de reyes y Señor de señores. En tercer lugar, este llamamiento es celestial (Heb. 3:1) Es decir no es de esta tierra, es un llamamiento que tiene serias implicancias eternas. Lo que hagamos en esta tierra tendrá repercusiones en el cielo y por la eternidad. No quiere decir que debemos despreocuparnos por los problemas de esta tierra ni de la situación de nuestra sociedad pero si debemos tener la correcta perspectiva del santo ministerio al cual Dios nos llamó.
Es muy pertinente en estos tiempos que nos volvamos a preguntar ¿a qué me llamó el Señor? Creo que se hace necesario ser sinceros y honestos y responder en obediencia al llamado de Dios.
Tal vez la mayoría de los lectores han respondido al llamado a la salvación. Quizás, no todos estamos siendo obedientes al llamado a la santidad y necesitamos revisar nuestra vida y desde nuestra posición en la sociedad responder en fidelidad al llamado de Dios.
Y si Dios nos llamó al ministerio, al santo ministerio, al ministerio de la Palabra y la Oración, sea como pastor, misionero, evangelista o maestro, seamos fieles en cumplir esa hermosa tarea a la cual fuimos llamados.
"Fiel es el que os llama el cual también lo hará."
